Leo Sarro: “Yo no soy un periodista con códigos, pero tampoco grabo a escondidas”
El periodista repasa su trayectoria entre desfiles de Giordano y preguntas incómodas a políticos, entre ellos, al ministro Oddone.
Por César Bianchi
@Chechobianchi
Leonardo Sarro (57) siempre quiso comunicar, ya fuera como disc-jockey en boliches de Solymar, pasando música en una radio o detrás de un micrófono. Periodista autodidacta, fue construyendo su perfil mirando cómo se hacía radio y TV en Argentina. Tuvo programas que hicieron ruido en su juventud —todos empezaban con la palabra radio— hasta que empezó a hacerse conocido por sus coberturas en Punta del Este, cuando la tarea era algo vergonzante para el público “biempensante”. Tan es así que aún hoy, cuando alguien quiere bajarle el precio, le dice que mejor se vaya a cubrir la temporada.
Pero Sarro ha demostrado que es bastante más que un cronista estival. Desde que fue empleado por Canal 5 y luego por radio Monte Carlo, se ha especializado en dos cosas: incomodar a los políticos con preguntas poco ortodoxas, lejos del manual periodístico clásico, y grabar videos con un celular colocado prácticamente sobre el rostro de los entrevistados (es lo que en facultades de Comunicación se ha dado en llamar el “plano Sarro”, dice él).
Sobre su salida de Monte Carlo en 2024, Sarro hace una autocrítica: sabe que desoyó advertencias e insistió con la práctica de compartir en sus redes artículos de medios internacionales sobre los ataques de Israel en Gaza. “Yo venía también medio como rutinizado (sic), y necesitaba algo que me motivara. Eso me dio una fuerza bárbara. Y pensaba: ‘En cualquier momento me van a llamar de arriba’. Yo probaba: el tornillo no estaba flojo, no se salía de la pared, pero lo seguía tocando, por las dudas. ¿Estará firme el tornillo? Hasta que lo arranqué”, dijo.
Sus preguntas en ruedas de prensa han sacado de quicio a los expresidentes Lacalle Pou y José Mujica —quien alguna vez lo tildó de “periodista opositor”— y, más recientemente, al ministro de Economía, Gabriel Oddone. Es la primera vez que Sarro reflexiona sobre el episodio en el que se cruzó con Oddone y este le dijo que sus comentarios fueron “de mala fe”. Sarro cree que él obró bien, que al ministro le falta “audacia” para “dar esperanza”, y hasta elogió al exministro Fernando Lorenzo.
Foto: Javier Noceti / Montevideo Portal.
¿Quién sos?
Creo que desde chico siempre tuve una vocación por comunicar. Algunos lo hacen a través de la pintura; otros, a través de la literatura; otros, a través del periodismo, y otros, a través de la política. Yo siempre tuve una vocación, cierto protagonismo por comunicar. O sea, la respuesta sería un comunicador.
¿Qué estudiaste después del secundario?
Me surgieron oportunidades con el tema de la discoteca, como disc-jockey, y para trabajar de operador de radio. Cuando estaba terminando el liceo, eso desarmó todo; me boludeé muchísimo en preparatorios, después me di cuenta de que sin estudio no había nada, entonces retomé. Hice preparatorios considerando hacer la UTU de periodismo. Me faltaba uno de esos exámenes para terminar, y ahí me salió un programa de televisión en canal 7 de Maldonado, y me relajé.
Años después vino la crisis del 2002 y estaba todo el mundo mala onda. Ya en el año 2000 estaba el bajón instalado, estaba instalada la crisis. Había un bajón terrible en el año 2000, y yo tenía tiempo libre. Yo trabajaba en Concierto FM y cubría empresariales al mediodía, pero después hasta la noche no tenía notas, y como vivía en Solymar, no iba a volver con el auto para allá… Tenía que quedarme las tardes en Montevideo, entonces dije: “Este tiempo libre tengo que aprovecharlo”. Quise terminar preparatorios, porque tenía una mochila que me pesaba, y me puse a estudiar. A los pocos días estaba ya con los polinomios de matemáticas y no podía creer que me acordaba de todo. Me pongo a estudiar esas materias y empecé a dar todo libre. Entonces, en el 2001, terminé preparatorios y fue un alivio.
Y ahí me meto en Humanidades, porque dije: “Ponerme a estudiar periodismo no tiene sentido”. Yo ya lo ejercía. Dije: “No, ya está, un periodismo para atrás voy a hacer”. Pensé en la Licenciatura de Historia. Me anoté en Humanidades. Ahí tuve un semestre de Ciencias Políticas y tuve a (Daniel) Chasquetti de profesor. Y un semestre con (José Pedro) Barrán, que lo salvé, ¡salvé una materia con José Pedro Barrán! Llegué hasta la mitad de la carrera. Igual, Humanidades no lo termina nadie…
¿Qué fue Radio Pirata, el programa que hacías en radio Del Sur, una radio pirata, valga la redundancia, de Solymar, a mediados de los ochenta?
