Terrible.
El caso conmovió a la opinión pública local. Las víctimas se habrían negado a testificar a favor del criminal en otro caso.
El terrible hecho ocurrió este viernes en el pequeño municipio de Tamel, Sao Veríssimo, una localidad del norte del país donde viven poco más de 3.000 personas.
El autor del crimen, un hombre de 60 años, fue quien luego de los asesinatos pidió que se llamara a la Policía, según testimonio de un pariente de una de las víctimas.
Adelino Silva, comandante de la Policía local, dijo al periódico lisboeta "Diário de Notícias" que "los homicidios fueron con arma blanca, a través de ataques a la zona del cuello de las víctimas".
Las personas fallecidas son una mujer de 37 años -embarazada de 7 meses- una pareja compuesta por un hombre de 84 años y una mujer de 80, y una tercera mujer, de 60 años.
El teniente coronel Vaz Lopes, de la Guardia Nacional Republicana, habló también con el mencionado diario y fue más directo y gráfico que su colega de la Policía: dijo que las víctimas habían sido degolladas.
Los cadáveres de la pareja de ancianos y de la sexagenaria fueron hallados en sus respectivas casas, en la misma calle de San Sebastián. El de la joven embarazada estaba en el medio de la calzada.
João Abreu, presidente de la Junta Local, refirió que el asesino se habría malquistado con sus víctimas tiempo atrás, cuando las cuatro personas se negaron a testificar a su favor en un juicio donde se lo acusaba de agredir a su propia hija.
Según publica el periódico "Correio da Manhã", allegados a las víctimas y al matador coincidieron en señalar que el sujeto estaba bajo vigilancia policial y usaba una pulsera electrónica de localización.


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