Seré curioso

Seré curioso

Marrone: “Acá escarbamos demasiado. Es periodismo para periodistas, la gente se agota”

Pasó a Canal 10, donde co-conducirá “Sonríe”. De periodismo, noticieros largos, radio, TV, acoso y feminismo hablamos con Nole.

25.02.2021 11:00

Lectura: 26'

2021-02-25T11:00:00
Compartir en

Por César Bianchi

Fotos: Juan Manuel López


En el liceo o ya en facultad, María Noel Marrone no se imaginaba ni siquiera entrando a un estudio de radio o televisión. Lo de ella, creía, estaba detrás de cámaras, en producción. Tras alguna crisis vocacional que la hizo dudar entre economía o arquitectura, en comunicación se dio cuenta de lo que sería como mujer adulta: publicista. Y en tercero de facultad de Comunicación eligió, precisamente, la orientación Publicidad. Pero no, tampoco era eso.

Tras haber comenzado a trabajar como movilera en un programa deportivo recorriendo canchas de fútbol, rugby, tenis y otros deportes, su gusto por la música la llevó hacia algunas apariciones televisivas recreando La Fiesta de la X, y una buena idea junto a un socio la puso al frente de los hoy convocantes Premios Graffitti, toda una celebración de la música nacional. Empezó a darse cuenta que podía vivir de la televisión -ese electrodoméstico al que le presta poca atención en su casa- cuando en Teledoce la pusieron al frente de un noticiero matinal. Y reafirmó su gusto por el periodismo al frente de Desayunos Informales, un formato que la hizo sentirse realmente cómoda.

Marrone (44), la chica que pensaba ser publicista y no se imaginaba ni cebando mate en un estudio de TV, se ha transformado en una de las principales figuras de la televisión nacional, y solo estar leyendo esto, ahora misma, la crispa. No puede entender que la gente vea en ella otra cosa que no sea una mujer trabajadora que intenta comunicar lo mejor posible, pero que llega de un canal o una radio a barrer y limpiar platos, hacer las compras en chancletas o salir a pagar la cuota del alquiler de la casa. Nada VIP, diría ella.

La periodista desembarcará en breve en Canal 10 para co-conducir Sonríe, un programa que conoce muy bien. Ni se imagina reemplazando a Blanca Rodríguez, algún día, en un noticiero central (desechó una oferta similar en Teledoce), entre otros motivos, para no perderse la infancia de su hija Francesca, su persona favorita. Ya no tener que madrugar, poder despertarla, desayunar con ella y llevarla a la escuela es el salario emocional que Nole estaba necesitando con urgencia.

-¿Qué querías ser de niña cuando fueras grande?

-No tenía nada definido. Me parecía algo tan lejano... No tenía algo específico, y cambié varias veces. En preparatorio empecé en Científico y después me cambié a Humanístico. Después me metí en Economía, iba a estudiar Arquitectura... Y después me decidí por Comunicación, primero en la pública y después me fui a la Universidad Católica, soy generación 97.

-Y en la Universidad Católica, donde estudiaste Comunicación, ¿qué te tiraba más? ¿Te perfilabas para prensa, radio o TV?

-¡Publicidad! Miraba poca tele (miro poca tele), siempre escuché mucho más radio. Nunca me imaginé pisar un estudio de televisión, nada. En primero de facultad tuve a Gustavo Rey y me decía: "Vos vas a terminar trabajando en radio. ¿Por qué no probás?". Y no, no me veía ni en radio ni en tele. Quería trabajar en publicidad, en tercero elegí Publicidad y lo terminé, pero me di cuenta que no era lo que yo pensaba. Con los años me di cuenta que elegir lo que querés ser a los 15 o 16 años es muy difícil. Y además no había bachillerato artístico en esa época, en el liceo, que es algo que hubiera elegido, obviamente.

Yo me di cuenta que quería materias de distintas universidades, un mix con asignaturas de distintas facultades. Lo más parecido a eso fue Comunicación. Eso me dijo Gustavo Rey: "Acá te vas a recibir de comunicadora social. Vas a tener un poco de bellas artes, que era lo que te gustaba, vas a tener estadística, que es algo con más números, y después vos misma te vas a ir dar dando cuenta qué tipo de comunicadora querés ser, y dónde trabajar". Y fue así. Después tuve a María Estela Moreno en Producción, y ahí dije: "Pará, esto sí me gusta. Capaz que puedo trabajar de productora en una productora audiovisual". Pero nunca me veía al aire.

