Seré curioso

Negra y afrodescendiente

Romina Di Bartolomeo en Seré Curioso: "En la escuela te muestran la representación feliz de la esclavitud"

Es modelo y negra. No idolatra a Gandhi ni pide por la paz en el mundo. Dice que la raza negra está invisibilizada en Uruguay y el racismo es cotidiano.
01.11.2018 06:27
2018-11-01T06:27:00

Por César Bianchi

@Chechobianchi

Fotos: Juan Manuel López

            Dice que su apellido es italiano de Nápoles, pero nada más lejos de sus antepasados. Ella es negra y afrodescendiente en sentido literal, no por la corrección política del lenguaje. Su padre es negro, su madre es negra; su pelo crespo y el color de su piel le provocaron un señor bullying a cargo de sus compañeritos de la escuela. Encima llegaba a su casa donde veía que en su familia se laciaban el cabello para mimetizarse con el resto, con los no negros. Hasta que Romina decidió recorrer el camino de la "deconstrucción" y bucear en sus orígenes (africanos, claro): conoció la idiosincrasia de muchas tribus, vio cómo usaban el cabello, cómo debían reprimirlo u ocultarlo para no "provocar" al hombre blanco. Entendió que las esclavas negras no andaban a las risas, felices e integradas con sus amos blancos, como le habían enseñado en los actos festivos de la escuela. Y, también, que las amas de leche que dejaban de amamantar sus bebés para amamantar niños blancos de sus amas no lo hacían de puras solidarias y generosas. Eso no era un momento feliz, como lo muestra el afiche de la Patria Gaucha de Tacuarembó. 

            Mucho antes de la reivindicación de la negritud y las denuncias a viva voz del racismo imperante, Romina -una púber de apenas 14 años, pero que ya medía 1,82- fue invitada a caminar una pasarela como modelo. Y ahí dejó sus ganas de ser periodista deportiva, atleta o basquetbolista, para meterse de lleno en el mundo de la moda, los flashes, las poses, las tentaciones, las propuestas-indecentes-de-viejos-verdes (pero con contactos, eh) y, entonces, se dedicó a ser modelo profesional.

            Hoy, con 27 años, Romina Di Bartolomeo retomó sus estudios de Sociología en la Udelar, porque quiere comprender mejor el mundo, sus modas, y la moda. Estudia para tener herramientas y tiene decidido seguir denunciando lo que está mal, embanderada también con su ideología de izquierda. A pesar de que, cada tanto, le pidan que "no hable tanto" si quiere conservar su empleo y la relativa fama de los clics de cámaras y clics en redes sociales.  Lo seguirá haciendo, dice, porque además de modelo es una ciudadana pensante.

 -Dejemos en claro algo desde el principio: ¿sos negra, una mujer "de color" o afrodescendiente?

 -Soy una mujer negra y soy afrodescendiente. Nosotros siempre nos encargamos, desde los colectivos, de aclarar cuál es la diferencia entre una cosa y la otra. Negro es una definición un poco más biologicista (sic), la que se usaba en la época de la esclavitud: los negros y los blancos, como una categorización más relacionada a lo fenotípico. Asumirse afrodescendiente es algo que no pasa tan comúnmente, es una deconstrucción que vas haciendo con los años... Es una deconstrucción porque cuando te asumís como afrodescendiente, te asumís como una persona con determinado pasado histórico, distinto al tuyo. Yo estoy trabajando en mi árbol genealógico y tengo información de un tatarabuelo nacionalizado inglés, esclavo, y de ahí empezás a redescubrir un pasado que los libros no te lo dicen, que en las escuelas no te lo enseñan, porque cuando se habla de los esclavos, la historia de la afrodescendencia en Uruguay es muy escasa.  

 -O sea, te concebís afrodescendiente, más allá de la corrección política que los llama así para no decir "negro", como si fuera una mala palabra.

 -Esa es otra lectura. Yo también soy feminista. Cada término tiene un apoyo y un sustento más en lo académico. Yo me asumí como afrodescendiente, tengo un pasado histórico, como un sujeto político también. Soy una ciudadana afrodescendiente en Uruguay y en el mundo, y eso también se refiere más al aspecto político del ciudadano.

 -Desde tu rol de modelo te has preocupado por visibilizar las raíces africanas. No sólo en el discurso, sino también laboralmente, has hecho producciones de fotos peinada y maquillada como las negras de tribus africanas, que fueron publicada por el portal estadounidense Afropunk, por ejemplo. ¿Esto por qué? ¿Hay gente que parece no tener claro que los ancestros de los negros de por acá son africanos?

