Seré curioso

Con Gonzalo Moratorio

Moratorio: “Creer que el partido está ganado es el peor error que podemos cometer”

El virólogo del Inst. Pasteur y la Facultad de Ciencias lamenta ver a los uruguayos “relajados”. Volvió de Francia para hacer ciencia aquí.

28.05.2020 13:13

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2020-05-28T13:13:00
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Por César Bianchi

Fotos: Juan Manuel López


En febrero, Gonzalo Moratorio (37) la llevaba muy tranquila. Había llegado en junio de 2018 al país tras un extenso periplo europeo -donde llegó a jugar en el "PSG" francés- y se dio el lujo de volver a Montevideo para estar cerca de sus afectos, de una tabla de surf con amigos o las jornadas de fútbol dirigiendo al Arquitectura Jrs. de la Liga Universitaria, competencia que lo tuvo como un rústico pero rápido zaguero.

Si fuera futbolista, Moratorio ya tendría que ir pensando en colgar los botines a su edad. Pero es científico, virólogo, y por estos días de pandemia vive un momento clave en su carrera profesional que le depara reconocimiento y admiración de todos los uruguayos. Este muchacho se graduó en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar), hizo un Máster en Biología Celular y Molecular, se doctoró entre el Pasteur de Montevideo y la Universidad de California, en San Francisco, y luego realizó un posdoctorado en Virología Molecular en el Pasteur de París, donde estuvo trabajando durante casi seis años.

Había decidido volver porque la Udelar lo estaba esperando, y él tenía el berretín de aplicar "una nueva escuela" dentro de su disciplina, la virología. Estaba tranquilo con su puesto de doble filiación como investigador del Institut Pasteur y la Facultad de Ciencias, dirigiendo su equipo en la Liga, yendo a surfear a Punta Colorada con la barra de "La Liga Senior" y comiendo asados en familia. En ese confort estaba cuando un chino se tomó una sopa de murciélagos, y eso le cambió la vida para siempre.

En febrero -bastante antes del fatídico 13 de marzo- convocó a su compañera Pilar Moreno, y comenzaron a trabajar, porque se vio venir todo lo que vino después. Desapareció de todos los grupos de Whatsapp, dejó el fútbol, dejó el surf, y se pasó metido en el Institut Pasteur 15 horas por día, incluidos fines de semana. Recién ahora está empezando a disfrutar de algún sábado o domingo. Pero no se confía.

Es el principal responsable de que Uruguay haya generado sus propios kits moleculares de detección del Covid-19, sin tener que ir a comprarlos al exterior cuando los recursos escasean y los precios suben por la demanda mundial. Moratorio, nuevamente como si fuera futbolista, alerta: "Creer que el partido está ganado es el peor error que podemos cometer". Y reivindica -ni bien se pueda- el famoso 1% del PBI para la ciencia y la investigación. "Ni más, ni menos".

-¿Ya de chico querías dedicarte a la ciencia o cuándo te picó el bichito?

-Ya en la escuela yo tenía un dicho que repetía: "Vamos a investigar, vamos a investigar". Bueno, eso resultó una vocación por la investigación científica, porque era muy curioso, y siempre me embromaban con eso. ¿Te acordás de las Tortugas Ninja? Bueno, yo era Donatello, el científico, no era el crá, ni el que mataba a los demás.

-¿Pero qué episodio puntual confirmó que te tenías que dedicar a la ciencia?

-El episodio fue la clonación de la oveja Dolly´(1997), que me impactó. Yo estaba en cuarto o quinto de liceo. Y después hubo una película que me marcó que se llama Epidemia (1995) con Renee Russo y Dustin Hoffman, que también me marcó. Ahí dije: "Es con los virus la cosa".

-Trabajaste unos meses en Rio de Janeiro (Brasil), un año en San Francisco (Estados Unidos,) y seis años en el Institut Pasteur de París (Francia). ¿En cuál de estos tres periplos aprendiste más como científico y como persona?

