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Ojeda: “Cosse está en campaña para 2024 desde que asumió y Miranda ha perdido todo norte”

El penalista dice que quiere “ser parte” de la reconstrucción del Partido Colorado, y respalda al gobierno en su accionar ante la pandemia.

29.04.2021 09:21

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2021-04-29T09:21:00
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Por César Bianchi

Fotos: Javier Noceti


Andrés Ojeda (37) dice que tiene el mejor carné de colorado que se pueda tener, y es haber vivido su primera campaña política en 2004, cuando el Partido Colorado se caía a pedazos -siendo una fuerza política histórica y acostumbrada a gobernar este país- y surgía el Frente Amplio como partido gobernante. Por haberse comprometido en tiempos de vacas escuálidas siente que su fe colorada es a prueba de balas. Y hoy, que la colectividad es la principal socia del partido de gobierno, asegura que quiere "ser parte" de la reconstrucción partidaria desde la posición de "figura media". Quiere ayudar a su partido a recuperar el protagonismo perdido.

Ojeda, quien fue primer suplente de Laura Raffo en la pasada campaña departamental por Montevideo, dice que nadie le ofreció ningún cargo, ni antes ni después de la campaña. El reconocido abogado penalista asegura que estaría dispuesto a dejar su actividad profesional -incluso haría renuncias económicas- si en algún momento desde el Poder Ejecutivo le ofrecieran "la oportunidad de hacer cambios reales en algún lugar". "Lo tentador sería un lugar con campo de acción, y donde uno pueda aplicar experticia", señala. Mientras esa oferta no llega, no desespera: se dedica a la actividad privada, a la defensa del sindicato de policías Sifpom (rol que le permite tener diálogo directo con el ministro Larrañaga), sabedor de que es un activo para la renovación generacional de su partido.

El abogado afirma que los vaticinios apocalípticos desde el Frente Amplio respecto a un incremento de casos de abuso policial, con el trampolín de la Ley de Urgente Consideración (LUC), nunca se concretaron. Y que un grupo minúsculo, "pero ruidoso" de radicales de izquierda tiene aversión a los uniformados, pero la enorme mayoría de los uruguayos respeta la institución policial.

Y apoya todo lo que ha hecho el gobierno para lidiar contra la pandemia: "Le ha embocado siempre, incluso cuando parece que le ha errado", dice. Siente que el Ejecutivo de Lacalle Pou ha tenido que hacer malabares "con 100 pelotas a la vez", que ya no se puede volver al "Quedate en casa" y que las medidas económicas que anunció la ministra Arbeleche se anunciaron "cuando se pudo". En tal sentido, cree que el Frente Amplio está incómodo y busca "tirarle piedras al gobierno desde la vereda de enfrente". Estima que Carolina Cosse ha hecho "poco y nada" en el gobierno de la capital y "desde que asumió está en campaña" de cara a 2024 y figuras como Javier Miranda, presidente del FA, estarían en contra del gobierno "si mañana descubriera la cura al cáncer", solo por oponerse al gobierno.

-¿Qué querías ser de chico cuando fueras grande?

-Todos mis compañeros en la escuela me decían que yo iba a ser abogado o político. ¡Te lo juro! Yo movía las manos mucho cuando hablaba, y en mi grupo siempre hablaba yo. Pero todo se dio naturalmente, no tuve mucho que pensarlo.

-¿Por qué ser abogado penalista? ¿La típica presión familiar por una carrera tradicional o una fuerte vocación temprana por defender personas injustamente procesadas?

-En mi casa nunca me dijeron nada, que hiciera lo que quisiera. Naturalmente hice abogacía, y cuando cursé Penal me copé. Y al año siguiente cursé Penal 2, y volví a Penal 1 en calidad de oyente. Ahí ya quedé vinculado a la parte docente.

-¿Y la política cómo llega a tu vida? ¿Sos de cuna colorada?

-No, cero. Mi abuelo paterno era amigo íntimo de (Liber) Seregni. De hecho, fue una de las pocas personas que entró, junto a mi padre chiquilín, a la casa de Seregni cuando lo liberan, el día que sale a hablar al balcón. Eran militares juntos, muy amigos de los años pre-dictadura, y mi abuelo José Enrique se dio de baja del Ejército cuando el golpe de Estado. Mis padres en algún momento tuvieron algo de militancia política en el Nuevo Espacio, hace una punta de años, cuando yo era niño.