Me entero que abría una radio en Solymar, ya estaba La Costa FM, que era otra radio. Ya en esa radio me nombraban con el tema de los bailes, la música, el Club Solymar. Me entero que iban a abrir una nueva radio y que lo que necesitaban era alguien que tuviera discos, y ese era mi amigo Gabriel, que tenía discos. Así que le digo a mi amigo: “Entrá vos primero y después me hacés piecito y entro yo”. Entré nomás, y no podía creer que estaba en una radio, que pasaba una tanda, que podía hablar en radio. Tuvimos que hacer una radio desde cero… No había reloj en la radio y yo me traía el despertador de casa. Engolaba la voz y decía: “Son las 10:00 en Del Sur”.
La idea era copiar a las radios de Montevideo, pero no teníamos éxito, porque las radios de Montevideo tenían brutos equipos, sonido, discos importados. Lo nuestro era todo muy precario. Mi viejo viajó a Buenos Aires y me trajo el semanario El Periodista, que contaba el fenómeno de la Rock and Pop. Entonces yo, sin escuchar la Rock and Pop, me la imaginaba. Inspirado en todo eso que yo veía de Buenos Aires, que era la movida, la apertura democrática, invento Radio Pirata y la pego, finalmente. “Estamos transmitiendo clandestinos”, decía yo, y la gente enloquecida con Radio Pirata. Enseguida se corrió la bola, fue como un reguero de pólvora. Era una época en la cual los locutores daban la temperatura, la hora, y nada más, te ponían música comercial.
Empecé a pasar música y sacar llamadas al aire. La música que pasaba era toda la que no pasaban en las demás radios. ¡Empecé a pasar The Doors! Ponía música que en otros lados era secundaria, como The Smiths, toda una música que no era considerada por las radios comerciales. Empecé a sacar llamadas al aire y a inventar recursos como el de tirar la cisterna. Grababa la cisterna en la radio, una berretada espantosa. Llamaba uno y decía: “Quiero tirar la cisterna porque el Checho Bianchi me tiene podrido”. Entonces yo tiraba la cisterna y sonaba como que se iba todo por ahí. A tal punto era el conservadurismo de este país, que vinieron los de la Dirección de Comunicación a decir que no podía decir más Radio Pirata, que el programa no se podía llamar así. Y estábamos en democracia, año 89. Me denunciaron a Cartas al Director de Búsqueda, y llegaron a suspender la radio. Los dueños de la radio siempre fueron milicos y era la época del voto verde (NdeR: se refiere al referéndum por la Ley de Caducidad), entonces invito a uno del FA y el coronel Burgueño me quería echar. Hablo con un amigo que me dice que Jorge Batlle estaba a pocas cuadras de la radio haciendo campaña. Y le digo: “¡Andá a buscarlo!”.
“Buscábamos hacer cosas polémicas. Un día llamó una mujer y dijo: 'El otro día escuché en el programa la palabra «pene». ¿Cómo van a decir eso en la radio?' Y yo dije: 'Vamos, muchachos: ¡Peneeee, peneeee, peneeee!' Eso fue en el año 90”.
Esa fue la entrevista a Jorge Batlle que pegó muchísimo y evitó que te despidieran…
¡Sí! Lo fueron a buscar adonde estaba, a pocas cuadras de la radio, en plena campaña por el referéndum, y le dijeron: “Mire que lo echan a mi compañero de la radio si usted no va”. Batlle estaba en un club político de la Lista 15, y se fue caminando hasta la radio. Salió en la nota presentando temas de los Beatles y Creedence, le pregunté cómo se ganaba minas, cualquier cosa… ¡Mató la nota! Y me salvó Batlle. Me querían echar porque entendían que yo estaba flechado. Lo llamaban los amigos al coronel y le decían: “¿A quién tenés en tu radio, bo?”
Mi tema era transgredir. Y meter en mi programa lo que no salía y no se animaban en otras emisoras. Buscábamos hacer cosas polémicas. Un día llamó una mujer y dijo: “El otro día escuché en el programa la palabra «pene». ¿Cómo van a decir eso en la radio?” Y yo dije: “Vamos, muchachos: “¡Peneeee, peneeee, peneeee!” Eso fue en el año 90. Un año después parábamos el tránsito, convocábamos a todos en Radio Pirata, venía la Caminera y nosotros decíamos: “Ahora, todos marcha atrás” y todos iban marcha atrás. Me terminaron echando, de tantos quilombos con el coronel…
¿Por qué duraste apenas unas semanas en CX 50 radio Independencia, de los hermanos Rupenian?
Yo admiraba a los Rupenian, eran los números uno de la radio, más allá de que no tenían nada que ver con lo que yo hacía. Yo me había criado escuchando radio Independencia. Me sale la posibilidad de ir a hacer un programa de radio y le puse Radio Berlín, inspirado en Radio Bangkok de Lalo Mir en Buenos Aires. Pensé en Berlín porque justo se había caído el muro… Se corre la bola que yo estaba en la AM, y mis oyentes, los que me seguían, aprenden a escuchar AM. Un día llama un oyente a decir que había visto a la hija de un importante político mamada, en un boliche. Le van con el cuento a Berch, que ni lo escuchó, y me dice: “Leo, lo lamento, pero te tengo que despedir”. Y me echa de la radio; estuve poco más de un mes.
