Uruguay 2020

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Rafael Fernández: “Con Martínez o con Lacalle Pou hay dos variantes fondomonetaristas”

El candidato a la Presidencia por el Partido de los Trabajadores afirmó la necesidad de cambiar el sistema socioeconómico a uno socialista.

06.09.2019 18:03

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2019-09-06T18:03:00
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Rafael Fernández está convencido de que el Frente Amplio no aprovechó en sus tres períodos de gobierno, en los que tuvo mayoría parlamentaria, para dar un verdadero giro a la izquierda, sino que planteó algunas modificaciones en torno a las relaciones laborales que, en el fondo, no mueven la aguja.

El sindicalista es candidato a la Presidencia por el Partido de los Trabajadores y su objetivo es, en realidad, llegar al Parlamento para impulsar desde allí ciertas modificaciones legislativas, aunque asegura que hay muchos impedimentos debido a lo establecido en la Constitución.

Subir el salario mínimo y reducir la carga horaria de la jornada laboral son sus propuestas de rápida aplicación, aunque, de fondo, lo que más desea es vivir en un sistema socioeconómico socialista que deje de lado la relación actual entre empresarios y trabajadores.

Fernández dio a Montevideo Portal una entrevista enmarcada en el ciclo Uruguay 2020 en donde se explayó sobre sus ideales y su rechazo a las propuestas de Daniel Martínez, Luis Lacalle Pou y Ernesto Talvi, a las que consideró "fondomonetaristas".

Abajo del video se puede leer la entrevista completa.

¿A qué aspira el Partido de los Trabajadores en esta elección?

Es una elección que es compleja porque obviamente no estamos peleando la Presidencia de la República. El logro más importante que se podría tener es obtener la representación parlamentaria, que aun así es compleja porque hay mucha oferta y mucha confusión en el electorado. Lo que sí hay es un proceso importante de desengaño, de desencanto de muchos militantes de izquierda, así que la aspiración principal sería colocar una discusión en la izquierda que va más allá de octubre para reconstruir la izquierda en términos de una izquierda anticapitalista, una izquierda que luche por el socialismo, por un gobierno de trabajadores. Es decir, una transformación de una sociedad que ha abandonado la izquierda oficial, que no tiene fronteras muy nítidas con los partidos tradicionales. Algún político ha dicho que (Danilo) Astori podría ser ministro de Economía de un gobierno colorado o blanco sin que rechinara mucho. Las políticas económicas no hay una distancia sustancial entre lo que es el Frente Amplio y los partidos tradicionales. Se necesita reconstruir la izquierda en términos de una transformación social y liderada por los trabajadores, ese es el planteo que coloca el PT en esta elección y en general. Creemos que hay un ambiente más favorable para esta discusión más allá de que hay un ambiente de cierta confusión política, esta oferta tan variada y la emergencia de figuras más personales que con ideas claras tiene que ver con ese grado de confusión.

Según los cálculos que puedan haber hecho, por ejemplo, en base a encuestas, ¿a cuántos votos puede aspirar el Partido de los Trabajadores?

La verdad que ha tenido muy poca difusión hasta ahora. El proceso de las internas monopoliza la atención en otros partidos. Es difícil pronosticarlo, las encuestas hoy no dan una cifra significativa, por lo que habrá que ver de acá al fin de la campaña lo que podamos movilizar y mover la aguja, pero no tenemos una estimación.

Lo que sí marcan la mayoría de los estudios es que hay una mayor fragmentación, entonces se generan mayores posibilidades para partidos menores. ¿Cuál va a ser la estrategia que practiquen para lograr captar a esos votos que vos le llamabas de "frenteamplistas desencantados"?