No me olvido más cómo ingresé yo a la política: tenía 18 años, estaba en facultad, estaba en un grupo gremial de la facultad, el Foro Universitario, y fui a una reunión que convocaba (Julio María) Sanguinetti en el Foro Batllista, en 18 y Martín C. Martínez, y parece que estoy viendo esa imagen... Entré, había 30 personas más o menos, habla Sanguinetti, y yo dije: "Yo quiero hacer esto, y con él". Fue revelador, un momento clic. Empecé a trabajar y la primera elección en la que participé fue la de 2004. El peor momento para hacerse colorado, si había un momento malo para hacerse colorado. Por eso digo que los que tenemos 30 y pico, somos más colorados que cualquier otro. No vimos una vaca gorda, ni rellenita, ni con un poquito de carne pegada al hueso, vimos todo lo malo. Esto es lo más parecido a ganar, y ni siquiera ganamos nosotros.

-Me meto en la coyuntura política actual. ¿Está bien que el gobierno no anuncie más medidas para limitar la movilidad, en este momento actual de la pandemia, con 50 o 60 muertos por día?

-Yo creo que está bien lo que está haciendo el gobierno. Estoy muy de acuerdo con las decisiones del gobierno en administración de pandemia. Le ha embocado siempre, incluso cuando parece que le ha errado. Que hayamos tenido resultados malos más tarde que el resto nos permitió ver adelantos de la película que otros no vieron. A nosotros la primera ola nos llegó cuando otros van por la tercera o la cuarta. Ya vimos que algunas acciones de restricciones de movilidad no paran los contagios de la manera que quisiéramos. Y parar la movilidad tiene consecuencias devastadoras en otros aspectos. Si hoy hiciéramos una encuesta, la primera preocupación de la gente sería el empleo. Hoy la cabeza del gobierno tiene que estar en bajar los contagios, bajar los muertos, y qué hacemos en materia de empleo, para que toda la gente pueda parar la olla a fin de mes.

-Estas medidas económicas que anunció la ministra Azucena Arbeleche la semana pasada, ¿no llegan tarde? ¿No debieron haber sido anunciadas antes?

-Creo que llega cuando puede llegar. Esto implica administrar 100 pelotas en el aire, haciendo malabares al mismo tiempo. Llega lo antes que pudo llegar. Está bien que lo que se da siempre será poco. Pero la señal es clara: se está intentando no dejar a nadie solo.

-El presidente dijo, oportunamente: "Para adelante todo lo posible, para atrás todo lo necesario". ¿No debería darse alguna marcha atrás y volver a las restricciones de marzo de 2020?

-Pasa que la alternativa es el "Quedate en casa". No hay mucha más alternativa. ¿Y si yo se los pido, y la gente no se queda en sus hogares? Porque el gobierno hoy está pidiendo a la gente que se quede en su burbuja, y no salga a no ser que sea necesario. Quizás no la contundencia del mensaje de 2020. Pero en marzo de 2020 había un miedo real de la gente: "Che, ¿qué pasa con esto?". Hoy la gente ese miedo lo perdió y sale igual. Fijate las contradicciones: el 74% de la gente pide restricciones de movilidad. Si ese mismo 74% restringiese su propia movilidad, ¡se acaba el problema! Entonces, le están pidiendo al presidente que los obligue a ellos mismos a quedarse en su casa. En el fondo, la gente tiene que asumir que tiene que quedarse más. No es ni con un delito, ni a palazos que la gente se quedará en su casa.


"El 74% de la gente pide restricciones de movilidad. Si ese mismo 74% restringiera su propia movilidad, ¡se acaba el problema! Entonces, le están pidiendo al presidente que los obligue a ellos mismos a quedarse en su casa"

Los países que han intentado medidas coactivas para lograr restricciones de movilidad, no les ha ido bien. Cuando Argentina intentó la cuarentena obligatoria, a los días tenía decenas de miles de detenidos. No lo podía manejar. Esto es la viva prueba de que el Estado tiene que convencer y no imponer. Quizás lo que podría hacerse es una campaña más agresiva de comunicación. No restringir, imponer, sino una campaña emotiva, que apele al corazón de la gente, del estilo de la de los sobrevivientes de los Andes. De ese perfil, pero más fuerte, y mostrando las consecuencias, con familias, con nombres...