 -Hay falta de información. De hecho, yo hice mi deconstrucción afro y empecé con mi militancia hace dos años nomás. Ahí dejé de laciarme el pelo, siempre fueron mi trauma las motas, siempre recibí burlas por eso. Hice mi deconstrucción y empecé a conocer gente del activismo, conozco a todos los referentes afro -Chavela (Ramírez), Beatriz (Ramírez), Edgardo (Ortuño), Jorge Bustamente, que es nuestra biblioteca humana, quien se encarga de hacer los árboles genealógicos- y ahí empecé a investigar, y a desmitificar, porque en realidad, lo que tiene que ver con lo africano siempre es visto como salvaje, como extraño, como exótico. Empecé a conocer los dialectos, los significados, el dejar de utilizar la palabra "quilombo" como algo peyorativo, empecé a contactarme con personas afro y militantes de otros países como Brasil, Colombia, República Dominicana y Estados Unidos. Para mí es fantástico esto. Yo soy atea pero vengo de una familia umbandista, y tuve siempre el prejuicio ese, porque yo participaba de las actividades de mis familiares, pero en realidad conviviendo con la religión umbanda, desde mi experiencia, me parece mucho más participativa que cualquier otra religión. Entonces, a través de la moda, y con esa producción de fotos publicada en Afropunk, tomamos referencias de tribus africanas y decidimos llevarlo al lado fashion beauty de la moda. Y quedó genial.   

 -Sos modelo desde los 14 años. ¿Cómo se dio tu incursión en el modelaje a esa edad?

 -¿Viste la historia cliché de la modelo que la "descubren" por la calle? Bueno, así. Yo tenía una compañera del liceo, una amiga que era de Rivera, y vino a Montevideo con muchas ilusiones de ser modelo. Y un día con un grupo de amigas la fuimos a ver a un desfile, y a la salida de ese desfile, se baja de un auto Katherine Gonzalves -quien hoy es como mi madrina, quien hace muchos años está radicada en México-, y me preguntó si yo hacía modelaje. Le dije que no, y me pidió mi número. Eso fue un martes, el viernes me estaba llamando una diseñadora, Cinara Kramer, fui al atelier, me probó ropa, me hizo caminar y ta... imaginate una gurisa con 14 años y 1,82 de altura caminando con tacos. Y el 6 del 6 del 2006 fue mi primer desfile.

 -O sea que el 666 no es un número diabólico para vos...

 -No, o puedo ser "el diablo de la moda". Ese día abrí y cerré el desfile de Cinara en el Radisson. Estaba mi madre mirando. Fue una locura... Yo no terminaba de entender mucho donde estaba. Era un  mundo totalmente nuevo para mí, porque empecé a tener contacto directo con la clase alta de Uruguay. Yo no vengo de ahí, y desde muy joven tuve ese choque cultural con gente de muchísimo dinero. Visité casas, lugares, hoteles de lujo que nunca en mi vida pensé conocer. Empecé a ir a Punta del Este con regularidad, cuando yo hasta ahí lo veía en la tele en "Verano del..." y me parecía inalcanzable. Hasta ahí mis vacaciones eran en la playa Buceo.

 -En realidad, hasta que te "descubrieron", querías ser atleta. Hoy le harías frente a Déborah Rodríguez, quizás...

 -Quizás seríamos colegas, sí. El atletismo me encanta, me encanta el deporte en general. Quizás hubiera jugado al fútbol femenino. Jugué al básquetbol un tiempo, practiqué. Probablemente hubiera sido deportista.

 -Eso es algo que te molesta: que los periodistas deportivos digan que los atletas negros tienen un plus, como que fueron hechos para eso...

 -Lo que me hace ruido es que se metan en temas genéticos, sin saber. Empiezan a decir "ustedes genéticamente"... y no sé... Yo tengo un entrenamiento personalizado, mi entrenador ha entrenado deportistas, y después de haber hablado con él y con Alicia Esquivel, que es doctora, he hablado sobre las supuestas diferencias genéticas. Pero escucho mucho en los programas deportivos que hablan sin ninguna certeza. ¿De dónde hablás con tanta seguridad, si yo hablo con gente que sabe y no tiene certeza, porque no hay estudios genéticos que lo avalen? Se está avanzando en esos estudios genéticos, pero todavía no hay evidencia científica. Sí hay una cuestión del metabolismo.