-En París. Esa estadía fue fundamental para mi formación, pero el punto de inflexión fue en la Universidad de California, en San Francisco. Me acuerdo que yo estaba acá y había visto un paper (investigación científica) que había sido publicado en la revista científica más prestigiosa, Nature, yo lo leía y era lo que quería hacer yo. El corresponding author -el investigador jefe del laboratorio- y autor de ese artículo era Raúl Andino, y resultó ser un argentino que hacía 30 años estaba en Estados Unidos y había hecho su formación con David Baltimore en el MIT. Baltimore fue Premio Nobel por todas sus investigaciones de virus y cáncer. Y no sólo eso, descubrió la enzima que permite al VIH, el virus del sida, poder retrotranscribirse e integrarse a nuestro genoma y seguir para siempre... El tipo fue un fenómeno.

Bueno, me empecé a encontrar a Raúl Andino en congresos que hacía en Argentina, y yo con veintipocos años le mostraba mis trabajos... eran trabajos muy humildes, pero él iba y miraba mis trabajos. Hasta que tanto le insistí para ir a su laboratorio, que con ayuda de Juan Cristina, que era mi orientador en ese momento (NdeR: hoy es prorrector de Educación de la Udelar), me fui a San Francisco y ahí me di cuenta del tipo de virología o el tipo de evolución experimental que quería hacer. Yo no solo quería intentar entender cuáles son las variantes, cuántos grupos de virus hay (por ejemplo, de este SARS, de este coronavirus)... Hoy, por ejemplo, la pregunta es: el foco de Rivera, ¿es la misma cepa que lo del resto del país?



"El sentimiento fue de: 'Fui a un equipo grande de Europa y no desentoné'. Y después que terminás tu posdoctorado en Europa, tenés la chance de abrir tu laboratorio allá mediante concursos, pero yo quise volver a Uruguay. Quería generar una nueva escuela dentro de la virología"

San Francisco fue mi punto de inflexión. Pero donde crecí más profesionalmente y como persona fue en París, por lejos. En París fue un período muy duro, muy duro. Fue excelente en muchísimas cosas, tengo "hermanos" argentinos y españoles que quedaron en París o desperdigados por el mundo, pero fue muy duro. Viví siempre con un salario, es una ciudad muy cara y los científicos son muy mal pagos. Yo me gastaba la mitad de mi sueldo en el alquiler. Fue una etapa de muchísimo trabajo, donde salía del laboratorio a las doce de la noche y no tenía fines de semana...

Ahí las pasé todas; sentí muchas veces el "¿qué hago acá?", y tuve ganas de volver... pero no había encontrado el objetivo, porque yo había ido a poder tener publicaciones de gran nivel e impacto. Por suerte, se pudieron conseguir, pude venir con una patente, y pude volver a la Facultad de Ciencias, que me esperó.

-Siempre tuviste claro que querías venir a hacer carrera en Uruguay y devolverle al país lo que te había dado en tu formación inicial. En términos futbolísticos, querías volver sano y con mucho para dar, no a "robar la plata" en el ocaso de tu carrera...

-Exacto. Está buenísima la analogía, es tal cual... Pero también lo otro es cómo podía jugar uno en un equipo grande de Europa. ¡Yo estaba en el PSG! En el departamento de Virología del Pasteur de allá no me faltaba nada. Estábamos mal pagos, porque el PI (principal investigator) tiene muchos posdoctorados, y es como que vos tenés que dejar la vida para llegar a ser PI y tu verdadero trabajo empieza ahí. En la mayoría de los casos son becados, y en mi caso no fue así porque la Udelar me esperó. La Universidad me mantuvo el cargo, y yo le prometí que iba a volver a la Facultad de Ciencias. Pero el sentimiento fue de: "Fui a un equipo grande de Europa y no desentoné". Y después que terminás tu posdoctorado en Europa, tenés la chance de abrir tu laboratorio en Europa o en Estados Unidos mediante concursos, pero yo quise volver a mi país. Y jugar acá, estando cerca de la familia y los amigos.

-Científicamente, ¿para qué querías volver acá? Recordemos que no había pandemia...

-Porque quería generar una nueva escuela dentro de mi disciplina que era la virología. En los años de París, que fueron casi seis, fueron 10 estudiantes uruguayos, a hacer una pasantía de uno a tres meses. Y de esos 10, hubo tres estudiantes uruguayos que se quedaron haciendo el doctorado en el Pasteur de París. Entonces yo allá intenté ser receptivo con ellos, darles su lugar y hacer experimentos juntos para su formación. Y cuando quise volver, quise hacer ciencia en mi país, intentar generar una escuela diferente a la que había, y estar cerca de mis afectos también.