-¿Decís mostrando la imagen de Andrés Abt o Alberto Sonsol, por ejemplo, buscando concientizar?

-Todo, lo duro. "Señores, esta gente con nombre y apellido que usted conoce, le costó la vida. ¡Quédese en su casa! ¡Quédese en su burbuja!".

-El Frente Amplio, como oposición, ¿está colaborando con el gobierno a salir de esta crisis, o le está complicando la vida al gobierno?

-Ah, yo creo que Richard Read el domingo en El País le embocó perfecto con eso de que es "un surfista con prótesis de rodilla". Lo pintó de cuerpo entero. El FA está incómodo, y no encuentra cómo acomodarse en el asiento.

El Frente está viendo cómo le saca rédito electoral a esto. Está -no quiero decir "lucrar" porque me parece duro- pero está pensando más en lo electoral y el beneficio partidario que en el virus. Acá hay dos lugares para estar: contra el virus, todos juntos en la misma vereda contra el virus, o en la vereda de enfrente, tirándole piedras al gobierno. Y ellos, ante la duda, le tiran piedras al gobierno, y después vemos. Es un momento que debería ser de unión. Esto no engloba a todos el Frente Amplio. La visita de los intendentes del Frente a Torre Ejecutiva tuvo un tono constructivo. Si escuchan las declaraciones de (Yamandú) Orsi, de Carolina Cosse, tuvieron palabras constructivas. Ahora, hay figuras más institucionales del FA... Yo creo que (Javier) Miranda ha perdido todo norte. Ya está en un plan guerra furiosa contra el gobierno, y si mañana el gobierno encuentra la cura contra el cáncer va a decir que está en contra, solo porque lo dice el gobierno.

-¿Qué enseñanzas te dejó la campaña por las elecciones departamentales en Montevideo, donde ibas como primer suplente de Laura Raffo?

-Muchísimas. Es la primera vez que tuve un espacio de candidatura directa a algo, sin perjuicio de que era una suplencia, la forma novedosa de la elección hizo que los que representábamos a los partidos fuéramos un poco candidatos a la IM. Me dio visibilidad y responsabilidad de encabezar a una elección en el marco de la elección departamental más importante del país. Somos el socio mayoritario del gobierno y no fue casualidad que el primer suplente sea colorado. Estar en primera línea implica aprender cómo se trabaja una campaña. Me permitió conocer, además, personas muy interesantes. Rescato mucho haber conocido a(l publicista) Roberto Lafluf, yo no lo conocía tanto y no había trabajado antes con él. Fue un aprendizaje enorme, de cómo encarar, cómo pensar una campaña electoral. Y él un despegado, lo quiero en mi cuadro todos los partidos. Lástima que juega en otro cuadro.

-¿Cómo ves la administración Cosse en la IM?


"Cosse está en campaña (para el 2024) desde que asumió. La veo con el mismo talante que tenía en Antel, haciendo cosas que puedan personalizarse en ella, como lo del plan ABC. De lo que ha sido hasta ahora su gestión, poco y nada"

-Recién empieza, pero la veo más en campaña electoral que gobernando. Ella ya está en campaña (para el 2024) desde que asumió. La veo con el mismo talante que tenía en Antel, haciendo cosas que puedan personalizarse en ella, con el plan ABC, con marcas que le son propias... No es nuevo, ya lo hizo en Antel y el Ministerio de industria. Yo la veo ya en campaña para las elecciones nacionales próximas. Ojo, estoy recién empieza. Deberíamos darle un año, por lo menos, para evaluar su gestión. De lo que ha sido hasta ahora su gestión, poco y nada. El primer mojón fue en diciembre, cuando vino la basura de las fiestas, y Montevideo explotó. La UAM ya estaba pronta, ella fue y cortó la cinta.

-¿Por qué no tenés ningún cargo hoy? Adrián Peña dijo en Punto de Encuentro de 970 Universal que eras "un activo del partido", pero que "en algún momento serías considerado para algún lugar", como si estuvieras en lista de espera. Pero también dijo que esto implicaría una renuncia en la actividad privada. ¿Lo ves así?

