Seré curioso

Seré Curioso

Medina: “No hay apoyos, muchos artistas están en el horno y lo que viene será complejo”

Brilla en La culpa es de Colón y radio Sarandí, pero estuvo varios meses sin cobrar un peso. “Muchos artistas están abandonando”, avisa.

17.06.2021 11:54

Lectura: 22'

2021-06-17T11:54:00-03:00
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Por César Bianchi

Fotos: Javier Noceti
@javier.noceti


2011. Se jugaba la Copa América en Argentina, y Germán Medina frecuentaba bolichitos y pubs donde hacía gala de su poder de observación para desplegar una carga histriónica cargada de humor. Lo hacía por unos pesitos que, de todos modos, ahorraba. No vivía del humor. Trabajaba en el área comercial de la multinacional IBM, puesto que consiguió gracias a haber estudiado comercio exterior. Trabajaba haciendo stand up por las medianoches, y a las 3 de la madrugada entraba a IBM para cumplir horario español. Iba detonado, pero hacía su tarea, casi mecánica, y cada tres días se repetía que eso era temporal, que ya iba a pasar.

2021. Se juega otra Copa América, esta vez en Brasil. Germán Medina ya es una figura pública de los medios: se luce en La culpa es de Colón, un programa de gags en las noches de Teledoce, y también hace humor en Las cosas en su sitio de radio Sarandí. Incluso sale en las tandas de TV promocionando alfajores. En La culpa... dice cosas como ésta: "¡Basta de hacerse los chetos con la comida! ¡"Bastoncitos de polenta"! No jodamos... La polenta no quiere estar ahí, quiere estar al plato y con queso, ¿Qué se viene ahora? ¿Crumble de tangerinas?"

En el medio pasaron muchas cosas: en 2013 dejó el laburo en IBM porque pudo ahorrar cuando todavía vivía con sus padres y se dedicó de lleno a vivir del humor, o a intentarlo, al menos. La jugada le salió bien. Se hizo conocido en el under primero y a nivel masivo después. En 2015 se ennovió con Lucía Rodríguez, otra comediante. Se hicieron socios artísticos, fueron al carnaval, a la revista House y ganaron. Tuvieron un hijo, Mateo. Se separaron.

En 2019 llenó él solo un Teatro de Verano a base de manijazos en redes sociales. Unos meses antes había publicado en su Instagram una suerte de relevamiento de yerbas en el supermercado. Ahí decía -leyendo las instrucciones- que una yerba ayudaba a bajar de peso y contribuía a alisar la piel. "¿Todo eso hace una yerba? Es como un cirujano de a kilo", decía. Que otra yerba se ufanaba: "aporta mejoras en la circulación sanguínea, oxigena el cerebro y mejora la memoria". "Ponele mejor: es la yerba para los viejos chotos", sugería él. Otra marca, en cambio, venía con jengibre. "¡Basta con el jengibre! Andá a un carro de chorizos de mi barrio y cuando te pregunten qué le ponés, decile jengibre. Te pegan un tiro por cheto", decía él. El video explotó y Germán, a base de likes, ya era conocido.

En esta charla, Germán (35) se muestra agradecido por todo lo bueno que le están saliendo las cosas en poco tiempo, por el apoyo de la gente y los golpes de suerte necesarios. Se siente un privilegiado cuando sabe que muchos amigos artistas están dedicándose a cualquier otra cosa para sobrevivir. "Están en el horno... Y no hay ningún tipo de apoyo. Acá no quiero poner tintes políticos, cuando vos no podés comer, no importa quién está en el gobierno. Si tu hijo no tiene qué comer, ¿qué importa quién está en el gobierno? Lo primero que tenés que hacer es buscar comida, no putear al gobierno".

 

-¿Qué querías ser de niño cuando fueras grande?

-¡Bombero! Tenía un costado de salvar vidas, yo que sé. Lo artístico siempre estuvo, siempre me quise disfrazar, siempre quise ser otro. Después se me dio por el lado más paternal y quería ser maestro. Estudié Magisterio, de hecho. Era el único varón en la clase.

-Tenés una pinta de haber sido el revoltoso de la clase, el payaso que siempre llamaba la atención...

