Seré curioso
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Martín Sarthou: "El rumor de que me convertí al Islam me hizo daño, me perjudicó"

El muchacho que de niño se aprendía de memoria las capitales y las banderas, se aleja de Teledoce para darle tiempo a Nacional, su gran amor.
03.01.2019 09:23
2019-01-03T09:23:00

Por César Bianchi
@Chechobianchi

Fotos: Juan Manuel López


El periodista Martín Sarthou (48) concede la entrevista un 24 de diciembre en su novel oficina de la sede del Club Nacional de Fútbol sobre 8 de Octubre. No se le ocurre un mejor empleador que el cuadro de sus amores ni un mejor jefe que el flamante presidente de la institución, quien lo convocó a trabajar en la comunicación. La llegada de Sarthou a Nacional trajo, como consecuencia, un alejamiento de la pantalla de Telemundo y el canal Teledoce, con quien acordó tener una columna de análisis de un hecho internacional cada 15 días. Justo lo que él quería y venía reclamando: desmenuzar en profundidad episodios del contexto internacional. Perder exposición en TV lejos de molestarle, le significa un alivio, porque tras 20 años en pantalla, ya le estaba resultando "desgastante".

En la charla que mantuvimos en vísperas de Navidad, también se refirió a los fenómenos globales que más le preocupan y sigue con avidez, al rumor de que se había convertido al islamismo (y cómo lo afectó), al episodio que lo enfrentó a Juan Peirano en Miami, a qué aprendió de entrevistar a terroristas y salvajes o cómo se transa cuando del otro lado está Hamas o Hezbollah. Y también contó por qué prefiere ser el que va a buscar a su hija adolescente al baile, en vez de ser el que la lleva.

-¿Por qué querías ser ciclista y dentista de niño?

-Lo de dentista no tengo ni idea. Capaz que de chico alguien me dijo que ganaban bien... la verdad que no sé. Y lo de ciclista es un gen incorporado desde niño, por haber escuchado la Vuelta Ciclista y Rutas de América. Siempre vi al ciclista como una especie de superhéroe, yo dibujaba a (José) Asconeguy, (Ricardo) Rondán, (Juan Carlos) Seijo, eran como mis superhéroes, de hecho llegué a entrenar como ciclista en el Club Fénix, pero tenía 14 años y abandoné porque tenía que ir hasta allá solo y no podía. Pero pensaba qué coraje había que tener para ser ciclista. Siempre los tuve como algo fuera de lo normal.

-Quizás por aquel ciclista aficionado te gustó tanto el libro El ciclista de Tim Krabbé...

-Sí, claro. Es una novela que acerca el mundo del ciclismo a quien de repente no conoce nada de este deporte. Mucha gente se cree que en el ciclismo lo que importa es el que llega primero y se pregunta para qué están pedaleando cuatro horas si lo importante son los últimos 50 metros. Entonces hay un montón de cosas que van pasando por la cabeza del ciclista, y es lo que cuenta ese libro. De hecho, acá (en su oficina de la sede de Nacional) tengo libros de estrategias en el ciclismo. Me apasiona.

-¿Cuál es el primer recuerdo que tenés como hincha de Nacional?

-El más vívido fue con 10 años la final de 1980. Fue épico y apoteósico para cualquier niño de 10 años ver una celebración de esa magnitud (campeón de América y del mundo). Pero los primeros recuerdos que tengo son con mi hermano y otros amigos chicos corriendo en la Olímpica, juntando y pateando vasos, tapitas, mientras se jugaba el partido. Yo tendría 6 o 7 años y no disfrutaba tanto el partido.

-¿Tuviste otros laburos antes de ser periodista?

-Mi primer laburo fue en un videoclub, en el Prado, "La Botica". Era una farmacia por la calle Suárez que tenía salida por Cisplatina y los dueños pusieron en el depósito un videoclub. Me encantaba ir al video a alquilar películas y terminé laburando ahí. Y después tuve otros trabajos. Mientras estudiaba en facultad, me puse a trabajar en el INJU que tenía una publicación semanal que salía con El País, y ahí escribía. Era una separata que iba encartada con el diario, ahí escribía de bandas de música, de acciones jóvenes... Después de eso, pasé a trabajar en la comisión uruguaya para la Unesco, era la época de Antonio Mercader como ministro (de Educación y Cultura), años 92, 93, y ahí trabajé hasta el 94, cuando entré a El Observador. Ahí pasé a aprender y formarme como periodista.