-Vayamos a la pandemia y todo lo que trajo consigo. En el laboratorio de Evolución Experimental de Virus del Institut Pasteur de Montevideo empezaron a trabajar fuerte en el desarrollo de los kits para diagnosticar el coronavirus en febrero, algunas semanas antes de la aparición de los primeros cuatro casos en Uruguay. Pero lo curioso es que el propio director del Pasteur, Carlos Batthyany minimizó el impacto del Covid-19 en Uruguay. ¿Vos viste que era inevitable que el Covid-19 llegara y golpeara fuerte? ¿O te pusiste a investigar "por las dudas"?

-Lo que dijo Batthyany habla de una honestidad intelectual brutal. Lo contó él mismo en Séptimo Día. Dijo que él le quitó trascendencia y en una reunión me dijo "no te preocupes", y yo salí de ahí y no le hice caso: me puse a investigar. Esas investigaciones se hicieron en el mismo tiempo: en el laboratorio de acá del Pasteur y en el de la Facultad de Ciencias. Al principio, cuando la epidemia comenzó en China yo creo que todos subestimamos a este virus. Todos lo subestimamos. Me refiero a la gravedad que podía tener. Además, los chinos liberaron información acotada, no toda, y a destiempo. Igual puse las barbas en remojo, sí. A fines de febrero yo estaba convencido que iba a llegar acá y la cosa iba a ser dura, pero si me preguntabas en enero, cuando esto ocurrió, yo pensé que no iba a ser grave. En febrero, y hablando con un montón de colegas del Reino Unido, de París, de Estados Unidos, vi que la cosa iba a ser más complicada.

-¿Qué información te llegaba de allá que encendió las alarmas?

-Básicamente, que era mucho más contagioso de lo que creíamos, que no iba a afectar únicamente a la población más envejecida, y que empezaban a escasear las maneras de detectarlo. La escasez de tapabocas, el impacto que tenía en el personal de salud... Y después, yo sentía que teníamos un potencial muy grande desde la academia, desde la parte básica, para poder dar una mano para poder salir de esto. En un caso de emergencia hay que escalar, confiar y asegurar procesos. En España recién se le abrió la puerta a los científicos cuando era muy tarde. Eso hizo que solo los laboratorios clínicos pudieran llevar adelante los tests y por lo tanto, en mucha menor escala. Nosotros podemos generar el test: crearlo desde el punto de vista científico.



"Ha habido virus muchísimo más letales que éste. Ahora, si pensamos en la última gran pandemia de pandemias, la gripe española de 1918, estuvieron confinados dos años sin salir para poder controlarlo. Las medidas son las adecuadas. Esto no es exagerado"

En esa reunión inicial me levanté de la mesa y empecé a trabajar junto a Pilar Moreno en revisar toda la literatura necesaria para entender cómo podíamos detectar al virus mediante técnicas de biología molecular. Y acá es donde aparece la PCR...

-¿Qué implica la técnica PCR?

-Es reacción en cadena de la polimerasa. Lo que hace esta reacción es permitir detectar una parte específica del material genético del virus y amplificarlo. De alguna manera lo que hace es reproducirlo: millones y millones de copias, de manera que pueda ser detectado. ¿Cómo se detecta? Utilizamos una técnica que se llama PCR en tiempo real, porque al mismo tiempo que el equipo va detectando el virus, puede detectar cuántas copias de este virus se van produciendo a través de esta técnica. Eso se hace mediante la medición de un fluorósforo. Este equipo tiene sensores de fluorescencia. Nosotros utilizamos determinados componentes de biología molecular, de manera que a medida que se va amplificando la región del virus (de la única manera que se amplifique es que esa muestra sea positiva, sino no se amplifica nada), se va emitiendo cada vez más fluorescencia, porque hacemos impactar ese fluorósforo con determinada longitud de onda, y ese fluorósforo emite una luz que es captada por estos sensores de fluorescencia. Eso permite detectar y cuantificar la presencia del virus en una muestra biológica.

