Pablo Goncálvez y sus atroces crímenes conmocionaron al país en la primera mitad de la década de 1990.

Integrante de una acaudalada familia del barrio Carrasco, entre enero de 1992 y febrero de 1993 asesinó a tres mujeres.

Fue atrapado en el Chuy poco después del tercer crimen y condenado a treinta años de prisión.

Recuperó la libertad en 2016 y se radicó en Paraguay, donde también tuvo problemas con la ley, y pasó dos años tras las rejas.

Goncálvez reingresó al país desde Paraguay en noviembre de 2023, a través del puente de Salto Grande.

Ahora, según informara el noticiero Subrayado, Pablo Goncálvez está viviendo en el balneario Punta del Este.

De acuerdo con el citado medio, el exconvicto reside “a muy pocas cuadras de los populares dedos de Maldonado, en una vivienda de su familia”.

Para las autoridades, por su historial delictivo “se prenden alertas”, detalla la crónica

Letal y frío

Goncálvez tenía 22 años cuando fue detenido el 20 de febrero de 1993 en el Chuy, al regresar de Brasil.

Hijo del diplomático Hamlet Goncálvez, fallecido en 1992, el criminal había sido investigado en 1991 por una denuncia de violación que finalmente no se comprobó.

Si bien el crimen por el que cayó primero fue el de María Victoria Williams, su tercera víctima, el primero de los homicidios fue el de Ana Luisa Miller Sichero, una joven de 26 años a la que mató en la madrugada del 1º de enero de 1992. Ella tenía 26 años y fue hallada en la playa de Solymar.

El segundo homicidio fue el de Andrea Castro, una adolescente de 15 años a la que mató por asfixia el 20 de setiembre de 1992 a la salida del boliche England, en Montevideo. Goncálvez llevó su cuerpo a la playa Mansa de Punta del Este. Además, dejó su corbata anudada en el cuello de la víctima, que luego serviría de prueba cuando Fiscalía encontró un juego de piezas idénticas en la casa del delincuente.
La tercera víctima fue María Victoria Williams Sanz de 22 años, quien falleció asfixiada dentro del domicilio de Goncálvez el 8 de febrero de 1993

En este caso, el homicida se valió de una treta, pues le dijo a la joven, que era vecina suya, que su anciana abuela con la que él vivía, había sufrido un ataque cardíaco y que él solo no podía reanimarla. Una vez que Williams estuvo dentro de su casa, le cubrió la cabeza con una bolsa de nailon hasta matarla.

Aunque tras ser detenido y llevado ante la Justicia se declaró inocente, fue condenado a 30 años de prisión por los crímenes de Williams y Castro. Siete años después recibió sentencia por el asesinato de Miller.