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¿U-ru-gua-yo?

Murió el Uruguayo Richard, el "más sanguinario barra de la historia argentina"

La historia del hombre que le partió un diente a Migliore y sembró el terror en todas las canchas.

03.10.2019 11:39

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2019-10-03T11:39:00
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Tras una semana internado en el hospital Fiorito, paralítico y con grandes dolores, falleció una figura oscura del fútbol argentino: el Uruguayo Richard.

Una crónica de Gustavo Grabia para Infobae recuerda que en sus épocas de "gloria", Richard pagaba rondas de champagne de botellas de 100 dólares en La Doce, la barra de Boca a la que convirtió en la más pesada de todas.

Una infección le produjo una reacción en cadena y tras siete días de internación, falleció ayer, siendo velado al mediodía en una sala de Avellaneda. "En el féretro bien podría haberse escrito la leyenda ‘aquí yace el más sanguinario de los barras de la historia argentina', porque eso fue, en vida, el Uruguayo Richard: un hombre en las formas, el rostro del mal en lo profundo del alma".

Nació en un hogar humilde de Montevideo el 15 de mayo de 1968 en Montevideo. "Sus conocidos dicen que aprendió rápido los menesteres del mundo del delito que le enseñaron en el barrio el Cerro", dice el cronista, que agrega que cruzó el charco no para trabajar sino a robar.

"No le fue mal de entrada: joyerías, entraderas, salideras bancarias, todo era bienvenido en el mundo del Uruguayo Richard. Hasta que la Policía lo puso en la mira como uno de los más buscados y su suerte a finales de los 80 comenzó a extinguirse", indica el relato. Pasó 11 años en prisión, siempre trasladado por mal comportamiento.

Llegó a liderar un espectacular motín en diciembre de 1993, exigiendo mejores condiciones y tomando 24 rehenes: en la terraza del penal tenía tomado por el cuello a un guardiacárcel que colgaba hacia el vacío y "mientras amenazaba con arrojarlo usaba un megáfono para hacer conocer sus exigencias".

Tras el asesinato de dos hinchas de River en 1994, la plana mayor de La Doce (con el Abuelo José Barrita incluido) terminó en el penal de Devoto. Y, según Grabia, "debieron entender rápido que una cosa era la tribuna, y otra la cárcel", donde no dominaban ellos, sino Richard.

Uno de los líderes de la barra de Boca, Rafael Di Zeo, se sorprendió de semejante poder y le propuso al Uruguayo un trabajito para cuando saliera: inmunidad y zonas liberadas para el delito a cambio de ser su guardaespaldas. Fue así como Richard, que era hincha de River, se incorporó a la barra de Boca.

Fue ese el comienzo de su mejor momento económico, en "tiempos de autos importados, noches vip en Cocodrilo y cadenas de oro cruzándole todo el cuerpo".

Se volvió el dueño de la barra cuando De Zeo marchó a la cárcel y "sembraba terror en todas las canchas". "Le partió un diente a Migliore cuando éste se negó a cederle parte del sueldo, tomó para sí el negocio de los micros y su cobertura con la policía era tal que mientras se paraba todos los domingos en un lugar central del paravalanchas, tenía una orden de captura vigente por robo pero insólitamente nunca lo hallaban", dice la crónica.

En una interna con los otros delincuentes de la barra, cuando "intentó quedarse con todo", empezó el desbarranque. "Primero le secuestraron al hijo, cuyo rescate fueron 100.000 dólares. Como no entendió el mensaje, sus rivales en la barra pactaron con la Bonaerense y finalmente Richard fue preso en 2009, tras varios episodios a puro balazo que sembraron de miedo a todo el barrio", señala Infobae.

Cuando salió, en 2011, quiso recuperar su sitial de poder pero tras una discusión con sus excompañeros "tres balazos le quemaron la espalda y se le clavaron en la espina dorsal", dejándolo paralítico.

Siguió su carrera delictiva con el narcotráfico y en una ocasión quiso cruzar 15 kilos de cocaína a Uruguay, cuenta la crónica. Con prisión domiciliaria, fue cayendo en la depresión mientras los dolores en el cuerpo se le hacían más intensos.

Le contó al propio Grabia. "Sí, soy el monstruo que todos pintan. Manejé pabellones, penales, la cana me ve y me tiene miedo. Pero ahora estoy acá. Me tuvieron que tirar por la espalda porque si venían de frente, sabían que los mataba a todos. Porque soy irrompible. Estuve unos días con San Pedro y ahora estoy hablando con vos, ¿entendés?".