Contenido creado por Cecilia Franco
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Luis Angelero: “Hay que ser súper irrespetuoso y probar cosas que no tienen sentido”

Año de nacimiento: 1986. Lugar: Montevideo. Profesión: músico y productor. Curiosidad: supo ser cocinero de profesión.

11.10.2021 11:22

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2021-10-11T11:22:00
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La primera casa donde vivió fue en La Blanqueada, pero en la que creció quedaba por la boca del túnel de Av. 8 de Octubre. Ahí es donde empezó a jugar en la calle al fútbol, donde fumó su primer cigarro, donde escuchó la música que lo formaría.

Su madre era dentista, su padre fue militar y luego trabajó en una inmobiliaria y tiene un hermano 18 meses más chico que él. Ninguno, pero ni un poco, está relacionado con la música. Lo más cercano a ello fue un abuelo que tocaba el clarinete en un grupo de jazz, pero no se dedicaba a eso profesionalmente.

El Luis niño no era tímido, lo sería bastante más en la adolescencia. Le gustaba dibujar y armar un mundo interior. En el colegio fue un alumno regular. “Siempre estudié para zafar, la verdad”, dice. Y ese Luis escuchó, en casa de sus padres, a Zitarrosa y a Los Beatles en casettes. “Creo que esa es la raíz de todo, tiene que ver incluso con lo que hago más como solista, sobre todo, y mi forma de tocar”, agrega.

En la adolescencia se decepcionó de todo un poco. “No me gustó mucho cómo era todo, pero después lo fui agarrando”, dice. Y tampoco sentía que encajara del todo en ningún lado. Quizá, por eso, cambió tanto físicamente. En una época, fue un “hippie peludo y mugriento” y, en otras, fue otras cosas.

Una vez le regalaron el disco Nevermind para su cumpleaños, él cree que por error, y Nirvana le pegó fuerte. También le regalaron Dookie, de Green Day, y también lo marcó.

Desde que le gustó la música, siempre encaró hacia ahí. Aunque en su casa, como a casi todos los músicos, le decían que es una profesión difícil, que no todo el mundo puede vivir de ello. Y es cierto, no todos pueden hacerlo.

Fue a la Escuela de Música cuando terminó el liceo. Intentó hacerla a la par de Facultad de Humanidades, pero tuvo que abandonar la segunda porque no le daban ni los tiempos, ni la cabeza. Estudiando música durante tres años fue que pasó, incluso, por el género clásico. Ahí conoció a personas como Santiago Marrero (actual productor de su último disco) y Fabrizio Rossi. Después, todavía con sus padres, pasó a Buceo. Hasta que en algún momento decidió que quería vivir solo y se fue. Alquiló un apartamento en el Edificio Rambla, con un amigo. Estaba en un piso trece frente al mar, pero aquel ex hotel justificaba el precio bajo. De ahí se dice que hay ascensorista porque los inquilinos llegaban en estados aberrantes y se olvidaban de cerrar la puerta del ascensor. De ahí se dice que había gente que se tiraba para debajo de los balcones. De ahí se dice que iban hombres con sus amantes, prostitutas, personas con adicción a las drogas. Y ahí vivió Luis Angelero un par de años.

Para trabajar intentó conseguir un trabajo que no tuviera una dedicación total. Que fuera, más bien, un oficio. Así fue como se hizo cocinero y eso fue lo que lo mantenía. Con el tiempo intentó quedarse más del lado de la música y transformarse en autosuficiente con los proyectos que quería generar. Le gustaba grabarse la voz y probar cosas en la computadora con programas de edición. Y así fue como aprendió todo aquello. Hizo algún curso, pero la mayoría fue autodidacta.

Entonces, tocaba solo, había tenido algunas bandas y cocinaba. Hasta que llegó Boomerang.

Más tarde vivió en lo de su actual pareja en Parque Rodó, fue guitarrista de Alfonsina, produjo canciones para varios artistas. Este año tomó su rumbo como solista y sacó su primer disco, Lejos y vive en El Pinar.