Así como salgo de la radio, cuando me despidieron, dije: “Ya mismo empiezo a recorrer todas las radios buscando laburo”. Era verano, hacía tremendo calor. En una, vuelvo a ir a El Espectador, porque había un nuevo jefe de prensa, la había comprado Luis de María…
Y te toma Beto Triunfo. Has dicho que él “te salvó”. ¿Por qué?
¡Un genio! Beto Triunfo escucha desde el pasillo que yo estaba hablando con otro, escucha que yo había hecho Radio Pirata y se acerca. “¿Vos sos el de Radio Pirata? ¡Yo te estaba buscando! Quiero que hagas ese programa en mi radio”. Y me salvó. Resulta que mi abuelo había ayudado a De María cuando era joven como ascensorista en La Madrileña, 40 años antes… Y ahí empiezo a hacer Radio Trucha.
“Entrevisté a Charly García, una nota espectacular. A Víctor Hugo Morales, que en aquel momento era una estrella. Con (Diego) Maradona tuve varios encuentros. En una fiesta me dijo que él era de Boca, entonces era de Peñarol. Y en las fiestas de Scarpa nos abanicaban”.
¡A todos tus programas le ponías la palabra radio antes! Radio Pirata, Radio Berlín, Radio Trucha…
Sí, yo sabía que la palabra radio antes, pegaba. Le dije a un locutor de Aspen que yo había hecho Radio Pirata, y me dijo: “Ah, una radio trucha”. Dije: “Ta, ese es el nombre: Radio Trucha”. A las tres semanas arrancó Radio Trucha. A las pocas semanas, había quilombo. Aparecía De María del otro lado de la ventana y decía: “¡Te voy a matar!”, y yo al aire decía: “¡Miren quién vino a la radio a darnos para adelante! ¡El dueño de la radio nos está alentando!”, y él del otro lado gritaba: “¡La puta que te parió!”. Llegaban cartas al Servicio de Radio y Comunicación: “Tengan cuidado con este señor que es lo peor de la radiofonía del Uruguay”. Eso lo mandaba Washington Neme, ese coronel que me perseguía. Así la fui llevando… Y bueno, me quedaba después de hora charlando con De María en su oficina. Y después él me llevó al mundo de la cobertura de verano en Punta del Este.
Durante años fuiste muy recordado por tus coberturas de verano en Punta del Este, enviado por Luis de María, dueño de El Espectador. ¿Qué notas recordás más?
Entrevisté a Charly García, una nota espectacular. Una suerte tremenda, porque en aquel momento Charly no daba notas. Me la dio por teléfono desde el Hotel Salto Grande. A Víctor Hugo Morales, que en aquel momento era una estrella. Con (Diego) Maradona tuve varios encuentros. Me acuerdo un día que lo agarré en la puerta del (supermercado) Devoto. Algo me había dicho de Peñarol, creo que estaba por ir, o algo así, pero no había quedado registrado porque fue en vivo. Y al otro día, estaba por salir en Concierto en vivo, y logro sacar en vivo a Claudia, la mujer, primero. Justo llegan los del 12 —yo ya estaba trabajando en Verano del…— y me acercan la cámara.
Yo estaba sacando a Maradona para la radio y justo llega el camarógrafo del 12 y me dice: “Vamos a aprovechar esto” y me dan el micrófono. Todo yo solo. Me dan el micrófono y la radio no se veía. “Pará”, le digo a la locutora de la radio. Y voy con Claudia, la esposa de Maradona. Y mientras hablaba Claudia —yo hacía el móvil de la radio—, lo meto a Maradona con la tele. Y era mi oportunidad de volver a reconstruir la pregunta que le había hecho el día anterior. Entonces le pregunto: “Diego, ¿sos de Peñarol?”, o algo así, y él me dice: “Yo soy de Boca, y Boca es Peñarol”. Se hizo famoso ese video. (NdeR: en rigor, el video, accesible en YouTube, muestra que el periodista le dice que lo vio con un gorrito de Peñarol y desea: “Ojalá algún día te vea jugando con la camiseta de Peñarol”, a lo que Maradona contesta: “Yo digo que Peñarol es Boca, y yo soy hincha de Boca, así que saquen sus propias conclusiones”). Pocos días después de eso, surge la noticia de que a Maradona lo internan por exceso de comida, drogas, quilombo, todo, en el sanatorio Cantegril de Punta del Este. Y ahí estuve cubriendo su internación.