 -De repente tenías 14 o 15, eras una púber menor de edad, y tenías que empezar a preocuparte por la estética, por la imagen, por no comer de más, hacer dieta o andar maquillada. ¿Es cruel el mundo de la moda con chicas tan jóvenes? 

 -Sí, sí, es muy cruel. En ese momento se olvidan que es una adolescente menor de edad. Yo viví situaciones jodidas siendo chica... Hace unos meses leí una nota a una exmodelo, Christy Turlington -quien integró el dream team de los 90 junto a Naomi Campbell, Claudia Shiffer y Cindy Crawford- y respecto al Me Too, después de lo de Harvey Weinstein se retomaron las denuncias contra Terry Richardson, un fotógrafo muy conocido, que tenía un montón de denuncias de acoso y abuso también. Y en la nota Christy Turlington decía que en la moda estaba muy normalizado y naturalizado el maltrato. No sólo a las modelos. Tipo: "Yo soy el productor del desfile, soy el que te contrato, entonces te trato como se me antoja". Y cuando tenés 14 o 15 años sos más vulnerable y terminás agachando la cabeza. No tenés la madurez que tengo ahora, donde si alguien me habla mal, yo reacciono. Además tengo la trayectoria que no tenía con 14 años.

"Cuando empecé tenía 14 años y no terminaba de entender donde estaba. Empecé a tener contacto directo con la clase alta de Uruguay. Desde muy joven tuve ese choque cultural con gente de muchísimo dinero. Empecé a ir a Punta del Este con regularidad, cuando yo hasta ahí lo veía en la tele en 'Verano del...' y me parecía inalcanzable"

 -Mucho se ha concientizado en los últimos años respecto a los estereotipos para ser modelo y cómo esa búsqueda por dar con el rol ha afectado la salud de muchas mujeres que por encajar terminan padeciendo bulimia o anorexia. ¿Has visto de cerca casos así?

 -Sí, he visto casos así lamentablemente. En todo trabajo donde haya mujeres que trabajen con su imagen, pasa eso. También en la danza, en la televisión. Conozco bailarines y me cuentan historias heavies. Y en la moda pasa, el tema es que es algo que se sabe, pero depende mucho de la agencia que tengas, depende de la contención, hay agencias donde eso se trabaja, se habla con la chica, se trata de que no pase. Pero muchas veces hay un trato tan despersonalizado y eso sucede. He visto casos de chicas que trabajan muchísimo estando enfermas y en lugar de alertarlas de que no se ven saludables, les dan para adelante, les dicen que se ven bien, que sigan así. Cuando no es así, y se nota. Tiene que haber una responsabilidad de las agencias, también de quienes organizan los eventos, porque después eso sale a la luz, y es una chiquilina expuesta, porque nadie sabe quién está detrás de todo eso. Nuestro cuerpo es nuestra herramienta de trabajo y todas nos preocupamos por nuestro cuerpo, nuestra salud. Pero tenés que estar muy preparada. Hay chiquilinas que realmente la pasan muy mal. Cuando yo empecé era de las pocas modelos negras que había, y entré cuando estaba empezando el boom de las redes sociales, que te dan otra visibilidad. Y es mucha gente, no sabés cuánto cobrar, mi madre no me podía acompañar siempre, y bueno... vas haciendo de tripas corazón. Yo siempre fui muy observadora, entonces yo decía: "Por este lado sí, por este lado no", pero me han pasado cosas y no las he podido evitar.

 -¿A qué te referís?

 -Hablo de acoso. No puedo contarlo en detalle, pero es que te rodeás con gente de mucho poder, con fotógrafos que tienen cierto poder, porque tienen la cámara. He recibido gritos, maltratos totalmente injustificados, y obviamente el racismo. Te hablo de que sólo tienen maquillaje para chicas blancas. Ahora ya no tanto, porque saben que voy yo, y hay otras chicas, pero en su momento ese era un problema. O no podían peinar mi pelo, porque si bien yo lo usaba lacio, era mota, mota laciada. Y el tema económico, de hecho, hay gente que todavía me debe plata... Y en un trabajo tan irregular como la moda, no tengo dónde reclamar.

 -Recién decías que te tocó vivir situaciones de acoso. ¿Cómo lidiás con tentaciones como el alcohol y las drogas, o con propuestas del tipo "te conviene 'conocer' a Fulano, porque tiene conexiones y te puede ayudar"? Cuando conocer no es sólo saludarlo...

