Seré curioso

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Leonard Mattioli: "¿Cómo vamos a construir, cuando el otro es el enemigo?"

El DJ de La Teja Pride es también un sociólogo que trabaja para Presidencia. Eso no lo inhibió a la hora de analizar un gobierno que no lo conforma.
10.01.2019 06:25
2019-01-10T06:25:00

Por César Bianchi
@Chechobianchi

Fotos: Juan Manuel López

A Leonard Mattioli lo llevaron a Suecia cuando tenía un año, y claro, no se acuerda de cómo se lo comunicaron o si se lo comunicaron. Cuando tenía 7, en cambio, sí recuerda que sus padres le anunciaron que dos semanas después la familia volvería al paisito, ese lugar donde el césped crece rápido y de una manera distinta. Llegando a su pubertad se trajo del país nórdico el breakdance, el hip hop y la Guerra de las Galaxias, la saga de George Lucas, cuando en su entorno tejano no tenían ni idea cuál era ese enfrentamiento bélico galáctico. El hip hop y el rap llegó para quedarse en su vida. Tanto que lo que empezó como un hobby con su hermano terminó siendo en su leit motiv, la forma de sentirse vivo. Y eso que la primera vez que tocaron en un cuchitril del Buceo, todo lo que podía salir mal, salió mal.

Al otro día se cambiaron de nombre, porque se enteraron que ya existía una banda con el que ellos habían pensado, y desde el nuevo bautismo todo fue para mejor. Hoy La Teja Pride es "la" banda veterana y respetada del micromundo rapero, el año pasado cerraron el escenario de hip hop en el Montevideo Rock y hace meses fueron galardonados en reconocimiento a su trayectoria. Mientras Leo (o Tejo), de 40 años, sigue como DJ y haciendo apoyos con su voz en La Teja, de lunes a viernes trabaja en su rol de sociólogo como funcionario público en la Secretaría de Derechos Humanos que dirige Nelson Villarreal en Presidencia de la República. Mattioli se confiesa frenteamplista, pero no está nada conforme con este tercer gobierno del FA. Sobre su visión política, los logros obtenidos y los retos que el partido de gobierno ha dejado en el debe también conversamos en el living del apartamento de Tejo en La Blanqueada, mientras Luca jugaba por ahí y se ensuciaba.

-Vos y tu hermano Edgardo -más conocido como Davich- son hijos de obreros industriales que se exiliaron durante la dictadura en Suecia. Te tuviste que ir del país con tan sólo un año. ¿Te acordás qué te dijeron tus padres cuando decidieron volver al país?

-Todos alrededor de una mesa, yo tenía 7 años, y nos dicen: "Nos volvemos a Uruguay en dos semanas". Sabía que Uruguay era el 'paraíso terrenal' y nos decían que acá el pasto había que cortarlo, porque no paraba de crecer. En Suecia las cosas no crecen tanto, venía una nevada y se acababa todo. Sabíamos que acá la gente se tocaba, se daba la mano, se daba un beso, la gente era más cálida, sabíamos que estábamos allá porque acá hubo una dictadura y Olof Palme (NdeR: entonces primer ministro sueco, y luego presidente del Partido Demócrata Sueco) nos había salvado la vida a todos. Y ahí nos dijeron que íbamos a volver.

-¿Y vos con 7 años entendías qué era una dictadura?

-Bueno, básicamente mis padres me decían que perseguían a los que pensaban diferente. Mi padre me dio un ejemplo con galletitas María: una para vos, una para mí, dos para vos, dos para mí, tres para vos, y después me sacaba algunas... Cuando yo lo miraba como preguntándole por qué me había sacado galletitas, me decía: "Eso es lo que hace una dictadura. Si vos te quejás, te las saco todas, y te echo". Llegamos a Uruguay y era todo diferente a Suecia. Yo, hasta ahí, en mi casa hablaba en castellano, pero en mi cabeza hablaba en sueco, y lo traducía al castellano rioplatense. Acá, me acuerdo, llegué a la escuela y los pibes insultaban y yo no entendía nada. Fui a la escuela (Luis) Beltrán en La Teja, después me pasé a la Canadá. Aparte, iba a la casa de mi abuela y mi abuela hablaba cocoliche, mezclaba el italiano con el castellano, ya era un desprecio al idioma. Mi hermano nació allá, y en el 2017 fue hasta allá, tiene una relación más cercana con Suecia.