En esas coberturas entrevistabas políticos, empresarios, modelos…
Sí, sí, claro. En aquel momento, a Florencia Raggi, a Valeria Mazza, todavía no había surgido (Carolina) “Pampita” Ardohain. Años después, sí, y también. Los desfiles de (Roberto) Giordano, de Pancho Dotto. Otro tipo de nota, histórica, fue la fiesta de (el millonario brasileño Gilberto) Scarpa, que ni esperábamos. Para mí era una cobertura más, como de cualquier noche. Ni bien entramos ya nos abanicaban con plumas… Gracias a los periodistas argentinos, yo ya había perdido el prejuicio y la culpa de cubrir Punta del Este. Porque había como una culpa. Y más para la clase intelectual de Montevideo. Les decías: “Qué lindo Punta del Este”, y te decían: “Ah, yo prefiero Rocha, yo prefiero La Paloma, la naturaleza”. Como que había que decir eso para caerle bien a la gente. Decías que cubrías Punta del Este y era terrible. Hasta el día de hoy me pegan por eso: “Leo, dedicate a hacer reportajes en Punta del Este”, me dicen, para rebajarme.
Esas coberturas te abrieron otras puertas: Concierto FM, nuevamente con los Rupenian y Canal 12, con Verano del... ¿Te cambió en algo la TV? ¿O cambió tu forma de ejercer el oficio?
Mirá, las posibilidades que me querían dar tras haber hecho ese programa, yo no las quería. No me sentí identificado. Sentía como que daba una imagen frívola, una imagen que yo no quería dar, no me sentía cómodo. Al principio sí, era “fuaaa”, salir en Verano del…, en el 12, pero después que estuve adentro, no me sentía cómodo. No me sentí identificado, más allá de la buena plata que ganaba. Me pagaban muy bien, me daban muy buenos viáticos. Pero después, cuando la crisis y todo, fui yo mismo quien me criticaba por estar haciendo eso. Por dar una imagen de frivolidad en un contexto de tanta crisis. Rechazaba estar ahí.
Fueron más de 30 años cubriendo la temporada estival. ¿Te costó sacarte la etiqueta de periodista frívolo?
Tampoco renegué de eso, nunca renegué. Pero no, siempre que pudieron me la recordaron. Incluso, cuando retomo el periodismo, yo había hecho informativos en El Espectador unos años, y en Buenos Aires trabajé en Radio 10… También recuerdo que, en la Casa del Partido Colorado, en el año 94, tuve un quilombo terrible con una pregunta que le hice a (Enrique) Tarigo: “¿Por qué prohibieron la publicidad de Simón Riquelo?”, eso lo pregunté cinco años después del episodio de Simón Riquelo, lo pregunté en el año 94.
En radio Monte Carlo estuviste 16 años, hasta 2024. ¿Por qué te despidieron? ¿Qué te dijeron?
Había cambiado de firma, ya no estaban los Romay, había nuevos dueños. Había plena confianza en mí, incluso después recuperé salario porque me habían reducido una parte en el cierre de Monte Carlo con Radiocero; pasa a este nuevo grupo, en una cierran, pero en poco tiempo me reincorporan, me recontratan en Monte Carlo con Carve, que estaba saliendo en la mañana. Todo lo que hacía yo les encantaba, la reproducción de las notas, hasta que surge lo del 7 de octubre (de 2023), y yo me contenía, me contenía, me contenía… Empiezo a ver que a Roger Waters no querían darle hotel (en Uruguay), y yo estaba caliente porque en los medios no ponían nada.
¿Qué no ponían nada de qué?
De lo que pasaba con el 7 de octubre, que había información que no estaba saliendo, de The New York Times, de Le Monde, de El País de Madrid. Había cosas que acá no se estaban compartiendo, que no se les preguntaba a los políticos del tema, y lo que yo preguntaba del tema, los canales lo cortaban. Al principio pasaba eso, después se fue desmitificando el tema de Gaza.
Vos no estás hablando del ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre; estás hablando de la reacción militar de Israel, posterior.
Sí, sí. Y yo empecé a compartir cosas. Sabía perfectamente dónde estaba, me suscribí al medio en el que estaba. Jamás iba a decir algo sobre eso en Monte Carlo. Yo lo hacía en mis redes, nada más. Yo sé en el medio en el que estoy trabajando, el medio que me contrata. Si me contrata Brecha no voy a ir a poner una nota alabando a un derechista. Y Monte Carlo no tiene un sesgo, ni nada, es una radio neutra. Pero en mis redes compartía esa información o preguntaba sobre esos temas a ministros: qué opinaban de lo que estaba pasando en Gaza, y subía esos videos. Y eso entró a molestar.
Yo no opinaba, mi enfoque era preguntar y compartir noticias. Claro, yo me iba a cuidar. ¿Qué autoridad tenía yo para abordar un tema que no conocía? Compartía noticias…
Si te entiendo bien, vos decís que compartías noticias que cuestionaban a Israel, su reacción militar tras el 7 de octubre.