-Tu primer trabajo fue en radio, a fines del siglo pasado (suena feo, ya sé). En la vieja Del Sol...

-¡Suena horrible! Un día en la cartelera de la UCU había un aviso: "Se precisa producción para radio". Llamé y me atendió la contestadora de Del Sol (la vieja Del Sol). En ese momento estaba trabajaba Paola Chiarello, una argentina, tuve una entrevista con ella y me dice: "Bueno, arrancás este fin de semana al aire, en un programa de deportes, donde recorrés todas las canchas". "¿Eh? ¡No! ¿Polo, rugby? No tengo ni idea". Me dijo: "Vas a aprender de todo, en un mes ya vas a saber dónde están todas las canchas". Pero yo no quería salir al aire. Ahí arranqué, y no paré más.

"En facultad había un aviso: 'Se precisa producción para radio'. Llamé a la vieja Del Sol y después la argentina Paola Chiarello me dijo: 'Arrancás este fin de semana al aire, recorriendo las canchas. En un mes vas a saber dónde están todas las canchas', me dijo"

-Un par de años después arrancaste en un canal que hace años no existe: Señal 1, en cable. ¿Qué programa era?

-En Señal 1 hice Pasión Noticias, presentando deportes. Lo hice con Javier Díaz. Era un informativo con 99% de fútbol y un 1% de básquetbol. Antes, cuando todavía estaba en facultad, había hecho algunas cosas en el programa En Órbita -estaba Valeria Tanco, el tano (Max) Angelieri, Alejandra Wolff y Noelia Campo- y cada movilera iba rotando según el programa. Eso fue lo primero que hice en TV. Después cosas para los Graffiti, dar información sobre los nominados, o algún premio. Y alguna Fiesta de la X en televisión.

-Y en la radio, ¿qué hacías?

-En la radio recorría canchas los fines de semana en un programa que conducía Vicky, "La Colorada", una argentina. Recorríamos canchas, haciendo móviles. De mañana había un programa con Carlitos Páez, Paola Chiarello, Fernando Peña, y yo a veces les hacía algunos móviles.

-Qué personaje Fernando Peña...

-Salado. Un tipo con un talento increíble, pero era imposible no divertirse, no pasar vergüenza, ¡todo junto! Nos llevábamos muy bien, yo lo quería mucho a Fernando. Era un buen compañero, súper solidario. Era zarpado, tenía sus cosas, pero él era así. Se sentaba en una mesa y hacía 14 personajes interactuando a la vez.

-¿Cuándo te diste cuenta de que podías hacer carrera en TV, con lo difícil que es esto en Uruguay?

-¡Todavía no me di cuenta! Se fue dando... Yo al principio jugueteaba con lo de la tele. Hacía algo de La Fiesta de la X, algo que tiene que ver con música, después En Órbita cuando estaba en facultad... me gustaba ir probando. En Señal 1 me tocó trabajar en deportes en el Mundial de Corea y Japón 2002. Pero, por decirte algo, fui extra en la película Plata quemada, porque quería saber cómo era el mundo del cine. Y después en tele donde estuve más fue en TV Ciudad que fue 2006 y 2007 en un programa de cultura, de propuestas culturales. En 2008 hice Sala TV, con bandas que iban a tocar y les hacíamos una mini entrevista. Y yo venía diciendo que no a mucha cosa, porque no me encontraba... Decía: "No, no es para mí". No me cerraba la exposición, y menos en un programa diario. Pero igual terminé agarrando Bien Despiertos (en Teledoce). Me dijeron que iba a ser un magazine, y yo ni sabía qué era. Después me di cuenta que es todo, y justo agarramos la campaña electoral de 2009. Teníamos una mesa de noticias, entrevistas políticas, otras de otros temas sociales, y ahí fui encontrando mi lugar: "Esto es lo que más me gusta del programa", pensaba, y era la primera hora, como un desayuno charlado, leído. Después terminamos entrevistando gente de todo tipo y color, y sacando adelante cosas de distintos temas.