 -A mí eso me pasó. Me pasó de gente muy muy muy mayor de edad siendo yo menor de edad y decirme: "Mirá, yo conozco a Fulano y te puede hacer notas en tal medio para que te conozcan", buscando que yo estuviera con ella, claro. Eso está. Y las drogas están en todos lados, en la moda están ahí, porque es un ambiente que se presta para eso, porque están las fiestas, las noches, los eventos. Abre un boliche top y llevan modelos, las fiestas privadas en Punta del Este, se presta para todo eso. Yo no juzgo, la que quiera consumir, que lo haga. Me molesta cuando consumen para no comer... te estás haciendo daño. Están las tentaciones, ya es una cosa personal. Pero hay que tener en cuenta que muchas de esas modelos son menores de edad.

 -Desde tu rol de modelo has buscado generar conciencia sobre la discriminación racial y visibilizar a los negros en el país. Mucha gente cree que Uruguay es un país amigable con los negros, sobre todo comparado con Argentina. ¿Cuánto hay de cierto en esto? O mejor dicho: ¿cuánto hay de racismo en Uruguay?

 -Me resulta de extrema inocencia creer que no hay racismo en Uruguay, cuando es un fenómeno que existe en todas partes del mundo, desde el primer mundo al último. Hay gente que te dice que no, que somos una isla, que somos la panacea de los derechos civiles. Pero a pesar de que han habido avances en los últimos años, esos problemas siguen estando. El racismo acá se da de la misma forma en que se visibilizan a los negros: está solapado, muy solapado. A mí me lo han comparado con Estados Unidos, donde hay niveles de violencia muchísimo más marcados, y además es un país de fácil acceso a las armas. Los mecanismos de violencia son otros.

 El racismo muta, también. Eso es algo que he aprendido con los compañeros activistas que son psicólogos. El racismo va mutando, por eso también es importante tener militantes jóvenes, porque en la juventud el racismo se vive de otra forma, en otros lados, a través de las redes, por ejemplo.  

 -¿En qué situaciones cotidianas has sentido la discriminación? Sobre todo en el mundo de la moda y el modelaje.

 -En situaciones cotidianas lo he vivido con el tema del pelo. Gente que se acerca y te lo toca como si fuera una rareza y como si no te estuviera tocando a vos. Si yo te toco tu pelo, te estoy tocando a vos. Pero a mí me quieren tocar el pelo, como si no me estuvieran tocando a mí. Eso tiene que ver con lo exótico, algo que hay que romper. Exótica es una planta carnívora. Yo soy una persona, con un color distinto de piel y una historia distinta. Ahora, por ejemplo, con la llegada de los migrantes -venezolanos, colombianos, cubanos, dominicanos- se da lo que te decía de la invisibilidad de la población negra, porque de golpe  los negros uruguayos pasamos a ser dominicanos también. Me han preguntado: "¿Sos de acá?". Y yo pienso:  ¿qué te hizo suponer que no soy uruguaya? He estado con el termo y el mate y un pegotín de murga en el termo, ¡y me han preguntado si soy uruguaya! Eso es racismo también.

 En el mundo de la moda, he escuchado en mi cara: "A la negra no la queremos". Cuando seleccionan modelos, por ejemplos. En otra oportunidad me pasó en un evento enorme en Punta del Este -uno de los mejores desfiles en los que participé-, estaba en un desfile tipo internacional, lo estaba disfrutando mucho y cada modelo tenía tres estilistas para cada una.  En mi equipo había una argentina, un español y un holandés. Estábamos hablando de cosas de acá, del candombe, y la argentina me dice: "Vos sos negra, pero tenés cabeza de blanca, ¿entendés?". Y yo lo agarré para el lado del humor, porque estaba pasando re bien: "Soy como un Ricardito", les dije, negra por fuera y blanca por dentro, y les expliqué qué era el Ricardito. No me calenté porque estaba pasando bien, pero al rato, cuando ella se fue, el español y el holandés -que hablaba español- me dijeron: "¿Cómo te va a decir eso?". Los europeos no lo podían creer.

 -Los negros que han logrado cierto destaque en sus ambientes, que han logrado fama en lo suyo, no suelen denunciar el racismo. No hablan del tema. ¿Por qué? 

 -Porque es un tema del que no se quiere hablar, no se habla a nivel país. Pero además te digo, si nosotros nos estamos deconstruyendo como una sociedad machista, y el machismo atraviesa todas las clases sociales, todos los países y religiones, el racismo es igual, porque todos nos creamos con una visión del ser humano del hombre blanco y después de la mujer blanca, que son mucho más visibles que cualquier otra persona. El hombre más famoso del mundo, que es Jesús, tiene una visión eurocentrista, es una imagen no real. O el prototipo del rubio (o rubia) de ojos claros como sinónimo de perfección. En este país nadie se reconoce racista: "Yo no soy racista, pero..." y viene la justificación.

