Rosadilla, panadero en su juventud y que estuvo preso nueve años durante la dictadura militar, tendrá la responsabilidad de hacer del Ministerio un lugar donde penetre la política "en el mejor y más amplio sentido de la palabra", explicó.
El Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, una guerrilla urbana surgida en los años sesenta del siglo pasado, protagonizó asaltos, secuestros, atentados y asesinatos antes del gobierno de facto y fue también víctima de la represión policial y castrense de aquellos años.
Al caer la dictadura, Rosadilla fundó el Movimiento de Participación Popular (MPP) junto con José Mujica, y a través de este partido Rosadilla llegó en 2004 como diputado al Parlamento, donde preside la Comisión de Defensa.
Desde su austero despacho en el Parlamento, dijo comprender las "miradas mecánicas" que se ciernen sobre su pasado guerrillero y su futuro papel como máximo responsable político del estamento militar uruguayo, si bien esa es una historia de la cual se siente "orgulloso" y de la que no hace "ninguna renuncia".
"Esa historia se reúne con el presente sin solución de continuidad, pero el pueblo uruguayo eligió al Frente Amplio por su buen gobierno, por su historia y no la de los tupamaros", afirmó el político.
Instó asimismo a los críticos de su pasado que le demuestren "que no es idóneo" para el puesto de ministro y afirmó que él "no está enamorado del cargo y que no será obstáculo para que Uruguay tenga una política de defensa coherente".
Recordó también que su relación con los militares, sus antiguos enemigos, es buena y data de hace varios años gracias a su labor parlamentaria.
"Estoy convencido de que vamos a poder trabajar en común, lo que no significa que no vayamos a tener eventuales diferencias", puntualizó.
El próximo titular de Defensa destacó también la "enorme responsabilidad" que supone dirigir un ministerio, lo que le obligará a dar "todo lo que física e intelectualmente pueda" con el objetivo de crear un equipo "que sea garantía para que los compromisos se cumplan".
"Mi primera obligación es que mi presencia no sea imprescindible y que las cosas funcionen bien, y para eso hay que hacer una enorme apuesta por la transversalidad, la responsabilidad individual y el control colectivo, para que se logre un ministerio con mucha política dentro y con equipos poderosos, fuertes e integrados", afirmó.
Entre otros problemas, tendrá que enfrentar la modernización de las Fuerzas Armadas en sus aspectos, un proceso que él pretende que abarque aspectos "políticos, económicos y sociales, además de institucionales, de gestión, de despliegue, de equipamiento".
En las últimas cuatro décadas, salvo en el aspecto ideológico, "donde todo el país es distinto", las Fuerzas Armadas uruguayas "no han cambiado en lo esencial" y los nuevos tiempos hacen "que se impongan cambios", concluyó.
Fuente: EFE
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