Seré curioso

SERÉ CURIOSO

Navia: “Acá nos formamos bien como para salir al mundo a hacer lo que queremos hacer”

A punto de estrenar “La Peluquería de Don Mateo” en el 10, el humorista dice que su esposa fue la principal hacedora de su regreso al país.

28.01.2021 09:25

Lectura: 24'

2021-01-28T09:25:00
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Por César Bianchi

Fotos: Juan Manuel López


Álvaro Navia (54) es un tipo con suerte. Ni bien entró a Telefe con un bolsito en la mano con el primero que se cruzó fue con Marcelo Tinelli. No sabía qué hacer ni cómo saludarlo y fue Tinelli el que lo saludó: "¡Álvaro!". Lo había reconocido, porque lo terminó eligiendo cuando vio una cámara oculta filmada en Canal 4 donde el maragato se embutió en una pequeña camiseta de Peñarol y se "lookeó" como un hincha, digamos, pintoresco.


También tuvo suerte cuando, sin saber nada de carnaval, lo vio Enrique "Cachete" Espert y lo llevó a la murga Saltimbanquis. Allí incursionó en un mundo que le era ajeno, y aprendió mucho de los códigos de la actuación carnavalera. Tuvo suerte, cuando oficiaba de chofer y hacía un pequeño bolo de un árbitro de fútbol en Supersport, al cruzarse en los pasillos del canal con su coterráneo Omar Gutiérrez.


Pero Navia ayuda a la suerte con trabajo, y es de los que va en busca de lo que quiere hacer. No espera que le llegue. Por eso encaró al humorista y también editor de videos Diego Bello y le dijo: "Quiero trabajar en televisión". Este fue quien le consiguió el empleo de chofer, de ahí al papel de un árbitro al lado de Mario Uberti y de ahí al cruce con Gutiérrez. Y ayudó a la suerte cuando fue convocado para grabar esa cámara oculta en Uruguay y decidió construir un personaje lo más auténtico y risible posible. Luego, ya en Videomatch, pergeñaría a Waldo y entonces cantaría con Celia Cruz, Ricardo Montaner, Cristian Castro o José Luis Perales. Pero como buen uruguayo, en las épocas no tan buenas se vistió de perro y participó disfrazado al lado de una conductora argentina.


Tras haber conducido su programa de humor propio en Uruguay (Sé lo que viste en Canal 4), Navia regresó el año pasado al país con el formato de Polémica en el bar bajo el brazo. Él y Gaspar Valverde negociaron con Canal 10 y hoy el programa es sinónimo de éxito en rating y repercusiones. Ahora, en sociedad con la productora Film Suez, Navia llega este sábado al 10 con otra versión uruguaya de un clásico de la TV argentina: La Peluquería de Don Mateo. Navia está seguro de que la gente lo "uruguayizará" pronto y se divertirá con los entretelones de un humor que, entiende, es universal.

-¿Qué querías ser cuando eras chico?

-Yo quería ser tres cosas: maestro, por mi mamá que era maestra rural; comediante, porque siempre me gustó hacer reír, o cura. Yo crecí metido en la Iglesia de San José, con los curas, con los boys scouts, haciendo campamentos, y ahí aprendí la solidaridad, ese ritual que tiene la misa con su solemnidad. Y la vida me fue llevando... Estudié magisterio dos años... pero ganó más el cómico. Trabajé y me fui ganando mi camino como cómico.

-Mucha gente no lo sabe, pero antes de la TV participaste en el carnaval. Fuiste revelación con La Gran Muñeca en 1992, ¿no?

-Mi incursión en el carnaval tiene que ver con (Enrique) "Cachete" Espert. Yo no sabía lo que era el carnaval, no era mi ambiente. Yo estaba en las Estudiantinas de la Juventud en San José y a él le llegó que había "un muchacho en San José que era muy gracioso", y me fue a ver. A mi me dijeron: "Che, te vino a ver un empresario del carnaval". Desde entonces tengo una gran relación con Cachete. Yo nunca había participado de una murga, y él me lleva a Saltimbanquis que eran 14 leones rugiendo. Yo nunca escuché cantar igual. Yo hacía el cuplé adelante y te juro que te despeinaban. Así incursioné en Saltimbanquis. Después estuve en Los Maragatos, una murga de San José, y después fui a La Gran Muñeca con la familia Mega.