-Revoltoso no, pero el payaso de la clase sí. Era más el artífice mental de las jodas, no era tan de hacer bardo en la escuela o el liceo. Pero querer ser gracioso, sí claro. En las materias que no me iba bien, yo usaba el humor. Creo que el humor es un vehículo y yo lo usaba ya de guacho. Sobre todo usé el humor para pertenecer en los espacios, lo usé para pertenecer en todos los espacios. Tiraba humor todo el tiempo, y era el payaso.

-Te escuché decir en Abran Cancha de Del Sol FM que tenías una autopercepción mala de vos mismo, te boicoteabas, eras tu peor enemigo. ¿Por qué? Decías que era gordito... ¿Era por eso que el humor fue "un escudo" para vos? ¿Creías que era un problema?

-Yo estaba convencido que era un problema. De hecho siempre me cuestioné cosas que no eran propias de mi edad. Tenía 12 años y creía que la imagen que yo tenía me iba a impedir a pertenecer a lugares, sobre todo en edades donde la imagen es todo, y no fue así. Mi autoestima estaba golpeada, lo estuvo durante toda mi infancia y adolescencia. De hecho, mis kilos de más eran respuesta a eso. Yo encontraba en la comida un escape a lo que me pasaba. Y no fue una infancia horrible ni mucho menos. Pero yo me sentía mal. Y el humor fue ese escudo que yo me ponía. Yo sabía que el verdadero Germán estaba debajo.

-No fue sin querer: fue una elección escudarte en el humor. ¿Un mecanismo de defensa?

-Absolutamente. Y creo que en algún punto, lo sigue siendo. Si bien no lo sigue siendo por la razón que lo fue en mi adolescencia, porque me amigué con un montón de cosas -tengo 35 años, tengo un hijo y las cosas se colocan donde deben estar-, al día de hoy pasa que yo me expongo para hacer reír y eso significa una aprobación. La aprobación a veces te puede marear. Por suerte me llegó más de grande, entonces lo puedo relativizar... entiendo que no soy un crá cuando me va bien, y cuando no me va bien, tampoco soy un boludo.



"Yo me siento comediante, porque es lo que hago. Capaz que mañana me ves en tres obras de teatro y capaz que te digo que soy actor. ¿Qué es lo que más me gusta? Hacer reír. El día que me veas como actor, seguramente será en una comedia"

-Antes de dedicarte de lleno a la vida de comediante, experimentaste con cuatro carreras: comunicación, agronomía, magisterio, comercio exterior. ¿Estabas haciendo un casting de carreras?

-Jajaja, ¡estaba haciendo un casting de carreras sí! Y estaba dilatando el tener que laburar, y aprovechando un poco más de vivir de mis padres, tratando de comerles el sueldo. Lo que más recuerdo es que yo sentía que tenía que cumplir con el mandato de la facultad y el paradigma de hacer una carrera tradicional por mis padres. Cuando yo salí era todo un drama decirle a tus padres que querías ser artista -y antes ni que hablar, yo no lo viví-, era tipo: "¿Querés ser artista? Buenísimo.... ¿y qué más?". Y yo siempre los convencía de que tal cosa era lo mío. Los quería convencer de que Agronomía era lo mío y los convencía. ¡Y no era lo mío ni en pedo! Nunca debí hacer Agronomía... pero probé y abandoné, y probé otra cosa y abandoné, y en eso empecé a hacer teatro. Y empezó a quitarme energía y pensé: "Bo, creo que es por acá".

-Estudiaste teatro en la Instituto de Actuación de Montevideo (IAM), pero más que actor, sos comediante. Recuerdo que Gustaf siempre me dijo que él no es comediante, él es actor. Creo que vos te reivindicás comediante.

-Yo no soy muy fan del fundamentalismo. Los artistas son muy fundamentalistas: "Yo hago rock, y el rock se tiene que tocar de esta forma". O "los comediantes tal cosa, y el stand up, es otra cosa". A ver, ¡todo está en una misma bolsa! Se subestima al standupero, como se subestima al rockero o al que pinta. Es parte de lo que hacés, te estás exponiendo, todo el mundo tiene una opinión hacia vos, y tus propios colegas también. Yo me siento comediante, porque es lo que hago. Capaz que mañana me ves en tres obras de teatro y capaz que te digo que soy actor. ¿Qué es lo que más me gusta? Hacer reír. El día que me veas como actor, seguramente será en una comedia. Me hace bien, es un motor de vida.

