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Otra forma de mirar

Radío: cómo rehabilitar cuando el “discurso que prima es el de que se pudran en la cárcel”

El director del Inisa será el nexo entre el organismo y Richard Read en Cosechando Esperanzas, que brindará trabajo a 80 jóvenes presos.

09.01.2026 09:55

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2026-01-09T09:55:00-03:00
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Por Valentina Temesio

Hay políticas sociales que logran superar las diferencias entre los partidos políticos y que van más allá de las ideologías. Hay personas que también hacen que eso sea posible. Una de ellas es Richard Read, el histórico dirigente sindical que el pasado 24 de noviembre presentó Cosechando Esperanzas, una fundación que se formalizará este 2026 y estará bajo la órbita del Instituto Nacional de Inclusión Adolescente (Inisa). Pero esos proyectos, la mayoría de las veces, son colectivos. Uno de los directores del organismo, Daniel Radío, será quien “haga el link” para que se cumpla el objetivo de que 80 jóvenes puedan acceder a oportunidades laborales y de capacitación.

En diálogo con Montevideo Portal, el exdirector ejecutivo del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca) ahondó en el proyecto, realizó una puesta a punto de los objetivos del Inisa para lo que sigue del quinquenio de Yamandú Orsi y explicó de qué modo los abordarán.

Para Radío, el organismo que dirige Jaime Saavedra lleva en su nombre “el objetivo de todas las políticas públicas”: la inclusión social. En ese sentido, ese sería el “leitmotiv de para qué el aparato del Estado”.

Cosechando Esperanzas es uno de los medios para lograr ese objetivo. Por eso, el médico destaca el “consenso político” y “social” que Read logró al presentarlo. Los días entre el jerarca y el dirigente sindical transitan en “bajar a tierra cómo se va a instrumentalizar la propuesta”. En primera instancia, los 80 participantes trabajarán en la Colonia Berro, en la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida y en empresas privadas que apoyan el proyecto, así como también deberán estudiar.

Radío insiste en que participen quienes lo deseen y se muestra en contra de “obligarlos a trabajar”, una postura que la sociedad y el imaginario colectivo han “puesto de moda para el sistema de privación de adultos”. 

“Hay que darles trabajo a los que quieren trabajar. Hay mucha gente que quiere trabajar y no hay para darles. Antes de pensar en obligar, por lo menos, hay que conseguirles a los que quieren. Y en realidad no es fácil eso. Hay mucha gente en el sistema de privación de libertad de adultos que quisiera estar trabajando”, señala el jerarca. De todos modos, Radío destaca que un factor clave es que las personas reciban una remuneración. Por eso, Cosechando Esperanzas dará un salario a los participantes.

El directorio del Inisa dijo que prevén que los jóvenes cobren su sueldo ajustado al “laudo” de acuerdo con la actividad que realicen. “Estando en privación de libertad, eso puede servir tanto para ayudar a las familias como para tener un fondo para cuando puedan salir”.

Tener un trabajo, una responsabilidad, también puede convertirse en un “motivo para sentirse bien”. “Yo creo que, seguramente, hay más vocación de trabajar de la que nos imaginamos nosotros. Si hubiera chance de trabajar por un buen salario, estoy seguro de que muchos de ellos quisieran trabajar así”, señala. Es que no solo lo cree, Radío dice que en sus visitas a los centros ha conversado de estas temáticas con los muchachos.

 El criterio para que no se “pudran en la cárcel”

Los lineamientos de Cosechando Esperanzas aún no se plasmaron, pero sí hay horizontes. Para entrar, dice Radío, una de las variables para ser seleccionado tendrá que ver con el rango etario. En ese sentido, pensarán en “muchachos más grandes” que cumplan una condena en el Inisa. El jerarca difiere con la posibilidad de que otro de los criterios tenga que ver con los delitos que cometieron, ya que conduce a la “estigmatización”.

El director del Inisa insiste en que las personas no queden “descalificadas socialmente” por haber cometido un delito, aunque subraya que desearía que hubiera algunos que “ojalá nadie cometiera, porque les amargan la vida a otros ciudadanos”. De todos modos, considera que una vez que “se cumple una pena”, “lo que no te puede pasar es que pase a ser un paria social para siempre”.