Empezamos a leer todos los protocolos sugeridos por la OMS, y nos pusimos a trabajar en protocolos, optimizarlos y adaptarlos a nuestro medio. En ese momento hicimos tests, luego hicimos kits. ¿Cuál es la diferencia entre tests y kits? Que los tests los hicimos en el laboratorio, no se puede vender, no está producido bajo normas de calidad, en condiciones para poder ser comercializado. Después vinieron los kits: el test de una manera simplificada y hecho bajo normas de calidad específicas.

-Sos el principal responsable, junto con Pilar Moreno, de que Uruguay tenga los kits de diagnóstico por PCR diseñados localmente. Eso significaría, como significó, que Uruguay no dependa de comprar en el exterior los kits para poder diagnosticar la enfermedad. Ustedes quisieron tener independencia para poder hacer diagnóstico y fueron los que adaptaron el método existente en el mundo a la realidad local. ¿Es así?

-Es así. Esto significa que hoy Uruguay tiene soberanía en cuanto a la generación de sus propios kits moleculares para la detección del virus, en un momento en donde era lo más codiciado. Hoy mismo (martes 26) estuvo Isaac Alfie (NdeR: director de OPP), con un grupo del gobierno acá, y se hizo énfasis en que muchas empresas que generan estos tests o los reactivos necesarios para hacerlos, firmaron con sus países, con sus mercados, acuerdos de exclusividad dado que necesitan no hacer 1.000 tests por día, necesitan hacer miles de tests por día, 20, 30 o 40.000 tests por día. Eso nos ponía en una situación de mercado desventajosa. Además, cierre de fronteras, menos vuelos, menos tráfico aéreo y demás. Teníamos que entender cómo comprando las partes, podíamos hacer el test, y poniéndole nuestro desarrollo nacional.

-Esos kits vienen con un manual y en una cajita. ¿En qué consisten estos kits?

-Nosotros somos los responsables de esos kits junto a ATGen, porque para hacer esto teníamos que asociarnos a una empresa de biotecnología, que tuviera todo lo necesario y estuviera certificada para fabricarlo. Con ATGen hicimos ese desarrollo, ganamos los fondos de la ANII para desarrollar una primera tanda de 10.000 kits que ya fue entregada, y ahora tenemos que hacer 50.000. El kit viene en una cajita, hay una versión fast, que te permite hacer una reacción más rápida, y en 50 minutos. Y ya sabés si es positivo o no. El común demandaba 48 horas porque te está contando el hisopado, lleva una muestra del paciente, la extracción del material genético, la corrida del PCR y el posterior análisis de datos. Para todo eso se necesita 48 horas para estar seguro y asegurar la trazabilidad de la muestra. Esa cajita tiene tres o cuatro tubitos que hay que mezclarlos con la muestra y sale la reacción.

-¿Qué porcentaje del total de tests que se realizan en el país son hechos con el test que se desarrolló aquí por Udelar, el Pasteur y ATGen?

-Más o menos un 30%, un tercio casi... Vamos en 37.000 en total a nivel país desde el 13 de marzo. Ahora, si contabilizás cuántos tests se hicieron en el día, ponele 800, es muy probable que la mitad sean hechos con este kit. Nosotros trabajamos para ASSE, para salud pública, por eso se creó una red de laboratorios. Nosotros formamos gente y transferimos la tecnología. Formamos y montamos de cero un laboratorio en el Maciel, lo mismo hicimos en el Hospital Pasteur, también se transfirió a Salto, a la Regional Norte de la Udelar, ahora lo estamos haciendo en el CURE en Rocha. Y esta metodología sigue moviéndose.

"Cuando empezamos a tener pronto el test, esta metodología para llevar a cabo, se pudo haber barajado la posibilidad de traer equipos extranjeros a realizar estos diagnósticos. Se habló de un equipo asiático. Pero en un mes pudimos hacer 10.000 kits"

Tenemos 50.000 kits que van a ser para ASSE. Los primeros 10.000 fueron financiados por ANII y el BID, y hay 50.000 más kits de detección molecular financiados por Focem (Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur) y serán utilizados según lo que diga el gobierno. La mayoría irá para ASSE.