-Cuatro años después, en 1996, ya no eras una revelación: fuiste figura, también con La Gran Muñeca. ¿Cómo recordás aquel carnaval de los 90?

-Salí por segundo año en LGM en 1996 y ahí dije: "No salgo más en carnaval, este es mi tope". El carnaval fue un aprendizaje tremendo en actuación, pero no solo en eso, en la vida. Yo convivía con gente de 50 o 60 años y yo tenía veintipico. Viví la noche, vi lo que tenía que hacer y lo que no tenía que hacer, vi lo que era estar en un grupo tan heterogéneo, pero tengo un gran recuerdo: todos mis ex compañeros me cuidaban como un sobrino o como un hijo, Cachete también. Encontré una familia en el carnaval, porque me acuerdo que la costurera pertenecía a una familia donde todos cosían. En los tablados trabajaban todas las familias, me acuerdo del tablado de Mega. El tablado le enseña mucho al artista: tenés que pisar distinto, actuar distinto, cantar la hora de actuación y todo el tiempo cantando...

-Tu desembarco en la televisión se da, como en tantos casos, gracias a Omar Gutiérrez. ¿Cómo fue ese acercamiento con Omar, maragato como vos?

-Yo le tengo que agradecer a Mario Uberti y Diego Bello. Diego editaba Supersport, el programa de Mario. Yo hice carnaval con Diego y le dije: "Yo quiero entrar a la televisión". Él me propuso entrar como chofer a Supersport. Las cámaras llevaban cassette, yo levantaba las imágenes de todos los primeros tiempos para que vayan editando el partido, y después levantaba los segundos tiempos y también levantaba a los camarógrafos de canal 4. Así entré a Supersport, y también hacía de un árbitro que salía al aire, un segmento chico dentro del programa. Venían a patear penales y te ganabas un tiempo.

Después que estuve adentro del canal, encaré a Omar, le dije que quería trabajar con él. Él era el maragato más ilustre de San José. Empezamos con Sebastián Almada haciendo "los garrapiñeros", íbamos a 18 de Julio y siempre le vendíamos a un famoso. Después hice la novela con Petru (Valensky). Y cuando Videomatch vino a grabar una cámara oculta de "La Mesa de Andrea", ahí me vieron.

"Diego Bello editaba Supersport. Le dije: 'Yo quiero entrar a la televisión'. Él me propuso entrar como chofer. Yo levantaba los cassettes de los primeros tiempos para que vayan editando, y después levantaba los segundos tiempos y a los camarógrafos de Canal 4. Así entré a Supersport"

-¿Qué ve en vos la producción de Marcelo Tinelli?

-Todos los argentinos, o el 99% que yo conocí durante 25 años allá, tienen un cariño con nosotros... Entonces dicen: "Hay que ir a Uruguay" y todos levantan la mano: "¡Yo voy, yo voy!". Entonces vino una banda enorme a grabar cámaras ocultas acá y estaban todo el día en el canal (4). Y el productor, Marcos Gorban, un gran productor que ahora asesora a distintos canales, dice: "¿No se animan a hacer una cámara oculta con nosotros? Necesitamos hacer la hinchada de Peñarol, y que vengan con unos bombos". "Sí, claro", le dijimos. Era para hacer "La mesa de Andrea" con Andrea Frigerio. Cada uno agarró una camiseta y a mí me tocó una camiseta talle S, entonces me quedaba la panza afuera, una boina, un escarbadientes... ¡armé un personaje! Terminamos de grabar la cámara y me dice Marcos Gorban: "Yo te tengo que llevar a Argentina". "¿En serio?", le pregunté. "Sí, venite a hacer un casting", me dijo. Fui a hacer el casting, y mientras estaba haciendo el casting, la cámara oculta salió al aire.