-Pero no estudiaste comunicación social, sino Relaciones Internacionales. ¿Por qué? ¿Qué te atrajo de esa carrera?

-Siempre tuve una curiosidad grande por cosas que pasaban en el mundo. No había internet, coleccionaba mapas. Siempre me fascinó imaginarme otros lugares. De chico tenía esa bobada de estudiarme todas las banderas del mundo y las capitales del mundo. Me decías Etiopía y te decía Adis Abeba, y te describía la bandera. Todo lo que venía del exterior para mí era fascinante, era un mundo por descubrir y por entender. Los distintos trabajos me llevaron a viajar. Por Unesco viajé mucho, en El Observador hubo una apuesta por eso, y Relaciones Internacionales era algo que ya desde el nombre cuadraba mucho con todo eso. En el 94 me fui a estudiar con una beca a Canadá, era una beca para estudiar nacionalismo y terrorismo. Mi padre me decía: "No sé si querés laburar en algo de nacionalismo o de terrorismo, pero en ninguno de los campos te veo salida profesional". Era un fenómeno hermoso para estudiar, pero para tratar de desalentar, sobre todo el terrorismo. A partir de ahí descubrí un mundo en el que quería profundizar: fui docente en Teoría de Relaciones Internacionales. En El Observador noté que se trataba un poco mejor la información, que había un poco más de análisis, ponía más todo en contexto, dejé un curriculum, me dijeron "cualquier cosa te llamamos". Me fui a Canadá y estando allá, me llamaron. Les dije que terminaba en diciembre, que si al volver seguía abierta la vacante, me interesaba. Cuando volví, estaba abierta, me bancaron y ahí estuve hasta el 99, en Internacionales.

"Siempre tuve una curiosidad grande por cosas que pasaban en el mundo. No había internet, coleccionaba mapas. De chico tenía esa bobada de estudiarme todas las banderas del mundo y las capitales. Me decías Etiopía y te decía Adis Abeba"

-¿Te atraía más comprender lo que pasaba afuera que las noticias de la política criolla?

-Me gusta muy poco la política nacional. Me interesa como a cualquier ciudadano, aparte de estar informado, y muchos fenómenos nacionales tienen mucho de lo que está pasando en el mundo, es imposible hacer una disociación de lo que pasa en Uruguay por lo menos con lo que pasa en la región o con fenómeno del mundo. Hoy tenemos un fenómeno migratorio que atender y va de la mano de lo que venía pasando en los últimos dos años en la región y el mundo. Pero si a mí en un medio de comunicación me ponían a cubrir salud pública, no tendría ni idea y no me interesa. Si me ponían a cubrir municipales, lo hubiera hecho, pero no es el área que más me interesa. Si no era internacionales, no me gustaba otra cosa. De repente algo más vinculado a tendencias de consumo, tendencias de fenómenos sociales que se van dando, pero no los temas áridos. No sé si soy buen periodista en el área de (noticias) internacionales, pero en todo lo otro hubiera sido malo, directamente. Cuando algo no te interesa o no te llama, es así. Si tengo que cubrir un congreso de la FUS (Federación Uruguaya de la Salud), te lo cubro con todo el profesionalismo posible, pero no es algo que me mueva mucho.

-De joven te interesaron fenómenos como el nacionalismo y el terrorismo. ¿Ahora qué fenómeno internacional te interesa y seguís con avidez?

-Con mucha avidez sigo el fenómeno migratorio. Me parece el gran drama de los últimos cinco o seis años, por todo lo que generó y movilizó en el mundo, aparte del fenómeno en sí mismo. El auge del terrorismo vino asociado a alguno de los fenómenos migratorios. El auge de gobiernos de derecha ultraconservadoras a partir de los fenómenos migratorios, utilizándolos como bandera. Generó tanto cambio, más allá de lo migratorio, que me interesa particularmente.