-¿Qué distingue este virus de otros que se han conocido en lo que va de este siglo?

-Hay que ver qué va a pasar al final de la pandemia, con la cantidad de muertos que tengamos. Hay que diferenciar bien la mortalidad de un virus (asociando la prevalencia, la población total de una localidad) con la letalidad. Creo que este virus es menos letal que sus dos primos hermanos (por decirlo de alguna manera) que fueron el MERS y el SARS1, pero lo primero que distingue a éste de otros coronavirus que tuvimos es que éste es un virus de comunidad. Se infecta dentro de una comunidad. Los otros fueron posibles de controlar porque los brotes o los focos eran del paciente infectado y cercanía y se controlaba en el hospital, pero no salía tan fuerte a la comunidad y se pasaba de una persona a otra.

-Hay quienes no entienden por qué tanta paranoia, por qué parar todo el mundo, por qué los gobiernos exhortaron u obligaron a la gente a quedarse en su casa, por qué se han perdido millones de empleos, se han cerrado fábricas y empresas, se ha detenido la economía y se pronostica un impacto en la economía similar a la depresión de 1929 en Estados Unidos, cuando no se trata de un virus muy letal y la propia gripe común mata más gente. ¿Cuál es la explicación a estas medidas de confinamiento y aislamiento a nivel mundial?

-El virus parecía no ser tan letal en un principio, pero hoy vemos que tiene una letalidad interesante. Estoy de acuerdo en que ha habido virus muchísimo más letales que éste. Ahora, si pensamos en la última gran pandemia de pandemias, la gripe española de 1918, estuvieron confinadas dos años las personas sin salir para poder controlarlo.

¿Por qué parar todo esto? Nos agarró de sorpresa, fue la medida que tuvo éxito en la primera localidad que lo enfrentó, que es Wuhan en China, y hay que poner la vida por sobre todas las cosas en algo que es desconocido y a primera observación, no era tan simple. Creo que las medidas fueron adecuadas. Creo que todo esto no es exagerado, y sí creo que hay que ir regulando cómo hacerlo y aprendiendo. Pero también entiendo que las consecuencias de todo esto pueden ser muy negativas, hasta más negativas que el virus mismo. Pero hoy hay que poner la vida primero.

Lo que nos está dando esto es tiempo. Y con el tiempo llegan los antivirales, y con más tiempo llegan las vacunas. Y la ciencia está trabajando a una velocidad como nunca.

-Lo preguntaba porque hay pandemias y pestes que han provocado cuarentenas, pero dejaron el tendal de muertos... Pienso en la peste negra, la fiebre amarilla, en la gripe española que mencionaste. Comparativamente, ¿esta del coronavirus es similar a alguna de estas pandemias que mencioné?

-Esas que nombraste fueron mucho más agresivas, sin dudas. Pero si pensás a principios del siglo XX no había un millón de personas despegando de aviones y trasladándose por todo el planeta. Ahora sí. Y comparativamente, el cambio climático no hacía que Uruguay esté infectado de mosquitos, o que Argentina haya decidido con otros países cambiar el ganado por soja, y por lo tanto, quemar los pastizales, y al quemar los pastizales, eliminar las poblaciones de sapos, de ranas, no controlar los mosquitos y ahora -por todo eso- tenemos dengue en todo el Cono Sur. Comparativamente, el humano no entraba en lugares como junglas, no había tala, no había tanta polución. Y comparativamente, hace tan solo 250 años había mil millones de personas habitando la Tierra, hoy hay más de 7.000 millones. Todo eso explica por qué estas medidas son importantes.

-Ustedes hicieron un seguimiento de las cepas. Está confirmado que el caso de Carmela Hontou no fue el primer caso... ¿Qué arrojó el rastreo que realizaron sobre las cepas locales?

-Ese rastreo tuvo como responsable a Gregorio Iraola. Lo que arrojó fue la posibilidad de entender que había existido múltiples introducciones del virus desde diferentes lugares. Hubo cepas que llegaron de Australia, otras de Europa, y que estaban presentes antes de la llegada de Carmela. Las cepas pudieron estar circulando seguro a mediados de febrero, y provenientes de Europa y Australia.