-¿Qué recordás de tu infancia en Suecia?

-Zitarrosa en la nieve, mi viejo poniendo un disco de Zitarrosa y ver nevar; los bosques, los edificios socialdemócratas, que son todos exactamente iguales, y todo el mundo vivía ahí. Me acuerdo que el de abajo manejaba un Mercedes, enfrente vivían unos palestinos, arriba unos irlandeses refugiados, era como muy diverso, pero era hiperintegrado todo. Me acuerdo de la escuelita, que era una guardería donde había muchos niños suecos, pero muchos migrantes. Y las leyendas... Acá, cuando llegué, no había leyendas. Allá salías, llegabas a tal lado y te decían que tal cosa le perteneció a un rey vikingo, ibas a otro lado y recordaba la batalla de nosecuánto, los trolls abajo de los puentes, donde viven de hace 3.000 años. Los trolls son monstruos que vivían en los bosques y debajo de los puentes, que cada tanto despiertan y te pueden comer. Eso es un troll, y hace mucho ruido. Por eso en Twitter los trolls son los que hacen ruido, los que rompen la conversación.

-Ya de vuelta en Montevideo, tu primera experiencia rapeando, junto a tu hermano, se llamó La Cosa Nostra, y no salió muy bien. Se aplicó la inexorable Ley de Murphy y todo salió peor de lo pensado...

-¡Fue horrible! Fue el esqueleto de La Teja Pride, éramos cuatro y ese día de 1997 tocamos en un localcito del Buceo, era chico, y ahí metimos 50 personas con las puertas abiertas, el sonido era espantoso, todo el tiempo saturaba, terminamos dejando los micrófonos de lado y rapeando a los gritos, a capella, pero cada vez que queríamos hacer algo, acoplaba. Casi me pongo a llorar. Pero ta... se llamó La Cosa Nostra, nos dijeron que ya había una banda de rock que se llamaba así, teníamos que cambiarle el nombre y le pusimos La Teja Pride. Por suerte.

"Me acuerdo de mi viejo poniendo un disco de Zitarrosa y ver nevar; los bosques, los edificios socialdemócratas, todos iguales. En la guardería había muchos niños suecos, pero muchos migrantes. Y las leyendas, estaba lleno de leyendas"

-¿Qué escuchaste que te inspiró en tu adolescencia? ¿Jazzy Mel? ¿Technotronic?

-Jazzy Mel sin dudas no. Technotronic lo escuchaba en la escuela, después nunca más. Pero en el 91 escuché Naughty by Nature de O.P.P., Ice Cube... porque arrancamos a ver MTV en canal 10. Desde chico yo había visto breakdance en Suecia, que acá desapareció. Dos cosas me traje de Suecia como cultura internacional, que acá desaparecieron y después regresaron: una fue el hip hop, y la otra fue Star Wars. Nosotros volvimos en el 85, hacía un año y medio que había salido El regreso del Jedi, llegué acá y en La Teja no tenía ni idea qué era eso. Pasaron unos años y lo pasaron en TV abierta, y ahí me reenganché con Star Wars. Y con el hip hop en el 91 también me reenganché. En mi círculo de La Teja no tenía ni idea qué era eso. Acá en los 80 era música popular uruguaya y rock, pero a mí me copaba el rap y el reggae. Y después descubrí el soul y el funk.

-En tu casa no había instrumentos musicales ni fueron a comprarlos, pero había máquinas. Pero con una computadora enchufada a la tele y un sampler empezaron a experimentar...

