Seré curioso

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Nasser: “El spot de artistas quedó como pontificador y yo me siento igual a cualquiera”

El músico vuelve con Níquel al Sodre el 7 de noviembre. Aquí repasa su vida y obra desde militante de la UJC a león herbívoro.

10.09.2020 11:14

Lectura: 27'

2020-09-10T11:14:00-03:00
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Por César Bianchi

Fotos: Juan Manuel López


Jorge Nasser (63) las pasó todas: fue un adolescente irreverente, militante de la UJC, que debió emigrar a Argentina para evitar males peores en los años duros. Allá cargó cajones, fue reponedor, se metió en el under porteño y ejerció el periodismo en revistas musicales. Se codeó con Los Twist, vio de cerca el debut de los Redondos con performances artísticas, entrevistó a Spinetta, Charly, Caetano Veloso y Gilberto Gil. Hasta que les mostró a los argentinos que en su país había un cantautor que andaba bien y estaba adelantado a la jugada: Jaime Roos. Lo investigó, lo conoció, escribió sobre él y luego le produjo su primer show en Buenos Aires. "Tengo unos temas", le dijo el joven Jorge al joven Jaime. Y cuando Roos lo llamó para decirle que le había conseguido un contrato con Sondor, ahí, precisamente ahí, su vida cambió.

Luego nació Níquel, explotó Níquel, fue furor Níquel. Hasta que se disolvió.

Y entonces, a reiventarse. Cambió el look, se metió con las milongas y el folklore, con la cosa melódica. Tuvo otros hits. Tuvo su propia película, festejó en el Teatro Solís tres décadas de trayectoria, y sufrió tres operaciones por una discopatía degenerativa que casi lo deja en silla de ruedas para el resto de su vida. "Mi columna y mis discos tienen 85 años... lo cual tiene sentido, para empezar que soy un músico y en los discos esté el problema", dice riéndose.

Nasser -el músico experimentado- se la jugó por el Frente Amplio en las pasadas elecciones nacionales. Y hasta participó de un spot junto a un colectivo de artistas comprometidos con el modelo que encarnó Daniel Martínez de cara al balotaje. En esta entrevista reconoce que lo puso "incómodo" y que con el diario del lunes advirtió que tenía un tono "pontificador" que no comparte. "Quedó como pontificador, como ‘mirá, pensá bien... yo te explico'. Y yo me siento igual a cualquiera. Yo voté al FA porque soy cualquiera, justamente", sostiene.

Y como "león herbívoro políticamente" que se considera ("soy un reformista, no un revolucionario"), Nasser reconoce que le gusta el accionar del presidente Lacalle Pou en el gobierno -a quien no votó, se sabe- y sostiene que quizás al FA le jugó una mala pasada creérsela. Algo así, quizás, le pasó a Níquel, especula. Para hablar en términos futboleros como le gusta a Nasser (y al uruguayo promedio), creer que el partido ya estaba ganado le pasó factura.

En su nuevo renacimiento, Nasser celebrará el 7 de noviembre en el Auditorio Nacional del Sodre el regreso de Níquel al Montevideo que ama. Le pregunto si hará solo viejos hits o tendrá canciones nuevas. Mira al fotógrafo Juan Manuel y lo pone a prueba. Agarra la viola y tararea: "Yo no te pido que compres la entrada/No estoy aquí para enseñarte nada/Yo no te digo que limpies mi ropa...". Le pregunta si conoce esa canción. "No", contesta Juanma. "Bueno, es un rock mío, lo escribí yo. Se llama Gusano Loco". De viejos temas nuevos irá la cosa en noviembre, cuando Nasser -el abuelo baboso de Rosa, de 2 añitos- vuelva a reinventarse haciendo rock.

-Mucha gente no lo sabe, pero de muy joven fuiste periodista. Escribiste en varios medios, entre otros en el mítico Expreso Imaginario porteño. ¿Qué recordás de esa época en la que ejerciste el periodismo?