-Y es tu habilidad también. Lo hacés bien...

-¡Es lo único que sé hacer! ¡No sé hacer un carajo, Checho! Soy un inútil. Y esto es lo que más o menos encontré que puede andar. Pero al mismo tiempo es una forma de enfrentarme a las cosas que me pasan: escribirlas yo, subir a un escenario, decirlas y que después la gente las replique.

-Te gustaba el humor y te dedicaste al stand up. ¿Qué te enamoró de ese género?

-Poder observar las cosas que pasan, y hacer humor con eso. Imaginate que tu trabajo sea observar lo que está pasando, levantar un poco la mirada, bajarlo al papel, y generar humor en la radio, en un escenario o en la televisión y que eso genere un tipo de cambio instantáneo en la gente. Es la gente que la que te da el lugar. La gente, un grupo de gente, elige ese arte que vos hacés. Yo digo "cambio instantáneo" porque no somos terapeutas. Está esta cosa idílica de "la risa te cambia la vida", bueno... hay que ver. Hacemos pasar un buen momento, golazo, estoy más que satisfecho. Pero el sentido de mi trabajo es que modifique un poquito a otro. Cuando vos podés modificar un poquito a otro en algo, en algún instante, es maravilloso, ¡y todavía te pagan!

-De 2009 a 2013 ya habías incursionado en el stand up, pero no vivías de eso. Estabas en la parte comercial de IBM. ¿Cómo lograste pasar a vivir del humor?

-Fue premeditadísimo. Yo siempre traté de cuestionarme y de anticiparme a lo que viene, sin hablar de cosas esotéricas. Yo planifiqué una estrategia y lo planifiqué, a veces se da y a veces no.

-¿Planificaste llegar a la TV?

-No, no, no crecí con el objetivo de llegar a la televisión. Hoy estoy en la tele, estoy fascinado y no me quiero ir. Pero mi objetivo era el teatro: mis monólogos, mis shows, que es con lo que he vivido estos 12 años. ¿Qué pasó? Yo estaba de empleado en IBM en 2009 y ganaba bien, era un buen laburo, pero yo no estaba feliz. La felicidad no tiene nada que ver con la plata, suena a cliché, pero es así. ¿Qué hice? Empecé a juntar plata -yo estaba viviendo con mis padres todavía-, ahorré plata y pensé: "Si el día de mañana me largo a hacer lo mío y no me va tan bien, yo tengo un par de meses para tirar con esto que ahorré". Empecé a trabajar en shows en boliches, que te pagaban tres mangos, y entraba a laburar a las 3 de la madrugada a IBM, porque era horario de España. Iba a meter shows y de ahí, sin dormir, a IBM iba destruido. Pero como era tan automatizado el trabajo, era casi mecánico, lo hacía. Y todas las semanas yo me decía: "Esto es por ahora". Hasta que sucedió y me largué de lleno al humor.

-¿Cómo que fuiste falso stripper en despedidas de solteros? ¡Y encima funcionó!

-Los eventos privados se cobran bien, se cobran muy bien. Uno va de visitante, va al living de una casa, frente a una familia, tenés que cuidar un montón de cosas. Pensé: "Voy a hacer un show a medida para cada evento". Si me llaman de un cumple de 50, tengo chistes para un cumple de 50, y empecé a escribir. Después escribir chistes para gente que se casa, y después escribí para despedidas de solteras. ¿Qué es lo que la mayoría te dicen que no quieren? Strippers, porque les da vergüenza, que no sé qué, pero está en la cabeza de sus amigas. Y dije: "Ta, stripper".


"Me disfracé de Batman, de Superman, de Pirata del Caribe, del negro de Whatsapp que estaba de moda. Y cuando llegaba yo, la homenajeada pensaba: 'Esto no puede ser stripper. Que no se saque la ropa esta porquería de ser humano"

Entonces me disfrazaba de Batman, de Superman, de Pirata del Caribe, del negro de Whatsapp que estaba de moda... Y yo me autogestionaba, hasta el día de hoy me autogestiono, y me llevo todo. Yo les decía a las amigas que le dijeran a la chica de la despedida que iba a ir un stripper. Y cuando llegaba yo, pensaba: "Esto no puede ser stripper. Que no se saque la ropa esta porquería de ser humano". "¿No les dio la plata, gurisas?" Y era un momento tan incómodo que en el humor, que eso garpa como piña. Después blanqueaba que era humor... Y yo no tenía auto, iba disfrazado de Batman arriba del bondi. Y esto fue hace cuatro años nomás, no hace 20. Si mañana lo tengo que hacer, lo hago, porque está de más.

