Seré curioso

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Rosende: “Si la izquierda se apropió de la cultura, perfecto. Que la política se apropie”

La escritora, reconocida en el exterior, habla de sus libros y las “mujeres feas”. Y de por qué una escritora no debe opinar de cualquier tema.

26.11.2020 11:15

Lectura: 18'

2020-11-26T11:15:00
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Por César Bianchi

Fotos: Juan Manuel López


Es escribana, magíster en Políticas de la Integración, y es consultora en procesos electorales, pero si algo la define a Mercedes Rosende (62) es que desde chica ama leer y escribir. Y siente que se preparó toda su vida para ser escritora, oficio que pulió en un taller literario a comienzos de siglo y ya nunca abandonó. Hoy, dice, puede vivir de las regalías, los adelantos y las traducciones de sus libros de ficción.

Rosende es una de las pocas voces potentes en el mundo de la novela negra o policial, un género por lo general, reservado a los hombres. Sus libros -de la mano de la traductora, de armas tomar, Úrsula- ya fueron traducidos al inglés y al alemán, y ahora mismo están en vías de traducirse a otros idiomas.

La escritora es reacia a expresarse en términos políticos, algo que alguna vez ha hecho. "Los escritores, en realidad, sabemos de literatura, sabemos de pronto de técnicas de escritura, pero no me parece que tengamos que opinar de todo. Todos somos seres políticos, pero me parece que a los lectores, eso no les interesa. Soy escritora y quiero hablar de literatura, y de mis libros", dice claramente. Y si la izquierda se apropió de la cultura, "viva la izquierda", dice, con tal de que más gente se apropie de la cultura. "Quiero que la política se apropie de la cultura", sostiene, con la finalidad de que sea más asequible, y no reservada a un grupo selecto de intelectuales.

Con la excusa de la salida de Historias de mujeres feas (cuentos con protagonistas mujeres del sello Tusquets, editorial Planeta), hablamos con Rosende de literatura, feminismo, política, el mundo editorial y hacer lo que piden las tripas.

-¿Qué querías ser cuando fueras grande?

-Todos queríamos ser astronautas. Después vino la educación, tomar conciencia de que uno vivía en el sur del sur, en la periferia del mundo, y no se podía hacer todo. Había que elegir entre cinco o seis carreras universitarias, las clásicas. Yo no tenía la vocación de nada que no fuera leer y escribir, pero no veía la forma de que eso se transformara en una profesión. Entonces, seguí Derecho y ahí notariado.

-Sos escribana, de profesión. ¿Cuál es tu vocación?

-Siempre fue lo que te dije: leer y escribir. No empecé a escribir hasta los 40 años, pero siempre supe que lo iba a hacer. Es como si toda la vida me hubiera preparado para ese momento. No tenía tiempo, porque tuve que trabajar mucho (como escribana).

-Tu carrera literaria se originó casi de forma fortuita: fuiste a un taller literario en el año 2000 y... ¿descubriste que había un diamante por pulir?

-Jaja, tenía 40 y poquito y pensé: "¿Cómo hago para ser escritora?" Ahí decidí ir a un taller de Helena Corbellini, que me quedaba muy bien porque yo era dirigente gremial, vicepresidenta del gremio de los escribanos, y en el mismo local donde teníamos las reuniones de directiva, al terminar se hacía el taller. Yo sabía que eso se me daba bien, y pensé que ahí me iban a dar la receta para transformarme en escritora. En el taller descubrí que no, que no había ninguna receta. Pregunté: "¿Cómo se hace para publicar?" Y bueno, hay que ganar un premio. Ahí me presenté en el premio de la IM con unos cuentos (el libro se llamaba Demasiados blues), y después Mario Delgado (Aparaín) me dijo que había que escribir novelas, porque los cuentos no tenían salida, entonces escribí una novela. Un amigo me convenció de presentarla en el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) y gané el premio del MEC de inéditos.

"No empecé a escribir hasta los 40 años, pero siempre supe que lo iba a hacer. Es como si toda la vida me hubiera preparado para ese momento. Antes no tuve tiempo, porque tuve que trabajar mucho"

-Pero no pergeñaste una carrera literaria, ni pensaste en tener un agente. Hoy tenés un agente, tus libros se traducen a otros idiomas, ganás premios...