Claro, pero no eran páginas editoriales, eran noticias que salían en medios como la BBC. Por ejemplo, la bomba al hospital (NdeR: se refiere a las bombas que cayeron sobre el hospital Al-Ahli de Gaza el 17 de octubre de 2023). Esa noche no se pasaba nada. Después dijeron que la bomba era la de los mismos misiles de Palestina, después hubo un estudio de The New York Times demostrando que era imposible… O cómo fue el atentado del 7 de octubre, no dejaron entrar a las Naciones Unidas en un peritaje, todo eso quedó tapado. Mismo el atentado, no te sé enumerar exactamente cuáles son todos los episodios, pero yo me cubrí —no iba a ser tan tarado de ponerme a hacer conjeturas—, me cubría poniendo textualmente las cosas que salían, más que nada en video, de France 24, de la BBC, de DW muy poco. La BBC se la estaba jugando en ese momento, después aflojó la BBC, hizo el proceso inverso. Pero cuando arrancó fue muy fiel, ponía todo.
Pero incluso ya de antes del 7 de octubre yo ya me mandé, ya empecé a ser medio bravo, porque la agarro a Carolina Cosse en la Expo Prado tres semanas antes (tengo el video), la agarro porque sale en Brecha un documento en el cual cuestionan que (Yamandú) Orsi estuviera en Israel. “¿Cómo va a estar Orsi en Israel en el momento más violento en Medio Oriente?”. Ya la violencia era terrible, la violencia que había contra los palestinos. Y Orsi estaba ahí, en Israel, y no estaba preocupándose por lo que pasaba en Palestina. Y yo voy a Cosse y le digo: “¿Qué opina de que esté Orsi ahora en Israel?” Y me dice ella: “No tiene nada de malo, yo también fui a Israel, y los pueblos tienen derecho a su autodeterminación”. Después recién salió a decir que era un genocidio. Pero antes Cosse estaba muy light con ese tema. Eso fue un mes antes del atentado.
O sea, mis preguntas, que parecían pos-7 de octubre, yo las estaba haciendo tres semanas antes. Yo ya estaba medio loquito con ese tema. Enseguida, un profesor de una facultad, integrante de la colectividad, me dice: “Leo, eso es antisemita”. En ese momento era un tabú hablar de Palestina.
“Pensé: 'Leo, cortala, ya está'. Y así estuve casi dos meses, hasta febrero (de 2024) cuando volví a preguntar. Agarro a Omar Paganini en el Palacio Santos y le digo: '¿No es un holocausto lo que está pasando en Gaza?' Imaginate meterle la palabra más provocativa. '¿Leo, podés venir por la radio? Estás despedido”.
Después de esto, yo me autocensuro, al estilo Pierre Bourdieu (sociólogo francés), me censuro, empieza lo de Gaza, y recuerdo que un sábado ya no aguantaba más… Empiezo a largar, a compartir artículos, cosas que salían en The New York Times, pero capaz que por un narcisismo mío, nos sentimos un poco héroes. Ponele que tengo esa cuota de ego, te lo reconozco, porque me trato de sincerar contigo: “Estoy largando la posta, lo que los demás no se animan”. Entonces te sentís con la primicia. La gente te empieza a apoyar, por interno, porque ni se animaban a escribir en los comentarios: “Leo, no aflojes”. Gente que antes yo no les simpatizaba y me empezaban a decir: “Leo, felicitaciones por poner lo que los otros no ponen”. Y vos pensás: “Sirvo para algo”.
Yo venía también medio como rutinizado (sic), y necesitaba algo que me motivara. Y eso me dio una fuerza bárbara. Y pensaba: “En cualquier momento me van a llamar de arriba”. Yo probaba: el tornillo no estaba flojo, no se salía de la pared, pero lo seguía tocando, por las dudas. ¿Estará firme el tornillo? Hasta que lo arranqué. Me llaman de la radio: “Leo, ¿podés pasar por la radio?”. Vamos a la reunión con los directores y me ponen unos temas secundarios ahí, que en un móvil dijiste tal cosa, todas cositas chicas, hasta que sale el tema de Gaza. “Si podés…”. “Sí”, les dije, “yo me doy cuenta que estoy tocando un tema complicado”. Yo me decía a mí mismo: “No jodas con eso, Leo, no rompas las pelotas con ese tema”. Y con la cara me daban la razón, y deben haber pensado: “Ta, este entendió”.
Me voy de ahí, y pensé: “Voy a aflojar un poco con esto”. Y no aflojé nada, porque justo seguían pasando cosas de terror. Pongo otras cosas y me llaman de nuevo de la radio: “Leo, ¿podés venir de nuevo por la radio?”. Voy y esta vez solamente con el encargado, en su oficina. “Te pido mil disculpas, pero es terrible, me están llamando de todos lados” (con el tema de la colectividad). “Te prometo que esta vez corto con el tema”, le dije. Pensé: “Leo, cortala, ya está”. Y así estuve casi dos meses, hasta febrero (de 2024) cuando nuevamente se ve que me puse chapita y volví a preguntar. Agarro a (el entonces canciller Omar) Paganini en el Palacio Santos y le digo: “¿No es un holocausto lo que está pasando en Gaza?” Imaginate meterle la palabra más provocativa. Y empiezo a compartir noticias. “Leo, ¿podés venir por la radio? Estás despedido”.
¿Las redes te salvaron?