-También fui notero freelance de Jaque, cuando volví a Uruguay, ya casi armando Níquel. Pero lo mío en el periodismo lo ubico en Buenos Aires y de buscar estrategias para acercarme al arte. Dibujaba historietas, hice cursos (de todo, de semiología, de letras de tango), cursos que no me terminaron sirviendo. Fueron mis primeros escarceos con lo artístico. Y ahí empiezo a trabajar en revistas del under.

Yo antes del Expreso estaba en otra revista, en Propuesta, que era una revista más con un tinte social y político y con más bajada hacia el jazz. Se ponía en otro lugar respecto a la música. Era más open-minded, escuchábamos a Piazzolla, a Hermeto Pascoal... Éramos más "culturosos". Y en el Expreso absorbieron eso para terminar de convertirse en la gran revista que terminó siendo. Ahí me llevan, y me vino fenómeno porque era otra paga. Trabajé en la revista Goles, cuando hice periodismo deportivo. Trabajé en Tiempo Argentino, en suplementos para La Opinión...

-¿Y cuándo te picó por primera vez el bichito de la música?

-De niño. A los 6 años empecé a estudiar guitarra, y me recibí de profesor de solfeo a los 11 o 12 con la profe de barrio, de enfrente a mi casa. Fueron todas cosas que terminan conjugándose, son cosas que después me dieron una mano en la vida.

-Te fuiste a Buenos Aires escapando de los militares en Uruguay, cuando militabas en la UJC, la Juventud del Partido Comunista. Pero allá no la pasaste nada bien: viviste en comunidades hippies, en la calle, te metiste en las drogas...

-Jaja, ¡la pasé alucinante! Donde la estaba pasando mal era aquí en Uruguay. De hecho, me fui, volví y fui detenido y le dijeron a mi viejo que no volviera más. En Buenos Aires nunca me detuvieron por temas políticos, si bien en la revista donde empecé a trabajar fueron y secuestraron a algún muchacho, algo bastante común. La frenada del Falcon estaba normalizada. Allá la pasé fenómeno, eran momentos dionisíacos, de destape; éramos una juventud que estaba desesperada por liberarse y encontrábamos cualquier vía de escape, como un toque de los Redondos, cuando era con performance teatrales. Yo fui al primer toque de ellos, me llevó (Claudio) Kleiman, me hice un poco con ellos. Y fueron los que me acomodaron la cabeza a una cosa más abierta. Yo había llegado con una cabeza militante.

Después me di cuenta que todo eso no estaba bueno... Me sentía un poco encorsetado por estar en un partido político. Yo me fui de esa militancia política porque me fui. Fue una etapa que la terminé y dije "esto no es para mí"; lo que sí era para mí era ese ambiente de drogones, rockeros, donde conocí a Daniel Melingo, recién estaban empezando Los Twist, en fiestas en casas de familia, con Pipo Cipolatti, Fabiana Cantilo, yo era uno más, como un allegado del under. En las revistas entrevisté a (Luis Alberto) Spinetta, Charly (García), (León) Gieco, los grandes. Y después entrevisté a los brasileros, cuando desembarca la MPB allá: Caetano (Veloso), (Gilberto) Gil, a Milton (Nascimento), a Paco De Lucía.

-¿Y qué rol juega Jaime Roos en ese momento?

-Yo escuché a Jaime y me di cuenta que Jaime era el futuro. Yo escuché Para espantar el sueño, su segundo disco, y después escucho Candombe del 31. Pero el primero que escucho es Para espantar el sueño y la verdad que me dio vuelta el mate. Estaba adelantado a su época. Yo estaba en el Expreso Imaginario y era medio el especialista de música latinoamericana. Ahí les propuse hacerle una nota a Jaime Roos, no sabían ni quién era, por supuesto. Por eso la nota la titulé "Había una vez un Jaime Roos", una nota central, que anda por ahí en las redes. Me vine a conocer a la madre, recuerdo. Empiezo a investigarlo, y me escribo por carta con Jaime. Me contesta unas preguntas por carta. Cuando él viene, nos conocemos y yo le consigo unos shows en Argentina, le produzco sus primeros shows en Argentina a Jaime, como le produje a Falta y Resto.