Marcelo ve todo antes de que salga al aire. La estaba viendo y dice: "No pueden poner a un tipo así al aire, mirá lo que es" y Marcos le dice: "Es un actor, está haciendo un personaje. Y ahora está haciendo el casting". "Si ese es un actor, lo quiero ya". Y así entré, con la camiseta de Peñarol, que como Mirtha (Legrand), trae suerte.

-Waldo fue tu gran personaje. Incluso fuiste nominado al Martín Fierro revelación en Humor en 1999. ¿Qué tenía ese personaje de especial, que todavía hoy lo recuerdan?

-Es inexplicable por qué le llegan a la gente y tan masivamente... Yo estaba en un programa que marcaba 40 puntos de rating. El personaje era una mezcla de un tipo al que nunca iban a dejar entrar a un canal, por la forma en que estaba vestido y la forma en que hablaba, y ese es un punto de la forma en que yo trabajo los personajes. A mí me gusta encarnan los antihéroes, los perdedores. La gente se pone del lado del perdedor: yo crecí viendo a Minguito, las películas de Sandrini, Cantinflas... Waldo tenía esa mezcla de que cantaba, era medio uruguayo, hacía "ah, ah, ah", y después yo tuve la locura y el placer de cantar con Los Pimpinela, otro día canté con Celia Cruz, con Ricardo Montaner, Víctor Heredia, Luciano Pereyra, Cristian Castro, en España canté con José Luis Perales.

El personaje era un loquito al que le gustaba cantar, y venía con alguien. Un día, por ejemplo, era con una señora que hacía empanadas. Y Tinelli decía: "¿Pero sabe cantar? ¿La conoce alguien?" "No, no la conoce nadie, pero quiere venir a cantar conmigo y quiere conocerlo, Tinelli". Y era Celia Cruz que hacía de una señora que vendía empanadas. Tenía muchos puntos de contacto con la gente, que decía "mirá cómo Celia Cruz se presta para decir ‘ah, ah, ah' y decir que es una mujer que vende empanadas". Y los mismos cantantes se prendían, porque les encantaba salir de decir siempre lo mismo y hacer full playback. En la banda estaba Sebastián Almada que tocaba el piano, Pichu (Straneo) la guitarra, el gordo Braida tocaba la tumbadora, otro productor tocaba la batería, y todos se iban felices.

"Tinelli estaba viendo la cámara oculta y dice: 'No pueden poner a un tipo así al aire, mirá lo que es' y Marcos Gorban le dice: 'Es un actor, está haciendo un personaje'. 'Si ese es un actor, lo quiero ya'. Y así entré, con la camiseta de Peñarol, que como Mirtha, trae suerte"

-Para los que no lo conocemos, ¿quién es Marcelo Tinelli? ¿Cómo es este conductor y empresario tan poderoso en Argentina?

-Yo llegué a Telefe en el momento en que estaban Susana (Giménez), (Guillermo) Francella, Tinelli, Arturo Puig... era Disney. Yo llegué de San José a Telefe, Buenos Aires, sin escalas, con un bolsito. Entro a Telefe y me hacen recorrer un pasillo largo, como una cuadra, y a la primera persona que me cruzo es a Tinelli. Venía él de frente y pensé: ¿qué hago? ¿lo saludo, no lo saludo? Y me mira y me dice: "¡Álvaro!". ¡Me conocía! Y me dice: "La verdad que me comí que eras un loquito con la camiseta de Peñarol... Bienvenido, acá te va a ir bien. Ya nos veremos al aire". Eso fue un 11 de enero.

Marcelo es el jefe, y si te dice: "Esto no me gusta", tenés que hacerlo 70 veces. Pero después, yo fui a comer a la casa, nos fuimos de viaje y nos invitaba a comer a todos, fuimos a la cancha en España. Marcelo es un tipo que cambió la televisión argentina, rioplatense y sudamericana. Un tipo con una intuición para lo popular como pocos. Un buen tipo, un gran jefe.