-¿"Estos" en el Movie fue un show clave en tu visibilidad personal? Porque al principio no los conocía nadie, ese espectáculo fue todo a pulmón, pero también fue un trampolín para vos, Seba González, Pablo Ohyenard y Pablo Magno.

-Sin duda fue una plataforma. La carrera de comediante, standupero, monologuista, es muy solitaria. Entonces está buenísimo cuando te podés juntar con tipos que son talentosos, que admirás, y que además son tus amigos. Qué privilegio poder trabajar con amigos, y que gente como la de Movie lo puedan tomar como propio, y poder estar varios años ahí. Todo es un trampolín, en realidad. Yo no marco eso como algo especial. Es la sumatoria, es el camino... Me pongo muy maestro Tabárez, pero es real. "Estos" fue la posibilidad de autogestionarse, porque seguía siendo a pulmón en muchos aspectos. Y era un elenco estable, que eso es interesante. Yendo a lo artístico: vas formando personajes, y se van dando las relaciones entre los personajes. Cuando tenés un elenco, cada uno se va destacando para que el todo se haga lo más importante.

-¿Cómo llegaste el carnaval, a House (revista) en 2016?

-Llegué por Lucía, la madre de mis hijos, porque ella había hecho carnaval y me lo propuso. Yo soy carnavalero de toda la vida, pero no me veía en carnaval. Y dije: "Bueno, ta, dale". Lucía conocía a un loco que sacaba una revista en carnaval (Nicolás Telles, el dueño), le explicó que éramos pareja en la vida real, escribíamos y actuábamos y queríamos salir en la revista. Y así fue...

-Y de entrada, ganaron la categoría.

-Sí, pero de verdad, de todo lo que pasó, fue lo menos importante. Logramos un dúo humorístico que hoy en día seguimos amando con Lucía, que es lo que hacíamos juntos y logramos entrar en un público que es muy cariñoso como el carnavalero.

-Te veo más en parodismo o incluso en murga... Escuché que vas a hacer murga.

-¡Sí! En el febrero pasado iba a salir en Asaltantes con Patentes, llegué a ensayar. Voy a ser cupletero. Una locura, una murga histórica, con un peso histórico, y yo voy a estar ahí siendo un guacho, y debutando como cupletero de Asaltantes. Y me ponen a cantar esos anormales. Yo miraba en los ensayos y había algún veterano que te miraba como diciendo: "Mirá que esto es Asaltantes, no es revista House".


"Con Lucía (Rodríguez) logramos un dúo humorístico que hoy en día seguimos amando, que es lo que hacíamos juntos y logramos entrar en un público que es muy cariñoso como el carnavalero. Este año llegué a ensayar con Asaltantes con Patente"

-Con Lucía Rodríguez, tu ex mujer, trabajaste durante mucho tiempo. Hicieron obra juntos, teatro, después carnaval, y es la madre de tu hijo. ¿Quién es ella para vos?

-Es una de las mujeres más importantes de mi vida, indudablemente. Después de Mateo, es todo Mateo. Después que tenés un hijo, ese hijo es prioridad. Yo tengo una familia con Lucía, aunque estemos juntos o separados. Pero pre-Mateo, fue una persona de las más talentosas que conocí en mi vida, con una capacidad de laburo y de efectividad laboral muy importante. Es una mujer muy importante en lo que hace. Hoy, la mejor creación que tenemos juntos, nuestro hijo, superó la parte de espectáculo y humorística, pero antes de eso, me potenció muchísimo laboralmente, sostuvo mi locura y obsesión laboral. Yo hice muchas cosas estando con ellas, que implicó no poner tanto el foco en otros lugares. Hoy nos respetamos y nos admiramos.

-Viste que hay gente que discute que el carnaval sea un arte. ¿Qué habilidades artísticas se adquieren en carnaval?