Y bueno, en una de esas noches, le digo a Jaime la clásica: "Vos sabés que yo tengo unos temas...". Y el loco me dice: "Bueno, te voy a decir lo que opino de los temas, pero si no me gustan, te lo voy a decir". Y le gustaron. Pero el tema no se tocó más. Yo empecé a tocar como solista en Argentina, tenía una banda y al tiempito él me llamó y me dijo que me había conseguido un contrato con Sondor. Había mostrado mi música acá, les había interesado y si viajaba a grabar a Uruguay, él me producía el álbum. Y no lo pensé dos veces.

-Precisamente, en 1984, en los albores de la democracia, sacaste Era el mismo, un álbum pop que tenía fusiones de candombe y murga, producido por Jaime Roos para el sello Sondor. Ese fue tu debut como músico solista. ¿Advertiste que empezaría una larga carrera, o en ese momento era un hobby?

-No, no tenía la menor idea, iba viviendo el momento. Eso lo conservo hasta el día de hoy. Si bien tengo instinto, el olfato es mi gran guía, no soy de tener todo muy planificado para adelante. Es más, cuando terminé de hacer Era el mismo, yo ya quería tener una banda de rock.

-Dos años después, en el 86, te juntás con el guitarrista argentino Pablo Faragó y ahí nace Níquel, con disco homónimo en 1988. ¿Tenían claro desde el inicio que iban a ser una banda de rock?

-En el primer afiche decía candombe-beat y tocaba "Cacho" Tejera, que había sido percursionista de un grupo que fusionaba rock y candombe acá que se llama Sindikato, un grupo muy conocido en su momento. Cacho era un monstruo. Él estuvo ahí como acompañándonos y hacíamos una cosa más rockera de lo que tenía elementos de fusión con el candombe. Era un candombe beat un poco más rockeado. Y yo empecé a desarrollar un gusto por la guitarra distorsionada, escuchaba mucho Hendrix, Neil Young. Estaba Estela Magnone también en esa primera formación. Era un álbum muy ochentoso, con new wave. Cuando grabamos ese primer álbum me pasó lo mismo que cuando grabé mi álbum solista: cuando lo terminamos, yo ya estaba en otra cosa. Le pasa mucho a los músicos eso. Terminás algo y ya te aburrís, estás buscando hacer otra cosa, estás buscando tu identidad.


"Le produje a Jaime sus primeros shows en Argentina. Y en una de esas noches, le digo: 'Vos sabés que yo tengo unos temas...'. Y me dice: 'Ok, pero si no me gustan, te lo voy a decir'. Al tiempito me dijo que me había conseguido un contrato con Sondor"

Ahí aparece Gusano Loco, compongo las canciones que en el 89 van a ser Gusano Loco, y como que ahí sí. Ahí tengo una especie de iluminación: había encontrado el sonido que estaba buscando plasmar.

-Se transforman en una banda de rock muy popular en la restauración democrática y durante toda la década del '90. ¿Cómo podrías explicar el éxito de Níquel? ¿Por qué pegó tanto?

-Porque era una banda de rock auténtica, de tipos que vivían como rockeros, aparte de tocar rock. No teníamos otro laburo. Éramos rockeros y punto. Nos cagamos de hambre lindo al principio, pero estábamos jugados. Y por otro lado, teníamos una estética diferente a lo que era el rock de los ‘80. En esa época estaba el Cuarteto de Nos, Los Estómagos, después Buitres (tocamos con ellos a principios de los ‘90)... Me parece que nosotros encarnamos los ‘90, apenas empezó la década, porque nuestra estética era más de rock americano. No le debía tanto a lo que se veía y se escuchaba en los programas de Alfonso Carbone, que había impuesto a The Cult acá, aunque no era recontra conocido allá, era un grupo más, y acá era muy popular.

