En un contexto social marcado por la redefinición de las identidades, surgen relatos que cuestionan las ideas tradicionales sobre lo que significa ser humano. Un ejemplo de esto es Lexi, un joven argentino que prefiere ocultar su nombre verdadero, pero no su forma de sentir el mundo. De cabello negro, con mechones azules, porta consigo una máscara y una cola de zorro. No está disfrazado, tampoco lo considera un juego: “Me identifico como un zorro”, afirma con convicción en diálogo con Infobae.
Los casos como el de Lexi tienen una denominación: se trata de un therian, una persona que se percibe como un animal y no como un ser humano. “Siento que mi forma de ser se asimila a la de un zorro”, admite, y elige palabras como “inquieto”, “curioso” o “caótico” para describirse. Características que, según él, nunca se ajustaron a las expectativas sociales convencionales. “Nunca me identifiqué con los humanos al 100 por ciento”, reconoce.
El término therian proviene del griego theríon, que significa “bestia salvaje” o “animal”. “Las primeras personas que crearon este término se identificaban como seres mitológicos: hombres lobo, hadas, dragones”, explica Lexi. Con el tiempo, su uso se amplió e incluyó identidades animales no mitológicas, como la suya.
Su identidad forma parte de su vida diaria y se manifiesta en sus prácticas cotidianas. A Lexi le encanta correr libremente y fingir que caza animales. Al caminar y cruzarse con palomas, estira sus brazos y se impulsa para cazarlas, aunque siempre escapan.
En ese sentido, Lexi resalta que ser therian no lo aparta de la forma de vivir de las demás personas, sino que tan solo busca conectar con su entorno de manera más instintiva. “Siento que es lo mismo, solo que lo veo desde otra perspectiva. Porque realmente hago lo mismo que cualquier otra persona”, dice en la nota con Infobae.
A pesar de ser un zorro, animal caracterizado por su estilo de vida solitario, Lexi tiene su propia “manada”: un grupo de amigos con quienes comparte esta forma de percibirse. “Vamos a lugares naturales, la pasamos bien y nos conectamos con lo que percibimos como nuestro hábitat”, relata. Y lejos de ser una pandilla de zorros, en su manada hay de todo: “Un amigo mío se identifica como coyote, otro como lobo, otro como gato. Hay mucha diversidad en cómo se identifica cada uno”, explica.
Como todo lo que es distinto y fuera de la norma, la vida de Lexi genera ruido y no es aceptada por todos. El joven zorro admite haber sido víctima de prejuicios, miradas incómodas y agresiones. “Me han gritado muchas cosas en la calle. Intentaron herirme físicamente. Han pasado cosas feas”, admite. En ese sentido, reflexiona: “La gente tiene miedo a lo diferente, de todo lo que no piense igual a ellos”.
En todo el proceso, fue muy importante su familia. “La primera charla con mi familia fue decir: ‘Mirá, yo soy esto. Me identifico de esta forma. Soy así, no puedo cambiar’”, cuenta. La honestidad valió la pena, porque, a pesar de su temor inicial, encontró un acompañamiento clave. “Ellos lo entendieron y me apoyaron porque comprenden que la realidad es que uno no puede cambiar las cosas, que no se decide”, analiza Lexi.
Así, Lexi tiene claro que ser therian no lo aleja del mundo. Para él, ser un zorro no es una elección, sino la forma de reconocerse y habitar su entorno.