"Si el primer ministro Mahmud Abbas, quiere acabar con la Intifada, entonces mejor que dimita y abandone los territorios palestinos", le advertió hoy un dirigente del Movimiento de la Resistencia Islámica (HAMAS), Ismail Haniya, al asegurar que su organización seguirá la lucha contra la ocupación israelí.
El representante islámico respondía así al asesinato de Ismail Abu Shanab, dirigente de esa organización en la ciudad de Gaza, en un ataque de Israel con helicópteros en el que también murieron sus dos guardaespaldas.
El ataque fue la represalia israelí por el sangriento atentado del martes en Jerusalén, que a su vez fue la venganza de la Yihad por el asesinato perpetrado por Israel de uno de sus dirigentes durante la tregua que las facciones armadas palestinas habían decretado.
La acción israelí sumada a la ofensiva militar de hoy han puesto a Abu Mazen contra las cuerdas y en una difícil encrucijada.
De un lado, tanto HAMAS como la Yihad Islámica se apresuraron a anunciar el final de la tregua y han prometido vengar el asesinato de Abu Shanab con más atentados como el de Jerusalén.
Del otro, está Israel, que nunca aceptó la tregua y exige el desarme de los grupos palestinos como condición para encauzar el proceso negociador iniciado en la Cumbre de Aqaba el 4 de junio.
En aquella cumbre, Abu Mazen tendió un puente entre ambas partes mediante una tregua que no exigiera el desarme de las milicias, por temor a una guerra civil, pero que a la vez significara para Israel el fin a los atentados.
Hasta el atentado en Jerusalén, durante la tregua murieron una veintena de palestinos, seis israelíes y un civil extranjero, en distintas acciones del Ejército israelí y de elementos palestinos.
El colapso de la tregua socava los esfuerzos internacionales de pacificación avalados por la "Hoja de Ruta", que pretende el fin de un ciclo de violencia que dura casi tres años y la creación de un Estado palestino independiente.
Pero los últimos sucesos hacen tambalear no sólo la tregua y la "Hoja de Ruta", sino el propio futuro político de Abu Mazen, quien precisamente anoche consiguió la aprobación de su Gobierno a una resolución para combatir y desarmar a los grupos radicales.
El Gobierno de la ANP, en una decisión ratificada por el Consejo Central de la OLP, decidió lanzar una ola de arrestos contra militantes islámicos, así como una serie de medidas destinadas a limitar la autonomía de estos grupos, por primera vez desde 1996.
Hoy, sin embargo, el primer ministro palestino se alineaba con su pueblo y condenaba con dureza el asesinato de Abu Shanab, a la vez que advertía que perjudicará sus esfuerzos para pacificar la zona.
"No hay ninguna duda de que las tropas israelíes han perpetrado hoy un crimen horrendo", dijo el primer ministro de la ANP en declaraciones a la prensa en Ramala.
El ministro palestino de Información, Nabil Amer, aseguró que la ofensiva militar israelí debilita los esfuerzos de la ANP para calmar la situación.
El Gobierno israelí, que dirige Ariel Sharón, decidió ayer reanudar una política de asesinatos, que Israel describe como "selectivos", de dirigentes políticos y militares de la "Intifada", así como las incursiones y redadas en Cisjordania.
"Si el Gobierno palestino no toma todas las acciones necesarias en la lucha contra el terrorismo, entonces no será posible reanudar las conversaciones diplomáticas", dice un comunicado de la Oficina del Primer Ministro israelí.
"Poco ayuda a Abu Mazen el que Israel haga o no su trabajo frente a los grupos islámicos, ya que tras ofensivas como las de hoy el primer ministro debe abandonar su línea pacificadora y alinearse con su pueblo", explicaba a EFE el periodista palestino Ziad Abu Naim.
La fuente agregó que "de seguir los atentados palestinos y las ofensivas militares israelíes, la política pacificadora de Abu Mazen habrá fracasado y no habrá razón alguna para que siga en un cargo cuyo objetivo fue crear una alternativa a Yaser Arafat con la que Israel pudiera negociar".