Nosotros empezamos a escuchar mucho Chuck Berry, mucho rock americano, Bruce Springsteen, estaba Guns N' Roses, empezamos a decodificar las claves de la década del '90, tocábamos nuestras propias canciones y era un rock para arriba, un rock con seducción, tenía una cosa de testosterona... Era atractivo para ambos sexos, era bisexual nuestro rock.

-Tuvieron decenas de hits en 15 años de carrera, pero el videoclip de "Candombe de la Aduana", y la propia canción, sonaban por todos lados... Ese himno al barrio donde te criaste y desde donde te subías a camiones de sandías para ir de polizón hasta Paso Molino, ¿es un antes y un después en tu carrera?

-Sí, sí, sí, de la banda también. Y para mi carrera posteriormente... yo no sabía que tenía una vida después de la banda, y después resultó que sí. La compuse en la casa de mi viejo, en Cerrito y Guaraní, y recuerdo claramente que la compuse de una forma, era como un candombe rápido, era como un puente a los candombes que había dicho en mi disco solista que se pasaban en los candombailes, tenía como un ritmo rápido al principio. Y a mí no me convencía. De hecho, grabamos después otra versión buscándola un poco más por otro lado, para Gusano Loco, y tampoco me convenció. Tuvimos un problema con la compañía, que en aquel momento era Discovery, porque esperaban que la canción estuviera ya. Siempre fue una canción que cuando la tocábamos, todo el mundo paraba la oreja. Y a mí me llamaba la atención. Para mí fue una canción más, buena como cualquier otra.

Hasta que en un momento se volvió balada -eso de "la basura ciudadana"-, agarró una cadencia. Cuando ella encontró su fórmula, fue mágico. Cuando empezó a sonar así, ahí sí dijimos: "Es este tono". Empezamos a sentir lo que la gente sentía.

-Fueron la primera banda en hacer un acústico...

-Fuimos la primera banda en hacer un disco acústico, íbamos a la tele a tocar. A la tele no se podía ir porque sonabas mal. No había tiempo para probar sonido. Era algo que estaba establecido; la generación anterior no lo había hecho por la falta de cuidado y de respeto a la música en la TV. Nosotros decidimos enfrentar esa situación. No es que nos daban más bola por ser nosotros, pero igual fuimos, armábamos y probábamos en las tandas (del programa de Omar Gutiérrez). Nos importaba mucho más ir, estar, sonar. Y las canciones hicieron el resto.

-Entre el 95 y el 2000 empezaste a explotar el rol de productor musical, sobre todo en trabajos de candombe o folklore (Cuarteto Zitarrosa, Eduardo Da Luz, Roberto Darvin, Lágrima Ríos y Teresa Parodi, entre otros). Fue el inicio de tu coqueteo con el folklore, se podría decir. ¿Disfrutás del producir a otros artistas?

-Sí. Ahí me entré a copar. El folklore me gustaba de antes, pero yo también era parte de una sociedad y un ghetto rockero. Había compartimentos estancos. El canto popular había significado una cosa, había una lectura política con la que yo no comulgaba. Iba más por Jaime Roos, iba por el lado del medio. A los rockeros no nos gustaba el canto popular. Se suponía que el rockero estaba en contra del cantopopu, y el cantopopu en contra de los rockeros. Como dijo Omar Herrera: "El último cantopopu va a morir ahorcado con una cuerda Fender" y se terminó su carrera, por haber dicho eso. Y éramos agresivos unos con otros, veníamos de un tiempo de una gran intolerancia.

-Ya a comienzos de este siglo vendría Efectos personales y el éxito de "Luchadores en lodo", a dúo con Sandra Mihanovich. Después incursionaste en la milonga y en 2003 llegó Milongas de querer. Hasta cambiaste de look, empezaste a lucir un look cowboy. ¿A qué responde este cambio brutal en vos como artista?

-En Efectos personales tenía "Luchadores en lodo", como decís, que es una milonga pop-rock. Ahí ya está todo lo que después hice, está mi estilo en ese primer álbum solista pos-Níquel. Después lo desarrollo con distintas canciones, profundizo. Tal vez el disco más popular fue Milongas del querer, porque tiene "A tus pies"; después viene Por milonga, que es un disco muy folklórico.