Fundamentalmente uno piensa en esos sectores porque son gente que normalmente quiere una transformación social, tienen una mentalidad progresista y quiere cambios. Nosotros obviamente nos dirigimos a toda la población, en particular a los trabajadores, y lo que queremos colocar son ejes de agenda. Uno es la seguridad social, todos los partidos, si bien no lo dicen porque pierden votos, pero están anunciando una modificación de la legislación de la seguridad social que implica un aumento de la edad de retiro y una rebaja del cálculo jubilatorio o ambas. Incluso la versión de (Ernesto) Talvi, que dice que no va a hablar de la edad de retiro, es obvio que va a modificar a la baja el cálculo jubilatorio de manera que para tener lo mismo tengas que trabajar más años, cosa que es una engaña pichanga. Nosotros queremos colocar en los trabajadores la idea de que esta es una rebaja del salario: que una persona tenga que trabajar más horas o más años por el mismo dinero obviamente es una rebaja salarial, la jubilación es un salario diferido del trabajador. De lo que se trata es una transferencia del bolsillo de los trabajadores a los bolsillos de las empresas, no hay mucho más misterio que ese. El déficit de la seguridad social fue generado por las rebajas, en particular de los aportes patronales bajo gobiernos de blancos y colorados primero y luego bajo gobiernos del Frente Amplio, que pasó del 12 al 7,5 %. Hay una cantidad de empresas y de sectores industriales exonerados del aporte patronal. El déficit de la seguridad social no llega a la cuarta parte de lo que son el conjunto de las transferencias impositivas que hace el Estado por exoneraciones o por subsidios directos, es decir, no hay un déficit de la seguridad social, hay un vuelco del financiamiento del sistema sobre las espaldas de los trabajadores y exonerar cada vez más a las empresas. Por lo tanto, el problema en primer lugar pasa por eliminar las AFAP y por aumentar el aporte patronal como mecanismos para financiar el BPS, y no el mecanismo de obligar a los trabajadores a trabajar más tiempo para ganar lo mismo o menos. Este es un eje de campaña que nosotros queremos colocar porque va a ser la agenda del próximo gobierno, no va a ser nuestro gobierno, va a ser un gobierno con distintas variantes del FMI, variantes de defensa de las grandes empresas como UPM, el gran capital, y los trabajadores vamos a tener que enfrentar esta agenda. En este contexto, la conquista parlamentaria estaría al servicio de esa movilización, no es que creamos que un gran diálogo nacional va a resolver el problema de la seguridad social en forma justa.

Además del régimen de seguridad social, ¿cuáles son otros ejes principales que piensan tener en la próxima legislatura si es que acceden?

Acá tenemos un problema que es el del carácter del régimen político y del régimen constitucional. El Parlamento, en este país, tiene un carácter más decorativo que en otros, que ya es bastante decorativo en el plano mundial. Por ejemplo, una medida elemental sería elevar el salario mínimo para los trabajadores y eso requiere iniciativa privativa del Poder Ejecutivo. Un parlamentario, por más votado que sea por el pueblo, no puede llevar un proyecto de ley de aumento del salario mínimo porque eso solo si lo envía el Consejo de Ministros puede tener andamiento. Como esto, hay elementos como el aumento de la jubilación mínima, son todos elementos de una plataforma de los trabajadores, de un programa de trabajadores frente a la carestía o el desempleo, que tienen limitaciones constitucionales para llevar adelante y quiero hacer énfasis en eso porque es una manifestación de carácter reaccionaria y antidemocrática de la Constitución que nos rige. De todos modos, obviamente, serían temas para colocar desde la tribuna parlamentaria porque creemos que eso puede encender una movilización popular que haga que se envíe desde el Poder Ejecutivo esos proyectos de ley y que se generen las condiciones para resolverlo. De todos modos, el contexto internacional de la crisis capitalista, como regional, más bien está colocando más bien la perspectiva de que asistimos a una guerra contra los trabajadores de parte de los empresarios. En ese sentido, no queremos estar sembrando tantas ilusiones en lo que un parlamentario nuestro pueda hacer, que hay millones de propuestas para colocar sobre derechos laborales. Para poner un ejemplo, un trabajador que se accidenta en el trabajo, si su patrón no aportó al BPS cobra de acuerdo al salario mínimo y no de acuerdo al salario que venía trabajando, es decir, por una falta del patrón, termina siendo perjudicado el obrero. Los tres primeros días de un obrero que se accidenta no los cobra, y ejemplos de esto en la legislación de este país hay muchos que deberían ser corregidos y bueno, a 15 años de gobierno del Frente Amplio no han sido tocados. No estamos hablando de enormes transformaciones, estamos hablando de medidas mínimas de mejoras de legislación laboral que han quedado postergadas.