 En el fútbol los jugadores negros no dicen nada, porque no hablan de nada... hay una similitud con la moda ahí: como una presión ahí de que "no se hablan de determinados temas". El racismo es algo que en Uruguay se trata de ocultar todo el tiempo, es algo que se denuncia pero esas denuncias por racismo no se ven en la prensa, no se hacen notas sobre eso. O cuando aparecen casos de racismo se toman como casos aislados, cuando es algo que se vive cotidianamente.

 -La sociedad uruguaya, ¿sólo se acuerda de los negros en febrero y los subestima el resto del año?

 -Obvio. Sí, sí, lamentablemente es así. Nosotros en julio tenemos el mes de la afrodescendencia y se promociona el lanzamiento y nada más. Hasta incluso se invisibilizan los afros que han tenido actividad política y con una lucha muy importante en este país, pienso en Salvador Betervide, que fue un militante y abogado, o artistas plásticos, hay unos cuantos muy buenos, que no son conocidos. Después que empecé con el activismo conocí pintores excelentes, como Mary  Porto Casas, que hace unos cuadros increíbles, pinta gente negra, expuso sus pinturas en sellos del Correo. Hay mucha gente afro haciendo cosas, jóvenes artistas, que pareciera que no existieran. Y eso ayuda a continuar con el estereotipo de que los negros famosos son músicos o deportistas.

 -Vos interpretás que el Estado benefactor de Batlle y Ordóñez impactó de forma especial en la comunidad afro en Uruguay. ¿De qué manera?

 -El batllismo y su Estado de Bienestar, y la recepción de la inmigración, sobre todo inmigrantes europeos, hizo ver algo similar a lo que está sucediendo ahora. Era un Uruguay integrador, que tendía a igualar todo, y cuando vos igualás a toda tu población en una sociedad racista, eso pasa desapercibido. Si yo te digo que el negro está invisibilizado y a su vez, te dicen "somos todos iguales, los negros y los blancos, somos todos iguales". Ahí se minimiza el problema, como si no existiera. No me molesta la integración, me molesta que se diga que "todos somos iguales" en este territorio donde recibimos migrantes, o que somos un país de inmigrantes, que es lo que siempre se dice, pero están hablando de los inmigrantes europeos. Yo toda mi vida escuché en la escuela y el liceo que "Uruguay es un país formado por migrantes europeos, sobre todo españoles e italianos", y yo estaba en la clase... me lo decía una docente que parecía no darse cuenta que tenía una alumna negra enfrente. Yo tengo mi descendencia europea -Di Bartolomeo es un apellido italiano- pero mi padre y mi madre son negros. Yo soy afrodescendiente, directamente.

 Ahora hay una onda de pegarle a los colectivos de cualquier tipo: LGTBI, feministas, de negros, y cuando salimos a la calle, militamos o nos quedamos hasta las tres de la mañana en una asamblea, es porque estamos convencidos de lo que estamos haciendo, sabemos que este problema existe y lo hacemos desde el dolor. La Facultad de Ciencias Sociales no toma la situación de los afrodescendientes, por ejemplo, si se habla de embarazo adolescente. Sabemos que esos números aumentan entre los negros. O si hablamos de pobreza, tenemos que distinguir y saber cuál es el índice de pobreza en la población negra: es un 7% entre la población blanca y un 16,4% en la población negra. O cuántos son los negros que están en el interior, que son la mayoría, acá solo estamos el 9%. Todas esas cosas se ocultan.

" Las drogas están en la moda, porque es un ambiente que se presta para eso, porque están las fiestas, las noches, los eventos. Me molesta cuando consumen para no comer... se hacen daño"

 O pensá nomás en la representación feliz de la esclavitud en la escuela. 25 de agosto y los esclavos como si fueran personas felices. Yo en la escuela hice de lavandera, y una vez era vendedora de empanadas. Se da una representación de felicidad, como si estuviera todo bien... ¡y eran esclavos!

 -¿Qué opinión te merece el afiche que anuncia la Patria Gaucha en Tacuarembó, con una esclava negra, una ama de leche, amamantando un bebé blanco?