Después me sale lo de Telemundo, y ahí me pasó que en el piso, si bien me gustaba mucho, por más que teníamos muy buena química con Valentín (Rodríguez Bausero) y Fernanda (Cabrera) y la mañana da para descontracturarte, lo que más me gustaba era hacer calle. Vos ahí manejás las cosas de otra forma, estás en territorio, conocés de primera mano las historias más lindas y las más feas. Y cuando dejé Justicia Infinita un tiempo, podía estar en el móvil del mediodía. Podía hacer una entrevista sola, tranquila, y no poniendo el micrófono con 20 más. Eso me dio una gimnasia que me sirvió para Desayunos Informales, la posibilidad de poder ahondar, analizar, ir a fondo. Ahí en Desayunos encontré lo que me gustaba. Me faltaba esa cosa de estar en territorio, pero tuve más posibilidad de hacer otras cosas.

-El colega Fabián Muro decía en 2018 que era difícil encasillarte. "¿Comunicadora graciosa? ¿Periodista seria? ¿Conductora todo terreno?", se preguntaba en El País. ¿Cómo te describirías vos como profesional?

-¿Sabés que me pasa? Cuando vos decís periodista, piensan "periodista seria". Hay millones de tipos de periodistas, pero para la gente es una periodista seria, que no sonríe, que hace entrevistas políticas y va al hueso. Si sos "comunicadora", entonces "esta no estudió, pero está en televisión, entonces es comunicadora, sonríe y hasta te tira unos pasitos de baile". Eso es lo que me termina pasando, que la gente te etiqueta, pero yo me siento un poco de todo. Yo prefiero que sea la gente la que me defina. Es difícil en un programa largo, donde a veces tenés entrevistas fuertes, tratar de descontracturar un poco (lo que no quiere decir reírse de realidades horribles).

-¿Sos más auténtica, más vos, en Justicia Infinita (Urbana FM) que en la tele?

-Justicia lo defino así: ¿viste cuando vos llegás de trabajar de una oficina de traje y corbata, llegás a tu casa y lo primero que hiciste fue sacarte todo, ponerte ropa cómoda y tirarte en el sofá? Bueno, es un poco eso. La tele tiene eso de -en mi caso, hasta 2020- el madrugón, información leída antes, porque estás muy expuesto, la gente te está viendo, ni que hablar el maquillaje, el pelo, la ropa (que combine), uñas perfectas, ¡e incluso mantenerte derecha! Y la radio tiene esa cosa de que nadie te ve, y podés estar cómoda. Bueno, ahora odio esto de que te filman o están subiendo historias (de Instagram)... Pero podés estar vestido con algo cómodo, cebándote mate, podés estar leyendo. Tenés menos filtro, y tenés otro vocabulario, porque es otro público.

"¿Viste cuando vos llegás de trabajar de una oficina de traje y corbata, llegás a tu casa y lo primero que hiciste fue sacarte todo, ponerte ropa cómoda y tirarte en el sofá? Bueno, Justicia Infinita es un poco eso"

-"Yo soy una mujer común y corriente", decías en esa nota que mencioné. Pero no lo sos. Sos una de las caras visibles más importantes de la TV uruguaya, y tu pase del Canal 12 al 10 fue todo un boom en el mercado de pases criollo. ¿Sos consciente de eso?

-No... y hasta me malhumora un poco. Esas son las cosas que yo no manejo. ¡No me digas todo eso! ¡Yo soy re común! Yo ando en mi barrio con mi pareja, mi hija, salgo con amigos, salgo en chancletas a barrer la vereda, voy a hacer los mandados como cualquiera. Me da que la gente se piensa que vos estás perfecta todo el tiempo, que te vivís preocupando por la estética, que hacés dieta y gimnasia, y que tenés otro nivel de vida, que vas a lugares donde la gente común no va, tipo VIP, todo VIP, y que no tenés atrás una cuota de alquiler que pagar o mil deudas. Y no es así, no somos Argentina ni nada por el estilo.

Ojo, no estoy yendo a una olla popular a pedir comida. Soy agradecida de lo que tengo, me doy cuenta de la realidad, pero tampoco soy otra cosa tan despegada, como mucha gente se piensa. Y no me encuentro mucho en el rol de estrella... En las primeras entrevistas que me hacían en televisión yo sufría horrible y pensaba: "Esto no es parte de mi trabajo". Yo vivo, voy al trabajo, salgo y sigo mi vida. Cuando me llaman de una revista, yo no sé qué contarles, no sé qué le puede interesar a la gente, ¿querés que te muestre mi casa? Mi casa tiene 60 metros cuadrados, ¿qué querés que te muestre de mi casa? No tengo nada en contra de esas publicaciones ni de la gente que sale en esas revistas, pero yo no tengo nada para ofrecer.