“Si nosotros creemos que efectivamente lo que tenemos que lograr es la rehabilitación, no solo porque lo creamos, sino porque eso es lo que nos mandata la Constitución de la República, no podemos aportar a que la gente ande toda la vida con un cartelito de yo cometí un delito terrible y no me la perdonen más”, subrayó.

Por eso, la inclusión social es también “difícil”. “En opinión publicada, el discurso que prima es el de que se pudran en la cárcel; ese discurso tiene un peligro muy grande, es una profecía que se cumple a sí misma: se pudren”, afirma.

Radío subraya la importancia de “abandonar ese discurso” y redirigirlo hacia la “rehabilitación”. El jerarca dice no saber si “todos son rehabilitables”, pero sí reconoce que es la manera para llevar a cabo estas políticas públicas, que no solo dependen de la órbita del Inisa. Entonces, la pregunta es: ¿en quién recae la responsabilidad?

En cifras, el jerarca es contundente. El 85% de los menores que ingresan en el Inisa no terminó el ciclo básico —no finalizaron tercer año de liceo—. La mitad tiene a algún familiar preso y dos de cada tres alguna vez lo tuvo. Las cifras no determinan que cometan delitos, pero “genera ciertos condicionamientos para el desempeño social”, y los naturaliza.  

Para quienes tenemos una ducha caliente todos los días y sabemos que no tenemos que estar pensando en lo que vamos a almorzar, es muy fácil juzgar. Tenemos que juzgar menos y dejar ese rol para la Justicia”, dijo Radío, que destacó el rol de los jueces de adolescentes en el país.

El trabajo formal vs. el narco y cómo paliarlo

Cuando Read habla de Cosechando Esperanzas, sabe e insiste en que hay un obstáculo: el narcotráfico. La plata fácil y las sumas desmesuradas que vienen acompañadas del gatillo fácil y la delincuencia. Para Radío, hay “dos cosas que mueven a las personas para hacer cosas en la vida”, que podrían ser un modo de paliar a ese enemigo: los valores y los estímulos.

“Siempre lo que el crimen organizado puede ofrecer tiene una magnitud superior a lo que puede ofrecer uno. Eso está bien, pero no es lo mismo resistir la tentación si uno tiene un trabajo estable y gana un salario digno a que si uno no lo tiene y no tiene nada para hacer en la vida”, reconoce el exdiputado del Partido Independiente.

Entonces, Radío vuelve a insistir en las posibilidades y en las realidades, en que no es la misma la decisión para quien tiene una “ducha caliente” y un “almuerzo” que para quien no las tiene.

Los educadores sociales y el directorio del Inisa buscan “hacerles ver a los muchachos” que no tienen que volver más a estar presos. El jerarca dice que ese no es el lugar “adecuado” para ellos, que no deberían estar “encerrados”, sino haciendo lo que “hacen a esa edad”.

“No es deseable que vos con 15 o 16 años, en vez de estar jugando a la pelota en la calle o haciendo las cosas que hacen los muchachos, yendo a bailar o buscando novia o novio, tengas que estar encerrado porque un día metiste la mano y agarraste $ 60 mil”, dice, mientras recuerda un caso concreto de quien le contó la “felicidad” que sintió al recibir ese monto de dinero. Y se pregunta: “Si trabajás, ¿cuánto demorás en hacer eso? ¿Y cuántos meses tenés que estar acá por haber hecho eso?”.

Por eso los “pilares” del Inisa tiene que ver con la educación, con el deporte y con la cultura. El organismo promueve un grupo de rugby que practica en la Colonia Berro, un equipo de fútbol que llegó a jugar en la cancha del estadio de Jardines del Hipódromo, en Primera División, y obras de teatro.

Dice Radío que “todos los caminos conducen a Roma” y que “siempre” el objetivo del Inisa tendrá que ver con la “inclusión social”. Para ello, el sistema político y social deberá combatir “un problema cultural” que atraviesa Uruguay, que va más allá de la “culpa” de las leyes. El jerarca aboga por que las cárceles rehabiliten; encontrar una vía para que los ciudadanos dejen de “pagar para la universidad del delito” y “salir de esa lógica perversa”. “Hasta que no cambiemos el chip, vamos por un camino equivocado”, afirma.

Por Valentina Temesio