Mateo Piaggio publicó su primer libro de cuentos policiales
Son cinco cuentos policiales editados por Estuario, en los que cada relato cruza el género negro con un subgénero distinto.
19.07.2026 12:55
Por María Noel Domínguez
manoeldominguez
Mateo Piaggio siempre supo que iba a publicar. No sabía cuándo ni cómo, pero desde adolescente cargaba con esa certeza como quien carga con una deuda pendiente consigo mismo. Ahora, con su primer libro de cuentos, El baño de Whitney, editado por Estuario dentro de su colección de policiales, esa deuda quedó saldada. La obra reúne cinco cuentos que tienen algo en común: todos los protagonistas son policías. Pero la Policía es solo el punto de partida. Cada relato mezcla el género negro con un subgénero distinto: hay uno con flashbacks, otro futurista, uno que transcurre en el interior y uno que conecta con otro a través de un personaje que reaparece sin aviso. En diálogo con Montevideo Portal, Mateo habló sobre cómo construyó ese universo, qué lo atrajo del policial y por qué le dedicó el libro a su versión de los quince años.
Piaggio llegó al género desde un lugar específico: le gustaba la trama. "El género policial tiene un esqueleto muy marcado", explica. Un policía llega a un lugar, hay un homicidio, hay que investigar. Esa estructura garantiza que el lector siga leyendo porque quiere saber qué pasa. Y, sobre ese andamio, él pudo construir lo que le interesaba: personajes complejos, descripciones con vuelo poético, mundos que se alejan del policial clásico. "La parte más compleja y creativa la podía desarrollar sabiendo que tenía el esqueleto de la trama asegurado", dice.
Pero, además del género, le interesaba el sujeto: el policía como profesión. No el detective privado ni el investigador de novela negra anglosajona, sino el policía uruguayo, con todo lo que eso implica. "Tiene una relación muy fuerte con la fuerza y la violencia —señala—, y eso lo lleva a enfrentarse a situaciones muy complicadas y a veces a cometer abusos". A eso se suma un componente socioeconómico que le resultaba especialmente rico: muchos policías son muy pobres y viven en los mismos asentamientos donde habitan las personas que tienen que perseguir. Ese cruce de roles, esa tensión, era el material que buscaba. "Quise encararlo con empatía, no siempre con simpatía", aclara. Y agrega que eso era algo que no había leído tanto en otros libros.
Periodista de día, escritor de noche
Para meterse en ese mundo, Piaggio usó su trabajo. En ese momento hacía periodismo general y aprovechó para proponer notas que le dieran acceso al universo policial desde adentro: fue a la escuela policial a hacer una crónica sobre cómo se forman los agentes, habló con policías que vivían en asentamientos, entrevistó a quienes habían necesitado apoyo psicológico y lo complejo que es eso dentro de la institución. "Me interesaba cómo se siente ser policía, cómo se forma un policía", resume. No tenía el trato cotidiano con ellos, reconoce, pero cree que esa distancia le permitía crear más. Y de paso, su trabajo periodístico le servía de investigación para la ficción.
Casetes, consolas y un pueblo del interior.
Uno de los cuentos, "Los cassettes de Belén", se aleja del presente y reconstruye un tiempo anterior a través de objetos tecnológicos: casetes, DVD, consolas de videojuegos. El paso del tiempo marcado no por fechas, sino por aparatos. "Creo que es consecuencia de escuchar a mis padres y abuelos", dice Piaggio, que se define como "totalmente montevideano" y que, para recrear el pueblo del interior donde transcurre ese cuento, recurrió a una crónica publicada hace aproximadamente veinte años en El País sobre ese lugar. Un lugar que nunca pisó.
El último cuento, en cambio, mira hacia adelante. Plantea un Uruguay separado, donde Montevideo queda con cierta independencia pero muy decaído, mientras que el interior gana fuerza. El personaje vuelve al interior y enfrenta esa realidad. "Me gustaba hacer algo futurista en el interior y ver cómo podía verse eso", explica. La distancia que tiene con el mundo del interior le genera, dice, la misma curiosidad que los policías: lo desconocido como motor creativo.
"Un corazón fuerte en esa relación"
Hay un cuento que le resultó especialmente personal. Es el que da nombre al libro: "El baño de Whitney", el primero que escribió, y gira en torno a un policía joven que se reencuentra con un amigo de la infancia que tomó otro camino. Vecinos, criados juntos, con un pasado compartido que pesa sobre el presente. "A todos nos pasa de tener amigos con los que después querés reconectar pero ya tenés vidas distintas", dice. El policía del cuento es joven, tiene ganas de lucirse, de hacer las cosas bien, pero se da contra la pared porque le falta experiencia. Piaggio reconoce que algo de eso era autobiográfico: era lo que le estaba pasando a él cuando empezaba en el periodismo. "Canalicé lo que me estaba pasando en ese personaje", cuenta. El cuento incluye flashbacks y tiene, en su lectura, "un corazón fuerte en esa relación entre los dos personajes".
Ese cuento da nombre al libro también porque hay otro relato que vuelve a esa historia. El tercer cuento retoma al primero y así los cinco relatos terminan hablándose entre sí, aunque cada uno funciona de manera independiente. El hilo conector más sorpresivo es un personaje que aparece en un cuento, desaparece, y reaparece más adelante cuando el lector ya no lo espera: la chica disfrazada de Whitney. "Pará, tengo que hacer algo más con este personaje", recuerda haber pensado. Y esa decisión también le sirvió para ordenar el libro: cuál iba primero, cuál cerraba, qué iba en el medio.
El mail y el WhatsApp
La llegada a la editorial fue, según describe, "el gran momento". Le pasó el libro a Martín Fernández, quien se lo hizo llegar a Marcela Saborido, directora de la colección de policiales de Estuario. Pasaron un par de meses sin respuesta. Hasta que un día se despertó con un mail de una y un mensaje de WhatsApp del otro, al mismo tiempo. "Pensé: 'Ta, al fin estoy dando este paso'", recuerda. Desde la aceptación hasta la publicación pasó aproximadamente un año. "Traté de tomármelo tranquilo y no emocionarme de golpe demasiado", dice. Pero sabía lo que significaba: era el paso que desde adolescente se había imaginado.
Ahora los objetivos cambiaron, aunque no tanto. Quiere seguir escribiendo. Quizás más policiales, quizás algo más experimental. "Este primer libro quería que fueran cuentos que te agarran la cara y no te sueltan", explica. Como se estaba introduciendo en el mundo literario, necesitaba algo que desde el arranque no te soltara. Después, dice, puede jugar más. "Espero tener varios libros más", cierra.
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