-Si el virus ingresó en febrero y aquí no había aislamiento social ni nada que se le parezca, ¿por qué no se diagnosticaron los primeros casos antes? ¿Por qué demoró tanto en materializarse en contagiados?

-Se pudo haber demorado, pero tuvimos una suerte: este es un virus "de ricos", porque entró por el aeropuerto. Los primeros casos sí fueron en barrios residenciales, y de gente que tiene recursos como para poder confinarse, pagar una buena mutualista y no salir a trabajar. Si esto hubiese entrado por otros lugares donde es más difícil tomar el distanciamiento social, tener una atención rápida, tener acceso a medicinas que puedan bajar la fiebre, hubiera sido más complicado. Y seguramente los primeros casos fueron tomados como una gripe común. Eso es así.

-El gobierno decidió rodearse de tres expertos de renombre como Rafael Radi, Fernando Paganini y Henry Cohen, quienes integran el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH). ¿Cómo es la relación entre ustedes y el Grupo Asesor?

-Generalmente ellos nos consultan a nosotros. Nos ha consultado personalmente Rafael Radi, hemos trabajado mucho también con Henry Cohen, y a través del grupo de modelado, también Paganini. Nos hacen preguntas acerca de los tests, acerca de lo que creemos, y desde el punto de vista de la virología, porque nosotros somos un equipo de virólogos. Ha sido muy acertada su conformación como equipo. Yo por mi orientación científica conozco el trabajo de Radi y Cohen, y me parece que son las personas indicadas para llevar adelante un trabajo de estos. Ellos han puesto unos 50 científicos trabajando en diferentes áreas que les reportan informes a ellos, y ellos le reportan al gobierno. Nosotros estamos dentro de sus consultores.

-¿Se pensó, en algún momento, en tercerizar la realización de tests o kits, o se pensó en traer expertos extranjeros para que hagan el trabajo que están haciendo ustedes, los científicos uruguayos?


"Creo que de acá a fin de año van a haber experimentos, pruebas, ensayos clínicos con evidencia significativa para poder creer que alguno de estos candidatos que están haciendo ensayos clínicos resulte en una vacuna efectiva"

-En algún momento se puso sobre la mesa la posibilidad de contratar directamente un equipo extranjero con todos sus reactivos para hacerlo, y esa oferta fue puesta en la mesa contra la capacidad local. El contrato que teníamos con la ANII decía que en un mes teníamos que tener 10.000 kits de diagnóstico, y lo logramos. Apostaron a nosotros. Cuando empezamos a tener pronto el test, esta metodología para llevar a cabo, se pudo haber barajado la posibilidad de traer equipos extranjeros a realizar estos diagnósticos. Se habló de un equipo asiático. Pero con la confianza de Mónica Marín, Carlos Batthyany, Otto Pritsch, Rodrigo Arim y Cecilia Fernández, pudimos convencer a los tomadores de decisiones que nosotros podíamos hacerlo a través de nuestro equipo. Porque fue nuestro equipo que lo hizo, en colaboración con ATGen. Y en un mes pudimos hacerlo.

-"Es hora de entender lo que podemos aportar desde el sector científico, académico", dijiste en Desayunos Informales. Es algo así como el "¡Mirá de quién te burlaste, Barney!" de los científicos al sistema político, que no ha priorizado presupuestalmente a la investigación y la ciencia. Fue como: "Miren, lo merecemos"...

-Yo creo que sí, lo merecemos. Y lo merecemos porque realmente es un capital que ha costado muchísimo al país: generar los científicos. Y por más que la inversión haya sido siempre mucho menos de la que necesaria, se ha formado gente con un potencial, y hoy no le podemos dar la posibilidad de desarrollarse, de que si quisieran vivir en el Uruguay, pudieran hacerlo. Porque está bien que salgan -yo sabía que quería volver, pero de repente no volvía-, a veces un científico puede ayudar más desde afuera llevando gente, llevando estudiantes y formándolos. Pero sí: creo que es necesario un mejor presupuesto para los científicos, pensando en el país.