-Al principio yo lo único que quería era publicar. Después de los dos primeros premios logré publicar. Ahí me pregunté: "¿y esto a dónde va?" Ahí aparece en mi vida Books from Uruguay, que es un proyecto que nos ponía a algunos escritores uruguayos seleccionados un agente. Ahí tuve mi primera agente, que fue Omaira Rodríguez, y Omaria fue fundamental en mi carrera. Fue un puntapié inicial para salir de Uruguay. Yo me había dado cuenta que la ficción en Uruguay no tenía demasiada salida. Con Omaira se venden por primera vez mis derechos a Alemania. Desde entonces ese proyecto, Books from Uruguay, se discontinuó de un gobierno a otro, y ahora tengo otro agente, que vendió otros tres libros míos a Alemania, dos libros a países de habla inglesa (Gran Bretaña. Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda), y ahora él está negociando la traducción a dos idiomas más.

-¿Con qué texto te diste cuenta que tenías madera para escribir y querías dedicarte a eso?

-Yo siempre supe que podía escribir. El texto clave para darme cuenta que podía dedicarme a esto... (piensa). Yo te diría que soy muy insegura y que siempre lo mejor está por venir, mi inseguridad es tal que no puedo siquiera releerme, y encuentro espantoso lo que escribí. Pero siempre el último es el que más me gusta. Trato de superarme del uno al otro. El último en novela fue Qué ganas de no verte nunca más.

-¿Cómo nace tu pasión por el género policial o la novela negra?

-La mayoría de los autores de novela negra son hombres, acá y en el mundo. Una mujer en el mundo de la novela negra es una rareza. En Argentina son bastantes... Por ese lado tuve suerte, pero me dediqué a escribir lo que quise leer. En mi primera novela, llamada La muerte tendrá tus ojos, quise escribir algo así como un texto romántico y me salió un texto negro. Negro y policial. El humor de esa novela es muy negro. Lo gracioso es que quise escribir una novela de amor, y me terminó saliendo una cosa muy negra. Pero, te decía, trato de escribir lo que me gusta leer y siempre disfruté muchísimo el género negro, aunque no es lo único que leo. Lo disfruto.

-Muy pocos escritores, en Uruguay, viven de la venta de sus libros. ¿Sos una de esas excepciones o vivís gracias a la escribanía?

-Desde hace dos años y medio puedo vivir de la literatura. No es solo las regalías, sino que también vivo de los adelantos. Podría decirte que, si vendo un par de libros o un libro al año, puedo vivir desde hace dos años y medio, y a eso sumale que en algunos países me pagan las giras. El problema es que todo se fue al carajo con la peste, con el Covid. Yo este año, si hubiera tenido que vivir de la literatura, hubiera tecleado bastante. Por suerte el año pasado me fue muy bien, y pude echar mano a eso.

Y tuve otra mala suerte: en febrero salió mi segundo libro en Alemania, y fue el libro de ficción más vendido de la editorial, y 20 días después que el libro salió empezó la pandemia y se cerraron las librerías.

-Una crítica de tu penúltimo libro, Qué ganas de no verte nunca más (2019), decía que tu prosa tiene un fuerte componente visual. "Los escenarios, los diálogos y las acciones, están caracterizados y presentados como dispuestos para la escena, lo fotográfico o lo cinematográfico", decía la reseña de El País Cultural. ¿Te interesa que sean llevadas al cine o a una serie en plataforma streaming?

-Como nunca se me había ocurrido que mis libros iban a trascender las fronteras del arroyo Carrasco, nunca pensé tampoco que mis libros iban a interesar desde el punto de vista cinematográfico. Pero sí, resulta que interesaron. No puedo hablar mucho, hay uno que está en proceso, que es Mujer equivocada, y yo soy la primera asombrada de que mis libros estén caminando solos por ahí.

"Cuando yo gané el premio del MEC fue porque mi texto le gustó a tres de cinco personas del jurado. No me resulta algo demasiado significativo, desde el punto de vista de la calidad de mi texto"

-Recientemente ganaste el LiBeratur Prize de la Feria del Libro de Frankfurt por El miserere de los cocodrilos. Tus novelas son bien apreciadas en Alemania y estás entrando en el mercado de habla inglesa. ¿Para qué sirve ser galardonada?