-Yo tuve una campaña departamental que se fue hasta octubre de 2020, que originalmente terminaba en mayo. Igual, yo nunca conversé sobre ningún cargo en lo previo, ni antes de tomar la responsabilidad de referencia de seguridad pública en 2019, ni para integrar lista al Senado, ni para estar en lo departamental en 2020. Jamás hubo una charla de cargo previa, nunca, en ningún momento. No estaba nada condicionado a algo a futuro. Yo no necesito un cargo para vivir, porque vivo de otra cosa. Siempre la actividad privada tiende a rendir más en lo económico que la actividad pública. La vocación de servicio está. Uno está dedicado a esto porque está dispuesto a hacer una renuncia, sino no me dedicaría a la actividad política pública.

-Pero, ¿vos estarías dispuesto a renunciar a tu actividad como abogado penalista para dedicarte de lleno a la política?

-Sí, estaría dispuesto a renunciar a actividades profesionales para dedicarme de lleno a la política. Si no, no estaría en eso. Más que un cargo en sí mismo, me interesaría la oportunidad de hacer cambios reales en algún lugar. Lo tentador sería un lugar con campo de acción, y donde uno pueda aplicar experticia, ¿no? En política a veces pasa que hay una suerte de falsa oposición entre lo técnico y lo político. Los técnicos miran de reojo a los políticos y viceversa. Y eso es falso, porque hay gente que reúne las dos condiciones. A veces nos pasa que tenemos gente con enorme calidad técnica, cero calidad política y eso le genera problemas, y después tenemos políticos que da lo mismo si va como ministro de Trabajo o ministro de Industria, porque de última tenés que ponerlo en algún lado.

Lo ideal es algo en el medio, gente que pueda reunir la doble calidad y pueda tener conocimiento en el lugar a dónde va y a su vez, con roce político. Tiene que haber esa gente personas con doble condición, para poder generar cambios. Yo estaría dispuesto a dar una mano en el gobierno, si el gobierno lo entendiese útil. Ahora, no me muero por estar en el gobierno. Yo me dedico a la actividad penal, me encanta lo que hago, y no me siento frustrado por no estar en un cargo. Hice mi aporte en todos los espacios donde tuve la chance. Lo que quiero dejar claro es que yo no me rehusé a ninguna propuesta de gobierno por temas económicos. De hecho, estaría dispuesto a aceptar una propuesta de gobierno que implicase una renuncia económica, para el caso que fuera un lugar donde uno pueda hacer una diferencia real.

-Hace una semana se difundió una encuesta de Opción Consultores, donde el ex legislador Pedro Bordaberry fue el dirigente colorado que reunía más simpatías (un saldo de +8) entre las 800 personas encuestadas, seguido de Robert Silva, titular del Codicen (+5) y luego tú, tercero, con un saldo de +1. No quedaron en el podio el ministro de Ambiente, Adrián Peña, el secretario general del Partido Colorad, Julio Sanguinetti, o el ministro de Turismo, Germán Cardoso, por ejemplo. ¿A qué atribuís ese tercer puesto entre los que suscitan más simpatías y qué lectura hiciste de la encuesta?

-Veo de buen talante el grado de conocimiento público. Siempre se mide el nivel de simpatía, porque es un dato muy relevante en cuanto al trabajo por hacer. Y siempre es bueno saber donde uno está parado. No entro en las comparaciones. De los que están ahí, uno es un clase A, primera línea, que es Pedro Bordaberry, que fue ministro, legislador, candidato a la IM, no en vano tiene 90 y pico por ciento de conocimiento público; está Robert Silva, que es el presidente del Codicen, es casi un ministro, es quien se sienta con el presidente a hacer anuncios sobre cuándo arrancan las clases en una pandemia, y el otro es el ministro de Ambiente, que es el líder de Ciudadanos hoy, fue electo senador. Para mí es un honor estar en la conversación.