-Después de llegar hay que mantenerse. Y tú estuviste 25 años trabajando en Argentina. ¿Cuáles fueron las claves de la permanencia, incluso ya fuera de Ideas del Sur?

-La disciplina. Yo no llego tarde, estudio la letra, porque a la larga, eso también sirve. Tengo claro lo que quiero y lo que no quiero. A veces tenés que hacer el gol, a veces hacer la jugada para que el gol lo haga otro o estar en el banco de suplentes. En todos estos años he sido una figura que siempre trabajó. A veces me tocó disfrazarme de perro y que no se me vea la cara, y para eso trabajé en un programa de animales en Canal 11, en Telefe, con Denise Dumas. Y también me tocó hacer el gol, estar nominado (al Martín Fierro), ser la figura de muchos programas. Hay que tener claro quién sos vos, y no importa el lugar donde te pongan. Yo puedo ser la figura de un programa y el que barre. Si me toca barrer, barro. Esta carrera es muy larga, porque también a veces les toca brillar a otros... Imaginate que yo haciendo de Waldo tenía a todas las estrellas de Videomatch -a Pachu (Peña), a Pablo (Granados), a Freddy (Villarreal), a Miguel Rodríguez- aplaudiéndome a mí. Y todos me daban una mano. Y tenía a Tinelli al lado, teniéndome el micrófono.

Por eso (de no creérsela) creo que siempre tuve trabajo, y cuando no lo tuve, lo salí a buscar. Lo importante de cada uno -yo lo descubrí después, cuando tuve mi familia- es que las cosas son de adentro para afuera. Cuando vos tenés un lugar donde volver, donde te digan "te quiero, papá", tu mujer te espere, si tenés un lugar donde volver, recargar las pilas y salir a comerte el mundo, bueno, eso es lo importante. Yo lo aprendí de grande. Me casé a los 40 con Vanina (Escudero). Porque a veces te va mal, vas a un casting y te dicen: "Esto no es para vos". Bueno, tu fuente donde juntar energía, donde te rearmás para salir, es tu familia.

-¿Qué te agregó hacer teatro en Buenos Aires y Mar del Plata?

-Acá hice teatro con el mejor profesor que pude haber tenido, porque me enseñó arriba y abajo del escenario, que es el flaco (Jorge) Esmoris. En carnaval nunca salí con él, pero hice mucho teatro con él, hice varias obras, y fue el mejor, el más exigente, el más metódico. La escuela de Esmoris me cambió. Y después, en Argentina, me dirigió Gerardo Sofovich, hice teatro con Nito (Artaza), con Moria (Casán), con todas las figuras de la revista y la comedia, produje teatro yo también. Cuando Iliana Calabró gana Cantando por un Sueño, ese año produje con dos amigos La familia con Iliana hace sonar la campana, porque era en el teatro La Campana de Mar del Plata. Hice Carlos Paz también.

En el teatro tenés a la gente ahí enfrente, el feedback es instantáneo. En televisión, si no hacés reír a los camarógrafos, o a alguno que esté ahí atrás, está bravo. El teatro sigue siendo una ceremonia. Es de esas pocas cosas que no ha cambiado en siglos. La gente se prepara, se viste para ir a verte. La televisión cambió, el formato del cine cambió, pero el teatro no. Es la conjunción de que te eligen, tenés a la gente enfrente y se tiene que dar esa magia en una hora y media. Sigue siendo lo más artesanal del arte, como la radio AM, te diría.

"Cuando vos tenés un lugar donde volver, donde te digan 'te quiero, papá', tu mujer te espere, si tenés un lugar donde volver, recargar las pilas y salir a comerte el mundo, bueno, ahí está lo importante. Yo lo aprendí de grande"

-Sé lo que viste (Canal 4), ¿fue la demostración de que podías conducir y dirigir tu programa propio en tu país?