¿Cómo llegaste a Boomerang?

Álvaro Sánchez, que es hermano de toda la vida, era tecladista de Boomerang en algún momento. A partir de ahí conocí a Gonzalo, el cantante, y pegamos onda. En un momento, el otro guitarrista se fue y probaron a varios. Yo no era un guitarrista para una banda, realmente, porque tampoco era re profesional. Pero tenía como mi estilo. Para mí era algo muy importante de buscar, tener mi propio estilo. Era más importante que tocar bien, soy re de eso. Ahí entré, tocamos un tiempo con Alvarito juntos. Alvarito después se fue y quedé yo como diez años ahí.

¿Qué opinión tenías de Boomerang antes de entrar?

Conocía poco. Conocía toda la movida con Astroboy e, incluso, escuchaba más Astroboy que Boomerang. No me gustaba la banda tanto, no me gustaba la onda de medio creído, en el buen sentido, de inglés. Pero cada banda tiene su estilo y su personaje. Yo no era así, entonces no me cuadraba.

Yo era más de los Buenos Muchachos, seguía más por ese lado. Es otro estilo y era medio difícil ser re fan de los Buenos Muchachos y de Boomerang, por lo menos en esa época. Además, me habían llegado por un casette, que no lo había escuchado, pero me acordaba de los videos anteriores, el del video aquel que cambiaban de ropa todo el tiempo.

Vos entraste a Boomerang un año antes de que saliera Engañamundos, un disco distinto e importante para la banda. ¿Creías que ese disco podía llegar a pegar así?

Sí, entré un par de años antes y estaba medio brava la cosa. Venían de que se había separado la banda, el guitarrista se había ido y venían de sacar un segundo disco que había sido medio como un fracaso, no había andado como ellos esperaban.

Le ha pasado a muchas bandas acá, sacan tremendo disco y el segundo ya no, entonces era bastante difícil remontarla. Pero, justamente, eso es lo que estuvo bueno. Tuvimos química con Gonza en aquel momento e hicimos un buen disco, como para arriba. Porque venían de un disco bastante pop y para adelante, después uno medio complicado, oscuro y opaco, y después volvimos a ser como una especie de híbridos porque tampoco era mega pop Engañamundos. Es re pop, pero es bastante más rockero.

Javier Noceti

Javier Noceti

¿Viste suceder esa transición de un tipo de disco a otro? Por lo menos desde que entraste hasta que se sentaron a componer Engañamundos.

Yo creo que sí. También mido el lugar que me dieron, eso es relativo. Creo que también, al no ser fan de Boomerang, no venía de la escuela del Brit Pop ni a palos, venía de mucho tango, folclores, Escuela de Música, Nirvana, creo que en ese aspecto a la banda le hizo bien. Ese aspecto más desprejuiciado y no tan metido en un estilo que, a veces, te limita musicalmente, tanto el formato como el estilo.

Aparte, yo era productor, entonces buscábamos sonidos distintos, veíamos cosas de teclados y riff. No sé, arreglos distintos. Creo que de esa manera yo me pude nutrir de la banda así como la banda de mí.

Llegaron a ser teloneros de los Rolling Stones cuando tocaron en Uruguay, ¿cómo fue aquello?

Fue una locura. Sabíamos que venían, que estábamos en la carrera con otras bandas. Un día llega un mail y lo manda Marcos, que era manager, en una foto que estaba toda corrida y no se veía lo que decía. Se ve que estaba tan nervioso que le tembló el celular y lo llamo y lo llamo y lo llamo y lo estaban llamando todos los otros, obviamente. En un momento atiende y le digo “bo ¿qué pasó?” y estábamos ahí.

Y la experiencia fue increíble. Conocerlos a ellos, tocar en el Centenario frente a esa cantidad de gente, un tiemble de rodillas que ni te digo. Después, cuando salimos a tocar todo bien, pero en el momento nos miramos las caras y estábamos hechos unos fantasmas pálidos.

Y tocaron en el SXSW en Texas, ¿cómo fue esa experiencia?