Y después hay uno que me interesa mucho que es uno que nos compete a todos: el de las noticias falsas o fake news. Globalmente es un fenómeno, el del acceso a la información de calidad o contrastada que creo que nadie lo está ignorando pero al día de hoy la gente no está tan abierta a decir: "Necesito un chequeo" y compran lo primero que le ponen adelante, y comparten lo primero que le ponen adelante. Solamente el hecho de que en el Reino Unido hoy las encuestas que se hacen entre aquellos que manifiestan a favor del Brexit, de haber salido de la Unión Europea, hoy 7 cada 10 dicen que hoy votarían que no quieren salir, porque en aquel momento la información que tenían era otra. Ahí te das cuenta que hubo una campaña.

-Lo mismo aplica para Donald Trump y los estadounidenses...

-Claro, pero ahí no tenemos un registro entre votantes de Trump para saber cuánto afectó el flujo de información falsa. O (Jair) Bolsonaro (en Brasil), o (Matteo) Salvini en Italia, o (Viktor) Orbán en Hungría... Hoy, entonces, el fenómeno migratorio y todo lo que conlleva, y las fake news son los dos fenómenos que miro con atención, porque definen muchas cosas.

-"Yo ya no pertenezco a ningún ismo", canta Fito Páez en "Al lado del camino". ¿Has pertenecido a algún ismo?

-Sí... Pero... ningún ismo militante, no uno que me haya sacudido, ningún ismo que me haya embanderado. Tengo un sistema de valores, creencias, soy de las personas que puedo votar a un lema en las nacionales y a otro en las departamentales. O un lema en las nacionales y a los cinco años cambiar de lema. Me importan más los proyectos, las propuestas, las personas también. Esto es de hace tiempo, no es por un desencanto actual con la política. Siempre fui de estudiar lo que dicen, más que decir que pertenezco a una corriente o decir que tradicionalmente soy de determinado signo político: ya sea comunismo, socialismo, progresismo, nacionalismo, batllismo, etcétera.

"Con mucha avidez sigo el fenómeno migratorio. Me parece el gran drama de los últimos cinco o seis años. El auge del terrorismo vino asociado a eso, o el auge de gobiernos de derecha ultraconservadoras, utilizándolo como bandera"

-En 2016 corrió el rumor de que te habías convertido al islamismo... ¿Qué hubo de cierto en eso?

-Corrió ese rumor, sí. De cierto no hay nada. Es algo que me hizo daño, me perjudicó. Mirá, después de varios viajes a Medio Oriente, después de estudiar fenómenos, (puedo decir que) no es lo mismo viajar a determinado lugar y confirmar un montón de creencias que uno se fue formando académicamente o estudiando. Podés confirmar algunas cosas y se te caen algunos mitos. Ahí ves que es necesario estar en esos lugares, hablar con la gente, ver el fenómeno lo más de cerca posible, y descubrir que uno no sabe nada. Y si desde los medios tengo que hablar de sunitas, chíitas, o de saudíes e iraníes, y dónde nace la rebeldía entre unos y otros... El Islam es tan complejo de entender que necesitaba tratar de entender y desmenuzar todo, para formarme una opinión mucho más acabada y profunda para poder hablar con propiedad. Hay un Centro de Cultura Islámica, que es dependiente de la Embajada de Egipto en Uruguay, que es abierto para estudiar lengua, cultura y religión islámica, tiene una suerte de mezquita, y en su momento fui a estudiar la cultura islámica y su lengua. Fue en 2016, en un momento donde el fenómeno terrorista empezó a aumentar en el mundo, donde alguien me sacó una foto y me la mandó diciéndome que me había visto entrar y salir. Pero como yo, también iba un gerente de un frigorífico que le exporta carne a Irán, o vende ovinos en pie a Arabia Saudita, y necesita estudiar su lengua y prepararse. Pero yo, como tenía la responsabilidad de informar en un noticiero, determinado grupo de gente me lo señalaba como algo malo, o como que formaba parte de algo. De ahí sale lo de la conversión.

Después vienen los liberados de Guantánamo que llegan a Uruguay. Yo utilicé mis contactos para entrevistarlos porque como periodista quería hacerles una entrevista y que fuera de las primeras; de hecho, la primera que dieron colectivamente la grabamos para Telemundo en un club de pesca con la rambla de fondo, y esa entrevista, unido a lo otro, hizo que algunos creyeran que había un acercamiento con ellos, y nada que ver... Pero bueno, a alguien le pareció oportuno tildarme de algo (de islamista) como si fuese malo. Más allá de que la información era falsa, errónea, había una clara intencionalidad.... En el canal me llamaron para preguntarme si era verdad, pero no porque les importara, sino para aclarar, para saber si era verdad o mentira. Hubo gente, de algún colectivo, que fue a pedir formalmente que me despidieran, diciendo que era inconveniente que yo trabajase dando noticias internacionales y perteneciera a una religión. Es un colectivo no oficial, no gubernamental.