Sí. La rutina de Monte Carlo, la crisis de los medios que no tenía tanto feedback como antes, te hablo de las épocas gloriosas de la FM, las épocas de El Espectador… Llegó un momento que hubo como una manija: que las radios no existían, que no iba a tener más sentido todo lo que hacemos en los medios. Todo mentira, pero esta cultura digital nos hizo creer que muchas cosas no están funcionando porque no se está invirtiendo, o no se están haciendo las cosas como se deben hacer en los medios. Pero yo estaba en Radiocero, y veía que no tenía feedback, que había entrado en la rutina de cumplir con mi trabajo, hacer la notita, y ta…Entré en un bajón. Te estoy hablando por allá por el 2017.
Arranca el 2018 y empecé a ver que mucha gente me estaba comentando las cosas que compartía en las redes, porque no eran tantos videos. Los iPhone me daban más posibilidades de subir videos, antes era audio nomás, era complicado subir audios a Twitter. Me había comprado un iPhone. Hizo muy amigable el tema de subir videos a Twitter.
Y empezaste a tener mucho más feedback de la gente…
Ya de antes venía marcando mi perfil en las redes, de compartir artículos, opiniones, editoriales interesantes de otros medios del mundo. Consideraba que las redes iban definiendo de a poco mi personalidad digital. Y en el 2018 empiezo a compartir, a compartir, a compartir, y empiezo a ver respuestas. En ese 2018 salta lo de (Raúl) Sendic, no se estaba hablando, era un tabú en los medios. Vengo de Punta del Este aceleradito y agarro a María Julia Muñoz: “Muñoz, usted como ministra de Educación, que el vicepresidente de la República tenga un título ‘trucho’, ¿no le parece grave?” Y ella dice: “¿Qué importa si tiene título o no para ejercer como vicepresidente?”. “¿Qué importa si es o no genetista humano para ser vice?”, decía ella. No me contestaba, y yo le volvía a repreguntar. Solamente Subrayado, que estaba transmitiendo en vivo, lo puso.
Entonces quedo caliente, bajoneado, como que no existís. Subo el audio de Muñoz a las redes, con una foto (porque todavía no grababa en videos). ¿Quién me salva la vida? Leo Haberkorn, escandalizado con esa nota, me retuitea y comenta en sus redes. Y tuvo una repercusión tremenda, me levantó la autoestima. Porque ese era mi laburo.
Recuerdo una nota tuya a José Mujica, en la que te dijo que los manifestantes en Venezuela “no tenían que ponerse delante de las tanquetas”...
Ya antes Mujica me había tildado de “periodista opositor”, y me jodieron un tiempo con eso, porque en el año 2012, él dijo que la oposición armaba lío con el gobierno, y yo le digo que dentro del mismo gobierno también armaban líos. Entonces le tiro: “¿Y Sendic no es opositor cuando dice que los de Pluna son unos fantasmas (los que trajeron a Campiani)?” Y él me grita: “¡Usted es opositor!”. Por eso, durante años me dijeron “periodista opositor”.
Año 2019, yo ya estaba ansioso, estaba copado con los videítos, que ya existían en Twitter, y estaba acelerado. Había descubierto un modelo de comunicación que es espectacular… Vos vas por la ciudad, ves algo, prendés el coso (la cámara del celular) y lo subís a las redes. Estaba ansioso por encontrar noticias. Todo el mundo fue a cubrir el acto del 1º de Mayo con el grabador y a poner el grabador en un parlante… Yo ya de antes quería subir videítos a Twitter. Estaba ansioso de protagonismo, narcisismo...
Y ese 1° de mayo viene Mujica caminando apurado, se arma una rueda de prensa y ahí le tiro: “¿Y qué opina de lo de las tanquetas atropellando gente en Venezuela?”. Y me dice: “Que no hay que ponerse delante de las tanquetas”. Y después para suavizar un poco la nota, veo que estaba con Cosse y le digo: “Acá llega con Cosse, la quiere como a una hija”, y me contesta: “¡Yo no tengo hijos!”. Ya estaba medio peleado ahí. Ellos se van y me empiezo a dar cuenta del título. Me quedé ahí con (la periodista) Valeria Gil y decimos: “Es brutal lo que dijo”. Y ella desesperada por mandar eso que dijo a El País, y yo por subir eso a Twitter (los dos como en una competencia). Yo subo eso al Twitter, Infobae se entera, me retuitea y lo comparte. Y se fue al carajo todo: antes de que finalizara el acto del 1° de Mayo ya tenía medio millón de reproducciones en el video, era una locura. Me levantó la CNN… Nunca vi el Twitter mover tan rápido los números. Con esa nota dije: “Ta, esto es lo mío”. Aunque no me da un mango Twitter… Pero es como una droga.
De todos modos, sos el terror de los políticos, pero, sobre todo, las mujeres políticas, porque les ponés el celular casi sobre el rostro donde se magnifican las arrugas, los lunares, en fin, los encuadres menos estéticos... Sé que algunas mujeres políticas te pusieron como condición que te alejaras un poco para hacerles preguntas. ¿O no?