A Texas fuimos con una delegación de varios músicos, con varias bandas de acá, Once Tiros, Los Prolijos, y más. Fuimos seleccionados con otras bandas y estuvo bueno. Fue una buena experiencia, pero un poco rara, para mí por lo menos. Como estás en Estados Unidos, es como que sos uruguayo y como estamos en el culo del mundo si no llamás la atención o estás haciendo una freakeada pasás desapercibido. Y en un festival de habla inglesa es bastante más difícil.

Creo que nosotros también teníamos medio claro que había que haces toda la parte de lobby. Habían algunos sellos que fichaban músicos latinoamericanos y eso era lo que teníamos que ir a hacer, más que tocar. No se concretó mucho nada, pero alguna cosa hicimos igual. La experiencia estuvo buenísima y había bandas que eran increíbles y que vimos en vivo, no sé Snoop Dog.

Allá estaba el auge del hip hop arrasando y, nosotros, el lo último del tarro, nos ponían a tocar en los bares en que está todo el mundo hablando. La experiencia estuvo demás, pero en un punto pensás si no te hubieras ido a España o México.

Fuiste guitarrista de Alfonsina también, ¿cómo llegaste ahí?

A Alfonsina le empecé a dar unas clases de guitarra hace mucho tiempo. Le di un par de clases y un día me dijo para tocar. Ahí enganché, pintó buena onda y quedamos tocando. Hicimos abundantes giras por Brasil también.

En 2017 o 2018 fuimos seis o siete veces a San Pablo, abundantes veces. En un momento como que a ella le estaba gustando el público de allá y después se cortó, creo que fue cuando cambió el gobierno allá, cosas que pasan. Yo ahora me abrí de ahí también porque estoy re contra enfocado en mi proyecto, no me da sino.

En algún momento empezaste a aparecer con Alfonsina, incluso produciendo para Diego Arquero. ¿Esta onda más cercana al pop y más alejada del rock puro se te acercó o la fuiste a buscar?

Yo cuando entré a Boomerang siempre defendí que eso era una banda de pop, para mí. Yo soy re fan de hacer una canción siempre y buena, es lo más difícil que hay, para mí hacer una melodía con dos acordes, como hace Calamaro, es realmente lo difícil. Porque ya está tan hecho todo y es tan redundante que es difícil aparecer con algo nuevo. Entonces, para mí en la melodía soy recontra popero, siempre fui fan de eso y me encanta.

O sea, ¿la fuiste a buscar?

En realidad, lo tengo de Los Beatles. Los Beatles son el manual del pop y eso no se te va. Para mí eso fue importante. A mí no me gusta la música pretenciosa, me gusta más la simple, buscarle eso y el limpiar. Me doy cuenta que lo tengo hace tiempo, desde Boomerang que fue hace diez años o más.

Al mismo tiempo, te dije que me gusta Nirvana, que es mega dentro de lo rudo, lo duro, lo represivo, suicida, pero es re popero él. Es ese lugar de mezcla justo. Zitarrosa y Los Beatles para mí son medio pegadizos, pero son medio dark en las letras. Entonces, mezclar esas dos cosas para mí es como agarrar los mismos ingredientes y hacer platos distintos. Es una búsqueda constante porque nunca terminás de darle en el mezclado.

Javier Noceti

Javier Noceti

¿Cómo es la historia con Beso?

Hicimos dos temas nomás. Varias personas me decían, “bo loco, no sé porque no seguiste”. Podríamos haber seguido, pasa que hacer una banda pop con la pareja es complicado.

Pero Beso estuvo buenísimo. La otra vuela lo escuché y estaba re bueno, era bastante milonguero también, tenía unas cosas de guitarra, pero más moderno. Porque a mí me encanta y otro palo que tuve fue un dúo de música electrónica más housero, hacíamos temas propios no era DJ. Más que nada estaban todas las influencias de la música electrónica francesa, que era lo que más nos gustaba.