"Níquel era una banda de rock auténtica, de tipos que vivían como rockeros. No teníamos otro laburo. Éramos rockeros y punto. Nos cagamos de hambre lindo al principio, pero estábamos jugados. Y por otro lado, teníamos una estética diferente a lo que era el rock de los ‘80".

Necesitaba desintoxicarme artística y humanamente. Estaba lleno de toxinas. Estábamos agotados de tirar del carro del rock. Estábamos en un momento muy difícil del país. Los fines del siglo pasado (1998, 99) fueron años muy duros para la cultura, muy duros para todo. No había un mango. No teníamos de qué agarrarnos, no había lugares de qué tocar, era todo muy apocalíptico, muy oscuro. Era la previa de todo lo que después vino en 2002, cuando la mitad o tres cuartas partes de la hinchada de Níquel emigró. Yo recibo en mis redes continuamente mensajes de gente que está en cualquier parte del planeta y me dicen que eran hinchas de Níquel. Es como si se hubieran mudado todos. Y yo viajé en 2002. Hice el disco y me fui de gira a España y Estados Unidos. En Estados Unidos tomé contacto con la cultura de la frontera, el tex-mex, en Chicago fui a ver blues y terminé en un local para comprarme algún accesorio para la vestimenta. Y ahí vi los sombreros, y me enteré que era algo mexicano eso. Que toda esa cosa de la tradición del oeste, toda la vestimenta que hay es de origen mexicano.

-El cowboy de Marlboro...

-El cowboy de Marlboro es la apropiación cultural. El tipo que me vendió el sombrero me dijo: "Nunca digas que este sombrero que te estoy vendiendo es un sombrero de cowboy, porque los cowboys nos lo sacaron a nosotros, y yo soy mexicano". Me quedé con eso. Y otra cosa es que yo veía mucha gente vestida así en los suburbios de la ciudad, lo que llaman ellos white trash, basura blanca, que son los que no tienen un mango, pero son blancos. Entonces empecé a vestirme así, y empecé a hacerle un homenaje a ese sombrero llanero, que también lo encontrás en Venezuela, Colombia, o el norte de Brasil. Lo desarrollé un poco estéticamente, me pareció que era una estética rupturista, me divirtió mucho.

-En 2015 y 2016 celebraste 30 años de música en el Teatro Solís y el Auditorio del Sodre. ¿Te permitiste disfrutar esos conciertos celebratorios?

-Absolutamente. En parte el álbum (Nasser 3.0), ganó el premio de disco del año, Graffiti y todo, porque fue un placer. No paró la celebración desde la tarde, cuando fuimos a probar sonido. Fue una fiesta perfecta. Yo sabía que cuando yo estaba arriba del escenario, detrás (Gabriel) Peluffo con los hermanos Méndez estaban cantando unos tangos, yo estaba tocando con el "Chapa", tocamos blues, tocamos un montón de canciones de Níquel que hacía pila no tocaba... Estaban mis hijos. Después de eso me formatee, ahí me dieron el premio a la trayectoria, terminó siendo un verdadero resumen. Entonces después de eso, otra vez me tocó reinventarme.

-Sos un artista comprometido políticamente. En las últimas elecciones apoyaste a Danilo Astori en Asamblea Uruguay, y de cara al balotaje te sumaste a un colectivo de artistas que llamaron a votar el modelo del FA, contrapuesto al de Lacalle Pou. ¿Sos de los que cree que un artista debe jugársela?

-Lo que yo hago, más allá de ser un artista, de que el mundo del entretenimiento implique una gran exposición, no deja de ser un trabajo y un oficio. Como el de peluquero. Entonces, yo reivindico expresarme como ciudadano, como lo hace un peluquero. Nunca aproveché mi música para inculcarle nada a nadie. Mi canción más comprometida socialmente es "Carritos de mi ciudad", que habla de algo que las intendencias del FA no lograron resolver, que son los carritos de hurgadores.