-Yo acá ya había hecho, en Canal 12, Minuto para ganar y Parque Jurásico, pero yo quería tener mi revancha con el humor. En Sé lo que viste (SLQV) primero descubrí un grupo de amigos que hasta hoy se mantiene en un grupo de Whatsapp (con Leo Paccella, Rosina Benenati, Giannina Silva, Roberto Goffi, y todas las chicas que pasaron, y Juanjo Cerdeña, el productor del programa). SLQV fue un aprendizaje, fue sacarme el gusto de venir todas las semanas durante cuatro años. Y después también poder tener el timing de trabajar en Argentina y hacerlo también como se trabaja en Uruguay. A mí siempre me gustó tener una pata allá y otra acá, porque sabía que en algún momento iba a volver. Fueron cuatro años muy importantes de mi vida, incluso en esos años fui papá.

-No era del todo humor blanco como Telecataplum, Decalegrón o Plop. Con Sé lo que viste apelaste a recursos bien "argentinos" como chicas con poca ropa, el Colorado de Omar y hasta un enano (Hugo Pereyra). ¿Por qué traer a Uruguay esa forma de hacer humor? ¿Porque estaba probada y sabías que iba a funcionar?

-Lo que pasó con SLQV fue que mutó: empezó siendo un programa de archivo, con un panel de gente que opinaba sobre distintos temas. Yo le decía al productor Félix (Castro): "No es el momento de esto. Vamos a cambiarnos al humor". A mí me gusta armar equipos: "Chochandi" (Goffi) era productor del programa y yo le decía: "Yo te voy a hacer actuar". Yo veía que él tiene cosas de comediante. Y le encontré un personaje. Y alguien me presentó a Huguito (el enano), y había hecho cosas artísticas, es muy gracioso. Yo decía: ¿por qué no lo voy a usar? ¿Porque es enano? Aparte, él, en SLQV no hacía de enano, hacía de comisario, hacía de padre de Giannina (Silva).

Y el tema de las mujeres, nosotros hacíamos un sketch como el de las "gauchitas" o el de la comisaría y a nosotros nos divertía. Inclusive, Jimena Siri hacía de mujer sexy, pero llegó a venir embarazada, casi que dio a luz con nosotros. Y en todos los sketches, el perdedor siempre era yo. Nunca era ni con sarcasmo... Sí, eran mujeres lindas que trabajaban con nosotros. A veces uno le exige más al humor que a las novelas o a las películas. En una película hay un crimen y nadie dice: "Ay, qué espantoso, ¡hay un crimen!". O en una novela, el hombre es el millonario y la mujer es una chica pobre que viene del interior con una guitarrita y viene a trabajar de empleada doméstica. Y nadie dice: "Che, están denigrando a la mujer". En todos los años que hice Sé lo que viste nunca en la calle tuve una crítica y las chicas venían felices a grabar y nosotros éramos los que les decíamos: "Che, tápense un poco porque es un programa familiar". No decíamos malas palabras; sí, había mujeres lindas y tenía un humor "argentino", pero en Argentina (Ricardo) Espalter y (Enrique) Almada trabajaron con "Yuyito" (González), la "Tana" Alan, y otras. Y ellas te dicen: "No hubo hombres más caballeros y respetuosos que Espalter, Almada, (Eduardo) D'Ángelo, Berugo (Carámbula)". A mí siempre me gustó trabajar con mujeres, pero siempre desde el respeto y el compañerismo.

-Tu nuevo desembarco en la TV uruguaya se dio con la llegada de Polémica en el bar. Otra apuesta de un formato bien argentino, un clásico de la TV de allá. ¿Cómo se da esa negociación para traer ese formato a nuestra TV?

-Un día le dije a Gustavo Sofovich: "Quiero hacer Polémica y La Peluquería en Uruguay". Y él, que es el dueño de los formatos, me dijo: "Ok, yo te voy a firmar un poder". Pensé: ¿con quién hablo? Y me acordé que Gaspar (Valverde), que es amigo, estaba en Canal 10. Lo llamé y le dije: "Armá una reunión ahí en el 10". Y así fue, armamos una reunión con todos los gerentes del canal y enseguida dijeron: "Nos gusta, vamos a hacerlo". Y así, en menos de dos meses, nació Polémica en el bar. Yo les decía: "Lo más importante es quién ocupa cada silla. Cada silla tiene que ser una fogata que se prende, y después se prende otra fogata enfrente. Tiene que haber fuego". Cuando eso traspasa la pantalla, vos querés romper el televisor por lo que alguien dijo, o abrazar el televisor.