Fuiste y sos productor de tus propios proyectos, pero también lo fuiste de los proyectos de otros. ¿Cuál es la diferencia entre producir para uno y producir para otros?

La diferencia es muy grande porque es como ajeno. Igual, cuando yo produzco lo mío lo que hago es tratar de bajar mi cabeza a sonido. Eso en realidad, sí, es como autoproducirse. Aunque para mí autoproducirse medio que no existe, pero es parte de lo que estás componiendo. Después, si el productor lo agarra el tema y lo deja intacto, o le corrigió tal cosa, también lo prodijo. Porque producir, tal vez, es no hacer nada porque está perfecto así.

Si sos productor y solo metés mano, no está bien tampoco, no vas a meter mano porque sí. Capaz que ese tema tenés que grabarlo con la persona sentada en el sillón, con el micro y la guitarra porque es súper íntimo. Producir al itri es entender qué es lo que quiere transmitir otro artista.

¿Cómo hacés para trabajar con proyectos musicales tan distintos a los tuyos y respetar cada estilo? ¿Cómo hacés para no pasarte de la raya?

Es que yo no pienso en respetar. Yo propongo cosas y si después me las tiran para atrás está todo bien, salvo que esté medio convencido y diga “bo, eso está bueno, hagámoslo por favor”. Pero no, respeto cero. Al revés, hay que ser súper irrespetuoso y probar cosas que no tienen sentido. Sobre todo, ahora, que hay pila de productores y artistas que lo están haciendo y está buenísimo. Para mí hay que probar y errarle feo porque ahí podés llegar a hacer algo más, algo más nuevo que si hacés la segura. Si después eso llega a pegar, sí, hacela de vuelta con eso. Si la embocás, aprovechalo.

Pero para mí los límites hay que llevarlos lo más que puedas. Incluso, a mí no me avergüenza si hago reggeaton o no. Si mañana me surge hacer un reggeaton lo voy a hacer, me va a salir a mi manera igual. Se puede copiar, obviamente, pero a mí no me sale copiar. Eso me deja tranquilo en un punto.

Ganaste una beca para estudiar música con Julio Cobelli, ¿qué aprendiste ahí?

Fue increíble. Me cambió la vida. Es una enseñanza que no está en ningún libro lo que te puede enseñar Julio. Es una personas que, además, tiene cincuenta años de carrera tranquilamente, o más. Es una persona que te dice, “tocá Re”, pero nunca te dice, “tocá Re con séptima y no sé cuanto”. Después te dice, “a eso el nombre ponéselo vos, yo no tengo ni idea”.

Siempre cuento que en un momento me pone un acorde y me dice, “este es Re” y yo le digo que para ser un acorde de Re tiene que tener por lo menos un Re, pero no tenía Re. Y cuando le digo que no tenía, me dice, “yo que sé, los nombres ponelos vos, no me jodas más”. Eso te da vuelta la cabeza musicalmente porque los locos dan vuelta todo y tienen una formación que es súper instintiva. No aprendieron en una escuela, aprendieron por imitación y oído. Encima, los locos acompañan cantante que cambian el tono, súper complejo lo que hacen.

Y aprendí mucho, mucho de la tocada con la púa para abajo. Hoy en día, la eléctrica la toco casi seimpre con los dedos, él no tocaba con los dedos igual, pero hice como un mix de las dos cosas. Y me re ayudó, aprendí muchísimas cosas que nunca hubiera aprendido de ninguna manera, hasta experiencias de vida.

Las clases eran de dos horas y charlabas con él cuarenta minutos. Yo, a veces, pensaba que no estábamos aprendiendo nada y después me daba cuenta que estaba aprendiendo de la vida que también es súper importante. El loco es un señor, con códigos, un crack.

Estuviste en la composición del ballet de La Tregua con Luciano Supervielle, ¿cómo fue componer un ballet?

Yo compuse una partecita. Fue todo Luciano, pero estuve muy arriba de las cosas con él, como produciendo el tema de los sonidos, arreglando y laburando bastante. Nos llevó pila de tiempo, la verdad. Y fue un laburazo. Estuvo buenísimo y con Luciano que es un crack y encima tremenda gente. Aprendí un montón ahí.