-Primero te voy a decir que para mí no significan nada. Cuando yo gané el premio del MEC fue porque mi texto le gustó a tres de cinco personas del jurado. No me resulta algo demasiado significativo, desde el punto de vista de la calidad de mi texto. Sí es importante para trascender, para tener prensa, para que algún lector más compre tu libro. Pero no veo que le agregue nada desde el punto de vista de la calidad porque no deja de ser una apreciación subjetiva de tres, cuatro o cinco personas.

-¿Quién es Úrsula, tu personaje habitual?

-Úrsula es un personaje que surge como surgen las mayorías de mis personajes. Yo soy una escritora perezosa: en vez de estar inventando personajes, conozco a una persona, le cambio algunas cosas y lo transformo en un personaje. Yo trabajo también como consultora en elecciones nacionales, en otros países, por eso viajo mucho. Trabajo en procesos electorales, haciendo un protocolo previo a la elección, como testeando la calidad del proceso electoral. Es una consultoría. Entonces, paso mucho tiempo de mi vida en aeropuertos. Yo venía de La Paz, estaba en el Aeropuerto de Ezeiza y conocí a un señor que me habló de su ex esposa. Estaba en ese momento con mucha rabia, me hablaba de su ex, en un momento dejó de hablarme y yo le dije: "Bueno, ¿y qué más con Fulana?" Y así surgió Úrsula, pero por supuesto que esa Úrsula no era ésta Úrsula, pero fueron los primeros trazos. Úrsula se fue armando... Hoy está en Mujer equivocada, está en El miserere de los cocodrilos y en Qué ganas de no verte nunca más. Los tres se pueden leer por separado.

-¿Úrsula integra una trilogía y hasta acá llegó o puede volver?

-Por ahora es una trilogía involuntaria. Ya estoy escribiendo la cuarta novela, y está ella. En otra entrevista dije que "Úrsula está parada en la estación de ómnibus del Chuy". Bueno, ya no. Avanzó, está en otro lugar. Huyó de Montevideo por algunos problemitas y ya está en la frontera con Brasil. Ella es traductora... como yo. Y yo era traductora de francés... ella también. Pero yo nunca maté a nadie, y Úrsula es una asesina. Se sabe desde el principio.

-En una entrevista, describiendo a Úrsula dijiste: "Es gorda, está sola, deliberadamente no tiene a un hombre al lado, ni hijos. O sea que vive una vida solitaria y es dueña de su propio cuerpo". Se parece demasiado a cualquier mujer protagonista de los cuentos de tu último libro, Historias de mujeres feas...

-Es que posiblemente siempre esté escribiendo sobre las mismas mujeres. Posiblemente, además, como dijo Flaubert: "Madame Bovary soy yo". Y Úrsula soy yo también porque después de todo los escritores tenemos una sola existencia de la cual sacar insumos. Hay paralelismos grandes. Tanto en Úrsula como en los cuentos de Historias de mujeres feas hay una inquietud que me parece importante y no fue deliberada de hablar de los problemas que tenemos las mujeres frente a las exigencias sociales de nuestra apariencia estética. Parece un tema trivial, pero me parece incluso fundacional dentro del feminismo. Incluso me hubiera gustado que se insistiera más con eso dentro del feminismo, con esa especie de condición que tenemos las mujeres que tenemos que cumplir de ser siempre jóvenes, siempre lindas, siempre de alguna manera socialmente exitosa.

-¿Por qué te atraen esas mujeres "feas", solitarias, que parecen perdedoras? ¿Por el encanto que suelen tener los perdedores para los narradores, quizás?

-Qué linda pregunta... Sí, es verdad. ¿Cómo era aquella frase? "Las familias felices no tienen historia, las desgraciadas son cada una a su manera". Bueno, eso. Como tú decís, siempre es mucho más rico para el narrador contar al perdedor que al ganador. El perdedor tiene una historia mucho más interesante.

-Sobre el final de Qué ganas de no verte nunca más hablás del túnel por el cual escaparon los tupamaros de la cárcel de Punta Carretas. ¿Por qué esa alusión en un libro de ficción?

