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ES POR ACÁ

Patricio Barton: “Soy bastante lo que se ve” y cómo es crecer junto a Alejandro Dolina

La Venganza Será Terrible llega a Uruguay este 29 de agosto en el Antel Arena; además, presentará su nuevo libro junto a Pedro Mairal.

18.08.2026 17:19

Lectura: 7'

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Por Agustín Bassini
  [email protected]

Patricio Barton es difícil de etiquetar. Periodista, escritor, conductor de radio, podcaster, integrante clave de La venganza será terrible desde hace casi 20 años. Pero si tuviera que presentarse sin mencionar ninguno de sus trabajos, la respuesta es clara: “Una persona inquieta por la comunicación”, comentó a Montevideo Portal.

Esa inquietud arrancó temprano. De chico, en Buenos Aires, se quedaba mirando los kioscos de revistas, fascinado no solo por su contenido, sino por cómo estaban editadas. En su casa hacía sus propias revistas con marcadores y cinta scotch, pegando las hojas como si fueran publicaciones reales. Todavía conserva algunos ejemplares. Cuando le regalaron un grabador, grababa con amigos programas de radio y radioteatros. “Fue siempre esto. No es como que puedo decir, no, a partir de este momento fue un oficio y se hizo así”, recuerda.

Ahora presenta La venganza será terrible que estará por primera vez en el Antel Arena el 29 de agosto, con Dolina, Barton y Gillespi. Además, Barton presentará en Montevideo su libro No importa cuándo leas esto, junto a Pedro Mairal.

De la radio a la ficción

Barton tiene otros intereses: las plantas, el jardín, la fotografía, la arquitectura, el teatro. Y estar con las personas queridas, viajar, tener momentos de intimidad. “Pero creo que eso es común a todos”, aclara.

Ahora está volcado a la escritura narrativa ficcional. No importa cuándo leas esto, un libro de cuentos prologado por Alejandro Dolina, lo presentará en Montevideo el domingo 30 de agosto a las 20 horas en Cultural Alfabeta (Miguel Barreiro 3231, esquina Berro, Pocitos), en una conversación pública con el escritor Pedro Mairal.

“La escritura te permite unos descubrimientos que no pertenecen al universo de la radio. Es una actividad muy solitaria”, explica. “Estoy empezando a desandar un camino nuevo, pero que creo que es un camino demorado en mí. Por eso no lo interpreto como nuevo, sino como demorado, quizás antiguo, pero demorado”, dijo.

La escritura periodística, dice, es muy diferente. “La escritura lisa y llanamente narrativa es otra historia, es absolutamente libre. No escribís para alguien en particular, ni aparecen límites que sí aparecen en otros aspectos del oficio del periodista”, diferenció.

“Nunca termino de sacar la ficha”

Algo que Barton no logra identificar es al público de La venganza. “Nunca termino de sacar la ficha”, confiesa. Según dijo, tienen un público que es muy diverso, desde edades, gustos, hasta de lugares. No tiene un público objetivo claro, y eso es algo que siempre lo sorprende. Cuando él cree haber podido identificar qué tipo de personas lo escucha, luego todo eso cambia; el público cambia todo el tiempo. “No es que yo diga eureka, qué bueno que descubrí algo, sino que digo eureka, qué suerte que no lo descubrí”, comentó entre sonrisas. 

“A nosotros nos encanta ir a Montevideo, muchas cosas de la ciudad son como una escala de lo que vivimos en Buenos Aires, pero una escala más humana. Me pasa de ir caminando por Uruguay y que personas me saluden; es algo muy hermoso”, sostuvo.

  A nosotros nos encanta ir a Montevideo, muchas cosas de la ciudad son como una escala de lo que vivimos en Buenos Aires, pero una escala más humana. Me pasa de ir caminando por Uruguay y que personas me saluden; es algo muy hermoso.  

“Como que siempre había estado ahí”

La venganza será terrible es un capítulo central en su carrera. Barton se incorporó al programa hace casi 20 años, cuando tenía 37. Ya lo conocía bien: cuando estudiaba Comunicación en la UBA, el programa de Dolina circulaba entre los estudiantes a través de cassettes. “Decía: “Che, escuchá esto, acá hay un tipo en la medianoche”, recuerda.