Lo más increíble fue ir a ver ballet y ver la música esa. Yo nunca había ido a un ballet y para mí ir al ballet era ir a dormirme y todo lo contrario. Un ignorante, yo. Hoy en día los ballets no son los de siempre. Me sorprendió y me emocionó tanto que se me cayeron hasta lágrimas. Me pegó re fuerte, estuvo re bueno.

Volviendo a Boomerang, ¿cuál es el estado de la banda en este momento?

No lo sé porque medio que nos separamos y no lo hemos vuelto a hablar. Está todo bien, lo que pasa que muchos años adentro también… No sé, yo no voy a rehacer Boomerang y ni siquiera puedo porque soy el guitarrista que llegó después.

Ahora ya me embarqué con esto. Hay muy pocas posibilidades de que, por lo menos yo, vuelva a Boomerang. No sé si los demás lo quieren armar una vez más y tocar. Ahora, si hacen una fecha y me llaman, tocamos, no pasa nada. Pero no creo que esté en pausa, para mí se terminó.

Capaz que para las redes hay que dar un mensaje más tranquilo, no sé por qué quisieron decir eso. Yo hubiera dicho que se había terminado, pero va en cada uno.

Te fuiste de Boomerang diciendo que te ibas a dedicar a tus proyectos personales, ¿por qué no podías dedicarte simultáneamente?

En realidad, no me fui de Boomerang, se disolvió. Quiero decir que no es que yo me fui y se fue la banda, se disolvió. Fue eso. Sí me fui de Alfonsina, pero hablé con ella. Boomerang se disolvió y fue lo que me hizo encausarme en mi proyecto. Se separa en febrero de 2020 y en marzo apareció la pandemia.

Yo soy sonidista y quedé con cero laburo. Tenía todo el año agendado, iba a ser mi mejor año económicamente en mi vida, creo, y pum. Como veníamos haciendo el disco con Nico Rodríguez hacía un tiempo ya, le dimos para adelante y nos pusimos a ensayas com ayuda mental. Hacer este hijo fue como un salvavidas, en un punto, que nos mantuvo a flote y la verdad es que no sé de dónde saqué las ganas todavía. Ahora, yo sigo tocando con Nico, que era el batero de Boomerang, siempre.

javier noceti

javier noceti

También es la verdad que para otros proyectos no me da, no me da el tiempo para todo. A partir de que se me cortó la parte de sonido en vivo empecé a laburar en el estudio bastante, me quedé ahí.

Hablando de tu disco, Lejos, ¿de dónde salió tu decisión de ir largando temas de a poquito? ¿En cuenta gotas?

Es que no estaba pronto. Además, esta charla la tuvimos con Santi Marrero, el productor, que el disco tiene muchas cosas distintas y está bueno que vaya mostrándose lo más que pueda. Cuando sacás el disco de golpe se pierde mucho todo, sobre todo en artistas nuevos.

Más allá de que toque allá o acá, haya hecho más o menos cosas, soy nuevo. Para mí esto es de cero y realmente me lo tomé así. Con cierto recorrido, pero es de cero. Entonces, está bueno mostrar eso, todos los aspectos del disco que se juntan. Hay temas que parecen de un disco, otros de otro y están todos mezclados. No fue un disco que buscamos que fuera uniforme de sonido, sino que buscamos respetar el clima de cada tema.

Has dicho que el disco, justamente, no tiene una unión conceptual, sino que es un rejunte de tus mejores canciones. ¿Qué tienen en común esas canciones?

Lo que tienen en común es que están hechas en un período de tiempo más o menos cercano. También que son bastante personales. No son tan explícitas, pero tienen distintos estados de ánimo. Yo trato de pasar mis estados de ánimo a las canciones y eso es bastante crudo porque hay como bastante desnudez. Eso es lo que tienen en común. Después, sónicamente no tienen mucho en común, aunque sí me parece que tienen cierto hilo.