-Tengo que preguntarte si te referís a la colectividad judía...

-Yo no lo quiero decir. Para mí es un episodio del pasado, y se lo dije en la cara a las personas que fueron a pedir que me despidieran: les dije que con el bolsillo de alguien no se juega, tampoco con la reputación profesional y menos con mentiras. Lo único que tenemos los periodistas como valor intangible es la credibilidad. Jugar con eso me parece una de las jugadas más pobres que pueda haber. Pero aún así, imaginemos: si yo soy hincha de Nacional, no afecta porque doy noticias internacionales, no deportivas. Si yo profesase el budismo, el islamismo, el catolicismo, el judaísmo o lo que sea, ¿cuál sería el problema? ¿Puedo seguir siendo un periodista independiente más allá de mis convicciones religiosas? Claro que puedo. Si yo fuese budista me mirarían como algo curioso, si soy católico no pasa nada, porque es lo más normal, y si me hubiera convertido al Islam sería de lo más curioso, pero, ¿hubiera estado mal? No. Entonces, nunca entendí el ensañamiento o eso de mostrarlo como algo negativo. De todo, lo mejor fue la respuesta que le dio Teledoce a ese colectivo que pidió que me echen: se le dijo que a Martín Sarthou se lo respetaba por su profesionalismo, por su trabajo periodístico y sólo se me juzgaba en función de mi responsabilidad periodística, y no tenían nada para reprochar de mi trabajo.

-¿Pensás que fue una buena decisión de Mujica la de recibir y darle refugio a los exreclusos de Guantánamo?

-Que Uruguay sea un país que pueda acoger inmigrantes es un tema, (que sean) presos de Guantánamo no lo veo mal en función de que se hubiera estudiado seriamente qué tipo de prisioneros se trata. Recordemos que Guantánamo es un limbo jurídico donde hay muchas personas inocentes o simplemente que por ser sospechosos pagaron penas sin el debido proceso. En ese sentido, Uruguay respeta los derechos fundamentales, es garante de los derechos humanos; hay una clara violación a los derechos humanos y a las libertades enorme (en la cárcel de Guantánamo), pero ahí hay y hubo terroristas de la peor condición, y también gente que no estaba ni cerca. Me parece que lo que no hubo (en el gobierno de Mujica) fue un estudio del quién es quién, cómo venían y a qué venían. Claramente hubo un apuro por cerrar un acuerdo, un acuerdo de intereses de un lado y del otro: para unos sacarse de encima el problema o intentar cerrar la base de Guantánamo y en ese camino encontraron a Uruguay, que tenía un interés comercial. Y también un interés político de mostrarse al mundo dando determinadas señales.


"Hubo gente, de algún colectivo, que fue a pedir formalmente que me despidieran, diciendo que era inconveniente que yo trabajase dando noticias internacionales y perteneciera a una religión. Les dije que con el bolsillo y la reputación no se juega"

-"Me gusta descifrar la cabeza perversa", dijiste en una entrevista en Galería. ¿Es eso de hacer el esfuerzo por intentar entender por qué cometieron atrocidades?

-Eso lo dije a propósito de cuando estuve en Irlanda del Norte, en Belfast, en pleno proceso político complicado y caliente de la problemática entre católicos y protestantes. Siempre lo uso como ejemplo, porque cuando te hablan del terrorismo religioso nunca nadie dice que en pleno siglo XX, a 30' de Londres, había atentados terroristas religiosos occidentales entre católicos y protestantes, que hasta el día de hoy se siguen baleando, con ciudades segregadas con alambres de púas y rejas. Eran católicos y protestantes. Parece que el terrorismo religioso solo tuviera que ver con otras religiones que no incluyan las cristianas o de raíces cristianas. Fuera de eso, te decía, hice un trabajo de entrevistas en el penal de Maze, el penal donde estaban los protestantes y católicos de las alas radicales del IRA o de otros grupos nacionalistas, entrevisté a muchos terroristas, pero más que nada asesinos, de mente perversa. Entrevisté a uno que le decían "el carnicero de Shankill Road" que fue un tipo que mató a siete personas, les cortó la cabeza, y como él vivía en Shankill Road, una calle que divide a los católicos y los protestantes en Belfast, colgó las siete cabezas mirando hacia el otro lado, como una suerte de mensaje intimidatorio. Ese hombre se acogió a una ley que había en la cual si optabas por un camino religioso, te conmutaban pena, y se convirtió en pastor protestante, para salir antes de tiempo de la cárcel. Ahora es un pastor respetable. Tratar de entender el pensamiento violento, tratar de entender qué lleva a alguien a cometer un atentado terrorista me intriga, me apasiona.