"El álbum Nasser 3.0 ganó el premio de disco del año, Graffiti y todo, porque fue un placer. No paró la celebración desde la tarde, cuando fuimos a probar sonido. Me formatee, ahí me dieron el premio a la trayectoria, terminó siendo un resumen. Después de eso, otra vez me tocó reinventarme"

Considero también que los apoyos y las posturas de los ciudadanos y los modelos pueden cambiar. No son permanentes. Pero claro, se entró en una lógica nueva... yo vengo de una lógica de antes, una lógica batllista, donde el rico y el pobre están sentados en el mismo banco. Yo en edad escolar iba a hacer deberes a la casa de un rico que tenía mucama y de repente al otro día iba a la casa de un loco que vivía en un rancho. Por eso reivindiqué siempre a la escuela pública. Esa es mi militancia, eso es algo que no se toca. Para mí, un tipo que se dice progresista y no manda al hijo a la escuela pública, falla. Pero también si debatimos y me dice: "Ok, pero yo tengo guita y se me antoja mandarlo al Crandon", ok también. Tampoco es "¡quémenlo en la plaza!". Yo apoyé a una fuerza política porque me gustó cómo venía trayendo al país. Pero si yo fuera político, le diría a todos los dirigentes frenteamplistas que manden sus hijos a la escuela pública si quieren ser coherentes con el proyecto que tienen.

-Dijiste en De Taquito (970 Universal): "Ciertamente yo no tenga las mismas oportunidades manifestando abiertamente mi apoyo al FA, quizás no tenga tanto trabajo en el interior", dijiste. Y ahí decías que en Lavalleja hace años que no estás, que no te llaman. ¿Sentís que te jugó en contra anunciar tu apoyo al FA?

-Pienso que me jugó en contra por el sistema de trolls-center... Hay una estrategia muy pesada que se viene desarrollando en todo Latinoamérica, Estados Unidos y el Brexit en Europa... Hay una nueva manera de acceso al poder y la información que incluye trolls-center, cosas que vimos en Argentina y que son mundiales, donde han establecido nuevas reglas de juego para la política y en las cuales una de ellas es que quien se manifieste y pueda influenciar a otros, tiene que ser golpeado. Cómo puede ser que un tipo que es candidato de una fuerza política y va a tener miles de votos hace un posteo en una red social y tiene 40 posts negativos. Eso es porque hay gente paga y algunos son idiotas útiles que están manijeados (la mayoría son pagos), con hashtag... Hay tremendos estudios de prestigiosas universidades y está bastante a la vista, pero a la vez, la gente come, ¿viste? Comemos todos. Pero considero que sí, que fui perjudicado, por haber dicho algo tan simple como "apoyo al FA".

-De cara a noviembre se daba una suerte de plebiscito de modelos. Así se planteó. Hasta el Pit-CNT se pronunció apoyando el modelo que encarnaba el FA. Y vos participaste de un spot con un colectivo de artistas que apoyaba a Martínez...

-Y también fui perjudicado por haber participado de ese spot, porque no pregunté mucho de qué iba. Si hubiera sabido que el resultado final era ese... quedó como... (pide tiempo para elegir bien la palabra) pontificador. Quedó como pontificador, como "mirá, pensá bien... yo te explico". Y yo me siento igual a cualquiera. Yo voté al FA porque soy cualquiera, justamente. Mirá, yo me daba cuenta que el tema de la seguridad estaba inflado. Y yo sabía que la inseguridad iba a ser la de ahora: la misma o más. Pero te digo: me sentí un poco incómodo con el spot después. Y también con que los artistas fuimos a la hoguera y se armó una batalla cultural... Sumale que las redes sacan lo peor de la gente, no hay buenos y malos. Yo me sumé al sector de Astori, un sector moderado en la izquierda. Me considero un reformista, no un revolucionario. Soy un león herbívoro políticamente. Y creo que este gobierno ha hecho cosas bien.


"Siempre reivindiqué a la escuela pública. Esa es mi militancia. Para mí, un tipo que se dice progresista y no manda al hijo a la escuela pública, falla. Si fuera político, le diría a todos los frenteamplistas que manden sus hijos a la escuela pública si quieren ser coherentes"

-Ahora que hay un gobierno de otro signo político, y una coalición de cinco partidos, ¿cómo evaluás la marcha de este gobierno?