-Un amigo nos pasó piques, conseguimos un laburo con mi hermano y ahorramos para comprar una Comodore Amiga 1200, una computadora que ni siquiera tenía el sistema operativo Windows. Era una computadora alemana que se usaba en diseño y que Windows mató, básicamente. La conectabas a la tele y empezabas a programar, era muy parecido a Matrix: ceros y unos, eran líneas, entonces nosotros poníamos una caja de ritmos, interfases, y todos ceros, y uno, uno, uno, y eso iba cayendo en la pantalla, cada vez que pasaba un uno era pum, pum, pum; venía la otra línea y poníamos un redoblante, y sonaba: pum, pum, chi pum, pum, pum, chi pum, pum, chi pum, pum, chi pum, y así íbamos programando de a poco, no teníamos ni idea de música. Elegíamos una canción que nos gustaba, la escuchábamos, y nos concentrábamos para decodificarla. Sonaba tum tum pa, tum tum pa, y empezábamos nosotros: tum pa, tum tum pa, tum pa, tum tum pa. "A ver si podemos programar eso": tum tum pa, tum tum pa. "Vamos más rápido", toqueteábamos, y así íbamos produciendo sonidos. Y el sampler, básicamente, es un aparato que graba lo que metés ahí adentro, entonces grabamos una línea de bajo: tum tum tum tu tu tu, íbamos ahí adentro, lo dábamos vuelta. El sampler era de 8 beats, el sonido era como que de fondo estuvieras haciendo un churrasco en la plancha. Era como un vinilo pero con una cosa podrida digital. Y así empezamos a hacer música. Éramos artesanos, no artistas ni mucho menos, y después a escribir ahí arriba. Y en vivo era una bandeja con scratching: básicamente agarrabas un vinilo de otro y lo cortabas, tirábamos parte de la base pregrabada, a veces necesitábamos un bajista, y nosotros dos (yo y mi hermano) rapeando.

-La Teja Pride nace a fines de los 90, cuando ya sonaban fuerte y trascendían por MTV Plátano Macho y El Peyote Asesino. ¿Cómo los veías? ¿Querían tener esa popularidad?

-Nosotros veíamos que El Peyote era rock, Plátano Macho era medio jazzístico. Pero había bandas que nos partían la cabeza en Montevideo, que tocaban en La Factoría y en la escena under, que eran Fun You Stupid, VDS (Víctimas Del Sistema), y Critical Zone. Critical Zone trabajaba igual que nosotros las bases, eran bastante fiesteros; los Fun You Stupid eran unos locos increíbles, veganos, y VDS era como un rap, como si ahora te dijera Public Enemy, súper políticos, todo muy serio. Pero la escena del hip hop, que era chiquita, se construía alrededor de ellos. En finales de los 90 tocamos con esas bandas y bandas punk en un Montevideo que era gris, había que salir con cédula porque la Policía te paraba dos por tres, el público que escuchaba esa música era súper masculino, 90% hombres. Ahora ya no es así. Excepto El Dorado, después la X, no pasaban hip hop ni a palos, ni hop hop ni nada que fuera vanguardia en esa época. Me acuerdo que Smashing Pumpkins los veía en Control Remoto en el 10, con el tano Max Angelieri, pero nada más. Me acuerdo cuando despidieron al batero de los Smashing Pumpkins que escuché a Néber Araújo dar la información. Todo el grupito de gente de ese círculo nos fue vinculando a las radios comunitarias de esa época, que era un espacio donde pasabas música que te gustaba.

"Plátano Macho y El Peyote no fueron tan referentes para nosotros. No nos influenciaron respecto al sonido que queríamos construir. Queríamos un sonido más maquinero, y menos vinculado al estallido de la guitarra, menos distorsión y más bajo"

Pero Plátano Macho y El Peyote no fueron tan referentes para nosotros. Existían, y estaba buenísimo que existieran. No nos influenciaron respecto al sonido que queríamos construir. Nosotros queríamos un sonido más maquinero, con más máquinas, y menos vinculado al estallido de la guitarra, menos distorsión y más bajo, o baterías filosas, medio reventadas.

-¿Cómo hicieron para zafar de influencias tan fuertes como Molotov o Control Machete? ¿El quid era pensar en letras que refieran a lo que pasa acá?

-Con Molotov nos pasaba lo mismo que con El Peyote y Plátano Macho; Control Machete nos encantaba, pero no teníamos nada de mexicanos. Éramos uruguayos, nietos de italianos. Escribíamos cosas que queríamos contar, al principio cantábamos en spanglish, era lo que estaba en boga en esa época, pero después lo fuimos desarmando, hasta que hicimos un clic --no muy después de haber empezado, fue antes del 2000- que fue decidir rapear "en uruguayo". Muchas bandas de rock no decían "yo", decían "io", y nosotros queríamos decir "yo", "che", "bo", "boliche", "esquina", "pibe", "guacho". Queríamos rapear como hablábamos, el rap era una herramienta, pero queríamos ser nosotros.

