Un lujoso apartamento con vistas al mar en Netanya (al noroeste de Israel), un anillo de diamantes y una notable obra de arte original son algunos de los presentes que Riklis ofreció a su despampanante rubia y que ahora quiere de vuelta.
"No puedo quitarle el título académico por el que pagué o la buena vida que le di, pero mi corazón no puede soportar que se quede un apartamento que compré para ella y diga a todo el mundo: 'Pesqué un pez gordo y estúpido como Riklis'", confiesa el empresario, de 87 años.
"Le compré un bonito reloj con diamantes que valía 10.000 dólares, un bonito anillo de diamantes que ascendía a unos 40.000 ó 50.000 dólares... pero lo más preciado que ella me ha costado es mi corazón. Todas las otras cosas son pequeñas en comparación", agrega.
El multimillonario permitirá, en cambio, a su ayer amada y hoy odiada quedarse con un coche que le regaló.
Riklis reconoce que se sentía "cómodo" en su situación de engaños y escarceos amorosos y que tenía entonces "menos preocupaciones sobre el banco", pero matiza que su "principal preocupación" por aquella época era no perder a su mujer, porque "la quería muchísimo".
La cosa se torció, argumenta, cuando a la amante ocasional "se le subió a la cabeza" tanto obsequio con muchos ceros en la etiqueta y "olvidó de dónde venía".
"Tenía demasiado dinero, dinero de Riklis", sentencia.
En base a EFE