-Resulta que en ese libro las protagonistas que son Úrsula y su hermana Luz están en el shopping de Punta Carretas y se escapan de un episodio policial a través del túnel de los tupamaros. Previamente, por supuesto, se había explicado cómo ellas sabían dónde estaba ese túnel. Yo, de hecho, no lo sé, y no sé si alguien lo sabe. Ellas se escapan de ese episodio violento, van a dar a donde fue a dar ese túnel realmente, y escribo el final de la novela. Entonces, cuando les mando el texto a mis hijos, que son muy buenos lectores míos, les digo: "Y como habrán visto, la novela empieza con ellas escapándose del túnel de los tupamaros". Y del otro lado se hizo un silencio. Tienen entre 25 y 30 años ellos. Les sonaba algo, pero no estaban familiarizados con el tema. Entonces pensé en explcárselo en el libro a la gente joven, no sólo explicárselo al lector extranjero, sino a los jóvenes uruguayos: que por ese túnel se escaparon 111 personas [N. de la R.: se refiere a la fuga de 106 tupamaros y cinco presos comunes de la cárcel de Punta Carretas el 6 de setiembre de 1971, episodio conocido como "El Abuso" e incluido en el Libro Guinness de los Récords]. Ellos no lo tenían tan presente como lo tuve yo cuando era chica. Fue algo histórico. Por eso escribí esa especie de coda.

"Fue una experiencia única porque me prestaron una casa por 10 meses. Imaginate una casa de 1.700 metros, yo tenía tres hectáreas de jardín, un lugar hermosísimo. No estoy hablando de lujo, sino de belleza. Desde la ventana de mi cocina veía un rosetón del siglo XV"

-El 20 de febrero le dijiste al periodista Nicolás Lauber que este año te ibas a vivir a un pueblito de Francia. "La vida va a ser casi rural y me voy a dedicar 100% a escribir". ¿La pandemia frustró tus planes?

-Yo ya estaba viviendo ahí. Me fui en noviembre de 2019, volví en febrero (de 2020) porque tenía unas cosas que hacer, volví el 12 de marzo al pueblo y los aeropuertos iban cerrando atrás mío. Pasé por aeropuertos desiertos, por ejemplo, por Barajas desierta totalmente, y en el aeropuerto de Orly creo que éramos cuatro personas. Después me fui a tomar un tren para Le Mans, cerca de donde yo estaba y donde me iba a estar esperando mi marido, y todo iba cerrando detrás de mí. Llegué al pueblo de Francia donde me había radicado, que se llama Fougéres, y ahí fue donde hicimos todo lo que en Francia se llama el confinamiento. Ahí pasamos toda la primera ola, que en Francia fue fortísima con una cantidad de muertos brutal.

Nos tuvimos que venir porque mi marido -que es argentino y húngaro- necesitaba hacerse la residencia uruguaya, la empezamos allá en el consulado. Acá hicimos los trámites administrativos, y acá estamos. Me pienso volver a Francia. Yo tengo dos hijos viviendo acá, y una en Alicante, España.

-¿Y por qué irte de tu país a radicarte en un pueblito francés?

-Bueno, creo que primero vamos a ir a probar un tiempo a España. ¿Y por qué radicarme en un pueblito francés? A mí me prestaron la casa en ese pueblo, Fougéres, la casa es un monasterio transformado en residencia, en casa. Era una experiencia única porque me la prestaban por 10 meses. Imaginate una casa de 1.700 metros, yo tenía tres hectáreas de jardín, un lugar hermosísimo. No estoy hablando de lujo, sino de belleza. Yo cocinaba y desde la ventana de mi cocina veía un rosetón del siglo XV. Eso me resultaba maravilloso... estar picando la ensalada y mirando un rosetón del siglo XV. Todavía no sé si volveré a ese pueblo. Ahora mi hija está en Alicante y quizás nos radiquemos en algún lugar de España.

-¿Te sentís reconocida como autora en Uruguay o se da aquello de "nadie es profeta en su tierra"?

-Yo no me puedo quejar. La prensa me ha tratado siempre maravillosamente, he ganado premios acá, si me quejara sería injusta porque las radios, los diarios, incluso los programas de televisión, todo el tiempo he sentido que se apoyan mis textos. Tengo buenos lectores que se comunican conmigo. Uruguay me dio prácticamente todo lo que tengo, porque además me dio también ese proyecto que se llama Books from Uruguay por el que pude llegar a otros lados.

-¿Sos feminista?