-¡Todas! Absolutamente todas. Basta con sentarse a ver carnaval y ver que hay enormes artistas en carnaval. El carnaval además tiene una escuela de formación, muchos gurises tienen 17 o 18 años y tiene muchísima más experiencia artística que actores con 30 años. ¿Menospreciar al carnaval en Uruguay? No tenés idea donde estás viviendo... Que no guste, fantástico. Pero acá pasa eso de: "Yo me paro acá, y todo lo que no forma parte de mi círculo, me parece que está mal". Alguien que está dentro del medio no puede subestimar al carnaval. Esto es muy chiquito... Andá al Teatro de Verano: en 15' te cierran el telón, te montan un espectáculo, te abren el telón y tenés 5.000 personas mirándote. Hay autogestión, hay familias trabajando. Ahí te recibís de artista. ¿Eso significa que al carnaval no le falta profesionalismo? Indudablemente que le falta. ¿Qué faltan recursos para el carnaval? Esa es otra discusión. Las capacidades artísticas no se pueden discutir.

-¿Qué te ha dado La culpa es de Colón en Teledoce?

-A mí me cambió la vida. La artística, la laboral, me la cambió, porque es un programa de tele con gente muy talentosa, que yo admiro y admiraba de antes. Porque además llegó en un momento en que el rubro -como otros rubros- estaba muy golpeado. El artista está profundamente golpeado. Vamos a perder un montón de personas que seguramente estén pensando en abandonar en este instante... y ojalá que se sostengan, y que aguanten, porque es muy importante la cultura en un país. Llegó en un momento en el que yo había estado seis meses sin cobrar un solo peso. Ni un solo peso, eh. Pero de nuevo: el agradecimiento al público porque el año anterior, el 2019, yo laburé muy bien, y pude ahorrar algo para sostenerme después.


"La culpa es de Colón me cambió la vida, porque es un programa de tele con gente muy talentosa, que yo admiro y admiraba de antes. Vamos a perder un montón de personas que seguramente estén pensando en abandonar en este instante... ojalá que aguanten"

Cuando llega La culpa es de Colón en ese mar de incertidumbre, pensé: "¿Qué es esto? Es un programa de humor, donde yo escribo lo que quiero decir, donde me dan la libertad de decir lo que tenga ganas, donde trabajo con cuatro de los tipos más talentosos a nivel humorístico, y además los conozco y son crá, y me abren la puerta, y no me hacen pagar derecho de piso. ¿En serio?" Parecía un sueño. Por eso me cambió.

-"Aprendemos todos de todos", dijo Diego Delgrossi. ¿Es así?

-Si lo dijo Diego, que hace muchos años que está en esto, debe ser verdad. En mi caso, sin duda. Yo considero que cuando uno llega a un espacio nuevo, lo primero que tiene que hacer es aprender. Y eso no significa achicarse. Hay una cosa muy uruguaya de: "Ay bueno, permiso". Yo no pido permiso, hago lo mío, pero escucho. Cuando habla Maxi (De la Cruz) escucho, cuando viene Conrado (Polvarini, director de la productora Kubrick), que ha hecho un montón de programas, escucho, cuando viene Diego, que él mismo te dice de las mejores y las peores, las tuvo todas...

Te cuento algo: de una de las primeras grabaciones de La culpa es de Colón yo tenía un chiste muy parecido a él, y me le acerqué, no con miedo, pero sí respetándolo, y le dije que había leído el guion y teníamos chistes parecidos. "Me parece que nos vamos a pisar. Hacelo vos", le dije. Él lo leyó, y me dijo: "El tuyo está más bueno, hacelo vos". Es algo menor, pero para mí, eso vale oro.

-Vos dijiste que te cambió la vida "artística". ¿Solamente? ¿No cambiaste en nada como persona después de estar en la TV abierta?

-¿En qué voy a cambiar? No, no... A nivel personal, lo que sí te cambia es que recibís más estímulos. Como te ve más gente, eso significa más interacción. Yo ni me tengo que proponer no agrandarme. Cuando te lo tenés que proponer, es porque te está sucediendo. Una vez escuché a Agustín Casanova, que había tenido un éxito a nivel latinoamericano con Márama, y una vuelta dijo: "Tuve que parar, porque me había perdido de mí... Yo estaba haciendo todo el tiempo de otro, ¿y dónde había quedado la esencia de quién soy? Ya no sé quién soy". Entonces, si un tipo que tenía todo para sentirse quién no era, y logró conservar su esencia, los de abajo, ubiquémonos. A mí me invitan a lanzamientos de ropa, a cocktails, y no me importan. No me importa pertenecer. ¡Yo quiero hacer reír! Y cuanta más gente mejor, porque también quiero vivir de esto.