-Y en cuanto a esto, ¿cuál era la preocupación a la hora de componer?

-Éramos hijos de los 90s, éramos un poco oscuritos, éramos muy políticos, a veces demasiado (también era una postura, porque había que tratar de ser trascendental). De la misma manera que teníamos toda esa influencia de principios de los 90, cuando el arte era muy oscuro, eso se fue perdiendo un poco, por suerte. No sé si fue por la cumbia o el mundo tropical, no tengo ni idea. Me refiero a eso de no tomarse las cosas tan en serio. Tratamos de relatar historias nuestras, microhistorias nuestras, o historias alrededor nuestro. Estábamos en un momento en que el oeste estaba cayendo en picada. Hasta ese momento los adultos trabajaban en fábricas, y desde el 93 en adelante, las fábricas empiezan a cerrar... Todas las grandes fábricas del oeste, donde la gente trabajaba, y también socializaba, empiezan a desaparecer. Había ganadores y perdedores, y muchos de los que iban al liceo con nosotros eran los hijos de los perdedores. Y nosotros también.

-La Teja Pride es de izquierda, una banda comprometida socialmente, que durante años ha tocado gratis para causas benéficas. Ser tan definidos políticamente, ¿les ha cerrado puertas?

-Sí. Y nos las cerramos nosotros también. Pero... (piensa) el problema es que hay mucha gente que muchas veces te llama para tocar y no tiene ni idea qué (música) hacés, y nosotros íbamos porque su causa estaba buena, pero después te dabas cuenta que en realidad eras relleno, y que no importaba mucho qué hiciéramos. Entonces, está bueno apoyar, está bueno participar, pero tampoco me llames sólo porque sabés que no te voy a cobrar. Yo hago esto, y cada vez que se rompe una púa tengo que pagar 120 dólares en comprar púas nuevas para hacer scratching, lo mismo que le pasa a un guitarrista con las cuerdas. También fue un proceso muy desgastante. El clic ese lo hicimos en 2008, tocamos en una fiesta para la campaña por la legalización de la marihuana que recién arrancaba desde el movimiento social. Me acuerdo que se me rompieron los auriculares, y yo cobraba muy poco. Me costaban 200 dólares los auriculares nuevos, y no teníamos plata para eso. Yo los precisaba para tocar y al romperse... ta, se fueron, no podemos tocar. Me prestaron unos auriculares de walkman, pero no escuchaba nada, y ahí fue el clic. "Ta, tenemos que encarar, no podemos tocar en cualquier lado, por cualquier causa, todo el tiempo, porque nos estamos destruyendo". No había ni flete, íbamos a cada lado como podíamos. Dijimos: "A las causas no le aportamos demasiado, excepto por nuestro arte, y a veces suena mal, porque el sonido no es el mejor, entonces quedamos mal parados nosotros". Ahí definimos que algunas causas sí queríamos seguirlas apoyando, pero les íbamos a decir (a los organizadores): "Ta, pero precisamos tal cosa", y otras las íbamos a dejar pasar.

-¿Sos frenteamplista?

-Voto al Frente Amplio (Piensa) Sí... soy frenteamplista.

-¿Estás conforme con este tercer gobierno de izquierda?

-Eh... (Piensa) Mucho no. Mucho no... Me parece que el primer gobierno del FA hizo cambios enormes, el segundo gobierno del FA, incluso sin proponérselo, permitió avances sociales enormes que venían desde el movimiento social (la legalización del aborto, la legalización de la marihuana, matrimonio igualitario), el cambio en la matriz energética, la reforma impositiva que viene desde el primer gobierno, porque me parece mucho más justo el IRPF hoy que lo que había antes, cuando no había IRPF. Pero creo que este último gobierno se limitó a gerenciar, y no de la mejor forma tampoco. Excepto algunas cosas, como la ley trans, o el Sistema Nacional de Cuidados, después, no hubo grandes ideas. El "cambio en el ADN de la educación" fue cómo... ¿Qué pasó? ¿En serio?