¿Puede entenderse que algunas de esas normas que marcás, en estos últimos años, en donde el desempleo ha ido subiendo algunos puntos, no se quieran tocar tanto para no molestar a las empresas e intentar que no se siga disparando el desempleo?

Ese es el discurso siempre, es un discurso que los empresarios han logrado trasladar muy bien a todo el régimen político y hasta parte de los sindicalistas lo compran. Desde que existe el capitalismo, cada transformación que han propuesto los obreros, los patrones han dicho que es inviable porque se fundirían, empezando por la jornada de ocho horas. Trabajaban 14 o 16 horas los obreros, se implantaron las 10 horas, las ocho horas, y no se fundieron. Quiere decir que acá hay un problema de un antagonismo social, de un interés contrapuesto entre los patrones y los trabajadores y el Partido de los Trabajadores elige el campo de los trabajadores. Lo que se traduce muchas veces con el tema de atraer inversores se plantea en todos los países, al obrero brasilero le dicen lo mismo que al obrero uruguayo: 'si no bajamos los aportes a la seguridad social, si no bajamos los costos laborales, se van a ir'. En definitiva, es un obrero de un país compitiendo contra el obrero de otro. Si los dos obreros lograran poner un piso en común a través de la acción de los sindicatos de toda América Latina, por ejemplo, bueno, seguramente ese chantaje ya no estaría presente.

Entonces lo que propone el Partido de los Trabajadores podría denominarse como una especie cambio del sistema socioeconómico.

Totalmente. El planteamiento nuestro es un planteamiento socialista, es un planteamiento anticapitalista, y eso implica una transformación social que obviamente puede llevar un período histórico de tiempo pero en el que se plantea la necesidad de que gobiernen los trabajadores. No es para hacer retoques al sistema capitalista.

¿Cómo sería posible ese cambio?

Los cambios esos implican una revolución social, que la clase obrera adquiera la convicción de que es inviable la posibilidad de ser explotado a los intereses de los capitalistas. Vivimos en un mundo donde los avances tecnológicos se traducen en un debilitamiento de la clase obrera porque producen mayor desempleo, un ejército de reserva que presiona al ocupado para aceptar peores condiciones, aumentar la edad de retiro... Tenemos cada vez más condiciones tecnológicas para trabajar menos, pero el hecho es que la propiedad privada esté en manos de una pequeña minoría y se traduce en que en vez de reducir la jornada de trabajo terminamos trabajando más horas para ganar lo mismo. Esa es una contradicción inherente a este régimen capitalista.

Nombraste a la pasada el tema de la carga horaria de la jornada laboral. ¿Cómo es posible reducirla?

Como se hizo históricamente. Yo ponía el ejemplo de las ocho horas. El primer movimiento para reducir la jornada laboral fue de un capitalista, el dueño de una empresa que se llamaba Robert Owen, y uno de sus primeros pasos fue rebajar la jornada laboral y todos le dijeron que se iban a fundir, y no se fundieron. Luego, este hombre, que era realmente muy progresista, terminó formando una cooperativa y entregando la fábrica a sus obreros. Estamos hablando de un momento en que había personas a cargo de las empresas que realmente muchos de ellos eran reformadores sociales. Pero bueno, hoy lo que tenemos es lo contrario: la propia dinámica del capitalismo lleva a que la búsqueda del lucro y la necesidad de supervivencia de las empresas por la competencia entre ellas tenga una presión cada vez más contraria. El horario de trabajo se puede reducir porque todas competirían por lo mismo si se modifica a la baja la jornada de trabajo, no es inviable desde el punto de vista de los números de la productividad del trabajo en este momento, al revés, el obrero produce en mucho menos tiempo mucho más de lo que producía antaño. La contradicción no está dada ni por las materias primas, ni la fuerza de trabajo disponible. Ningún factor real de la producción es lo que limita este problema, es el interés individual del capital que monopoliza los medios de producción. Podemos llegar al extremo de graficarlo diciendo que hay cada vez más hambre, porque hay miles de millones que no tienen empleo, y hay cada vez más pan, hay más capacidades de producir pan. Podríamos inundar de pan el mundo pero no hay compradores porque están en la miseria porque están por fuera del empleo.

