Recientemente, las autoridades de la ciudad india de Indore redoblaron esfuerzos para cumplir una de las metas de su administración: convertirse en una urbe libre de mendigos.
En el marco de esa campaña, las autoridades pusieron los ojos sobre un hombre de 50 años conocido por el nombre de Mangilal, que mendigaba a diario en el bullicioso bazar Sarafa, mercado callejero que es uno de los sitios más pujantes de la ciudad.
A causa de las secuelas de la lepra, Mangilal es incapaz de caminar, y se pasa las horas con las piernas cruzadas sobre un cajón de madera con ruedas, que impulsa con sus manos.
En aras de la precisión, es justo decir que Mangilal nunca pedía nada. Su modo de mendigar consistía en quedarse sobre su tabla con la mirada fija en el suelo, componiendo un cuadro vivo que compelía a la lástima del prójimo. Al parecer, la estrategia dio buenos resultados, y le permitió convertirse en una persona acaudalada.
Semanas atrás, Mangilal fue “captado” por la “brigada antimendigos” que lo recogió, lo duchó y lo vistió con ropa limpia. Una vez presentable, el mendigo fue interrogado y sometido a una minuciosa investigación. La pesquisa demostró que si bien la discapacidad no era fingida —como sucedía con otros mendigos— Mangilal no era nada desvalido en el aspecto económico.
Según informaron medios locales, los funcionarios descubrieron que el hombre ganaba miles de rupias al día mendigando, y prestaba dinero a los comerciantes del bazar, con tasas usurarias.
También comprobaron que no era una persona sin hogar, sino que poseía tres viviendas: una de tres pisos, una segunda casa de planta baja y un apartamento que le había cedido un programa de asistencia social del gobierno. Además, era dueño de dos mototaxis que alquilaba a terceros, además de un auto particular para que el que tenía contratado un chofer, con un un salario de 12.000 rupias (unos 130 dólares).
El propio Mangilal admitió que el dinero que ganaba mendigando en Safara no le era necesario para sobrevivir, sino una fuente de fondos para diversas inversiones. Durante la investigación, se reveló que familiares de Mangilal también se dedicaban a la mendicidad, y las autoridades investigan la existencia de cuentas bancarias a nombre de algunos de los integrantes del clan.
“Claro que voy al bazar, pero no mendigo, son las personas las que ponen el dinero en mi bolsillo o tiran monedas o billetes en mi tabla”, fue el argumento del hombre, cuando se le recordó que la mendicidad es ilegal en la ciudad.
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