"Este último gobierno se limitó a gerenciar, y no de la mejor forma tampoco. Excepto algunas cosas, como la ley trans, o el Sistema Nacional de Cuidados, después, no hubo grandes ideas. El cambio en el ADN de la educación... ¿Qué pasó?"

-Sos sociólogo, trabajás junto a Nelson Villarreal en la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia. ¿Cuál es tu función ahí?

-Trabajo en la parte de Cultura y Desarrollo (de la Secretaría de Derechos Humanos), lo que hago es desde escribir documentos a pensar en intervenciones del espacio público, o actividades de debate, ahí somos 4x4, porque eso incluye desde debatir, o recomendar estrategias hasta barrer el piso. En Rivera, cuando terminó todo, barrí todo el salón. Y todos los que estamos ahí somos multifunción. Soy un empleado público que trabajaba en Industrias Creativas de la Dirección Nacional de Cultura (es un departamento que no existe más)... Bueno, las políticas culturales son otra deuda gigante del FA. Estamos en el horno. Cuando se dice "cultura" se piensa con la cabeza de teatrero, de hace un montón de tiempo; no se piensa en cultura digital. Si hoy no pensás en cultura digital, ahí hay que cambiar algo.

-No se han aggiornado las políticas culturales...

-No, no. Para nada.

-¿Te pasa como a Gabriel Peluffo, que lo reconocen en el Pereira Rossell, y lo miran con idolatría por ser el cantante de Buitres?

-Mucho menos, pero a veces sí. Me pasaba en la Dirección Nacional de Cultura. Era tipo: "¿Qué hace el de La Teja acá?" Y yo decía: "Acá estoy en otra cosa, no soy el de La Teja (Pride), soy el de Industrias Creativas".

-Hablando de derechos humanos (y sus violaciones): hay quienes le señalan al gobierno que no ha sido enfático en su condena al régimen de Maduro en Venezuela, quien acaba de asumir en su nueva administración. Tabaré Vázquez contradijo esa visión en el último almuerzo de ADM. ¿Cuál es tu valoración sobre lo que pasa en Venezuela y Nicaragua?

-Venezuela y Nicaragua son dos procesos que van hacia el autoritarismo. Venezuela era un proceso legítimo, (Maduro) ganó elecciones, pero hay una radicalización de un nivel imponente, hay una corrupción galopante, que también es política. Muchas veces pienso que la corrupción no es sólo política, la corrupción está en todas partes, pero lo de Venezuela es parte del sistema. Es como en Brasil. Está enquistado, funciona así.

-Bueno, el libro Una oveja negra al poder de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz cita una frase de Mujica, quien recuerda cuando Lula Da Silva dijo que los sobornos por el "mensalao" eran "la única forma de gobernar Brasil"...

-Sí, funciona así. Y tienen un discurso, una lógica de guerra, todo el tiempo, que es imposible de construir... Es muy difícil construir algo democrático cuando el otro es el enemigo, el enemigo a eliminar. ¿En qué momento vamos a construir, con el otro, una sociedad en común? Todo este rollo de la revolución. En realidad, uno ve qué ha hecho la revolución, pero no pasa del batllismo... tampoco es "la" revolución que cambió las raíces de nada. Son una serie de reformas. Pienso eso de Venezuela. Y no, no es un país democrático.

-¿Y sobre la postura de Uruguay al respecto?

-Uruguay es un país chico y tiene que jugar muy delicadamente con eso, con lo de la intervención. Para mí está perfecto que hayan rajado a (Luis) Almagro (del Frente Amplio) por lo que dijo; pero también (el gobierno) tiene que ser muy duro con Venezuela, porque no se pueden permitir los procesos de deterioro de la democracia a ese nivel. Y el caso de Nicaragua me parece peor: es un presidente que gobierna hace 15.000 años (NdeR: Daniel Ortega es presidente del país desde enero de 2007), que controla todos los hilos del Estado, es el dueño de medio Nicaragua, y cuando aparecen protestas, aparecen muertos, y los muertos responden a la represión estatal o paraestatal, directamente.