 -Lo vi, lo ponen como algo positivo, es la imagen inofensiva de la esclavitud de la que te hablaba. Cuando tasaban a las mujeres esclavas aclaraban que tenían leche. Nuestro colectivo (Diálogo político de mujeres afrouruguayas) redactó un comunicado al respecto. El afiche es la romantización de la esclavitud que se tenía en Uruguay -mucha gente lo ve como servidumbre, más que esclavitud, y así se nos enseñó en las escuelas-... Este afiche transmite eso, como si lo hiciera de forma voluntaria, cuando no era así. Esas mujeres tenían un coste más alto si tenían leche y eran jóvenes más aún. Ese afiche reafirma esto, deja de lado el sistema esclavista de personas y lo pone como algo integrador, pero era un acto involuntario. Las amas de leche dejaban de amamantar a sus hijos para amamantar a los hijos de sus amos, involuntariamente. Espero que la organización de la fiesta de la Patria Gaucha entienda, se disculpe y retire ese afiche.

 -En el sitio Harta.uy decías que en Uruguay decías que laciarse el cabello o ponerse un turbante eran formas de "ocultar cuán negra sos", y señalabas que "acá pesa mucho la necesidad del negro de invisibilizarse y amoldarse". ¿Cómo tuviste que amoldarte vos?

 -El pelo en la cultura afro tiene un significado muy importante. En los inicios de la conquista, con la prohibición, con la utilización de turbantes porque las negras no podían mostrar su pelo, porque era visto como pecaminoso. Decían que el pelo ensortijado, parado, "atraía" al hombre blanco. Había que cubrirlo, taparlo. Hay algunas pinturas y cosas que he encontrado, donde se comentan que las mujeres ya venían con adornos en la cabeza, y a las negras les cortaban el pelo o las obligaban a ponerse turbantes, o las esclavas que estaban dentro de la casa se les laciaba el pelo, para asimilar a los dueños de casa.

 ¿Cómo me amoldé yo a la sociedad? Me laciaba el pelo, me hacía extensiones... El pelo era un trauma. Nosotros descubrimos que somos negros en la escuela. Escuchamos hablar de bullying, pero no se habla del bullying que recibimos los niños negros en la escuela. Imaginate esas niñas mirando TV y queriendo ser como las mujeres de las publicidades, en comerciales de shampoo revoleando su pelo lacio. En mi caso se burlaban de mi pelo porque "no se podía peinar". Y llegaba a casa y veía a los integrantes de mi familia que se laciaban el pelo porque veían  a las motas como algo feo. Y eso es algo impuesto, que viene de hace 500 años atrás.

 -Hace poco hacías alusión en tus redes sociales a la "apropiación cultural", algo que, de hecho, te molesta. Explicame el concepto de apropiación cultural y contame por qué te indigna.

 -La apropiación cultural es utilizar elementos de una cultura oprimida, de un colectivo oprimido -donde se da más es en la cultura indígena y en los negros- y utilizarlo como si fuera propio, como algo cool. A mí me molesta ver una campaña de moda inspirada en elementos africanos -donde piensan en África como si fuera un país entero y no un continente- y donde todas las modelos son blancas, y se las lookea como si fueran negras... teniendo modelos negras para poder hacerlo. Es gente "disfrazándose" de negros. O las blancas que se hacen trenzas de las nuestras. El problema es cuando es una moda, cuando es validado porque una persona blanca las usa: el blanco es cool, se hizo trenzas, qué copada le quedan. Una de las cosas que me dijeron a mí cuando empecé como modelo fue: "Vos sos distinta porque no sos como esas negras de trenzas del barrio Sur". Y ojo, acá se imitan a los negros de Estados Unidos, no al negro uruguayo.

 -Ayer te compartía una foto de la argentina Calu Rivero sacándose fotos con niños negros a las risas, y usando esas trencitas típicas de mujer africana. Tiempo atrás te indignaste con fotos muy similares de Nicole Neumann rodeada de niños africanos negros, y diciendo que quería adoptar uno... ¿Qué lectura hacés de ese tipo de fotos para divulgar en redes?