Me intriga esta iniciativa porque debe haber un alto porcentaje de empleados que trabajan ocho o nueve...

O más, por el doble empleo.

O más. ¿Cuál sería el quiebre para decir 'ahora trabajamos seis'?

Sin duda que la aplicación práctica no es tan compleja, en muchos sectores se hace de un mes para el otro y se arregla. Es básicamente una limitación legal de la jornada de trabajo, del mismo modo que se limitó a ocho horas un día y si trabajaban por encima tenían que pagar de otra manera o el obrero se negaba a trabajar más tiempo que ese. No es el problema logístico lo que lo dificulta, es el problema de los intereses de clase. Obviamente que cuando vos tenés un aumento de desempleo el reparto de las horas de trabajo disponibles es una reivindicación fundamental. En algunos sindicatos se ha logrado esto, la jornada de trabajo sin pérdida salarial, a veces por períodos y a veces de forma un poco más permanente. Creo que es una discusión que debe encarar todo el PIT CNT, cómo aumentar el salario mínimo y cómo ir a una tendencia de la reducción de la jornada laboral y sobre todo en los períodos de mayor crisis, como la actual, la redistribución de las horas de trabajo entre los ocupados y desocupados, sin rebaja del salario. Eso obviamente implica que las crisis las paguen los capitalistas que de alguna es una de las consignas que está colocada.

¿Hay en Uruguay un contexto como para iniciar esa lucha de los trabajadores?

Yo creo que sí, que es uno de los países con una tradición de izquierda del movimiento obrero más fuerte, con los desdibujamientos que pudo haber habido por el proceso de integración cada vez más fuerte de esta izquierda al sistema capitalista. Uno ve que Daniel Martínez integra un partido que se llama Socialista solo por una tradición, no tiene el menor interés de superar el capitalismo, ni el Partido Socialista ni Daniel Martínez. Pero a pesar de eso, en el movimiento obrero existen muchas potencialidades, incluso muchas direcciones sindicales en las que no está propagandeado pero que ya no responden a los aparatos del Frente Amplio. En lo que me es personal, yo soy presidente de la Comisión Representativa del Banco de Seguros del Estado, soy integrante del Consejo de la Banca Oficial de Aebu, donde por primera vez la lista 98 ganó mayorías, y hay corrientes combativas que están conduciendo la banca oficial. Esto se da en otros lugares, muchos otros sindicatos están dando avances de sectores más combativos que plantean una superación del Frente Amplio.

Planteás muchas diferencias con el Frente Amplio, pero desde el oficialismo se reivindican muchos logros para los trabajadores. ¿Cuánto creés que se ha avanzado en estos 15 años y cuánto resta avanzar?

Se ha avanzado en la agenda de derechos, no tengo ninguna duda, en el tema de matrimonio igualitario, en la legalización condicionada del aborto... En ese aspecto ha habido avances. Desde el punto de vista salarial hace ya un tiempo que viene retrocediendo, por lo menos estando estancado el salario, si bien es difícil atribuírselo al Frente Amplio, porque desde el 2002 hasta el 2014 por lo menos hubo un crecimiento económico en Uruguay que con o sin algunas políticas gubernamentales seguramente por la pelea distributiva hubiera habido una mejora. En los últimos años ha habido un planchazo muy claro por parte del Gobierno al punto de que hay convenios que han ajustado por debajo de los Índices de Precios al Consumo. Si el crecimiento fue del Frente Amplio las rebajas que hubo en esos convenios también es del Frente Amplio. Nosotros podemos reconocer medidas parciales y puntuales que se hayan llevado adelante, pero hay una línea económica en conjunto que no ha cambiado.

