En la noche del 30 de enero, luego de asesinar a su ex pareja, la bailarina Valeria Sosa, el policía J.A.L.M. tomó a los dos hijos de la pareja, de 7 y 10 años, y los trasladó en un taxi hacia la casa de sus padres. Desde ese día los dos niños, que presenciaron el crimen de su madre, se mantuvieron bajo el cuidado de sus abuelos paternos.
La decisión de la Justicia despertó mucha controversia, ya que los padres de Valeria Sosa exigían que se les diera la tenencia de los niños.
Para el INAU, que los hijos de Valeria Sosa y su ex pareja permanezcan con su familia paterna no era lo más adecuado para el proceso de recuperación de los menores, que presenciaron la escena del crimen de su madre.
Según informó el Poder Judicial en su momento, la jueza Iris Vega entendió que "ante la trágica situación vivida por los niños, no es prudente revictimizarlos en el sistema judicial conduciéndolos a una audiencia para tomarles declaración". Para la jueza, la medida "agudizaría la angustia que ya experimentan por la pérdida de su madre en condiciones verdaderamente ominosas". Además, señaló que los niños tenían más contacto con los abuelos paternos.
La jueza ratificó luego su decisión de que los niños permanezcan con sus abuelos paternos. En aquella ocasión, la abogada de los abuelos maternos, Virginia Cáceres, dijo a Montevideo Portal que presentaría un recurso de apelación.
Un caso similar se produjo con una niña de cuatro años, que presenció cómo su padre asesinó a su madre y quedó a cargo de sus abuelos paternos.
En este caso, sin embargo, la Justicia decidió luego retirarle la tenencia a los abuelos, a diferencia de lo que hizo en el caso Valeria Sosa. Según informó el semanario Búsqueda, la tía materna de la menor ganó el juicio que inició en un Juzgado de Canelones para obtener su tenencia. Si bien la decisión de la jueza Sandra Mouzo fue apelada por la abuela paterna, el Tribunal de Apelaciones de Familia de segundo turno confirmó el fallo.
En este caso, la niña siguió habitando en la casa donde se produjo el crimen, ya que sus padres y abuelos paternos vivían en el mismo lugar.
De acuerdo a la crónica del semanario, la niña vio cómo retiraban el cuerpo de su madre y su abuelo tiraba las ropas de su progenitora en una volqueta y "eliminaba" las dos mascotas que la niña compartía con su madre. La pequeña vivió con esa realidad durante cuatro años.
Además, según algunos testimonios, la niña "fue castigada física y psicológicamente en momentos posteriores al homicidio". Su abuelo, incluso, al enojarse con ella, "le decía que iba a terminar como su madre", contó una de las testigos.
La sentencia que revirtió la decisión consideró que la niña fue mantenida "en el mismo ambiente, soportando la grave violación a sus derechos que significa no poder encontrar respuestas adecuadas a lo ocurrido y soportando a su vez limitaciones".
La coordinadora del Comité de América Latina y El Caribe para la defensa de los Derechos de la Mujeres, Ana Lima, dijo a Búsqueda que en el caso de Valeria Sosa "la decisión fue brutal, porque la jueza dijo que los niños no eran víctimas directas y que sus derechos vulnerados eran secundarios".
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