El cura Antônio de Souza Carvalho, que ejercía su sacerdocio en la ciudad brasileña de Penápolis, fue condenado a 26 años y ocho meses de prisión por abusos sexuales contra un menor de edad, que oficiaba como monaguillo.
Los abusos comenzaron en 2009, cuando la víctima tenía 13 años, y continuaron hasta 2014. Según consignan medios locales, en el expediente judicial constan al menos diez episodios de violencia sexual del clérigo contra el menor. El sacerdote aún puede apelar la decisión del Juzgado 1.º del distrito de la ciudad, y se encuentra en libertad.
La denuncia se presentó en 2023, cuando la víctima, ya mayor de edad, reveló los delitos a su familia y a la iglesia. El joven afirmó que los abusos comenzaron después de que empezó a servir como monaguillo en la parroquia Sagrada Familia, a la que su familia había empezado a asistir. Los informes indican que el sacerdote aprovechaba los viajes en coche a misa y otros desplazamientos para cometer los abusos, llegando incluso a compartir habitación con el menor en una ocasión.
Durante la investigación, el sacerdote negó las acusaciones y afirmó que los gestos descriptos eran "muestras de afecto". En un comunicado, la diócesis de Lins, en la que servía Souza, confirmó que el sacerdote había sido destituido de sus funciones tras la denuncia y declaró haber comunicado el caso al dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano, que ordenó la apertura de un proceso penal administrativo.
La condena configura uno de los casos más graves de abuso sexual vinculado a la Iglesia católica registrado en el estado brasileño de San Pablo. La familia de la víctima, que vivía en una zona rural antes de mudarse a la ciudad, ahora exige justicia y reparación tras más de una década de silencio.
Inspiración papal
Según informara la televisora TV TEM, la denuncia llegó al tribunal de Penápolis a fines de 2024. El 27 de setiembre del año pasado, el papa Francisco declaró en un discurso en Bélgica que la Iglesia católica debía pedir perdón por la lacra del abuso sexual a menores.
El monaguillo declaró ante el tribunal que por aquellos tiempos, además de escuchar las declaraciones del pontífice, había leído una nota en la que Francisco declaraba que la Iglesia debía rendir cuentas por los abusos contra niños, niñas y adolescentes.
Por lo tanto, decidió acudir a la diócesis de Lins para denunciar el delito. Según el expediente, en ese momento, la sede le informó que no podía tomar medidas contra el sacerdote si no existían pruebas. Por ello, decidió seguir por la vía penal.
La víctima también explicó que el abuso inicial ocurrió dentro del coche del sacerdote. En el incidente, dijo que pensó: "¿Por qué hace esto?".
El joven afirmó que no denunció antes el abuso porque consideraba al sacerdote "un dios". Sin embargo, comenzó a mostrar un comportamiento agresivo en casa y solo reveló el abuso a la Iglesia al llegar a la edad adulta.
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