"Una estilista argentina me dijo: 'Vos sos negra, pero tenés cabeza de blanca, ¿entendés?'. Y yo lo agarré para el lado del humor, porque estaba pasando re bien: 'Soy como un Ricardito', les dije. Cuando ella se fue, los europeos me dijeron: '¿Cómo te va a decir eso?' No lo podían creer"

 -Lo de Nicole Neumann fue peor, porque salió en una tapa de Caras diciendo: "Quiero adoptar un negrito"... (que no lo adoptó tampoco). Y lo de Calu Rivero, han aparecido fotos de backstage de una campaña de modas, de hecho una campaña con ella se hizo en una favela de Brasil. Son esas cosas que decís: "Bo... no da". Están usando a esos niños, están usando la cultura afro. Yo, que estoy en este proceso de averiguar quiénes fueron mis antepasados para saber de qué parte de África vengo y algún día ir a visitar ese país, sé bien que no se le puede sacar fotos a las tribus sin pedirles autorización y subirlas a las redes como si nada. Pensás: "Te estás cagando en todo". ¿Qué estás mostrando? Estás mostrando lo exótico, y además en el caso de Calu Rivero, está promocionando una agencia de viajes.

 -¿Te has cerrado puertas por tu activismo respecto al racismo?

-Sí. Lo que pasa que en la moda no terminás de saber el verdadero motivo por el que no te llamaron más. Yo sé que hay gente que le molesta que yo hable de estas cosas, o que exprese mi posición política. Yo digo que soy de izquierda, me crié en un hogar de izquierda, es mi ideología y no tengo reparo alguno en decirlo. Una vez me dijeron que "no hablara tanto" en la prensa. ¿Vos te pensás que no me lo cuestiono? Yo me cuestiono mucho sobre si seguir diciendo lo que pienso, y denunciar el racismo, pero una vez un amigo de la moda me dijo: "Vos tenés argumentos y tenés propiedad para hablar, porque sos una mujer negra". Mi madre me dijo lo mismo. Y bueno, decidí seguir denunciando estas cosas.

 Hace  un tiempo leí lo que decía el exfutbolista brasileño Juninho Pernambucano, que contaba su desvinculación de la Globo, por haber contado cosas del fútbol que "no se pueden saber". Él hizo una dura campaña contra Bolsonaro y dijo, además, que no podía entender cómo sus compañeros futbolistas, y además negros, apoyaban a Bolsonaro (NdeR: Ronaldinho y Rivaldo lo apoyaron explícitamente). "Nosotros somos jugadores de fútbol, venimos de abajo, no podemos apoyar a este tipo", decía Juninho. Para mí escucharlo a él fue fabuloso. Y él dijo esto que yo te estaba diciendo: esto del silenciamiento, de que te dejan de llamar y no sabés por qué, pero te das cuenta que estás causando problemas.

 -¿Por qué estudiar sociología?

 -Yo quería hacer periodismo deportivo, nada que ver. Pero sociología fue la respuesta a todas mis preguntas, me ayudó a comprender los problemas sociales, ver cómo funciona una sociedad, desde el punto de vista académico conocer las cosas que dicen los textos muy interesantes que he leído... Una vez que tenés esa herramienta de comprensión, empezás a ver cómo funciona el mundo, quién lo mueve, quién lo maneja, cuáles son los intereses. Me parece una disciplina fabulosa para entender el mundo, y entender la moda también.

"El afiche de la Patria Gaucha deja de lado el sistema esclavista de personas y lo pone como algo integrador, cuando era un acto involuntario. Las amas de leche dejaban de amamantar a sus hijos para amamantar a los hijos de sus amos, involuntariamente. Espero que la organización de la fiesta de la Patria Gaucha entienda, se disculpe y retire ese afiche"

 -Con los estudios universitarios y tus opiniones contundentes visibilizando la negritud y el racismo imperante, ¿sentís que le escapás a la mirada de "hueca" que el imaginario colectivo le dedica a las modelos?

 -Sí, la verdad que sí. Yo no tengo que demostrarle a la gente si soy más o menos inteligente. Pero sí está bueno zafar de eso, porque no es una imagen positiva. Soy consciente que se tiene esa imagen de nosotras las modelos, y vuelvo a Juninho Pernambucano: él hablaba de la presión de los medios. Está bien, quizás hay modelos que han fomentado ese cliché, pero te recuerdo lo que te decía, que hay gente que me dijo "tratá de no hablar mucho". Yo podría haberme quedado en el molde, y sólo hablarte de cuántas veces como, cuántas veces entreno a la semana, qué dieta llevo y cuál es mi estilo, y ta. Pero no. Yo logré esto porque me puse a hablar de otros temas, me puse a escribir, a comentar en las redes. Somos modelos, pero somos personas y somos ciudadanas.

 -¿Y por qué, entonces, muchas modelos se atienen a hablar de la dieta y el entrenamiento y aceptan no opinar de otros temas más importantes? ¿Por comodidad quizás?