"Creo que el Partido Colorado hoy tiene un gran tema, y es que le ha costado mucho generar figuras medias. Todos los que más o menos pican, los queman en presidenciables rápidamente. Quiero un lugar en la reconstrucción partidaria, y no tengo miedo de decirlo"

Yo creo que el Partido Colorado hoy tiene un gran tema, que no es nada menor, y es que le ha costado mucho generar figuras medias. Todos los que más o menos pican, los queman en presidenciables rápidamente. ¿Por qué? Porque la falta de candidatos te obliga a poner jugadores que debutarían en Primera más adelante, y los terminan poniendo antes en la cancha, porque no tenés nombres. Esta presencia que tiene el partido en el gobierno hoy, mostrando jugadores tendría que redundar en figuras medias para la elección que viene. Y a mí, francamente, me gustaría ser parte de la reconstrucción partidaria. Quiero un lugar en la reconstrucción partidaria, y no tengo miedo de decirlo. Me gustaría aportar desde ese lugar de figura media.

-Fuiste uno de los dirigentes colorados que habló de hacer campaña por el regreso de Ernesto Talvi a la política. ¿Por qué? ¿Por qué militar para el regreso de un hombre que fue el candidato del partido en las elecciones nacionales, fue nombrado canciller y luego se fue primero del gobierno y luego de la política arguyendo: "No es lo mío"? ¿Por qué insistir en que regrese a la política?

-Yo creo que la gente a veces hace comentarios en caliente, no olvidemos que su carta de renuncia fue un momento híper caliente. Él recién había renunciado a la Cancillería, el tema estaba muy arriba en los medios, y toma una decisión muy tajante en un momento muy caliente, que es lo menos recomendable porque las decisiones importantes se toman con tranquilidad. Y en política los "nunca" nunca son tan tajantes, como dijo alguna vez alguien "en las actuales circunstancias". Y siempre es "en las actuales circunstancias", necesariamente. Los tiempos cambian y las decisiones cambian. Puedo nombrar cuatro o cinco a la carrera de personas que renunciaron a la política, que después no fueron tales. En aquel momento parecía razonable tirar un puente, como diciendo: "Entendemos que esto fue en caliente, tenés margen para tomar una decisión distinta". Luego Ciudadanos hizo una conferencia de prensa muy dura, y eso terminó de cerrar todas las puertas de posible cambio en sus decisiones. Esto es una opinión mía. Entiendo yo que Ernesto en algún momento se tiene que haber arrepentido de tomar una decisión así de tajante, sin dejar una ventana abierta. Hoy miro para adelante.

-¿Te pasaron factura a la interna del partido por esa campaña pro-Talvi?

-Formalmente no, pero en los hechos, un poco sí. Hay relaciones que se tensan, comunicaciones que se distancian. Es parte de lo que uno asume cuando toma decisiones públicas. Eso no quiere decir que yo me arrepienta. Yo, por lo general, tengo como norma no ser tan pragmático en lo que digo. Yo digo lo que siento y lo que pienso, porque uno no puede vivir haciendo cuentas para opinar. Porque al final entonces uno es hijo de una cosa matemática de beneficio, que termina muy lejos de la sinceridad. Prefiero decir lo que pienso, y no andar sacando cuentas de que Fulano me va a querer menos si yo digo esto.

-Sos el abogado defensor del gremio de policías Sifpom, desde la salida de Washington Abdala hacia la OEA. Ha habido unos cuantos episodios de violencia contra policías y otros en que los señalan a los uniformados como los que ejercieron violencia contra ciudadanos (el caso en plaza Seregni, entre otros). Y todos estos con el trasfondo de la discusión sobre si la LUC abona el terreno de la discrecionalidad policial y favorece el abuso de funciones. Esto sostiene el FA: que la LUC promueve el abuso policial. ¿Cómo lo ves?

-Como una discusión completamente vacía. La LUC terminó siendo una especie de bandera "pro" y "anti" gobierno. Si le preguntamos a cualquier cristiano en la calle que haya firmado por la derogación de la LUC, probablemente no sepa ni qué artículos firmó para derogar. Firmó contra el gobierno. El que no firma, no firma para respaldar al gobierno. Terminó siendo una especie de casillero para saber de qué lado estás.

En cuanto a los cambios reales, legales, que introduce la LUC, no le cambian la vida a nadie. Ni le dan superpoderes a la Policía, ni los convierte en represores automáticos de los derechos humanos. No son tan sustantivos. Han sido sobredimensionados por la discusión política. ¿Por qué? Porque la seguridad es un botín electoral brutal, y eso hace que el policía que no era malo, represor y violento en febrero de 2020, no se tornó violento, represor y malo a partir del 1° de marzo (de 2020).

