Entrevistas

El libro de arena

Pablo da Silveira: "En la educación, el oficialismo ha decidido contarse mentiras"

"Hace unas décadas la izquierda era la abanderada de la tolerancia porque era lo diferente y minoritario. Hoy en día uno ve un poquito lo contrario": hablamos con Pablo Da Silveira, que presenta su libro "Escrito en la arena"

19.07.2019 13:00

Lectura: 13'

2019-07-19T13:00:00
Compartir en


Pablo da Silveira es doctor en Filosofía y al oírlo hablar se nota que es un hombre inteligente. Leer la recopilación de parte de su obra en "Escrito en la Arena" solo lo confirma. Es un material que lo define y que demuestra la coherencia de su forma de pensar a lo largo de más de 20 años. Pasar por sus textos solo nos hace mejores. Hay que intentarlo.

En diálogo con Montevideo Portal, Da Silveira reflexionó sobre su libro, al que subtitula Reflexiones de un intelectual no gramsciano, pero también sobre cómo nos cambió Internet y las redes sociales, sobre la privacidad, la tolerancia, la educación y su defensa de la política.

Escrito en la arena abarca muchos años de material y excluye muchos otros. Son veinte años de participar en distintos medios, ¿cómo fue el proceso de selección?

Me resultó difícil ordenarlo. En algunos casos busqué ciertos encadenamientos que tenían sentido vinculados a alguna dirección, pero la verdad es que una parte muy grande de las decisiones son puramente intuitivas. Tanto la decisión al respecto de qué cosas incluir y qué no. Porque lo que efectivamente está en el libro es una parte relativamente chica de un conjunto de cosas publicadas en esos años. También respecto del orden en que aparecieron. Había algo que me decía en el oído que ese sería el orden y no discutí mucho con eso.

Cosas escritas, Cosas leídas, Despedidas y Cosas dichas (algunos de los capítulos) es un buen criterio para ordenar.

Eso se lo robé a Camilleri (Andrea), que tiene un libro espectacular que está dividido de esa manera. En un momento había pensado ordenarlo por disciplinas: literatura, historia, filosofía, etcétera. Pero me pareció aburrido y además tiene que ver con una decisión que tomé y que dudé bastante, que fue la de incluir una serie de notas necrológicas.

Es un género en cual se dicen muchas cosas y en el que se pueden retratar momentos y estados de ánimo muy particulares, que lamentablemente se está perdiendo. Hoy en día cuando uno mira una nota necrológica en la prensa, en general es una crónica de lo que la persona hizo. Es un arte difícil.

Es también el más personal, donde se exponen más sentimientos que en otros estilos.

Hay un límite difícil entre mostrar lo que uno siente y caer en la sensiblería, y por otra parte la acumulación de varias necrológicas puede ser un poco agobiante para el lector, demasiada tristeza junta. Pero decidí hacer el experimento y lo puse.



En la primera parte hablás de la dificultad para entender a Derrida (Jacques); seguro muchos estudiantes aplaudirán eso, donde la responsabilidad queda en el autor por no hacer el esfuerzo para que se le entienda. Es una apuesta al conocimiento en general, a ser amplios, a compartir saberes a la forma de impartirlo, etcétera.

Creo que es la única manera en la que tiene sentido realizar una actividad intelectual. A los que nos da por ahí nos gusta leer cosas que a la mayoría de la gente no les gustan o les dan demasiado trabajo. Creo que si aspiramos a ser útiles a la sociedad de alguna manera, debe consistir en eso. Es "leer para los demás", y lo menciono en la necrológica de Lincoln. Es leer sabiendo que no lo hacés puramente como una cuestión de enriquecimiento personal sino para contribuir a enriquecer un diálogo que la sociedad mantiene consigo misma.

Hay conceptos que te definen desde el título del libro, como decir "reflexiones no gramscianas".

Eso me importa mucho. Leí varias críticas en las redes que dicen por ejemplo: "¿cómo que Pablo Da Silveira dice que es no gramsciano, si está metido en política?". Es el error de creer que hay solo una manera de ver la actividad intelectual con la actividad política. No estoy defendiendo darle la espalda a la actividad política, es absurdo que lo hiciera. Lo que estoy diciendo es que hay una manera específica en la que se vinculan esas dos cosas que lleva a la muerte intelectual, a convertir a uno en un funcionario o militante sometido a comisarios políticos. Y esa es la forma que no sirve porque le hace daño a la democracia y porque le hace daño a la construcción de una sociedad plural.

Vinculado a cuando se discutió el premio Honoris Causa a Mario Vargas Llosa, decís: "La gente de izquierda parece tener más dificultades que el resto para reconocer los aportes de un creador".