-Me considero lo más feminista que se pueda ser. Pero no me interesa escribir panfletos. Me interesa mostrarlo, pero no armar un libelo. No quiero escribir literatura feminista, me interesa mostrar problemas concretos, pero no quiero escribir un panfleto.

-Hay escritores que suelen pronunciarse políticamente. Mercedes Vigil es una de ellas. ¿Cómo definirías tu ideología política?

-En los dos últimos años he decidido que no voy a hablar de política, y te cuento por qué. Los escritores, en realidad, sabemos de literatura, sabemos de pronto de técnicas de escritura, pero no me parece que tengamos que opinar de todo. Alguna vez me han invitado a ir a programas de opinión y soy muy reacia a opinar, por ejemplo, de pintura, porque mis conocimientos de pintura no son suficientes como para que yo me ponga a opinar. En cuanto a la política, todos somos seres políticos, pero me parece que a los lectores eso no les interesa. Soy escritora y quiero hablar de literatura, y de mis libros.

-¿Creés que la izquierda se "apropió" de la cultura y estableció una hegemonía cultural, como sostienen algunos que no son de izquierda?

-A mí me parece bien que la izquierda se apropie o intente apropiarse de la cultura. También me parecería bien que lo hiciera la derecha. Quiero que la política se apropie de la cultura. Si es la izquierda, me parece sensacional, porque en definitiva estamos tratando de hacer llegar a la mayor cantidad de gente posible lo que llamamos cultura. Entonces, ¿qué sentido tiene mantenerlo en cenáculos? Si la izquierda se apropió de la cultura, viva la izquierda. Ojalá todos intentaran apropiarse de la cultura.

Yo nunca me manifiesto, o nunca me he manifestado demasiado (alguna vez sí lo hice), y nunca tuve ningún problema en acceder a nada. Entiendo que si hay un encuentro invitan a todo el mundo, fui jurado del MEC en épocas del Frente Amplio, el premio que recibí del MEC me lo dieron sobre el final del gobierno de Jorge Batlle. El MEC en gobiernos de Mujica me convocó para Books from Uruguay. Más amplitud, imposible.

"A mí me parece bien que la izquierda se apropie o intente apropiarse de la cultura. También me parecería bien que lo hiciera la derecha. Quiero que la política se apropie de la cultura. En definitiva, estamos tratando de hacer llegar a la mayor cantidad de gente posible"

-¿Es complicado el mundo editorial? ¿Hay vedetismo entre los autores consagrados?

-Yo no conozco a ninguno que sea demasiado vedetongo... Yo te diría que no, y te digo más, cuando empecé a escribir recibí mucha solidaridad. Mi primera novela, La muerte tendrá tus ojos, se la di a leer a Mario Delgado Aparaín, que no solamente la leyó, sino que además se la pasó a Milton Fornaro, y me dijo: "Él sabe mucho más que yo de novelas policiales". Ahí supe que Fornaro había escrito una novela policial. Los dos tuvieron la generosidad de leerme, y yo no existía, había publicado un librito de cuentos nomás. Y sé que como me leyeron a mí, leyeron a un montón de gente.

-¿Qué es Historias de mujeres feas de Tusquets (Planeta), que está alejado del policial?

-El género policial me había encasillado un poco, entonces tenía gana de salir, tenía algunos cuentos escritos hacía tiempo, otros lo escribí cuando estaba en este retiro voluntario en Francia y después que los tuve escritos, pensé: "¿Qué tienen en común todos estos cuentos?" Y vos muy astutamente recién me dijiste que están protagonizados por mujeres fracasadas o que lo parecen. Es exactamente eso. Son 16 cuentos de mujeres que tienen los mimos problemas que tenemos todas las mujeres. Todos tienen una historia que yo consideré interesante. Un tema fundamental en mi escritura es la historia. Siempre trabajo mucho que la historia te entretenga y te enganche, que no sea solamente un texto bonito, que tenga sustento.

-¿Qué estás leyendo hoy? ¿Qué tenés en tu mesa de luz o sobre la mesa?

-Acabo de terminar Nueve cuentos malvados y El asesino ciego, ambos de Margaret Atwood. Ahora estoy leyendo Antártida, de Claire Keegan, y antes leí Recorre los campos azules también de Claire Keegan. Yo leo muchos a la vez.

-¿Sos feliz?

-Soy muy feliz.

 

Por César Bianchi