El interior del cerro San Antonio, en Piriápolis, suele ser un lugar elegido por deportistas para realizar actividades recreativas durante el verano o los fines de semana.

El resto del año, los lugareños han logrado trazar ciertos caminos —conocidos como trillos— que son los preferidos por ciclistas y corredores para desarrollar sus actividades.

El lugar concentra a personas con experiencia, que suelen integrar grupos de entrenamiento, así como también a menores de edad que acompañan a sus padres en algunas ocasiones.

Al mismo tiempo, el sitio es utilizado por estos grupos para organizar competencias, algunas de ellas con más de una edición y con el visto bueno de la Intendencia de Maldonado.

Lo cierto es que son los propios deportistas quienes adecúan el lugar a los requerimientos de sus competencias. Es decir, concurren al cerro y, entre varios, logran construir estos estrechos caminos para luego practicar deporte. En este contexto, desde hace varios meses, existe una disputa entre runners y ciclistas por el uso de este espacio.

Lo que podría parecer un simple problema de convivencia entre dos grupos ha escalado a denuncias policiales, golpizas y episodios violentos frente a menores de edad.

No hay certeza de cuándo comenzó el conflicto. Sin embargo, el pasado domingo, tres ciclistas adolescentes, junto a dos niños, descendían por un trillo cuando se cruzaron con un runner.

El hecho quedó filmado y se observa cómo el corredor aborda a uno de los ciclistas para golpearlo. Allí se generó una discusión que incluyó insultos como “culo roto de mierda” o “si me tocás a uno de los niños no te dejo un hueso sano”.

Sí hay certeza de que los enfrentamientos vienen de antes. Hace alrededor de dos meses, la seccional 11 de Piriápolis recibió la primera denuncia por presuntos golpes entre las partes.

Diego, organizador de actividades de ciclismo bajo el nombre Downhill, señaló que los corredores “son personas muy peligrosas”. Recordó que hace dos meses fue al trillo para retirar una cinta colocada por runners —que cumple la función de guía— y se encontró con dos personas que lo “patotearon”.

“Me agarraron, me empezaron a pegar. Yo me tiré al suelo y esperé lo peor. Pero reconozco que fui yo quien sacó la cinta”, aseguró en diálogo con Montevideo Portal. Diego reconoció que el grupo de runners cuenta con el visto bueno de la comuna departamental y del municipio para realizar eventos, aunque afirmó que no tienen permiso para ocupar el sector del circuito que, según él, pertenece a los ciclistas.

A la denuncia inicial se sumó la del episodio ocurrido el pasado domingo. Diego agregó que el mismo hombre ha “empujado” a niños que circulan en bicicleta, aunque no realizaron una denuncia formal porque el menor estaba shockeado y debía relatar lo sucedido.

Quien aparece en el video se llama Roberto, organizador de los trayectos de runners. También en diálogo con Montevideo Portal, aseguró que desde el grupo de ciclistas nunca han querido dialogar con él y negó que su equipo ocupe trayectos ajenos.

Sobre lo dicho por Diego, Roberto sostuvo que estaba al tanto de que habían retirado la cinta. “Es cierto que se pelearon. Parece que uno le pegó una patada al otro y ahí quedó el tema”, indicó. Posteriormente, realizó un video en redes sociales para intentar evitar nuevos incidentes.

El 1° de febrero se llevó adelante una carrera denominada Desafío al amanecer. Con Roberto a la cabeza, un equipo recorre previamente el trayecto para verificar que esté en condiciones.

“Habían sacado dos kilómetros de cinta; los chiquilines volvieron a colocarla para marcar”, sostuvo. Además, denunció que los ciclistas amenazaron en redes sociales a los corredores para impedirles entrenar allí.

Sobre el episodio del domingo, ocurrido en el marco de un evento solidario, Roberto consideró que “si están descendiendo, deberían colocar a una persona al inicio para evitar cruces con corredores”.

Ese día, según su versión, circulaba junto a sus hijos cuando los ciclistas pasaron “rozando”. “Cuando vi todo eso, a uno le tiré. Venía todo un contexto previo y aproveché para reclamarle por la cinta. En un momento agarré una hoja de palmera y se la iba a dar en la cabeza, porque me dijo que era mi responsabilidad si chocaban a un niño”, relató.

El hombre afirmó que no sabe si quien iba en la bicicleta es menor de edad, pero reconoció que no es “hipócrita” y que, de repetirse la situación, actuaría de la misma manera.

Avisos previos

Los ciclistas aseguran que siempre dan aviso cuando van a descender por el trillo. “Si mirás el video, venimos gritando ‘guarda’”, sostuvo Diego, quien afirmó que no dejarán de entrenar allí porque la inversión de tiempo y dinero ha sido muy grande. “Este tipo está facturando gracias a nosotros”, añadió, y aseguró que los trillos fueron construidos por ellos.

Roberto, en tanto, sostuvo que sus eventos generan ingresos no solo para él, sino también para la zona. “La gente viene, sale a comer y a veces se queda. Piriápolis es un balneario y vive del turismo”, señaló.

Fuentes de la Policía de Maldonado indicaron que están al tanto de la situación y que trabajan junto a la intendencia para determinar si existen permisos formales que habiliten a ambos grupos a utilizar los trillos del cerro San Antonio.

Durante sus intercambios, Roberto y Diego coincidieron en una sola frase: si esto continúa así, “va a terminar mal”.