-A mí me gustan cosas del presidente. El presidente (Lacalle Pou) está en la jugada, es un loco dinámico, joven para la política uruguaya, es un tipo vivo, inteligente, que si se tiene que doblar se dobla, no se rompe. Y eso me gusta. Es un tipo que si tiene que ir, va. Me parece que dentro del FA no había alguien como Lacalle. No había un dirigente parecido a él, un loco con experiencia parlamentaria, que sabía lo que era negociar. Creo que la dirigencia del Frente, al cerrarle los números y al ser una gestión que por todos lados se veía que era buena, eso le dio una cierta soberbia también. Al uruguayo no le gusta. Vos podés hacer bien las cosas pero tenés que mantenerte con perfil bajo. Y ahora que lo pienso, capaz que me pasó eso con Níquel. Creo que Níquel era una súper buena banda, pero teníamos esa cosa de arrogante, de "sí, la hicimos bien", y la gente nos hizo pagar eso. No me extraña que a la gente le haya pasado eso con el Frente, y creo que no reaccionó a tiempo con el tema seguridad. Gustavo Leal entró tarde a ese partido, ese cambió debió hacerse ni bien comenzaba el segundo tiempo.

-Volvamos a lo artístico: en 2017 estrenaste película: El camino de siempre de Julio Sonino, recorriendo la cuna del rock estadounidense. ¿Qué te dejó la película?

-¿Vos te das cuenta? ¡Tengo una película! Está ahora online, para verla en la web de TV Ciudad. La película la recomiendo. Mirá que no me gusta todo lo que hago; si veo mi primer álbum solista, hoy no me representa. Tengo mi propio ránking de las cosas que hago, y te digo que la película está bárbara... ¿Sabés por qué? Porque no es un panegírico de Jorge Nasser, sino que va bordeando la vida del tipo... La clave de la película es que el director y el guionista es una persona que me conoce muy bien, y es una especie de quinto Níquel y sabía que yo era más que la imagen que el público tiene de mí. Le interesaba mucho mostrar un costado que muy poca gente tiene de mí. La gente ve al de antes y piensa en el que se vestía de cuero, tenía pelo largo, se llevaba todo por delante, y después fue el sombrero. Siempre me gustó eso de provocar al uruguayo pacato. Eso es una cosa que se ha destacado mucho en mi carrera, y no tanto mis canciones, mi vida familiar, hincha de River, de la Aduana.

-¿Siempre fuiste hincha de River? ¿O te simpatizaba uno de los grandes, y en un momento te decidiste por River Plate?

-Los Nasser = hinchas de River. Sos de la Aduana, sos del puerto, sos de los barcos, sos de las dársenas, ¡sos darsenero! No hay chance. La cancha está en el Prado, pero mi viejo me explicó todo. Son siete tíos, de los cuales mi viejo era el más chico. Yo de chico ya nací conociendo lo que era la chata del Olimpia, ya sabía cómo late la Aduana. Por eso "conejo de la galera del puerto". Yo sabía de chico que los estibadores antes de entrar a trabajar en el puerto se encajaban dos grappas con limón a las seis de la mañana. Los veía. Yo volvía de andar con Jaime por ahí en la noche, en la bohemia rockera montevideana, y veía a los estibadores bajarse una grappa antes de entrar a cargar bolsas. Todo eso es River. La emigración sirio-libanesa, judía, crisol de razas (que es la calle Colón), y el Waston, y las piñas...

-¿Cuál fue el primer ídolo que viste en River?

-(Fernando) Morena. Yo alcanzaba la pelota en un partido que Morena debutó, entró en el segundo tiempo e hizo dos goles. Y desde ese día no paró de hacer goles. Vi muchos equipos de River y grandes jugadores... Carrasco, "Petete" (Correa), Schiappacase. Es una forma de ver el fútbol.