-¿Qué te entusiasma de tu trabajo?

-La conexión con la gente. Llevarle a la gente información que quiere saber, pero también un poco de alegría en momentos jodidos... Fue un año complicadísimo el 2020, entonces me entusiasma trabajar en equipo y poder mostrarle a la gente qué estaba pasando realmente. A veces la gente se imagina que uno tira para un lado o tira para el otro. El Covid: bueno, ¿qué es? La opinión de toda la gente: médicos, políticos, expertos, qué va a pasar en el trabajo, la plata, bueno, todo eso llevárselo a la gente, pero además compartirlo con algo ameno, un poco de alegría, sonreír ante todo. La vida ya es muy complicada. Busquemos en las noticias, en la forma de darla algo más entretenido. A veces siento que nosotros los periodistas escarbamos demasiado. Hacemos periodismo para periodistas, y a la gente a veces no le interesa y se agota. Si bien está bueno dar información, tener 500 horas al día de Covid a la gente la termina cansando. Y hoy tenemos mucha competencia, si la gente no quiere ver eso, cambió y tiene mil plataformas.

-¿Te considerás feminista?

-(Piensa) Sí.

-¿Por qué lo dudaste?

-Porque hoy te hablé de cuando lo llevan al extremo... pero sí, me considero feminista.

-Has concurrido a las marchas del 8M acompañada de tu pareja, y dijiste que te había alegrado ver a hombres acompañar a las mujeres en esa movilización. Es un punto delicado ese, porque para muchas mujeres, los hombres no deberían ir a esa marcha. ¿Vos pensás que sí?

-Me parece que esta lucha por la igualdad y los derechos se hace entre todos. Yo no tengo hijos varones, pero me parece que es una tarea también de nosotras deconstruir al hombre maduro, pero también a las generaciones que vienen. Que entiendan cuál debería ser el lugar de cada uno. La mujer viene luchando hace muchísimos años, hoy estamos donde estamos porque hay muchas que lucharon antes. Si el hombre no cambia, si el hombre no entiende, si el hombre no se da la cabeza contra la pared, no va a pasar. Necesitamos que el hombre cambie. Entiendo la postura de que adelante, y donde marchan todas las organizaciones no (vayan hombres). Yo marché más atrás, en una tranqui, y vi muchas parejas y sobre todos, padres de niñas. Yo sé cómo es mi pareja, la crianza que ha tenido, y está nuestra tarea de que nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros hermanos, padres e hijos cambien, pero me gustó explicarle a mi hija (Francesca, de 8 años) por qué estábamos ahí, las cosas que estaban pasando, cuando gritan "nos matan" explicarle qué significa que nos maten, y cuál es el lugar del hombre ahí. Porque el que nos mata es un hombre. Pero no quiero que vea a su padre como un enemigo. Quiero que vea que su padre apoya eso, que está de acuerdo con que esas mujeres gritan lo que gritan. Que ella tenga su lugar, y que sepa que él está apoyándola. Eso es lo interesante.

"Busquemos en la forma de dar la noticia algo más entretenido. Siento que los periodistas escarbamos demasiado. Hacemos periodismo para periodistas, y a la gente a veces no le interesa y se agota. Si bien está bueno dar información, tener 500 horas al día de Covid termina cansando"

-Hace unos días, la periodista Ana Laura Pérez compartió en Twitter una tapa de la revista Caras de Argentina que decía: "María Vázquez: secretos de una madre y mujer full time". Y ella se preguntaba: "¿Yo vengo a ser madre y mujer part-time? ¿Cómo funciona el horario? ¿Si me voy a trabajar dejo de ser madre en ese lapso? ¿Y mujer?". ¿Qué reflexión te merece esto?

-¡Claro! (Se ríe) Pienso lo mismo que dijo Ana Laura Pérez. No termino de entender lo que quiso decir (la revista). No tenés por qué dejar de ser una cosa o la otra, podés ser buena profesional, buena madre, buena mujer, buena amiga, buena hija. Son los objetivos de todos. Hay un dicho que dice que "la mujer tiene que ser una dama en la calle, una señora en la casa y una loba en la cama". Eso es lo que se pretende. ¿Y el hombre qué? Todo el mundo quiere ser un buen padre o buena madre, pero también querés ser buen hijo, rendir en el trabajo porque si no, te echan, ser buen amigo, buen hermano... Es todo full time.