 -O por miedo.  Siempre te van a preguntar sobre el mundo de la moda. De repente no dicen nada porque no les interesa que sepan cómo piensan, sólo que vean que es linda o si es buena modelo. Y también por asimilación al resto, como les pasa a los jugadores de fútbol. También, ojo, que tenés que continuar, y hay que conservar el trabajo. Y mirá que he tenido muy buenas devoluciones también con estas cosas que denuncio. Hay gente del ámbito de la moda que me ha felicitado por las cosas que digo. Creo que está bueno hablar ahora, más en este momento en que las mujeres tenemos más voz, generando movimientos, cambios, movilizándonos. A mí me encantaría escuchar a mis colegas definirse como feministas, estaría buenísimo.

 Quiero desmitificar algo: no es cierto eso de que "las modelos se odian", se puede generar una rispidez, como en cualquier ámbito laboral, pero por lo general, nos llevamos bien, nos damos para adelante en redes sociales, nos pasamos trabajos también, las más chicas andan juntas. Hace poco una compañera de Durazno abrió el desfile de Yves Saint Laurent y estábamos todas en un back de un desfile mirándola desfilar y mandándole mensajes de aliento. Y en el exterior eso se multiplica por 100. Imaginate que estás con 18 o 20 años en el exterior, trabajando sola, de modelo, viviendo en un apartamento con una brasilera y una checa, y esas chicas pasan a ser parte de tu familia. Mi mejor amiga, Yessica Benítez, que estudia Psicología y es una gran modelo, también viene de familia trabajadora, y tiene amigas que se hizo en China... se fue siendo gurisa chica a China sola, y sus compañeras de cuarto, pasaron a ser su familia.

 -A los 24 te proyectabas como modelo en Nueva York, trabajando en eso las 24 horas del día. ¿Tres años después mantenés ese sueño o ahora te gustaría dedicarte a la sociología?

 -Mis ganas de emigrar están, tengo muchas ganas de conocer el mundo. Creo que no me quedan muchos años de modelo, seguiré hasta los 30 y algo. No me imagino siendo modelo hasta los 35 o estando vinculada al mundo de la moda, porque hay chicas que siguen diseño de modas o tienen su marca de ropa. A mí no me interesa tanto. Sí me gustaría viajar y trabajar como modelo, pero más enfocada a lo publicitario, por una cuestión económica y también porque una de mis mayores limitantes en mi caso es lo físico: no encajo en las medidas que se exigen para trabajar en el mercado internacional. No soy lo suficientemente delgada como para trabajar en el exterior.

 -Lo de viajar a Nueva York también tenía que ver con ir a ver a tu padre, que vive allá. ¿Hace mucho que no lo ves?

 -Diecisiete años. Pensaba visitarlo en 2014, pensaba ir a verlo y conocer agencias, pero me negaron la visa. Y mi padre no puede venir a verme, porque está en una situación complicada allá. Mi padre se fue en el 2000 para Estados Unidos, yo viajé en el 2001 con mi vieja, y esa fue la última vez que lo vi. Tenía 10, ahora tengo 27.

 -¿En qué momentos lo extrañás?

 -Yo tenía una buena relación con él acá porque nos une el tema musical. Yo empecé a intentar tocar el bajo como él, que tocaba el bajo y el contrabajo en bandas tropicales. Él siempre salía a tocar el tambor los fines de semana... pero yo era una niña. Tendría que sentarme a hablar con él, que vea que ya soy una mujer. Está bueno que me hayas preguntado por mi padre, porque siempre hablo de mi madre. Y mi madre para mí es... todo. Es el Dios en el que creo. Mi madre es una genia, hace 38 años que trabaja en la salud pública, en el Hospital Maciel. Cuando ella se jubile voy a escribir un libro sobre el amor que ella tiene por la enfermería, trabajando muchas horas en la salud pública.

"Hay gente que me dijo: 'Tratá de no hablar mucho'. Yo podría haberme quedado en el molde, y sólo hablarte de cuántas veces como, cuántas veces entreno a la semana, qué dieta llevo y cuál es mi estilo. Pero no. Yo logré esto porque me puse a hablar de otros temas, me puse a escribir, a comentar en las redes. Somos modelos, pero somos personas y somos ciudadanas"

 -¿Sos feliz?

 -(Piensa) Sí, soy feliz sí, porque las cosas que necesitaría para sentirme bien tiene que ver con logros materiales. La militancia con los jóvenes afro me hace muy feliz. Mi sueño es tener mi casa y llevar a mi vieja a París, que es una ciudad que ama. 



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