"Alguien me presentó a Huguito (el enano), y había hecho cosas artísticas, es muy gracioso. Yo decía: ¿por qué no lo voy a usar? ¿Porque es enano? Aparte, él, en Sé lo que viste no hacía de enano, hacía de comisario, hacía de padre de Gianina Silva"

-¿Cuáles han sido las claves del éxito de Polémica en Uruguay? Lo pregunto porque la sociedad argentina y la uruguaya son muy distintas, y quizás lo que allá gustara, acá no. Pero ha funcionado, y tiene altísimo rating. ¿A qué lo atribuís?

-La clave es que estamos en un canal que apuesta a la producción y permanentemente está comprando formatos. Tuvimos muchas reuniones para ver quiénes ocupaban esas sillas y cómo se trataban los temas, cómo lograr con temas que ya viste durante todo el día o toda la semana, y ahí se discute y cada uno que está ahí se tiene que olvidar que está al aire. Cuando estás ahí te tenés que prender fuego, tenés que estar encendido y poner toda la carne en el asador. Ahí está el éxito de Polémica.

-Ahora, ya como productor, aportás otro formato de Sofovich: La peluquería de Don Mateo. En Twitter hubo críticas, por entender que era una TV vieja, anquilosada, que tuvo su auge en los 80. ¿Qué te hace pensar que funcionaría en 2021 acá?

-La Peluquería tiene 56 años de vida. La televisión en Uruguay sigue teniendo vigencia. Ni Netflix ni ninguna plataforma se le acerca a la televisión de aire, para la familia uruguaya. Los uruguayos somos muy nostálgicos y siempre tenemos un rinconcito que te va a llevar al recuerdo. Todos vimos, aunque sea un pedacito, de algún Polémica en el bar (argentino) o La Peluquería de Don Mateo. Yo creo que la gente tiene la necesidad de reírse, tiene necesidad de ver un formato que lo lleve al pasado, pero inmediatamente lo vamos a "uruguayizar" a La Peluquería. Los temas van a ser uruguayos, los personajes van a ser uruguayos, pero el humor es universal. Vos lo podés hacer en China, con un peluquero chino, todos chinos, ¡y es una peluquería!

Yo creo que hoy, con la pandemia, y la fuerza que tiene la televisión uruguaya, La Peluquería es un formato que enseguida la gente lo va a meter en su preferencia. Va los sábados de noche, va a ser familiar, pero va a tener mucho humor, pero va a ser bien uruguaya. Va a entrar uno a hablar por teléfono, va a entrar otro a pedirle un consejo a Don Mateo y este le va a decir: "Sí, yo te doy el consejo, pero acá tenés que cantar". Se van a sentar políticos, cantantes, humoristas.

"Yo creo que hoy, con la pandemia, y la fuerza que tiene la televisión uruguaya, La Peluquería es un formato que enseguida la gente lo va a meter en su preferencia. Va los sábados de noche, va a ser familiar, pero va a tener mucho humor, pero va a ser bien uruguaya"

-En entrevista con El País decías que, en parte, la idea de abrir una productora era también exportar formatos de Uruguay hacia Argentina. ¿Crees que hay materia prima, talento e ideas frescas para concretar acá y exportar?

