Sanguinetti: “Sin quererlo, el fútbol le ha hecho mucho daño a nuestro país”
El expresidente lamentó que el concepto de “garra charrúa” se transformara en emblema, y defendió la herencia guaraní.
Este fin de semana se celebra una nueva edición del Día del Patrimonio, cuyo tema es en esta ocasión “Raíces indígenas: pasado, presente y futuro”
Por es razón, el expresidente Julio Maria Sanguinetti dedico su columna del semanario partidario Correo de los viernes a esa conmemoración.
En dicho artículo, Sanguinetti informó que la Casa del Partido Colorado estará abierta al público durante el fin de semana, y que a las 11:00 horas del sábado él mismo participará de un evento: será moderador en una charla entre la profesora Diosma Piotti y el doctor Héctor Dotta, quienes “expondrán sobre el legado guaraní y la figura de Andrés Guacurarí, el joven indígena misionero que desde su primera juventud acompañó al prócer en su lucha, convirtiéndose en un verdadero caudillo”.
La figura de Andrés Guacurarí, conocido como Andresito, es uno de los temas sobre los que gira el texto de Sanguinetti, que también se propone otro objetivo: recordar la herencia guaraní y desmontar lo que denomina como “mito charrúa”.
“Es importante que en esta ocasión se pueda recordar a nuestros ancestros indígenas por lo menos con un mínimo de verdad histórica y algo menos de mitología”, plantea el veterano dirigente colorado.
“Sin quererlo, el fútbol le ha hecho mucho daño a nuestro país, cuando un periodista acuñó lo de ‘garra charrúa’ para exaltar la bravura de nuestra selección y terminó siendo una especie de emblema nacional”, considera Sanguinetti, en referencia a una expresión sumamente arraigada en el habla popular.
“A ello se añadió luego, en el brote indigenista de los 500 años del Descubrimiento de América, la tergiversación histórica del libro de Acosta y Lara sobre el combate de Salsipuedes”, expresa el político, quien entiende que ese episodio no constituyó un episodio de extinción de una nación.
“Allí se terminó con una toldería ya inaceptable para la vida en sociedad y de ninguna manera con lo que quedaba del pueblo charrúa, en las antípodas de un intento genocida”, afirma Sanguinetti.
“Por algo no hubo más de unos 40 muertos, incluso militares, y nada menos que 300 prisioneros. Basta dar los números para desterrar esa fábula del genocidio. El grupo remanente, incluso, dio muerte luego a Bernabé Rivera, cortando la vida de un militar que asomaba ya con un perfil de caudillo”, añade.
Para Sanguinetti, “lo triste de todo esto es que este mito charrúa ha invisibilizado lo importante, que es la presencia guaraní en nuestro territorio. Pensemos simplemente que en 1702 un ejército guaraní, comandado por los jesuitas, derrotó a los charrúas en el llamado combate del Yí, en que murieron 280 guerreros y 500 resultaron prisioneros. No existía todavía Montevideo y Colonia había sido fundada por los portugueses. Los charrúas venían huyendo del territorio entrerriano donde habían vivido en condición nómade y luego de ese combate, muy disminuidos, andarán por el norte de lo que es hoy el Uruguay”, escribió.
También apuntó que, años más tarde, cuando se produjo a fundación de Montevideo, las murallas de esa plaza fuerte “fueron construidas por guaraníes, y no es una casualidad que en nuestra toponimia nacional no hay un nombre charrúa y sí voces guaraníes, que van desde Uruguay (río de los pájaros) hasta Batoví, Arapey, Tacuarembó y cuantas denominaciones de origen indígena existan”.
Para Sanguinetti, la herencia indígena es un componente fundacional que “usualmente se evoca con más mitología que historia” y cuya consecuencia “es oscurecer el valor y presencia de ese mundo guaraní, que distribuido en diversas etnias y pueblos, será —y es— parte de nuestra condición”.
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