Un amigo que lo escuchaba siempre quiso llevarlo a verlo en vivo. Fueron, pero esa noche no hubo programa. “Así que nunca había visto La venganza en vivo antes de estar arriba del escenario”, cuenta. La primera vez que salió al aire fue en el Teatro Complejo La Plaza, en Buenos Aires, en medio de una prueba. Estaban Dolina, Gillespi y Gabriel Rolón, a quien él iba a reemplazar. “Estaba recontra nervioso, pero apenas arrancó el programa, me pareció que era una noche más. Sentí que había estado siempre ahí, como que ya era mi lugar y que a Dolina ya lo hubiera conocido hacía años”.

Esa conexión con Dolina se sostuvo. “Es raro porque eso ocurre o no ocurre, no hay muchas reglas. No es que decimos bueno, a ver, me voy a conectar ahora. Realmente ocurre”. Nunca sintió que La venganza fuera “una ropa medio incómoda”. El programa, dice, “es un programa de autor”: si Dolina decidiera no hacerlo más, no existiría más. “El día que decida no hacerlo más, no lo hará más, y no existirá más La venganza”, comentó.

De Alejandro Dolina aprendió cosas difíciles de puntualizar. “A veces uno aprende cosas de personas, de compañeros, sin que el otro se proponga enseñarlas, ni uno aprendiéndolas. Y a veces son medio cosas intangibles. Hay cosas que tienen que ver, no estrictamente con lo profesional, sino con lo humano, con cómo eso se cruza con el ejercicio de la comunicación”.

Algunas cosas más técnicas sí las fue aprendiendo con él: del humor, en qué momento conviene hacer el remate, cuándo dejarlo pasar, cómo ir acumulando tensión humorística para descargarla en determinado momento. “Esas cosas más técnicas, sí, las fui aprendiendo con el Negro, pero ya te digo, haciéndolas, no porque nos hayamos puesto a decir, bueno, mirá, esto se hace así, así y así”, subraya.

Barton asegura que la conexión entre los integrantes de La venganza es algo que se dio desde su primera noche: sintió una familiaridad inmediata con el programa y con todos los integrantes. Con los años, esa complicidad se fue construyendo a través del trabajo y de un aprendizaje compartido, hasta desarrollar un “idioma creativo” que les permite entender cuándo hacer un remate, cuándo dejar pasar una situación y cómo construir el humor.

La radio comunitaria

Barton aprendió mucho de radio en La Tribu, una radio comunitaria de Buenos Aires que surgió como proyecto de estudiantes de Comunicación de la UBA. “Todos hacíamos todo prácticamente”, dice. Allí conducía un programa, pero también editaba, guionaba, prestaba su voz para otras producciones. Había asambleas todos los fines de semana en las que se votaban asuntos de administración y se organizaban festivales. “Era algo totalmente vivo, un medio vivo”, destacó.

Además, tenía su particularidad: era clandestina. “Esas radios todavía no estaban homologadas, no estaban habilitadas como tales. Se había alquilado un departamento en un piso 14, en un barrio de Buenos Aires, íbamos y no decíamos nada de una radio, porque era algo ilegal, y transmitíamos de forma ilegal, con una antena muy rudimentaria”, comentó.

Ese clima fue “muy propicio al aprendizaje de todo lo que es hacer radio”. Y tuvo sorpresas: cada tanto le llegaban comentarios de que Mario Pergolini, conductor estrella de Rock and Pop, hacía algo parecido a lo que Barton hacía en La Tribu. “Yo decía, no, mirá que Pergolini, que tiene 200.000 puntos de rating, ni debe estar enterado de que existimos”. Tiempo después pudo confirmar que había sido así con una persona que trabajaba ahí. 

Hoy, Barton, además de La venganza, tiene un podcast, escribe, presenta su libro. Siempre tuvo producciones propias antes y durante el programa, y las tendrá después. “No es que por una cosa hago la otra, como que por la otra hago esa. Se van dando las situaciones así”, dijo.

Sobre cómo le gustaría que lo conocieran, no tiene una expectativa puesta en cómo lo vean los demás. “Soy bastante lo que se ve, me parece”, concluyó.

Por Agustín Bassini
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