Para mí eso es gravísimo, pero también me parece gravísimo lo de Honduras, que está al lado, al mismo nivel que lo de Nicaragua y Venezuela. Es un tipo que robó las elecciones (Juan Orlando Hernández), la muerte de Berta Cáceres (NdeR: líder indigenista, feminista y activista medioambiental, asesinada por sicarios en marzo de 2016), todo lo que pasó después... Creo que con la misma dureza que hay que condenar lo de Venezuela y Nicaragua -y el gobierno uruguayo no ha condenado con suficiente dureza esos gobiernos-, también hay que ser igual de firmes con Honduras.

-Mucha gente de izquierda con una visión crítica -desde este espacio de entrevistas Richard Read y Selva Andreoli, por ejemplo- cuestionaron la decisión de inhabilitar a Sendic y De León ahora, por avecinarse la campaña electoral (de hecho, la suspensión es hasta mayo de 2020, cuando pasen las elecciones), y no por una verdadera condena a las desviaciones éticas. ¿Cómo la ves vos?

-Creo que esto significa la muerte política de Sendic. Con esto lo entierran de cabeza, porque un político vive de las elecciones, sin las elecciones no hay... hay militantes. Se pudo haber sido más duro y mucho antes con Sendic, sin dudas. Igual creo que esto lo transforma en un cadáver político. Habría que haberlo hecho antes.

-La expulsión de Almagro la compartís...

-Sí, sí, para mí con Almagro comieron del tupper. No es que él haya cambiado después, me parece que les vendió un personaje y comieron del tupper. Muchas de las críticas que hace Almagro de Venezuela son correctas, ahora cuando llega a pedir intervención militar -yo mismo lo escuché y dije: ¿What?"-, no... después de eso tenés que renunciar amigo, aunque hayas querido decir otra cosa. Y no podés hablar todo el tiempo solo de Venezuela. Los 43 (estudiantes mexicanos) de Ayotzinapa, ¿qué pasó con eso? Nada. Cuántos miles de desaparecidos hay en México y no pasa nada con eso... No pasa nada con Colombia, no pasa nada con Honduras, no pasa nada con Guatemala. Sólo se mete con Venezuela, y pasa poco con Nicaragua, no tengo ni idea por qué. No sos el delegado especial para Venezuela, sos el secretario general de toda la OEA.

"Está perfecto que hayan rajado a Almagro por lo que dijo; pero también (el gobierno) tiene que ser muy duro con Venezuela, porque no se pueden permitir los procesos de deterioro de la democracia a ese nivel"

-Como sociólogo, ¿qué es lo que más te preocupa de nuestro país? ¿La fractura social? ¿La distribución de la riqueza? ¿La intolerancia imperante en las redes sociales? ¿Un poco de todo eso?

-Hay algo que me preocupa mucho, que tiene que ver con todo esto, que es la segregación espacial o geográfica, y por ende, social. Montevideo, por ejemplo, que era una sociedad mucho más integrada, hoy por ejemplo tiene muy pocos profesionales en el Cerro, quedan muy pocos profesionales en el oeste. De hecho, la mayoría de los estudiantes universitarios, si mirás dónde se distribuyen geográficamente, están en la costa, en el Prado, por acá por La Blanqueada (¿o esto es Larrañaga?) y no mucho más; tenés barrios mucho más homogéneos y tenés una ciudad que se expande hacia Canelones. Montevideo tuvo la buena idea de prohibir los barrios privados, es la otra cara de la moneda de un cante. Es un cante de ricos, encerrado, donde los pibes crecen ahí, solo conocen ricos. Pasa lo mismo con el cante. (La Tahona está en Canelones). Ese es un problema del FA. Yo entiendo que para la derecha la desigualdad no sea un pecado, pero si queremos una sociedad integrada, hay aspectos físicos que parecen menores, pero tienen que estar pensados. Se tiene que pensar en un urbanismo integrador desde el vamos, se tienen que poblar las zonas céntricas, las sociedades no pueden seguir expandiéndose de forma infinita con espacios vacíos. Y tenemos que ver cómo hacemos para que cuando yo salga a caminar por este barrio no me encuentre con gente como yo, me encuentre con gente distinta. La posibilidad de encontrarte con el otro te hace mucho más tolerante.