-¿Te ha tocado vivir algún episodio de acoso o falta de respeto de hombres en tu trabajo cotidiano?

-Siempre hay un poco... No me pasó nada violento, pero a veces una con actitud, con el movimiento corporal, una mirada o una frase ya lo frenás. Algo grave no. Pero los típicos comentarios, insinuaciones, o el que te voy a saludar y te abrazo fuerte o te dan un beso sobre la comisura del labio, cuando no hay necesidad... Situaciones así. Cuando es alguien más joven, una ya tiene la cancha para pararle el carro o frenarlo en seco. Cuando la persona es más grande, como que manejan otros códigos. Cuando sos joven es como "ah, me mandaron esta periodista veinteañera", "ah, pero mirá quién vino", "cómo no te voy a dar una nota", "qué linda", toda esa pelotudez que a un hombre no se lo van a decir. También lo que pasa es que un hombre, por baboso, muchas veces le termina dando una nota a una mujer en vez de un hombre y ésta le hace pasar un momento mucho peor en la entrevista.

-El día que te fuiste de Telemundo, en 2015, tras despedirte al aire, te fuiste a saludar a colegas que estaban frente a la casa de Milvana Salomone, aquella doctora que fue secuestrada. ¿Por qué?

-¡Es verdad! Jajaja... Terminé Telemundo, y tenía un mes libre para sacar Desayunos Informales. Estoy saliendo del noticiero, prendo la radio y escucho que había aparecido. Y dije: "Ta, voy a pasar por la casa de Milvana", porque además, esa era mi cuadra de toda la vida, en Parque Batlle. Y me quedaba de camino a casa. Pasé y veo que estaban todos haciendo guardia, entonces me quedé con ellos. Estaba Fernanda Cabrera con Nico Lanza, el camarógrafo, me senté en la vereda a matear, en la esquina de lo de Milvana. Y de paso me despedí de los colegas que hacían calle.

-Sos melómana, y... ¿rolinga?

-Muy. Los vi tres veces a los Stones. Los vi dos veces en Buenos Aires y después acá. Mi padre es músico y me inculcó la música y en rocanrol desde muy chica. Los Stones son tipos que conviven en mi casa desde que yo nací. Tenía discos viejos, que a mi padre le mandaban desde Estados Unidos. Pensé que no los iba a ver nunca, entonces cuando se supo que venían a Sudamérica, fue: ¡Tengo que ir porque no va a haber otra oportunidad! Yo era chica y pensaba que ellos eran muy mayores, pensé que se iban a morir antes... ¡y están mejor que vos y yo! Ese primero, el Voodoo Lounge (febrero de 1995), me voló la cabeza. Era tanta la emoción... Fuimos en ómnibus, cinco horas de cola, nos empapamos porque llovió a cántaros, y yo dije: "Si nos llegamos a perder, nos encontramos debajo de aquel cartel de refrescos", y algunos pensaban: "Mirá si nos vamos a perder". A los 5' de haber arrancado empezó un pogo y nos separamos todos, todos. Cuando fuimos abajo del cartel, había millones de personas debajo de ese cartel. Pero estaba tan emocionada, que me olvidé de muchas cosas, no retuve todo.

La segunda vez que los vi fue cuando fueron por tercera vez a la Argentina (A Bigger Bang Tour, 2006). Y ahí sí pensé: "Bueno, nunca más los voy a ver, ya está". Y cuando se confirmó que venían a Uruguay (América Latine Olé Tour, febrero de 2016) no lo podía creer. Esa tuvo la emoción de que fue a unas cuadras de mi casa, no lo podía creer. Ese lo viví a full.

-¿Cómo nace la idea de los Premios Graffiti con Miguel Olivencia, que empezó siendo los premios al rock y terminó siendo una celebración de la música nacional?