-¿Tu mayor atrevimiento fue atreverte a tirarte solo a llenar un Teatro de Verano, en 2019?

-Sí, claro, artísticamente sí. Fue una locura. Yo me junté con la encargada del Teatro de Verano, y frente a frente, se me rio.

-Ahí no estabas en los medios masivos. No era changa...

-Estando en los medios es más realizable. Fue una locura. ¿Sabés qué pasó? La gente se puso la causa al hombro. La gente fue para pasarla bien, pero hay un tema de comunidad... Yo concibo al arte como cercanía. Si vos estás cerca de tu público, es una comunidad, si no es comunidad, no se entiende. Esa comunicación en redes logró una cercanía que implicó que la gente dijera: "¡Vamos a llenar el teatro!" Entonces, muchos fueron a comprar la entrada para ayudarme a cumplir ese sueño. Y el espectáculo que pienso hacer este año, en el Antel Arena -esperemos que suceda- se va a llamar "Gracias", exclusivamente por esto que estoy diciendo. Yo no tenía de dónde sostenerme, más que de mi propio celular.

-Ese espectáculo en el Antel Arena, ¿lo pensás para este año?

-Lo pensaba para el 2020. Yo me bajé del Teatro de Verano y pensé: "Ahora tengo que hacer un Antel Arena". Va a ser... no sé cuándo... Hay una enorme incertidumbre, y preocupación. Volver, va a volver el arte, ¿pero cómo? ¿De qué forma?

-¿Cómo te afectó a vos la pandemia?

-Horrible. Mirá que en Sarandí (en Las cosas en su sitio) entré en diciembre del año pasado, y en La culpa es de Colón desde agosto. De marzo a diciembre fue durísimo. Nunca me cuestioné dejar de vivir de esto, pero porque tenía ahorros. Yo siempre hablo desde un privilegio. Soy un privilegiado. Se me presentaron oportunidades, que las pude aprovechar, y tuve suerte. Sé de un montón de colegas y amigos, que están vendiendo vasos, o pintando cuadros. Están en el horno... Y no hay ningún tipo de apoyo. Acá no quiero poner tintes políticos, cuando vos no podés comer, no importa quién está en el gobierno. Si tu hijo no tiene qué comer, ¿qué importa quién está en el gobierno? Lo primero que tenés que hacer es buscar comida, no putear al gobierno.


"Sé de un montón de colegas y amigos, que están vendiendo vasos, o pintando cuadros. Están en el horno... Y no hay ningún tipo de apoyo. Acá no quiero poner tintes políticos, cuando vos no podés comer, no importa quién está en el gobierno"

Es muy difícil la situación... Yo estoy bien, te hablo por lo que veo con amigos que están en el horno. Podrá importarte o no la cultura, yo creo que te importa, aunque no te des cuenta. El término cultura es mucho más amplio de lo que parece, no es solamente ir a ver un espectáculo, ir a reírse o bailar una canción. Y alrededor al concepto de cultura, hay muchísimas familias complicadas. Y lo que se les viene, lo que se nos viene, es también muy complejo, mirando para adelante.

-¿Qué es Mateo en tu vida?

-La razón de mi vida, el motor de mi vida. No puedo creer que una persona tan chiquitita me haga reír tanto. Es la persona con la que todo se da vuelta. Todo lo demás está en su lugar, pero Mateo me da vuelta la vida, me revuelca de risa, de enojo, de emoción. Tener un hijo es una ruleta rusa de sanciones minuto a minuto, ¡y nadie te lo dice! Y los niños son inocentes, no hay poses con ellos. Es maravilloso observarlo crecer.

-¿Sos feliz?

-Sí, yo que sé... Estoy en un momento muy feliz, estoy muy agradecido. Tengo un hijo que crece libremente, tengo una casa donde vivir, mi familia más o menos está bien, laburo de lo que me gusta. Si tuviera que agarrar las piezas del puzzle para armar la felicidad, tengo unas cuántas en este momento.

Por César Bianchi