Si vas a Facebook o a Twitter y sólo tenés amigos o seguís a gente que piensa igual que vos, me convenzo que la sociedad uruguaya es un reflejo mío. Y no es así. Si yo vivo en un barrio donde somos todos parecidos, está pasando lo mismo. Entonces nos estamos separando mucho más. Tiene que haber una apuesta muy fuerte al desarrollo de la democracia desde lo cotidiano, y eso muchas veces queda de lado. Ha habido algunos esfuerzos, pero es dificilísimo ir contra la corriente del capital. En Palermo, por ejemplo, casi no quedan afros, en barrio Sur sí. Ambos son famosos por el candombe y la negritud. Palermo ahora es un barrio de universitarios. Estamos ante una sociedad fragmentada. Montevideo ha podido ralentizar ese proceso, no lo ha frenado ni revertido, lo ha enlentecido.

-A fin de año tuiteaste: "Vamos a tocar en un par de horas. Toque autogestionado número 25673. Estoy nervioso, para variar". ¿Por qué autogestionado?

-Porque hicimos todo nosotros: llamamos al boliche, conseguimos el toque, hicimos esto, hicimos lo otro... La manager vende las entradas en la puerta. Como en cualquier toque. Pero autogestión es eso: hicimos todo, desde el afiche, que lo hizo mi hermano en el tercer piso, hasta conseguir una camioneta para llevar las cosas... como cualquier banda. A muchos los llaman y los contratan; nosotros siempre funcionamos así.

-¿Te seguís poniendo nervioso antes de cada toque?

-Hacemos algo súper normal, llevamos 20 años tocando, pero antes de tocar me sigo poniendo nervioso. Supongo que es una forma de estar vivo. Es como cuando en facultad o en la maestría tenía un examen importante y me dolían los nudillos de las manos. Me pongo nervioso porque es hacer lo que te gusta, pero también buscás la aprobación del público.

-En el Montevideo Rock les tocó cerrar el escenario propio de hip hop, un reconocimiento al género. ¿Lo viste como un reconocimiento?

-Si hubiera podido elegir, tocaba antes, hubiera tocado a las 22 y no a la 1 de la mañana, pero dijeron que era por eso: por la trayectoria, que querían que cerráramos. Era domingo a la 1 de la mañana y a esa misma hora estaba tocando Fito Páez. Pero 500 personas se quedaron ahí, nos hicieron el aguante y estuvo buenísimo. De hecho, que haya habido un escenario de hip hop estuvo de más, el escenario estuvo hasta la manija los dos días, y están pasando cosas que están buenísima.

-¿Hay una moda del rap y el hip hop, o todavía están haciendo fuerza para ganarse un lugar de privilegio?

-Hay una efervescencia del rap y el hip hop que nunca antes hubo. A finales de los 90 hubo un buen momento, pero era una copia de algo que ya existía. El hip hop ya tiene un lugar de privilegio, ya hay fiestas todo el tiempo, ya tiene un sonido o varios sonidos propios -cada crew o cada colectivo tiene un sonido propio-, no es que haya un sonido Uruguay, lo que hay es una apropiación del género. En muchas escenas muchas veces se construye una réplica, y lo que hay acá es una apropiación del sonido. No hay géneros puros, o hay trap, o hay rap hardcore, pero vos lo escuchás y tiene elementos de otros géneros, o que son propios, son de acá. Son formas de hacer, formas de producir o formas de bailarlo. Y cuando existe una apropiación, ya está, es propio.

-Hay una banda que promete y hasta fueron teloneros de NTVG: Los Buenos Modales. ¿Cómo los ves?

-Los Buenos Modales hacen una música increíble, tienen un disco solo, hacen una cosa mucho más bailable. Son como un dream team, porque integran varios MCs, varios raperos, como Hache Souza, Santi Mostaffá, Berna, un montón de raperos que son muy buenos en cada uno de sus grupos, las letras están buenísimas, van desde el funk hasta el house o el trap. Santi Mostaffá sacó un disco por Bizarro, lo que tiene él es que se "quiebra" en cada disco y se vuelve a armar. Arquero, que es otro de los solistas de Buenos Modales, es el pibe fiestero, él es inmigrante, madre del sur de España, padre uruguayo, y tiene un flow (la forma de rapear) que la descose. Pero Dostrescinco es para mí la banda más fuerte hoy, arrastra un montón de gente. Y AFC tiene esa cosa punk, de Marilyn Manson y rapero, muy interesante.

-El talón de Aquiles del hip hop, ¿está en el interior del país, lejos de lo urbano?