-Con Micky (Miguel Olivencia) teníamos Ni más ni menos de mañana (en Océano FM) y se pasaba mucho rock nacional. Él tenía espacios puntuales de música y después pasó a ser un tercer conductor junto a mí y Adriana Martell. Entrevistábamos muchos músicos, y ahí explotó el pop latino, y se estaba viniendo la crisis de 2002. Y pensamos: "Estaría bueno reconocer el laburo de toda esta gente, porque hay mil bandas, y no solo los músicos, hay productores, diseñadores gráficos, sonidistas, todo ese mundo". Y un día lo empezamos a planificar más en serio, nos juntamos con algunos sellos, con algunas bandas, y salió. La primera entrega fue en mayo de 2003. Lo hicimos en la Sala Zitarrosa y explotó. Yo decía: "No puedo dejar entrar a más gente, me van a matar". Sonó divino, los shows en vivo fueron bárbaros, estaban todos (hasta Jaime Roos agarró su premio).

Y en un momento los demás empezaron a decir: "Che, ahora el rock ya explotó, hay una cantidad de géneros que merecen ser reconocidos". Entonces dijimos: "Vamos a hacer una cosa: se abren categorías y se presentan mínimo tres". Y en 2008 se abrieron a más rubros.

-Dejaste de estar al frente de la organización tras 15 ediciones. ¿Por qué? ¿Era un ciclo cumplido?

-A nivel personal, sí. Todo lo que habíamos tratado de generar con la música, los músicos, los artistas, se había cumplido, y la verdad yo ya no tenía el tiempo para dedicarle. Y Micky sí, a él le encantaba, entonces lo siguió él.

-En Desayunos Informales entrevistaste políticos todas las mañanas durante cinco años. ¿Cómo te definirías políticamente?

-(Piensa) Qué pregunta difícil... A mí lo que me importa como periodista es que a los políticos que vayan se les pregunte todo: lo bueno y lo malo, y no me interesa de qué partidos son. Y eso a nivel personal también me pasa. Yo estoy en mi casa, y yo voto a X partido... además de que no creo que nadie esté de acuerdo 100% con todo lo de su partido. Hemos visto gobernar a los tres partidos tradicionales, y hay gamas, hay un espectro amplio dentro de cada partido. Entonces, está bueno que me desnuden lo bueno y lo malo de cada uno.

"Me gustó explicarle a mi hija por qué estábamos en la marcha del 8M, cuando gritan 'nos matan' explicarle qué significa, y cuál es el lugar del hombre ahí. Porque el que nos mata es un hombre. Pero no quiero que vea a su padre como un enemigo"

-Igual no me dijiste tu definición política... No pretendía que me dijeras un partido.

-Todo va a llevar a que digan algo. Que se respete a la gente, que se busque el bien común y que se respeten los derechos humanos.

-El año pasado en entrevista con Voces, decías que estabas a gusto en Desayunos, pero te gustaría hacer un programa con informes, que contara historias, explicara las noticias y que tras un tape cortito, se pudiera debatir en profundidad sobre un tema. Y te fuiste del 12 a Canal 10 para hacer Sonríe. ¿Qué tiene este proyecto que te sedujo?

-Es un largo proceso y fue una decisión muy difícil. Me fui del 12 después de 12 años, y donde hice todo. Pasé por distintas áreas, tengo un millón de amigos, mi pareja trabaja en el 12. Realmente era un lugar muy cómodo para mí, para trabajar. Pero me animé a dar el paso por la edad que tengo. Yo no me había planteado irme, y siempre le decía que no a todo lo que venía. Pero un día pensé: "capaz que sí, que es el momento". Porque en unos años, no sé si me iría a animar, porque iba a estar más cerca de mi jubilación, porque capaz que me daba miedo. Evalué el escenario, y había una mejor oferta económica, no me levantaba más a las 4.30 de la mañana -si querés tener una vida activa en lo social y estar con tus hijos, es clave no madrugar tanto-, yo terminaba durmiendo cuatro horas por día. Y eso lo sentís. ¡Ahora que duermo ocho, soy otra persona! Desde que nació Fran, yo las mañanas de lunes a viernes no estaba para levantarla, llevarla al jardín o la escuela, ni para desayunar con ella. Y de un día para el otro, en noviembre pasado, yo a las 21 horas me abría una cerveza en casa y pensaba: "¡Qué divino esto!". Y ya no estaba tan pendiente del celular y las noticias.

Entonces pensé: "Puedo tener una vida tranquila". Al principio no extrañé la rutina, me acostaba a la hora que quería, no madrugaba, no estaba tan atrás de las noticias, el chat del programa dejó de sonar las 24 horas, y como te dije, ¡ya no madrugo tanto! Yendo al programa, lo que me pasa con Sonríe es que es un proyecto conocido, que ya estaba en el canal, yo hice varias suplencias a Pablo (Fabregat) y a Cecilia (Bonino), entonces conozco el funcionamiento del programa. No va a ser exactamente igual...