Una de las cosas que se reivindican es que en estos 15 años sí se implementaron los Consejos de Salarios. Al menos desde el oficialismo se sostiene que ese crecimiento en el salario tuvo que ver con políticas públicas.

Sí, sin dudas, repito, también con Consejos de Salarios ha habido ajustes por debajo de la inflación. Los Consejos de Salarios nacieron en el año 1943 con un presidente proyanqui que se llamaba Juan José de Amézaga, del Partido Colorado. No es una creación muy progresista que digamos, los sindicatos la cuestionaban en ese momento porque implicaba la posibilidad del voto del Gobierno, inclinándose a favor de las empresas. Luego las reinstaló (Julio María) Sanguinetti en el año 1985. Decir que esto equivale a una política salarial progresiva tiene más que ver con un manejo de las expectativas que había con un Gobierno del Frente Amplio que recién ascendía en un marco de crisis muy fuerte donde también es un mecanismo que tiene cierto grado de reglamentación y, por lo tanto, evita un proceso huelguístico, o lo limita, que pueda arrancar hasta salarios mayores. Así lo hizo Amézaga y también lo hizo Sanguinetti, que cuando ascendió al Gobierno había 60 fábricas textiles ocupadas. El día que inicia su Gobierno el aeropuerto estaba en huelga. Esto es para decir que, a veces, gobiernos que no son muy progresistas pueden apelar a los Consejos de Salarios porque generan un mecanismo de negociación que de alguna manera limita la acción sindical.

Vayamos al panorama de noviembre, donde muy probablemente esté el Frente Amplio de un lado y del otro el Partido Nacional o el Partido Colorado. ¿Qué piensa hacer el Partido de los Trabajadores en esa instancia?

Primero que es importante que octubre seguramente nadie obtenga la mayoría, por lo menos las encuestas lo dan de esa manera, y hay otros elementos como fugas por derecha y por izquierda en el Frente Amplio que también indican un poco esa perspectiva. Nosotros creemos que con Martínez o con (Luis) Lacalle Pou y (Ernesto) Talvi hay dos variantes que son de carácter fondomonetarista las dos, los dos defienden a UPM. No hay un planteo de reivindicación de los trabajadores. Por lo tanto, no vamos a apostar a ninguna de las dos variantes, si bien esto habría que discutirlo de octubre a noviembre porque ahora queremos que los trabajadores se enfoquen en fortalecer un pueblo obrero, un pueblo socialista en las elecciones votando al Partido de los Trabajadores. No vamos a ocultar que en otras elecciones en que hubo balotaje votamos en blanco porque no creíamos que hubiera una diferencia de fondo entre las dos variantes.

Entiendo que no hay en el Partido de los Trabajadores una preferencia por el Frente Amplio o el Partido Nacional o el Partido Colorado. ¿Pero no hay variante alguna en el modelo de país propuesto que ustedes prefieran?

No, son dos modelos complemente en decadencia de este país. Lo que ha retrocedido la industrialización en este país... Se ha desindustrializado, dependemos más de las materias primas, la concentración de la tierra ha crecido más que en todos los gobiernos blancos y colorados que existieron, la dependencia de la deuda externa... Es el país con más deuda externa per cápita en América Latina, quiere decir que estamos más dependientes que nunca, con un Frente Amplio que tuvo mayorías parlamentarias como para hacer el programa que quisiera, tuvo gobiernos de la región de un tono parecido durante gran parte del período, y en ese proceso no solo no hubo una reforma agraria, sino que hubo una contrarreforma agraria, hubo mayor dependencia de la banca... Realmente no hay un planteamiento de salida. Por supuesto que a los blancos y colorados ya los recontra conocen los trabajadores y no les tienen que dar el voto, pero se trata de no caer en la encerrona de elegir al menos malo porque ninguno de los dos va a abrir una salida de desarrollo nacional y mucho menos de salida para las reivindicaciones de los trabajadores.

Montevideo Portal


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