Vivimos un momento curioso. Hace unas décadas la izquierda era la abanderada de la tolerancia porque era lo diferente y minoritario. Hoy en día uno ve un poquito lo contrario: la dificultad de mucha gente izquierda de separar el valor de lo que deja un creador de sus ideas políticas. Yo no conozco a nadie de "derecha" que diga "Picasso es un gran pintor, pero debo aclarar que no me gusta que fuera comunista". No pasa. Sin embargo, escucho todo el tiempo gente que dice: "Sí, Vargas Llosa es un gran escritor, pero debo aclarar que discrepo con su ideología". ¿Y a mí que me importa? Estamos hablando de su valor como creador.

Hay reflexiones que son del 2012-2013 que están vinculadas a la intimidad y a la sociedad incivil, donde da la sensación de que todo empeoró. Tanto esa intimidad que se sobreexpuso con el crecimiento de las redes sociales y la situación de los medios, como lo que refiere a esa incivilidad.

Sí pero no quisiera plantear eso en términos apocalípticos y derrotistas. Creo que los seres humanos todo el tiempo estamos aprendiendo. Cuando cambiamos las dinámicas sociales, cuando cambiamos ciertas formas de vida tenemos que reaprender cosas. Me acuerdo de haber leído en algún momento que los restaurantes y cafés con mesas para dos, tres o cuatro personas son una cosa que apareció por el siglo XVIII. Durante toda la Edad Media, las posadas, las tabernas, tenían mesas largas con bancos largos y la gente se sentaba y los que no se conocían coincidían en una mesa y conversaban. Mucha gente, cuando apareció esta innovación, lo vio como una crisis de la sociabilidad. Como una ruptura de los lazos comunitarios, como una pérdida de la comunicación entre la gente. Bueno: reaprendimos.



Algo encontramos allí que era valioso y reaprendimos con esa transformación. Lo que nos pasa hoy con internet, con las redes y con todo lo que se está viniendo es que desafían la formas en que nos comunicábamos, en que construíamos vínculos, y eso encierra un riesgo. Esa es la cosa perturbadora de una serie como Black Mirror. No es ciencia ficción dentro de 200 años, es qué puede pasar dentro de 10 si nos pasamos media vuelta de tuerca de algo que ya hacemos. Por supuesto que hay riesgos. Pero también los seres humanos hemos demostrado que tenemos una capacidad muy grande de aprender. Creo que pasa eso con la intimidad. Hoy efectivamente hay una sobreexposición espantosa y creo que mucha gente joven se va a arrepentir dentro de 20 años de cosas que colgó y que quedaron por ahí cuando tenía 16, pero va a aprender. Probablemente las nuevas generaciones sean capaces de servirse de lo bueno que tienen estos instrumentos, habiendo aprendido a protegerse de lo malo. Claro, como todo proceso de aprendizaje hay costos. Creo que sí hay que estar preocupados, pero no hay que ponerse en una posición apocalíptica. Lo que hay que hacer es estar alertas y ser creativos y tratar de encontrar la manera de que toda esta avalancha de innovaciones tecnológicas nos juegue a favor y no en contra. Hoy la moneda está en el aire y puede caer de cualquiera de los dos lados.

¿Cómo te afecta ahora desde el ámbito político ese pensamiento gramsciano, lo que dicen de vos en las redes, etcétera?

En las redes uno encuentra cosas espantosas. Muchas veces cuando te toca personalmente lo vivís mal y decís: "No puedo creer que haya tanta miseria humana, tanta agresividad, tanta asquerosidad". Ahora, no es que antes esas cosas no se dijeran.

Esas cosas antes se decían en la rueda de amigos, en la casa, en algún ámbito más político. Las atrocidades políticas son mucho más viejas que las nuevas tecnologías. Las culturas de intolerancia y descalificación existen desde mucho antes de que aparecieran las redes sociales. Capaz que no es malo que las redes las visibilicen, porque es una manera de como sociedad decir "acá tenemos un problema". Si todo el mundo pensara de los otros, de aquellos que tienen opiniones diferentes, como esta persona piensa de mí, no habría convivencia posible.

Pero había un filtro para decir las cosas, justamente por eso pasaba en el ámbito privado.

Parte del problema de las redes es que mucha gente no tiene muy claro si está en el ámbito privado o en el ámbito público. Ahí hay muchas ambigüedades y por supuesto que no están claras. Además, es peor cuando se mezclan los que dicen cierta barbaridad de brutos nomás, con lo que hacen un uso estratégico de eso.

Decís que vamos a salir bien parados de esto.

No soy ni un optimista compulsivo, ni un pesimista compulsivo. Creo que el partido se juga en la cancha y lo que tenemos que hacer además de preocuparnos es ocuparnos y exponer lo mejor de cada uno de nosotros.

¿Por qué Escrito en la arena sale ahora?