-¿Qué se puede saber? ¿Cómo será este Sonríe, con Iñaki Abadie y Rafa Cotelo?

-Bueno, se basa en informes, que es una de las cosas que yo imaginaba en un programa mío. Va a tener archivo, vos podés hacer un resumen de la semana, se van a destacar noticias, cosas que pasan, y también habrá entrevistados con los que vos podés hablar de esas cosas, o de otras. Y hay otras cosas que van a cambiar (al programa de Teledoce), y también porque los conductores somos distintos, con otra forma de comunicar, de manejarnos. Y atrás está la misma productora, Zur, y yo ya trabajé con muchos productores de ahí.

-Un veterano periodista me dijo: "La llevan para que en unos años sea la sucesora de Blanca Rodríguez". ¿Te ves en ese lugar, en algún momento?

-¿Sabés que esta pregunta me la hacen seguido? Nadie tiene que aclarar lo importante que son los informativos centrales en un canal. Pero es lo que te contaba hoy: estando en Telemundo necesitaba otra cosa que me motivara más que solo estar presentando noticias e informes. Eso es un poco el que hace el presentador de noticias. Y además considero que los informativos son muy largos. Para mí, el informativo central podría ser algo más parecido a lo que hacíamos en Desayunos. Puede ser una mesa más charlada, donde a la gente le contás lo que pasó en el día, te resumo lo importante en tapes, y el resto te lo comentamos de una forma más dinámica, con algún entrevistado que aporte. Me parece que puede ir más por ahí. En algo así, me sentiría más cómoda. La típica presentadora de noticiero no, eso ya lo hice y creo que los noticieros podrían ser más cortos y con otra impronta.

A mí me ofrecieron co-conducir Telemundo con Aldo (Silva), cuando Claudia (García) se fue. Pero dije que no, porque además hay una cosa importante que es el horario de mi hija, que todavía es chica... Entonces, cuando me dicen lo de Blanca, yo digo: "Blanca tiene cuerda para rato, se va a ir el día que ella se quiera retirar". Yo la admiro, cuando ella entró no era el país que es hoy. Cuando ella empezó, las mujeres no tenían el lugar que tienen hoy, y ella termina donde está muchísimos años después y nos dio un espaldarazo a todas las que vinimos atrás. Ella se va a retirar cuando ella quiera. Cuando ella lo decida, ahí se verá. Ahí hay que ver cómo queda el proyecto. Es muy difícil ir al lugar de Blanca. Y hay que ver si es un proyecto donde me siento identificada. Y por otro lado, en un informativo central, me pierdo la infancia de mi hija. Cuando mi hija sea más grande, lo veré.

"Me fui del 12 después de 12 años. Pasé por distintas áreas, tengo un millón de amigos, mi pareja trabaja en el 12. Realmente era un lugar muy cómodo para mí. Pero me animé a dar el paso por la edad que tengo. Siempre le decía que no a todo, pero un día pensé: 'capaz que es el momento'”

-¿Pudiste aprovechar más a Francesca estos meses sin televisión?

-La mañana. El resto ya lo tenía. Ahora duermo más y ella duerme más. Ella, desde que nació, estaba acostumbrada a que yo me levantaba muy temprano y mi marido también. Entonces la dejábamos en un maternal muy temprano o en lo de un familiar muy temprano. Cuando ella entraba a la escuela, los compañeros se habían levantado hacía 20 minutos y ella hacía dos horas y media que estaba despierta. Entonces se le hacía eterno el horario y llegaba muy cansada al final del día, que era doble turno. Eso me generaba culpa. Ahora ambas dormimos más, la despierto, desayunamos juntas, la llevo yo, está más despierta, y además, la puedo pasar a buscar.

-¿Sos feliz?

-Soy feliz, pero la felicidad es un estado, según Platón, Sócrates, todos. La felicidad es cuando vos alcanzás objetivos, creo que es un objetivo también. El objetivo principal mío y de mi hija es ser feliz. Cuando la voy a anotar en un centro educativo no pienso que algún día tenga un MBA. Yo quiero que mi hija sea feliz. Ese es el objetivo mío, para mi hija y para los que me rodean.

 

Por César Bianchi