-¿Y lo lograste? ¿Pudiste descifrar alguna cabecita no muy ordenada?

-Siempre terminás en un mismo punto: buscan la trascendencia, buscan que se cuente, que se divulgue, y desde los medios hacemos el trabajo que ellos buscan: difundir eso. ¿Por qué el de las Torres Gemelas de 2001 fue uno de los atentados con más repercusión mundial? No fue casualidad que impactara un avión contra una de las Torres Gemelas y que 11 minutos después impactara el segundo. ¿Por qué? Porque todas las televisiones del mundo iban a estar emitiendo en directo, y era la única posibilidad de transmitir en directo uno de los atentados más impactantes en la historia. Un día un enfermo mental dijo: "¿Y si hacemos chocar un avión lleno de pasajeros, civiles e inocentes, contra un edificio lleno de civiles inocentes, en Nueva York, un 11 de setiembre?" Y alguien agregó: "Y si mientras todos están filmando, ¿chocamos otro contra la otra torre?" Esa perversidad es lo que me despierta curiosidad. Lo que entendí es que su victoria es la trascendencia: la magnitud del hecho multiplicado "por los siglos de los siglos, amén".

-¿Te interesa entender por qué llegaron al poder democráticamente Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil o un sanguinario como Rodrigo Duterte en Filipinas? Porque la gente los eligió...

-Duterte es una bestia, es un animal, un tipo que no tiene reparos en decir que salía a balear drogadictos, que mandó matar a su hijo... A ver, pasan esas cosas con países que te dicen: "Con tales países no hacemos negocios con determinadas dictaduras" o "con regímenes únicos no negociamos". Pero Estados Unidos y China jamás van a dejar de ser socios (más allá de las sanciones de ahora), y con Filipinas ni hablar. Y su presidente es un violador de los derechos humanos confeso.

Pero contestando tu pregunta: son personas que se valieron del sistema vigente para llegar al poder y desde el poder utilizar el sistema democrático para torcerlo a su favor. Incluso Maduro en Venezuela, suspendiendo libertades e instituciones, siempre a través del canal democrático. ¿Por qué? Porque si llegan democráticamente, después tienen el cartel de decir: "Pará, pará, a mí me votaron, gané en las urnas". En Estados Unidos entendés más el fenómeno cuando ves la escasa participación que hubo, una estrategia de campaña de Trump de ganar en los lugares que aportaban más votos al colegio electoral sin tener enormes victorias en los grandes centros de votación urbanos, llevando un discurso que era distinto a lo que decía en Indiana, que lo que decía en Vermont. Entonces, el tema está en la gente. Yo puedo presentarme ante la sociedad con la propuesta más curiosa o antisistema, pero la tiene que validar la gente. Entonces, ¿por qué tienen esos discursos? Porque alguien lo compra. ¿Qué lleva a esa gente a comprarlo, a votarlo, a avalarlo? Y se suman un montón de cosas... como en Brasil. Justificar lo de Brasil diciendo que la gente estaba harta de la corrupción es un simplismo. Es un elemento más. Claro que estaba cansada de la corrupción, pero quizás caló más hondo en la gente el fenómeno de la mano dura, o cuando escuchamos a alguien decir: "¿Te das cuenta? Le dieron tres años nomás de pena, y el tipo violó, mató...". Y ahí entra un político y promete mano dura, cadena perpetua, pena de muerte. Y el vecino te mira el video del tipo en el supermercadito, con el tipo que labura y se rompe el lomo todos los días y lo afanan 26 veces en seis meses. Entonces, ese ciudadano dice: "La verdad que este tipo me caía grueso, pero promete mano dura y esto ya no se aguanta más". Es peligroso, habrá que ver...