¿Por qué un disco, entonces, y no simples individuales?

Yo también escuché discos, ¿no? No puedo no sacar un disco. Hay discos que son conceptuales, pero después hay otros miles que no, que son rejuntes de canciones. En ese momento era como se vendía la música.

Ahora, se vende por single. A mí no me interesa sacar miles de singles porque tampoco estoy haciendo la música que está re de moda.  Además, para mí las canciones van en un disco. No saqué el disco físico y me falta algo, es como si no hubiera sacado un disco. Capaz que lo hago después, de fisura nomás.

Pero es eso, es un tema de que yo escuchaba discos. Toda mi vida tuve discos en carpetas, nunca escuché playlists, no puedo ni escuchar shuffle en el iPod. Es temas de ese disco, no puedo escuchar artistas salteados. Salvo en un boliche, no pasa nada. Pero en el día a día no.

¿Cómo fuiste llegando a cada canción, si no es conceptual el disco?

Yo lo que hago es ir componiendo. Siempre estoy componiendo bastante. En un momento, yo estaba dirigiendo todo hacia Boomerang que era mi kiosko y ponía todo lo mejor de mí.

Había cosas que no entraban, o que rebotaban, y caían en una carpeta. De repente, en esa carpeta tenía veinticino canciones y dije, “voy a hacer algo con esto, es horrible ver carpetas ahí con cosas”. Igual, la mayoría de las cosas no tienen que salir, está bien que se queden. Tampoco es que tenés oro siempre, está lleno de porquerías y, a veces, te sale una buena.

Entonces, en algún momento se me empezaron a juntar canciones que me parecía que estaban buenas. Incluso, dentro de Boomerang empecé a gestionar este disco. Las canciones que no iban a Boomerang las ponía en otras carpetas y hasta pensé en hacerlo con otros artistas. Había grabado las baterías con Nico, incluso. La disolución me hizo apretar el acelerador nomás, pero ya lo venía haciendo.

Pasaste de hacer coros a ser cantante, ¿cómo te lleva eso?

Sí, un viaje. Ahora estoy bastante más cómodo, pero al principio fue todo un tema. No por vergüenza, sino por cantar bien porque cantar bien es un huevo. No hablo de afinar, hablo de cantar.

Todo esto es una búsqueda, siempre, es como un puerto. Después, te vas a otro. Obviamente, vas a aprender mucho si te mandás, lo hacés y errás.

¿Cómo te cambió cantar durante las presentaciones en vivo?

En 2020 tocamos tres veces. La primera, fue en PYG, una fecha mía con Victoria Brion. Esa fue la más difícil porque me sentí como que había hecho todo mal, pero en realidad no estaba tan mal. El segundo tocamos en Plaza Mateo y me sentí bastante más cómodo. Después, hicimos otro en Bluzz Bar.

Para mí es cuestión de darle, ya fue. No puedo pensar mucho tampoco porque se hace camino al andar. Cada vez soy menos peor.

¿Cuál fue el día más feliz de tu vida?

Cuando nacieron mis hijos, sin lugar a dudas.

¿Y el más triste?

Hay varios, creo que cuando murió mi abuela me mató.

¿En qué momento de tu vida sentiste mayor libertad?

Ahora mismo porque me siento que puedo hacer lo que quiero conmigo y con lo que más me gusta hacer que es la música. Al mismo tiempo, estoy trabajando con distintas personas y siempre estoy absorbiendo y aprendiendo. Eso, para mí, es la libertad misma.

¿Algo que hayas aprendido a los golpes?

A no tomarme las cosas tan personal, aún sigo.

¿Qué es lo más valioso que tenés en la vida?

Los nenes. Sí, un baboso. Ahora estoy con la nena de un año que no puede más. Entre eso y la guitarra.

Si murieras hoy, ¿irías al cielo o al infierno?

Si me juzgara un cristiano me voy al infierno, seguro, porque he pecado como loco. Como todo el mundo. Creo que nadie va al cielo igual.