-¿Por qué volver con Níquel? ¿Y por qué ahora?

-Porque va en esa línea de lo que he sido siempre como artista. Me parece que el rock es una cosa de gente grande. Somos la generación del rock y está bueno reclamarlo para nosotros. ¿Y por qué en este momento? Porque en este momento se dio, porque no es el momento ideal. Me gusta el hecho de que no sea el momento ideal; no puede haber lugar a ninguna especulación. Y estamos llamando a otro tipo de gente. Hicimos un show en Magnolio, y hay dos generaciones que van a ver a Níquel: los padres y los hijos. Y van a ver rock. Siento que es un momento muy rockero, muy de rebeldía.

-Casi no llegás a festejar tus 30 años como músico. En 2013 las múltiples hernias de disco derivaron en una lesión muscular que casi te deja paralítico. ¿Pensaste que podías quedar paralítico?

-Sí, era una de las posibilidades. Me dijeron en Argentina: "Si usted no se opera ya, de la cintura para abajo, nada". Guau... Hasta ahí era todo joya (simula que va caminando y tirándole besos a la gente). Mi vida había sido divina. La pasé mal de militante, pero después que entré en el under argentino, conocí a Jaime, me quiso producir un disco, fui laburante, pero a la vez las cosas que fui queriendo hacer las fui haciendo... Rock, después la milonga, y en 2010 ¡zas! Ahí me diagnostican una enfermedad que se llama discopatía degenerativa, o sea que se te van jodiendo los discos de una forma mucho más acelerada que a una persona normal. Mi columna y mis discos tienen 85 años... lo cual tiene sentido, para empezar que soy un músico y en los discos esté el problema. Me hicieron una operación de columna, después otra y una tercera. Creo que a Bob Dylan y a Neil Young los operaron de lo mismo.


"Me gustan cosas del presidente. El presidente (Lacalle Pou) está en la jugada, es un loco dinámico, joven para la política uruguaya, es un tipo vivo, inteligente, que si se tiene que doblar se dobla, no se rompe".

-¿Vivís la vida de otro modo desde ese momento? ¿Qué aprendizaje sacaste?

-Y bueno, después de eso estuvo el 3.0. Para empezar fue como un rebirth (renacimiento). Fue la primera vez que volví a tener colgada una guitarra, como ahora. Ahí me di cuenta que había estado tres meses sin colgarme una guitarra, y nunca en mi vida había estado tanto tiempo sin una guitarra. Sentí que podía dedicarme a cualquier cosa. En algún sentido fue medio liberador. Y después, de vuelta, a través de Francisco, mi hijo mayor, se ofreció a grabarme un disco (por si no podía tocar más), porque yo tenía canciones. Y ese fue Pequeños milagros, un álbum doble donde mezclo todo: hice milongas, rock...

Y ahí empecé a darme cuenta que tenía una deuda ahí. Eran cabos artísticos sueltos. "Che, pero Níquel nunca sacó un comunicado despidiéndose". Lo cual es una falta de respeto al público. Y entré a elaborar lo que había pasado y dije: "Caramba, si mañana quiero empezar a tocar (rock), quiero retomar desde donde terminé".

-¿Qué sensibilidad nueva exploraste al ser abuelo?

-Es como una capa de dulce, viste... Es algo... ya es como "ta", como hacer el tercer gol, o el cuarto gol, el partido ya está ganado, y hacés un gol más. Lo gritás y te abrazás, es tanto que ya está... Aparte es una nena (Rosa, de 2 años). Yo tengo tres varones, éramos un clan y que aparezca esta chancletita, qué decirte. El padre (Francisco, tecladista de No Te Va Gustar) está de gira, entonces ve al "Tata", y el padre le pone temas míos en YouTube. ¡Le gusta (Eduardo) Mateo!

-¿Sos feliz?

-Cuando soy feliz, soy feliz. Antes era feliz y no me daba cuenta. Antes era feliz y pensaba que era lo menos que me podía pasar, y eso no estaba bueno. Cuando ahora me toca ser feliz, soy recontra feliz

Por César Bianchi