Lo que pasa es que, como yo grababa audio para la radio ponía el celular cerca, a la vez el mismo audio del video lo usaba después… Creo que enseguida me habré dado cuenta: “Esto es la barbarie absoluta… ¡Es espectacular!” A tal punto, que me han contado colegas que, en la facultad, los alumnos hablan del “plano Sarro”.
Yo ya tenía mucha influencia de haber mirado los programas de Pergolini como CQC, El Rayo también, que era una forma de filmar. Gasalla hacía mucho de eso, también, con la cámara, de tener ese lenguaje. Y me doy cuenta que estaba muy copado eso, no hay que abusar de los recursos, pero era de poner o alejar la cámara. Pero eso de que quedara quieta ahí era por el audio. La razón verdadera, la primera que disparó eso, fue el audio, tener bien el audio. Pero después, me doy cuenta de que está buenísimo también, que mostraba otro plano. Era la barbarie, la barbarie definida como “lo bárbaro”. Y justamente, eso me marcó: un plano distinto.
Hace un mes fuiste noticia tras un choque con el ministro de Economía, Gabriel Oddone, en una rueda de prensa. Le dijiste que “el que gana 25.000 pesos está repodrido” y que su modelo económico “es parecido al de (Azucena) Arbeleche”. Él te llamó aparte y te dijo que “lo que acababas de hacer era de mala fe”. Ahora que han pasado algunas semanas, ¿cómo ves lo que pasó?
Después que pasó eso, estuve dos o tres días durmiendo mal, quedé mal… Pero a la vez, con varios sentimientos encontrados. Después vino Oddone y me saludó, porque yo nunca quedé enojado con él, y aparte es un loco respetado. Fue una pregunta para tratar de sacudir un poco el cassete que a veces te repiten. Yo veo que los del Pit-CNT también lo hacen, y hay muchos políticos. Todos te repiten un cassette, es como que repiten todo. Entonces, tratás de buscar la respuesta diferente. Yo venía manijeado al ver que puede haber cierta sensibilidad con el cambio de gobierno, pero a la vez, hay cosas que no cambian para la realidad de mucha gente.
“Todos repiten un cassette... Entonces, tratás de buscar la respuesta diferente. Yo venía manijeado al ver que puede haber cierta sensibilidad con el cambio de gobierno, pero a la vez, hay cosas que no cambian para la realidad de mucha gente”
Pero es que la política macroeconómica es una política de Estado, se ha continuado con el paso de los gobiernos y, por lo general, los politólogos y economistas lo ven como algo bueno, no malo.
Hoy sale alguien de los organismos internacionales que, por más que se mejoren las transferencias económicas, el problema de la pobreza infantil no se mejora solamente con transferencias.
Pero, ¿para vos está mal que haya una política macroeconómica que se continúe con los gobiernos?
Que la política macroeconómica se continúe, que se hace todo lo que te dicen los organismos internacionales, ok… pero tiene que haber cierta audacia también. Cuando a vos te dicen: “Tengo un mecánico bárbaro que te recomiendo”. El mecánico ese te cambia todos los repuestos, te pone todo nuevo y, claro, así cualquiera es buen mecánico. Te deja impecable el auto. Pero también está el buen mecánico que te arregla el auto cuando vos no tenés guita para poner todo nuevo. Pero te arregla el auto igual. Hay audacia también, combinado con ingenio. Lo traslado a esto del plano socioeconómico.
Para ser un gobierno del Frente Amplio tiene que haber muchas cosas, y más con Oddone… Porque yo conozco al Oddone de antes, de haberlo escuchado en muchas ponencias. Hay que saber que el déficit fiscal no se arregla solamente con bajar el costo del Estado. Yo tengo el recuerdo de él diciendo que muchas veces tiene que haber un ajuste. Y entonces, está perfecto que se mantengan los valores macroeconómicos, porque vos tenés crédito más barato, no tenés altos intereses, estás inserto en el mundo. Respeto toda esa escuela que se continuó de gobiernos anteriores, y con muy buenos resultados, pero me acuerdo también que el ministro de Economía no solamente (tiene que) dar esas respuestas contundentes, a veces (tiene que) dar esperanza.
Lamentablemente quedó mal en la historia Fernando Lorenzo, que, para mí, fue un gran ministro de Economía (más allá de Astori). Pienso en ese discurso que te da esperanza también. Yo no era que criticaba a Oddone, lo que yo pretendía con esa pregunta fue sacarle una respuesta fuera del cassette, de esperanza, de que más allá de las políticas… Yo entiendo que se tienen que hacer todos los deberes en muchas cosas, pero también noto que en ciudadanos de izquierda —pasó en el segundo gobierno de Tabaré (Vázquez)— hay una decepción; pasan los gobiernos y la realidad no cambia, no cambia. Siguen viviendo en cantegriles, y entrás a ver que muchos de izquierda se olvidaron de su discurso y empiezan a preocuparse más por acomodar gente que por los problemas de la gente.