También te digo que entiendo que la economía va a estar devastada. Por eso el primer paso debe ser no recortar presupuesto de instituciones (Udelar, Pasteur, INIA, Clemente Estable), y el segundo paso, en la próxima rendición de cuentas, y ya con la reactivación de la economía, ahí llegar al 1% (del PBI). Ni más, ni menos.

-A propósito, un decreto recortaba el 15% para investigaciones de científicos uruguayos de la Udelar, y el 17 de mayo el presidente anunció que no se aplicaría el tope presupuestal para el Pedeciba (Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas). Pero la decisión llegó después de un reclamo del rector de la Udelar, Rodrigo Arim, y una carta de los estudiantes. ¿Cómo tomaste el anuncio del recorte presupuestal, y su posterior anulación?

-El recorte lo tomé como algo muy negativo, y la marcha atrás como algo muy, muy positivo. El recorte impactaba en un lugar que todavía no tiene los fondos que necesita para poder desarrollar una potencialidad mucho mayor. Mirá: cuando pensamos en los tests que tenemos hechos comparados con los casos positivos que hemos tenido estamos en los primeros cuatro puestos del mundo. Estamos arriba de Japón y de Austria. Estamos en un lugar de privilegio, entonces imagínense si tuviéramos más respaldo. ¿Cómo entendí la marcha atrás del gobierno? Como algo muy positivo, pero sobre todo por el gesto de los estudiantes de posgrado en ciencias del Uruguay. Fue espectacular.

-Vos y tus compañeros trabajan en tests moleculares. ¿En qué están los tests serológicos (los que te demuestran quién ya tuvo la enfermedad, generó anticuerpos y ya no lo tiene)? Vos dijiste que las pruebas serológicas preliminares venían muy bien. ¿Cuán bien?

-Lo único que puedo adelantar es que las pruebas realmente son muy prometedoras. Que los controles y los experimentos que se han realizado realmente muestran que las pruebas vienen en excelente estado. No puedo adelantarte más, porque es otro equipo Udelar-Pasteur que está trabajando y en ciencia hay que ser muy precavido: hay que hablar siempre con evidencia. Ellos están generando toda la evidencia que necesitan para muy pronto decir que hay un desarrollo local y que es tan competitivo o mejor incluso que otros desarrollos que podemos importar.

-¿Todavía no se puede afirmar que quien haya tenido el Covid-19 está inmunizado y no volverá a contraer la enfermedad ni a contagiar a nadie?

-Hay primeros datos que demuestran que si la generación de anticuerpos fue buena, parecería ser que quedan inmunizados. Hay publicaciones recientes, de hace unos días, que dicen que en función de cuán buenos fueron las defensas que generaste, tal vez no te vuelvas a enfermar. Pero todavía estamos aprendiendo.

-¿Está cerca la ciencia de hallar la vacuna contra el coronavirus?

-Sí. Yo soy optimista y creo que de acá a fin de año van a haber experimentos, pruebas, ensayos clínicos con evidencia significativa para poder creer que alguno de estos candidatos que están haciendo ensayos clínicos resulte en una vacuna efectiva. Ahora, después, cómo esa vacuna se masifica a nivel planetario para vacunar a 7.000 millones de personas, esa es otra historia.

-¿Puede pasar que no se llegue nunca a encontrar una vacuna?

-Como pasar en un virus, puede, porque hay mil enfermedades que no tienen vacunas, pero mi opinión como científico con respecto a éste virus es que vamos a tener una vacuna.

-¿Crees que este escenario dejará mejor conceptuada y le devolverá a la ciencia el prestigio social que merece?

-Espero que sí. Es una oportunidad en donde uno puede entender qué hace la ciencia, qué hace un científico. Y otra cosa: no hay ciencia básica y ciencia aplicada. Hay muchas políticas que aplican -por ejemplo la ANII- en buscar solo lo aplicado. Me parece mucho más importante poder desarrollar preguntas que son fundamentales que no sabemos, pero que mañana pueden impactar en la resolución de un problema. Si vemos cuántas aplicaciones (apps) de celulares que financió la ANII, me parece importante, pero tanto o más que eso debe ser financiado para investigación fundamental en ciencias de la vida. Porque esa aplicación le puede dar mucha rentabilidad ("busco motel" o lo que sea) y está bueno apoyar esos emprendimientos, pero sin descuidar y redoblar la apuesta a emprendimientos que tienen soluciones no de un mercado, no de una forma de vida... Lo que aprendimos en estos meses encerrados es que necesitamos tanto menos para poder ser felices... y eso lo hacemos, generando conocimiento. No hay ciencia básica y ciencia aplicada: hay buena y mala ciencia.