El policía que tiene 19, 20 o 21 años, tiene un par de años en la Policía, tiene algún gurí chico, tiene 50 préstamos, ¡lo último que le importa es la LUC! Su preocupación es pagar los préstamos, pagar las cuentas, bancar la familia y no morir en el intento. Y no tener quilombos, porque los quilombos a los policías le valen un sumario, y el sumario le vale, por lo menos, una retención de medio sueldo. Medio sueldo para un policía es la vida. Para que tengas una idea: a veces cuando hay líos, que pueden representar responsabilidades penales para los policías, la primera pregunta que recibimos es por el sumario y si le quitan medio sueldo, antes de si va a ir preso. Están más preocupados por la plata, que por la posibilidad de terminar en cana.


"En marzo de 2020, y ya teníamos 'policías golpeadores de malabaristas y que baleaban municipales'; resultó que no le pegaban a los malabaristas, y no habían baleado municipales. Vino la LUC y el vaticinio de violencia policial. Y eso nunca llegó"

Fijate lo que fue el 2020: marzo de 2020, y ya teníamos "policías golpeadores de malabaristas en la calle", "policías que baleaban funcionarios municipales" -todo esto, antes de la LUC-, después resultó que no le pegaban a los malabaristas, y que no habían baleado funcionarios municipales. Después vino la LUC y el vaticinio de violencia policial. La violencia policial nunca llegó. Después vino la parte de dispersiones de aglomeraciones: "le van a pegar a todo el mundo", decían. Vino el episodio de Plaza Seregni, estuvimos un mes escuchando cuanto actor social o legislador de la oposición diciendo que eso había sido casi como la revuelta de Chile. Le pasamos el cernidor a todo ese humo y no quedó nada, quedaron como denunciantes tres policías agredidos y nadie más. Le dijeron "racistas" a los policías, cuando el jefe del operativo es afrodescendiente. Buscaron todo el tiempo la quinta pata al gato, tratando de fabricar o buscar un abuso policial donde no lo había. Plaza Seregni como evento emblemático fue un procedimiento ejemplar. Ellos fueron con altoparlantes, pidieron que la gente se separara, la gente los agredió, ahora... no se puede andar por la vida agrediendo policías. Después de eso vino la reforma del artículo 38, y otro vaticinio de violencia policial. ¡No pasó! Y cerramos 2020 sin episodios de abuso policial.

-Recuerdo, ya este año, el episodio del policía que le pega a un joven recostado con las piernas abiertas sobre un móvil policial, donde le exigían que borrara un video que había grabado.

-Fue el primero que tuvimos, este 2021, porque obviamente, ninguna Policía del mundo está vacunada contra algún abuso excepcional. Lo que está claro es que es excepcional, y que no tiene que ver con la LUC. En el 2019 hubo casi 10 muertos más, abatidos por accionar policial que en 2020. Claramente no tiene nada que ver la LUC. Es una bandera electoral, y no otra cosa.

-¿Sentís que hay un rechazo ideologizado de parte de la sociedad con uniformados como policías y militares?

-No lo siento: es un dato objetivo. Hay una minoría pequeña, pero ruidosa. Creo que la enorme mayoría de la población respalda a la Policía como institución. De hecho, hay una reciente medición de Equipos, que dice que el 74% respalda a la institución policial y la ve con simpatía. Ese pequeño público radical que sigue abrazado al último adoquín del muro de Berlín no representa más que unas pocas personas.

-¿Viene de la izquierda esa mirada, entonces?

-Sí, pero me parece injusto meter a la izquierda toda en esa bolsa. Creo que la enorme mayoría de las personas de izquierda no piensan así, si no sería imposible que el 74% de la población viera a la Policía con simpatía. Hay grupitos, pequeñitos, radicales y ruidosos. Ese es el problema, como hacen mucho ruido, creemos que son muchos, pero no lo son, son muy poquitos. Hay que explicarles a ellos que no hay democracia sin policías; capaz que tampoco creen en la democracia, que es muy probable.

-¿Qué aspiraciones políticas tenés al día de hoy?

-Veremos... Hoy estoy dedicado a la actividad profesional, colaborando en lo que puedo cuando gente del gobierno me lo pide. A futuro veremos, no tengo un plan.