-Me sale el sociólogo: el 94% de la población uruguaya es urbana, eh. La zona rural está despoblada, tiene poca cantidad de gente. Antes costaba mucho llegar al interior, ahora cuesta menos, lo que pasa ahora es que hay un boom del freestyle: los pibes se juntan a rapear. En Rivera, por ejemplo, hay una movida increíble. En la Plaza Internacional o en la Plaza Artigas se juntan a rapear y tienen una movida propia, rapean en portuñol, se juntan 300 pibes a hacer freestyle.

-Hace poco ganaron el premio a la trayectoria en los premios del hip hop de la página El Quinto Elemento, por los 20 años de trayectoria. Cuando mirás para atrás, ¿qué ves?

-Durazno, 2003. Tocamos en AEBU, había dos bandas de rock y nosotros. Plena crisis en Uruguay. Nuestra formación era dos raperos, alguien con sampler y bandeja, y un bajista, y se armó tal agite... Éramos marcianos, porque nos fueron a ver punks, y nosotros éramos muy electrónicos, pero subimos la velocidad de los beats y listo. Me acuerdo del nivel de autodestrucción de los muchachos en ese recital. Había pibes que tomaban vino con un poco de nafta y naftalina. Pero esa fiesta estuvo increíble, y no había casi nada en esa época. Esa fiesta fue salvaje y estuvo de más, fue re liberadora, y no hubo violencia de gente que se agarrara a las piñas. Estuvo buenísimo. También ahí hay algo -algunos artistas me van a matar cuando lean esto- pero eso te da pistas de cómo la cultura puede tener una función, más allá de la búsqueda artística, que es la integración, lo socializante. Cuando se piensa en planes de seguridad, por ejemplo, es muy raro que piensen en ese tipo de cosas. Ahora, con el desarrollo de algunas plazas, puede ser, o de alguna intervención en Casavalle, pero debería ser tomado más en cuenta eso, tanto afuera, en la ciudad, como adentro de las cárceles. Ese es un agujero donde metemos a las personas, y cuando salen creemos que están curados. De nada están curados.

"Llevamos 20 años tocando, pero antes de tocar me sigo poniendo nervioso. Supongo que es una forma de estar vivo. Es como cuando en facultad o en la maestría tenía un examen importante y me dolían los nudillos"

-El Peyote y Plátano Macho, que fueron furor en los 90, quedaron por el camino. Permanecer, resistir el tiempo, garpa, ¿no?

-No es un mérito en sí mismo. Nosotros seguimos tocando porque nos gusta, y porque somos familia. Entonces, somos un grupo de amigos, donde cada uno tiene su personalidad, pero juntos somos La Teja (Pride). Es más que nosotros en forma individual. Por eso seguimos, porque es lo que más nos gusta hacer. Menos el batero, que es profesional y vive de tocar con nosotros y pila de bandas más, los demás no vivimos de la banda. El guitarrista es profesor de música en un jardín de infantes, otro vocalista trabaja en una empresa de construcción, Davich trabaja en una ONG, yo soy sociólogo, pero lo que más nos gusta es tocar en la banda.

-Tu hijo Luca tiene 2 años. ¿Cómo te lo imaginás en 20 años, como un hombre en formación?

-(Silba largo, y piensa) Cómo me lo imagino a él en 20 años... Me lo imagino viviendo en Montevideo, en un Montevideo que dejó de expandirse, que empezó a pensarse como una ciudad densificada, donde el transporte público es más importante que el transporte individual. Me lo imagino en una sociedad de postrabajo. Él con más tiempo libre, donde tiene que trabajar, pero a la vez ya no le dedica tanto tiempo a su trabajo, hay un montón de cosas que ya no tiene que hacer porque "se hacen solas". Hablo de una revolución tecnológica, ahí nos jugamos mucho también, por ver si la riqueza que genera la compartimos o se la queda menos gente. Me lo imagino viajando, porque viajar será mucho más sencillo, yendo y viniendo. También me lo imagino mucho más libre, sin tanto problema por si es heterosexual, si es gay o qué. De hecho, no imagino que le importe mucho a ellos la definición de quiénes son, las categorías.

-¿Sos feliz?

-A veces. La felicidad son momentos.



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