Es una cuestión puramente biográfica y muy rara en mí, porque no soy de mirar para atrás. Siempre estoy focalizado hacia adelante, hacia los nuevos proyectos, hacia los nuevos desarrollos. De hecho, prácticamente nunca vuelvo a un libro que publiqué hace años. No los abro, es como si no estuvieran. Me interesa mucho más lo próximo que voy a escribir. Hace un par de años, por un hecho privado, un susto que me di en materia de salud, me vino un impulso retrospectivo y abrí un baúl que hay en mi casa donde están las cosas viejas y casi sin darme cuenta empecé un viaje al pasado. Y se volvió un viaje muy interesante, al interior, a ver cómo cambió la sociedad, cómo cambiaron los debates, y fue naciendo, como diría Felisberto, "como nace una planta adentro de uno", la idea de hacer una selección.

Y vi cómo van cambiando las cosas, incluso hoy escribo mucho más simple que hace 20 años, con menos oraciones subordinadas, menos adverbios, menos adjetivos, cosa que me alegra. Lo divertido es que no son cosas que uno que haya decidido nunca, son cosas que uno ve hacia atrás.

En el medio de eso también hay una cosa que era algo en lo que nunca había pensado, que me gustó descubrir y más en este momento, donde uno ve gente defendiendo a Nicolás Maduro que no se esperaba. Una cosa que percibí es que si bien tuve mejores o peores textos, entiendo que en estos veintipico de años no escribí nada de lo que avergonzarme. No defendí ninguna idea, no defendí ningún personaje, no defendí ninguna posición que prefería que mis hijos no se enteraran de que la haya defendido. Eso es una sensación linda y que me llevó a decir: "acá hay una visión que aguanta, que se sostiene". Y lo mejor es mostrarla en obra, mostrarla operando y que cada uno saque sus conclusiones.

Hay una publicación de 2013 donde citando a Lott y Kenny ponés: "Cuánto más fuertes los sindicatos docentes, más débil es el aprendizaje".

Yo matizo eso y digo "no necesariamente tiene que ser así". Lo que no es verdad es que el que defiende a los intereses de algunos, por ejemplo, los docentes, no está defendiendo los intereses de todos, por ejemplo, de los alumnos. Y hay intereses que no tienen quién los defiendan: no hay un sindicato de alumnos de educación primaria. Y la tarea de la política es eso. En realidad esa columna, como otras, es una reivindicación de la política que es una de mis viejas preocupaciones. Yo jamás me sumé a las visiones despreciativas de la política y de los políticos.

En la política es desde donde estamos discutiendo y construyendo las bases de nuestra convivencia. Es el lugar donde tienen que aparecer representados todos los intereses. Es el lugar donde hay que construir respuestas justas a la diversidad de necesidades, a la diversidad de posicionamientos y es una actividad supervaliosa y si uno cree en una convivencia democrática hay una razón muy fuerte para en algún momento interesarse en la política.

¿Estás preparado para una campaña que más allá de los pactos de algunos dirigentes mostró en la interna algunos síntomas de una convivencia más complicada?

Mostró esos síntomas y también mostró que los uruguayos no nos contagiamos de eso y que fuimos muy fuertes en resistir la tentación a entrar en ese juego y eso habla muy bien de nosotros.

En el mejor de los escenarios de la mejor campaña hay discusiones que suelen ser intensas; lleva tiempo, lleva energía...

Son cosas que uno va aprendiendo. Por ejemplo, a endurecer cuero. Las primeras veces que recibís ataques personales te revuelve el estómago y cuando aprendés a hacerlo y cuando aprendés que eso es parte de lo que alguna gente va a hacer y que lo que dicen no habla de ti sino habla de ellos, conseguís que te resbale un poco.

Pero insisto, si uno cree en la convivencia democrática el único camino practicable es el camino largo: de la construcción, del conocimiento, de dedicarle mucho tiempo...

El libro es una apuesta a fomentar la tolerancia, ¿por eso sale antes de las elecciones?

Soy un militante de la tolerancia. Pero no, la razón por la que lo publiqué ahora es que me di cuenta es que si llegamos a ganar no voy a tener tiempo.

Hablando ya de política propiamente dicha, esos números que mostró el gobierno en cuanto a la aprobación de Secundaria hablan de una situación auspiciosa, pero son números que expresan una historia que se cuenta desde un oficialismo que no quiere ver la realidad. Que haya aumentado la promoción no significa que todo esté mejor. Tu aumentás la aprobación por la vía de bajar el nivel de exigencia, entonces estás simplemente armando un engaño colectivo.

Hay indicadores que son confiables y otros que no. En los indicadores confiables estamos mal en todos. Si mirás los indicadores duros, la única conclusión es que la enseñanza uruguaya está en graves problemas. Lo que pasa es que el oficialismo ha decidido contarse mentiras.

Por María Noel Domínguez

Montevideo Portal


Te puede interesar Pablo da Silveira rescata sus columnas y publica “Escrito en la arena”