-El éxito que puede tener un futbolista uruguayo, un cómico, actor o director de cine uruguayo es que nosotros estamos formados como para hacer de todo. Cuando uno se va de Uruguay se va con una mochila adentro tuyo de experiencia, de sabiduría, nosotros acá nos formamos bien como para salir al mundo a hacer lo que tengas ganas de hacer. Por eso es que mucha gente dice: ¿Cómo viniendo de un país tan chiquito puede ser estrella de fútbol en Europa, o el director de cine triunfando en Hollywood, Estados Unidos [NdeR: se refiere a Fede Álvarez]? ¿Sabés por qué? Porque acá uno se convierte en un artesano de su trabajo. Entonces, acá con la televisión tan fuerte, y dado que se produce bien y se pueden producir ideas... Hoy en el mundo lo que se compran son las ideas. Entonces tenemos que probar acá y salir afuera a vender formatos. Estoy convencido que se puede hacer.

-¿Cómo ves hoy la TV uruguaya y las figuras nacionales?

-Noticieros, periodísticos (lo periodístico está muy fuerte y muy asentado) está muy bien. Nos falta el paso de la ficción, Uruguay sigue siendo caro para la ficción. Pero es una de las cosas que tenemos que mejorar. Empezar a hacer ficción, para recorrer ese camino. Hoy la televisión se mide por costo. Llevás un proyecto y te dicen: "No, inviable". Bueno, tenemos que pensar en costos, para poder hacer proyectos viables. Yo a la televisión la veo con muchas figuras. Hay una generación de cómicos nuevos que está muy fuerte, tanto hombres como mujeres, los vi en el 12 [NdeR: se refiere a "La culpa es de Colón"]. Somos un país chico, tenemos un techo, por eso tenemos que buscar negocios para sacarlos afuera. Uruguay tiene excelentes técnicos de cine, de publicidad... Yo creo que la TV sigue cumpliendo la función de entretener.

-En Argentina también encontraste el amor y formaste una familia, con Vanina Escudero. ¿Ella estuvo dispuesta a radicarse en Uruguay?

-¡Ella fue la que me trajo a Uruguay! Ella desde hace años se quería venir a Uruguay. Fue la gran hacedora de que la familia desembarcara acá. El motor de mi casa, la que piensa, la estratega, es mi mujer. Yo soy más: "Ay, no, pero ¿qué hago? Voy a tener que conseguir cuatro trabajos, y la escuela, y los nenes". Ella siempre tiene esa palabra que te dice: "Dale para adelante". Confía más en mí que yo. Me dio la fuerza, la convicción de que nos teníamos que venir a Uruguay. Ella ama este país y desde que nos bajamos del Buquebús fue como que respiró de otra manera y me dio la fuerza para armar la productora, para animarme...

Yo me vine tras 25 años en Argentina y me vine teniendo trabajo allá. Yo seguía en Polémica de allá, y Gustavo Sofovich me dijo: "Apenas esté la vacuna, vos tenés que volver. Un día al mes, dos, tres, pero tenés que volver". América, el canal, me dijo lo mismo. Pero yo sentía que este era el momento de venirme con mi familia, con mis hijos (Benicio de 6 años y Joaquina de 4). Vanina es arquitecta y quería trabajar acá, quería hacer su carrera acá en la parte de arquitectura y de arte, y de complemento de lo que yo hago acá. Nosotros tuvimos un año muy difícil allá... Ellos estuvieron ocho meses encerrados allá, fue una cuarentena muy dura, sin colegio, y acá es como respirar distinto. Allá el último año fue muy difícil.

-¿Sos feliz?

-Muy. Y me parece que tenemos que empezar a decirlo. Ya está bien la pandemia, ya nos enseñó, ya aprendimos la lección... Aprendimos que lo importante es lo importante, y lo que no es importante, no lo es. Lo importante es tener salud para salir a pelearla, como lo que sea, como carpintero, taxista o artista. Lo importante es la familia (aprendí eso de grande, a los 40), que tus hijos sean sanos, tener un rato para jugar con ellos, cuidar a tu pareja, cuidar el amor. Y después, en mi caso, yo soy feliz cuando la gente se ríe. No hay felicidad más grande cuando alguien viene y te dice: "No sabés lo que me cago de la risa cuando te veo". O cuando te dicen: "Mi vieja la está pasando como el culo, prende el televisor, te ve y se ríe". Ese es el principal premio que tenemos los que hacemos reír.

 

Por César Bianchi