-Te gustaría llegar al Parlamento en las siguientes elecciones, supongo...

-No lo sé. Ni que sí, ni que no. No lo descarto. No tengo un plan a futuro, de dónde me gustaría estar. Si algo he aprendido en estos últimos años, es que en política es todo muy dinámico. Tenía un partido armado y en carrera, y en 2017 Pedro (Bordaberry) dijo que no quería ser más candidato, teníamos un partido y un sector armado, con un candidato presidenciable cantado, y decidió que no quería hacer más política (por Talvi). O sea, entendí y aprendí, que esto es un día a la vez. Tomaré decisiones cuando lleguen. Hoy estoy dedicado a mis clientes.

-¿Te considerás de derecha?

-No. Para nada. Me considero de centro. No es un lugar común, creo que es el lugar más difícil. El votante de centro es el votante más exigente, menos cautivo, y creo que es una de las hazañas más grandes de Ernesto Talvi: haberle llegado a ese público de centro. En un espectro de izquierda, centroizquierda, centro, centroderecha, derecha, el votante de Talvi, en su mayoría, se definía de centro. Igual, yo no demonizo ser de derecha, no lo veo como algo malo. A ver, los peores fascismos han sido de izquierda.


"Me considero de centro. No es un lugar común, creo que es el lugar más difícil. El votante de centro es el más exigente, menos cautivo, y creo que es una de las hazañas más grandes de Ernesto Talvi: haberle llegado a ese público de centro"

-Igual, rara vez un político se considera orgullosamente de derecha. He entrevistado a las figuras más relevantes de Cabildo Abierto y no se consideran de derecha. Parece que fuera vergonzante asumirse de derecha, mientras que la izquierda se reivindica orgullosamente como izquierda.

-Es cierto. Está instalado eso. Han demonizado el concepto de derecha, cuando muchos de los que se reivindican de izquierda abrazaron una revolución, y otros aplaudieron un golpe de Estado. Tenemos un Partido Comunista (PCU) que aplaudió un golpe de Estado por escrito. Y sin embargo, son la izquierda más a la izquierda. Esto es redondo, cuando uno llega al final, da la vuelta. Yo creo que el Partido Colorado, por definición, siempre ha estado tan al centro que ha tenido expresiones alrededor, un poquito más a la izquierda, y un poquito más a la derecha, que le equilibran ese lugar de centro.

-Bueno, debo recordarte que los dos golpes de Estado del siglo XX fueron dados por colorados: Gabriel Terra en 1933 y Juan María Bordaberry en 1973...

-Sí, pero el Partido Colorado institucionalmente jamás respaldó un golpe de Estado. En el caso del 73 el golpe lo da el presidente de aquel momento, que si bien fue electo por el Partido Colorado, no era colorado ni batllista. El partido estuvo siempre en contra, fue el principal militante por la democracia. Basta ver el rol que tuvo (Jorge) Sapelli en esto. La reconstrucción democrática estuvo en manos del Partido Colorado. Fue clave para volver a la democracia y para salir de la dictadura. Ningún partido está vacunado contra personas que puedan hacer cosas malas, pero lo que lo define es cómo reacciona a eso. Y el Partido Colorado siempre tuvo una reacción demócrata.

-Fernando Amado nunca se vio fuera del Partido Colorado, a pesar de las discrepancias internas, hasta que se fue y terminó aliándose con el FA en las pasadas elecciones. ¿No te ves fuera del Partido Colorado?

-No. De hecho, he estado acá en los peores momentos.

-¿Resistís el archivo? Insisto: Amado juraba lo mismo, y terminó abrazado a Martínez en las pasadas elecciones...

-En el fondo, nunca lo resiste nadie. Fernando es Fernando, cada uno se hace cargo de lo suyo. Yo, en principio, no me veo en otro lugar. De hecho, por algo estamos acá después de tantos años y habiendo pasado épocas bastante duras, donde hubiera sido más fácil estar en otro lado.

-¿Sos feliz?

-Bueno... sí. Un día a la vez. Uno no puede estar feliz todo el tiempo. Hay momentos buenos y momentos malos, como todo. A la larga la felicidad la da estar con cierta paz con lo que uno ha hecho, en el tiempo que ha tenido. Por ahí están los esfuerzos.

Por César Bianchi