Liceo Impacto de Durazno: un “modelo” en busca de cambiar la trayectoria de un barrio
En Las Higueras, una zona con grandes desafíos sociales en la ciudad, una fundación impulsó una institución gratuita y de tiempo completo.
24.06.2026 16:09
Por Pedro Dutour
A la salida de Durazno por ruta 14, rumbo a Flores, el barrio Las Higueras crece a un ritmo que la infraestructura y los servicios todavía no alcanzan a seguir. Allí se instalaron cientos de familias trasladadas desde zonas inundables —que vivían sobre el río Yí—, se desarrollaron cooperativas de vivienda y se consolidó uno de los sectores de mayor expansión demográfica del departamento. Hasta hace poco, la oferta educativa del lugar terminaba prácticamente en la escuela.
Hoy, entre calles todavía marcadas por la distancia respecto al centro de la ciudad, funciona el Liceo Impacto, una institución gratuita, laica y de tiempo completo que nació de una iniciativa de la sociedad civil y que busca convertirse en una alternativa para adolescentes que, en muchos casos, pertenecen a familias donde nadie logró completar la educación media.
El proyecto comenzó a gestarse varios años antes de recibir a sus primeros estudiantes, “allá por 2017” y “motivados” por una charla de Ernesto Talvi. Según explicó su directora, Clara Dighiero (35) a Montevideo Portal, la idea surgió a partir de un grupo de ciudadanos de Durazno que, inspirados por experiencias educativas desarrolladas en otros puntos del país, decidió impulsar una propuesta similar en el interior. “Estamos copiando un modelo que existe en Uruguay, que funciona y que está probado”, enfatizó.
La referencia son instituciones como el Liceo Impulso y el Liceo Jubilar en Montevideo, el Liceo Francisco en Paysandú (el primero en el interior), y otros centros gestionados por organizaciones privadas sin fines de lucro que trabajan en contextos sociales complejos y cuyos resultados académicos han sido objeto de diversos análisis.
Foto: Javier Villasuso.
“Los estudios muestran mejores resultados en egreso, asistencia, repetición, días de clase y salud mental. Son modelos que vale la pena replicar”, afirmó Dighiero.
Una respuesta a una necesidad concreta
Las Higueras en Durazno presenta una particularidad geográfica que influye directamente en la vida cotidiana de sus habitantes. La vía del tren funciona como una barrera física que limita la conexión con el resto de la ciudad, mientras que numerosos servicios continúan concentrados en el centro de la urbe.
“Había un CAIF y una escuela, pero faltaba una propuesta de continuidad educativa”, explicó Dighiero.
El liceo comenzó a funcionar en 2024 con un grupo de séptimo grado. Actualmente cuenta con dos niveles, séptimo y octavo, y suma 50 estudiantes distribuidos en grupos de 25 alumnos. El año próximo incorporará noveno grado y alcanzará los 75 estudiantes. La demanda, sin embargo, supera ampliamente la capacidad instalada.
Foto: Javier Villasuso.
“Tenemos lista de espera en ambos grupos. Hay más adolescentes que querrían acceder, pero existe un desafío económico importante para poder crecer”, indicó.
La financiación depende íntegramente de la fundación que administra el centro. Los recursos provienen de aportes empresariales, donaciones particulares y algunas alianzas institucionales.
“Necesitamos una presencia más fuerte del Estado para poder atender a más chiquilines”, sostuvo la directora. De cualquier modo, “estamos contentos porque nunca nos ha faltado nada, siempre hemos tenido buena respuesta cuando convocamos o pedimos ayuda”.
Más que un edificio
La construcción del centro educativo representó un proceso gradual, como suele suceder. La fundación debió obtener personalidad jurídica, conseguir un terreno cedido por la Intendencia de Durazno, gestionar mecanismos de financiamiento y levantar un edificio desde cero. Aún quedan etapas pendientes.
La historia del proyecto también está ligada a la trayectoria personal de Dighiero. Trabajadora social de formación, llegó a la iniciativa a través de un llamado laboral cuando todavía no existían alumnos, docentes ni infraestructura.
Foto: Javier Villasuso.
“Cuando me seleccionaron no teníamos nada. Ni edificio, ni estudiantes, ni equipo docente”, recordó.
Durante años trabajó de manera honoraria mientras avanzaban las distintas etapas del proyecto. En octubre de 2023 dejó su empleo para dedicarse de lleno a la puesta en marcha del centro.
Seguir de cerca a cada estudiante
El perfil de los alumnos responde a las características del entorno donde se encuentra inserto el liceo. La mayoría tiene entre 12 y 15 años y proviene del propio barrio. Algunos arrastran experiencias de repeticiones, aunque la institución procura evitar diferencias etarias demasiado amplias dentro de los grupos. La estrategia educativa, por tanto, se apoya en un seguimiento permanente de cada estudiante.
“Venimos con resultados muy buenos, acompañando las distintas individualidades y las situaciones de cada uno, que son especiales. Los chiquitines en general responden cuando encuentran que hay una institución que se preocupa por ellos, que se preocupa por que vengan y que puedan adquirir los aprendizajes”, señaló Dighiero.
Foto: Javier Villasuso.
Los resultados iniciales son alentadores. Durante el primer año de funcionamiento no se registraron abandonos ni repeticiones. “Todos los que comenzaron terminaron el año y lo hicieron aprobando”, aseveró.
“Ha sido muy positiva la respuesta de todos los vecinos y de la gente del barrio y también de las familias directas de nuestros chicos, porque también valoran esto mismo”, continuó la directora.
La meta inmediata es que los estudiantes completen el ciclo básico, un objetivo que para muchas familias representa un salto educativo significativo. Dighiero lo recalcó así: “Lograr que culminen ciclo básico ya implica superar el nivel educativo de sus padres, y eso no es menor”.
Abrir el horizonte
Más allá del rendimiento académico, la institución busca trabajar sobre una realidad menos visible. Muchos adolescentes del barrio desarrollan toda su vida cotidiana dentro de un radio reducido, al vivir, estudiar y vincularse en el mismo entorno. Conocen el barrio y poco más.
Por eso el liceo plantea también un proceso de acompañamiento destinado a ampliar experiencias y favorecer la autonomía. “Queremos ayudarlos a salir de los espacios conocidos, a moverse por la ciudad, a conocer otras instituciones y otras oportunidades”, indicó la directora.
Foto: Javier Villasuso.
Por eso, la presencia de la Universidad Tecnológica (UTEC) y otras opciones de formación terciaria en Durazno aparece como una posibilidad concreta para el futuro de esos estudiantes.
“Hace algunos años era impensable hablar de universidad en el interior. Hoy existen oportunidades que antes no estaban”, dijo Dighiero sobre un punto que, de algún modo, beneficio a su institución, como estímulo para los estudiantes para seguir progresando en la vida.
Educación todo el día
El modelo educativo incluye alimentación, materiales de estudio y uniforme, eliminando barreras económicas que suelen dificultar la continuidad educativa. La jornada completa también incorpora actividades que exceden el currículo tradicional.
Los estudiantes participan en talleres de arte, espacios deportivos ampliados, yoga y un laboratorio emocional coordinado por una psicóloga. A eso se suman propuestas de organizaciones, profesionales y voluntarios que acercan contenidos diversos.
La directora del Liceo Impacto, Clara Dighiero. Foto: Javier Villasuso.
La intención, según Dighiero, es exponer a los adolescentes a experiencias que muchas veces permanecen fuera de su alcance. “Todas las propuestas ayudan a abrir la cabeza, a conocer realidades distintas y a ampliar el horizonte de posibilidades”, concluyó.
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