-Dirigís un equipo de la Liga Universitaria, Arquitectura Jrs. ¿De veras viviendo en Francia pensabas en volver para estar en el ambiente de la Liga Universitaria los domingos de mañana?

-Pah, sí... Bueno, la verdad tenía muchas ganas de volver a mi país, armar mi historia en el Uruguay. Extrañaba el ambiente de la Liga Universitaria sí, extrañaba mucho Arquitectura Jrs. y al San Juan Bautista.

-¿En qué están hoy? ¿Y cuál es el próximo objetivo del equipo de científicos?

-El objetivo que tenemos es poder generar innovación en estos métodos que le permita al país responder de forma más eficaz y necesaria. Por una parte, esto va de la mano de identificar muestras positivas en un grupo de muestras. En vez de hacer un diagnóstico por persona, poder hacer un diagnóstico de 10 personas, dado que hay muy poca cantidad de positivos. Estos tests son muy costosos, imagínate ahora poder hacer 100 grupos de 10, estoy haciendo un test a mil personas en un solo laboratorio. Cuando hoy contamos todos los tests y vienen de muchos laboratorios. O sea que una de los objetivos es cómo poder diagnosticar pools de muestras.


"La enseñanza que nos ha dejado la pandemia es que no ha importado la política, no han importado las diferencias, no han importado los egos, y los diferentes actores hemos trabajado de forma coordinada y mancomunada con un objetivo común"

Y el otro es estudiar la posibilidad de poder detectar el virus en la saliva. La manera de poder trasladarlo, transferirlo, significaría cortar con un cuello de botella y con costos que vienen de la mano de los hisopos, el medio de transporte que es el líquido donde se mete el hisopo para que el virus aguante después de hacer hisopado nasofaríngeo. Esas son dos aplicaciones para poder responder rápido.

-Da la impresión que los uruguayos estamos confiados, estamos volviendo a salir, se está abriendo la perilla económica, pero por otro lado, están empezando los fríos y se acerca el invierno. ¿Cuánto te preocupa la llegada del invierno?

-Me preocupa y me preocupa mucho. Creo que es importante abrir de forma paulatina diferentes actividades, pero con un seguimiento mucho mayor. Creer que el partido está ganado es el peor error que podemos cometer. Y para tener un seguimiento mayor, es que estrategias como analizar pools de muestas en vez de muestras individuales o trabajar testeando la saliva de las personas van a ser importantes para contrarrestar todo lo que puede venirse.

-¿Estamos muy confiados los uruguayos, como adormecidos?

-Creo que estamos un poco relajados, sí.

-¿Qué enseñanzas le deja la pandemia al Uruguay?

-Primero que tenemos un sistema de salud pública que estaba preparado para poder innovar y mejorarse rápidamente. Escuchaba una nota que hablaba de cuántas camas tenemos de CTI por cada 100.000 habitantes. Teníamos 19 (camas en CTI cada 100.000 habitantes) y hoy llegamos a casi 30, andamos por 26 o 27, en tiempo récord. Alemania -que es uno de los país que lo manejó mejor- tenía unas 30 al principio de la pandemia, Francia tenía 11, Italia 10 y España 9 camas en CTI cada 100.000 habitantes.

La enseñanza que nos ha dejado la pandemia es que no ha importado la política, no han importado las diferencias, no han importado los egos, y los diferentes actores hemos trabajado de forma coordinada y mancomunada con un objetivo común. Realmente, cuando la cosa está jodida, el Uruguay responde, el Uruguay deja de lado sus diferencias y camina hacia contrarrestar y dar soluciones. Y que no le pasa lo que le está pasando al lado nuestro a nuestros vecinos, o lo que pasó en Europa.

-¿Sos feliz?

-Sí... Creo que sí, soy feliz.

Por César Bianchi