ace ocho años, JT Genter y su esposa dejaron su apartamento, vendieron casi todas sus pertenencias y comenzaron una vida como nómadas digitales, sin residencia fija y con el mundo como hogar. Lo que iba a ser un año sabático se transformó en un estilo de vida a tiempo completo, sostenido gracias a trabajo remoto, kilómetros de viajero frecuente y tarjetas de crédito.
Desde entonces, no han parado: tomaron 848 vuelos, acumularon más de 2,4 millones de kilómetros volados y visitaron 74 países. Según Genter, el estilo de vida es más accesible de lo que muchos creen.
Entre vuelos en primera clase, economy, business y premium economy, han recorrido el planeta una y otra vez. Incluso durante la pandemia, mantuvieron un promedio anual de casi 320.000 kilómetros volados. El programa de fidelidad más usado fue AAdvantage de American Airlines, con el que redimieron casi 6,4 millones de kilómetros solo en los últimos cinco años.
A lo largo de sus viajes, pasaron por 229 aeropuertos, visitaron 40 estados de EE. UU. y transitaron desde grandes hubs como Atlanta y Los Ángeles hasta terminales remotas en lugares como Polinesia Francesa o las Islas Marshall.
En cuanto a alojamiento, afirman que viven sin pagar alquiler ni hipoteca. En estos ocho años, gastar menos de US$ 900 mensuales en hospedaje ha sido la regla. Se han alojado principalmente en hoteles, Airbnbs, casas rodantes, trenes, aviones y aeropuertos. Incluso durmieron 547 noches con familiares y amigos y otras 137 noches en vuelos nocturnos o terminales aéreas.
También acumularon y usaron casi nueve millones de puntos hoteleros, principalmente del programa IHG One Rewards, aunque también de Marriott, Hyatt, Hilton, Wyndham y Choice. Parte de esos puntos fueron obtenidos gracias a más de 50 tarjetas de crédito que solicitaron en ocho años.
En total, la pareja gastó US$ 93.000 en hospedaje durante este período. Dividido entre dos personas y 96 meses, el promedio mensual da unos US$ 897, una cifra similar a la renta de un apartamento modesto en muchas ciudades del mundo.
Además de acumular puntos con vuelos y estancias, también obtuvieron kilómetros con gastos cotidianos, eligiendo tarjetas con mejores beneficios y bonificaciones. En total, sumaron 7,5 millones de kilómetros solo con bonos por nuevas tarjetas y más de 5,7 millones adicionales por consumos en estadías pagas.
“El principal aprendizaje —dice Genter— es que es posible viajar más y gastar menos si uno aprende a usar los programas de fidelidad a su favor”. Aunque reconoce que no todos tienen el tiempo o la dedicación para dominar estas herramientas, anima a los curiosos a dar un primer paso, como solicitar una tarjeta con recompensas o redimir sus primeros kilómetros.
Ocho años después, la pareja sigue viajando, ahora desde Albania, y sin planes de detenerse. La experiencia, asegura, ha sido más económica —y enriquecedora— que quedarse quietos.
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