En redes sociales hubo gente que apoyó al ministro y te cuestionó a vos por la pregunta, por entenderla impertinente. Y mucha gente te apoyó a vos y cuestionó la reacción del ministro. ¿Vos crees que te equivocaste en hacer esa pregunta con opinión? ¿Tenés algún tipo de autocrítica?
Me parece que es positivo, que es un elemento más, tanto para mí como para él. En ningún momento pensé mal de él. Es una persona idónea. Me parece un buen tipo. Al principio me preguntaba si habría quedado enojado conmigo, pero a los pocos días me vino a saludar. Incluso vino (Marcelo) Soba, el encargado de prensa del ministerio, y me dice: “¿Vas a subir eso?”. Le contesté: “Estoy orgulloso de lo que le dije”. A veces, el periodismo es provocar.
Entendés que no estuviste mal. ¿Y él? ¿Oddone se equivocó?
Él ya venía manijeado de la comisión (parlamentaria). Es más, yo eso no lo percibí. Yo con buenas intenciones le dije un chiste de lo que le había dicho (el senador blanco Sebastián) Da Silva en la nota anterior. Había dicho: “Yo me quedo con el Oddone de Café Misterio, no con este Oddone de comité y la banderita palestina”. Quise tirarle eso como para amenizar y no me dejó terminar Oddone. Vos me conocés, sabés cómo soy, soy un personaje… Los periodistas muchas veces me cargan… ¿Qué me voy a ofender? Yo ya estoy curado de espanto. Meto tanto la pata y soy tan atropellado que me río de mí mismo, por suerte.
¿Sacaste algún aprendizaje de todo el episodio?
No, sinceramente no. Para mí, estuve bien.
Hubo quienes recordaron una entrevista trunca a Lacalle Pou, en la que quisiste abordarlo y te paró en seco. Te dijo que debías preguntarle si iba a hacer declaraciones primero, y ahí te aclaró que no y se fue...
Eso es el día que mataron no sé cuántos en un barrio periférico, y todo el mundo estaba buscando a Lacalle para esa pregunta. Tuve la suerte de llegar después, bien tarde, cuando estaba toda la prensa arriba en el World Trade Center y Lacalle estaba llegando. Yo lo veo desde lejos y dije: “Ni le voy a preguntar si va a hablar, porque ya sé que no”. Entonces, prendo el grabador y ya lo encaré filmando. Él se saca una selfie con sus admiradoras y cuando viene caminando le digo: “Bueno, presidente, ¿qué opina de lo que pasó…?”. Así, directo. Eso lo aprendí del periodismo argentino: nunca hay que pedir permiso.
A mí me revienta todo eso del protocolo y los códigos, cuando dicen que Fulano “es un periodista con códigos”. No, yo no soy un periodista con códigos. Pero tampoco soy de grabar a escondidas. No hay un posteo donde me puedan demostrar que yo estaba grabando a escondidas. Siempre tengo el celular en la mano. Hasta lo de Oddone, donde después discuto. Siempre tengo el celular en la mano y estoy grabando.
¿Hoy vivís del periodismo en redes? ¿Has logrado monetizar tus tuits y videos en los lugares de los hechos?
De a poquito… Algunos me llaman, y me contratan algún posteo. Me tendría que vender más, pero lo que pasa es que no somos vendedores los periodistas. Es un ítem que le estoy prometiendo a mi mujer que voy a atender. Pero es el desafío que tengo en el futuro: ver de qué forma, solo o en conjunto con otros colegas, armar algo para poder cobrar las publicaciones en redes. Pero, bueno, mientras tanto, el que me salvó al otro día de que me echaron (de Monte Carlo) fue de nuevo Berch Rupenian. El que primero me echó, en el futuro me volvió a contratar dos veces. Estoy con él en Concierto Punta y hago los móviles de verano.
¿Qué te dicen tus hijas adolescentes sobre tu trabajo?
No existía, para ellas, ni pelota le daban a lo que hacía. Pero últimamente estoy recibiendo feedback de ellas, que le dicen “tu padre tal cosa”. Veo que tienen feedback de lo que hago, para bien y para mal. “Papi, ¿qué hiciste? Me vinieron a decir que tal cosa, tal otra”, con esas clásicas etiquetas que se usan ahora que pertenecen a la década del sesenta, y que volvieron a estar de moda. Eso de decir “zurdo” y “facho”. Eso dejó de existir durante muchos años, y ahora me lo dicen, me ponen de un lado o del otro.
Estamos viviendo una época medio rara, muy polarizada. Hoy hay muchas reminiscencias de la época predictadura, y la gente está dispuesta a sacrificar cierta parte de la libertad si tiene un gobierno autoritario que les garantice ciertas cosas.
¿Sos feliz?
Sí, porque estoy entusiasmado con lo que estoy haciendo. A esta altura de mi vida he concretado muchas cosas no materiales. He concretado cosas que las veía imposibles cuando era niño o joven. No me imaginaba siendo padre, con hijas, con una familia. Siempre vas a encontrar imperfecciones, pero soy una persona feliz.
Por César Bianchi
@Chechobianchi
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