-No a cualquiera se le da por aprender árabe y euskera... ¿Por qué ese interés?

-Euskera por una tradición familiar, Sarthou es un apellido vasco, del sur de Francia, aunque a mí me gusta decir del norte del País Vasco, de la ciudad de Pau. Siempre tuve cercanía con el centro Euskal Erría, aprender euskera era la búsqueda de las raíces. Y árabe por razones de trabajo.

-¿Y chino no? Dicen que es "el" idioma que todos tenemos que ponernos a estudiar...

-Al día de hoy te diría que si tuviera tiempo me pondría a estudiar chino y a entender la cultura china. La vastedad de lo que es China te obliga a no quedarte solo con el chino mandarín, que es muy complejo. Sería un golazo que pusieran chino como idioma obligatorio a estudiar en la escuela. Parece que ya fuera bastante con que formemos parte de una entidad obsoleta como el Mercosur, que no tiene razón de ser como unión aduanera, donde en su momento se habló del portugués (en los centros educativos).

-El banquero Juan Peirano Basso te inició una demanda por haberlo filmado en su juicio por extradición en octubre de 2006, cuando él estaba en estrados judiciales de Miami, dado que esa filmación estaba prohibida por las leyes del estado de la Florida. Vos te declaraste culpable por desacato al haberlo filmado sin su consentimiento. ¿Cómo recordás ese episodio?

-En realidad fueron dos denuncias que tuve. Siendo que él estaba enfrentando un juicio por extradición del gobierno uruguayo para responder por presuntos delitos cometidos en Uruguay, Juan Peirano decía que al mostrarlo esposado de pies y manos yo estaba violando el principio de presunción de inocencia, porque lo estaba mostrando como se muestra a un reo culpable de algo. Y la otra denuncia que tuve fue de la Corte Federal de Miami por violar las normas internas al haberle tomado una fotografía y un registro en esa corte. Sobre los dos hechos tuve que responder; el juez entendió que la violación del principio de inocencia de Juan Peirano no la violaba yo. Le llevamos todas las pruebas documentales para que se entendiera que en Uruguay Juan Peirano estaba visto como una persona que estaba vinculada a hechos delictivos, no por esa imagen sino que hasta un par de años antes había un par de cuplés de murgas enteros donde hablaban de él y lo mostraban con un traje a rayas. Ahí no me declaré culpable. Sí me declaré culpable de haber grabado con mi celular donde no podía. Tuve una pena menor, tuve que pagar 1.005 dólares y por el resto de mi vida no puedo entrar como periodista -sí como reo- a ninguna corte federal en la Florida.

"¿Por qué hay políticos con discurso antisistema? Porque alguien los compra. ¿Qué lleva a esa gente a votarlos, a avalarlos? Se suman un montón de cosas... Justificar lo de Brasil diciendo que la gente estaba harta de la corrupción es un simplismo"

-¿Sabías que tenías prohibido filmarlo y lo hiciste igual o desconocías esa norma del estado de la Florida?

-Sí, sabía. Había carteles por todos lados.

-Lo hiciste igual por el interés periodístico...

-Exacto. De Juan Peirano había dos imágenes en ese momento: una de una revista empresarial, y otra que era de Interpol, y no había imágenes nuevas de él. Y yo estaba ahí, viéndolo, y metí el teléfono de "canuto"... Tenía que pasarlo por un detector de metales, lo pasé como pude y lo tenía ahí. Vi la oportunidad y la aproveché. Cuando mandé los siete segundos de imágenes al canal, hice las advertencias del caso y pedí que hicieran las consultas legales del caso. Sabía que yo me exponía y me lo hicieron saber del canal. Lo más divertido fue que él tenía abogados uruguayos que habían sido compañeros míos de facultad, que vieron que yo iba a filmar y se pusieron de tal forma como para que yo lo filme sin que me vieran las autoridades de la corte. Y después esos mismos compañeros de facultad, que me taparon para que yo pudiera hacerlo, fueron los que me denunciaron. Pero está bien, ellos estaban defendiendo lo suyo. No los juzgo, los recuerdo.

-¿Cuál es la experiencia que te más te marcó de alguna cobertura de guerra?

-La transa con cualquier parte involucrada. La zona de conflicto la controla un grupo rebelde: o Hezbollah en el sur de Líbano o Hamas en el norte de la franja de Gaza, en el sur de Israel el Ejército de Israel y en norte de Israel lo mismo. Para que te lleven al lugar para poder trabajar, tenés que transar. Esa transa es: primero te vamos a dar la versión oficial y te mostramos lo que queremos que muestres. En el caso del Ejército de Israel es no dejarte entrar a la franja de Gaza o primero escuchás la información oficial, y es no dejarte trabajar libremente, porque la historia vas a tener que contarla de Gaza para afuera. Y del lado de Hamas y Hezbollah, primero tenés que venir a la morgue y mostrar los cuerpos de niños y mujeres que queremos que muestres. Del lado de Israel también te llevaban a las morgues, y te mostraban las víctimas del otro bando.

-¿Y siempre transaste?

-Es que es una de dos: o pasabas por eso o te quedabas en Beirut viéndola de lejos. Para eso me quedaba en Montevideo. Y cuando te hablaba de derribar mitos, mirá lo que me pasó: cuando llego a Beirut para poder contactar a los de Hezbollah, me dicen: "Mañana los pasamos a buscar y los llevamos al sur. Los encontramos en la plaza tal a tal hora". Días antes de salir en Telemundo nosotros damos la noticia de que el Ejército de Israel bombardeó una ambulancia de la Media Luna Roja (vendría a ser la Cruz Roja), y condenamos el hecho, claro. Cuando nos pasan a buscar, nos pasa a buscar una ambulancia de la Media Luna Roja, las dos personas que bajaron con túnica blanca no eran médicos ni enfermeros y lo que había dentro de la ambulancia no eran camillas ni tubos de oxígeno, había hasta cohetes y morteros, y eran Hezbollah. Nos llevaron a la zona de conflicto, pude trabajar y demás. Primero, bajo sus condiciones y después, libremente. Y yo pude decir, y dije -no en ese momento, claro está- que eran de Hezbollah vestidos de enfermeros de la Media Luna Roja. Los denuncié porque, primero, tenía que rectificar lo que había dicho días antes de esa salida: que Israel había bombardeado una ambulancia de la Media Luna Roja, cuando no fue así. A ver, dije que quizás habían atacado una ambulancia real, o quizás no. Tuve que denunciar el uso de una agrupación terrorista de vehículos e imágenes de una ambulancia humanitaria, porque ponían en riesgo toda una cadena de protección humanitaria con una base legal y sustento de derecho. Pero tuve que llegar ahí para verlo, vivirlo y presenciarlo, y no cometer el error de decir alegremente que dos más dos son cuatro. En otro caso, recuerdo una marcha fúnebre que iba camino a un funeral, y llevaban un cajón, y era muy común que ahí pasaban 15 o 20 personas que en el cajón llevaban armas. Pero hubo un caso en que se desconfió, y en realidad sí había un muerto en el cajón. Esas injusticias se cometen, es muy difícil discernirlo.

-¿Cuánto estudiás cada tema internacional que tratás? ¿Tenés una metodología estipulada para estudiar cada tema e ir elaborando un análisis crítico propio?

-Sí, sin método no hay nada. Tengo una rutina: las mañanas las dedico a leer dos o tres temas por día, leo los temas que me importan o los que desconozco, que son los que más me importan. Junto datos, recopilo, voy guardando en carpetas digitales y cada vez que tengo que recurrir a un tema, acudo a esas fuentes que para mí fueron relevantes o importantes, a las que les asigno credibilidad. Estoy suscripto a medios en internet en inglés, alguno en francés, otros en castellano. Si tengo que buscar algo en Google, trato de escaparle a los primeros 20 resultados, para desde ahí, ir a buscar muchas cosas.

-Por cierto, tus hilos en Twitter explicando fenómenos internacionales han cobrado cierta notoriedad y son muy recomendados. Supongo que te llevan trabajo, y no cobrás por ello. ¿Son una suerte de servicio a la comunidad?

-Sí, los hilos no se cobran. Trabajo en Telemundo, y de repente había un tema que no podía desarrollarlo en el noticiero, entonces usaba los hilos de Twitter para explicarlo. Alguien me dijo: "¿Por qué todo eso mismo, en vez de desarrollarlo en 16 tuits, no lo escribís en un blog?". De hecho, tengo un blog, pero descubrí que tenía mucha más interacción y generaba más conversación Twitter que el blog en sí mismo, donde la gente tiene pereza de meterse.

-¿Por qué involucrarte en la campaña electoral de Nacional, y al lado de José Decurnex, quien resultó el nuevo presidente del club?

-Porque encontré una persona con un proyecto político y deportivo que me fascinó, y porque es un tipo inspirador. Me llamó para tener una reunión, él sabía que yo tenía un proyecto de comunicación para el club y quería escucharlo, y en esa charla no tuve mucho que pensar. Tuve una charla, tomamos un café, todavía no había revuelto el café y pensé: "Este tipo va a ser presidente de Nacional". Creo mucho en él, me genera mucha confianza. Hoy es 24 de diciembre (NdeR: el día de esta entrevista) y hay un solo funcionario, yo vine a trabajar y él vino hasta hace un ratito a trabajar acá conmigo.

-Tu nueva función en la comunicación del club te va a llevar a alejarte un poco de Telemundo, que ha sido tu casa desde hace 16 años. ¿Necesitabas alejarte un poco de la pantalla y asumir otros desafíos profesionales?

-Sí, lo necesitaba. La televisión me estaba resultando desgastante. Lo que voy a tener ahora, desde febrero, es una columna de análisis cada 15 días. Sólo eso. No iba a tener nada, me iba a ir, pero el canal insistió y acordamos esa columna cada dos semanas. Es lo mejor que puedo hacer, porque parte del desgaste en Telemundo era que el espacio de Internacionales era cada vez más reducido, y no había margen para lo único que me gustaba hacer que era explayarme sobre un tema. Entonces, si cada 15 días voy y tengo un espacio para exponer un tema en profundidad, bueno, ahí me voy a sentir a gusto. Es lo único que me interesa hacer hoy, y lo hago en Telemundo, que profesionalmente me ha dado todo.

-Tuviste un recordado romance con Eunice Castro y desde 2009 estás en pareja -ya casado- con la exmodelo y comunicadora Victoria Zangaro, ¿Qué cuidados o precauciones toman cuando salen a la calle? ¿O en Uruguay no es un problema que ambos trabajen en los medios?

-¿En la calle? Somos un matrimonio común y silvestre, con la vida más normal del mundo. Pude haber cometido errores en el pasado, y uno aprende. Con Victoria nunca los temas de nuestra vida privada fueron noticia. Nunca. Los hechos de nuestra vida privada no han sido noticia, ni van a serlo. Andamos por el barrio de short y chancletas como cualquier otro vecino. No estamos en pose, ni nada.

"Nos pasa a buscar una ambulancia de la Media Luna Roja, los que bajaron con túnica no eran médicos ni enfermeros y lo que había dentro de la ambulancia no eran camillas ni tubos de oxígeno, había cohetes y morteros. Eran Hezbollah"

-¿En qué actividades acompañás a tu hija de 16 años?

-Soy el que prefiere ir a buscarla a bailecitos y demás fiestas, y no el que la lleva, porque quiero estar viendo qué es lo que pasa. La acompaño en todo lo que importa. Hablamos mucho. Es una etapa en la que dejan de ser niños, ya son adolescentes entrando a un mundo en el que les aparecen cosas donde tienen que tomar decisiones. Yo quiero que esas decisiones las tome ella, pero con mucho fundamento detrás. Y tanto la mamá como yo insistimos en darle toda la información posible. Yo quiero que cometa errores, porque si uno no comete errores no aprende, pero cuando los cometa no van a ser por falta de información, sino por falta de experiencia. Lo que me va a dejar más tranquilo es que la familia, el círculo cercano, vamos a ser los primeros en escuchar: "Papá (o mamá), me equivoqué" o "me mandé tal macana". Eso ya ha pasado, y me deja muy tranquilo.

-¿Sos feliz?

-Como toda persona busco la felicidad, y descubrí que está en las cosas más simples. Tengo salud, mi familia goza de salud, mi núcleo familiar está sólido, tengo laburo y tengo el mejor trabajo del mundo: trabajo en Nacional. Soy recontra feliz. Si dijera que no lo soy, sería muy mezquino.



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