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Seré curioso

Lembo: “Hoy disfruto las cosas simples, como una ducha caliente. Antes las hacía y seguía”

Colgó los botines y asumió una gran responsabilidad. El estrés le despertó un mieloma múltiple. Hoy vive la vida de otra forma.

15.08.2026 08:00

Lectura: 22'

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Por César Bianchi

Fue un zaguero recio, pero de buen pie. Despuntó en aquel Bella Vista de Julio Ribas, jugó el emblemático Mundial Sub-20 de Malasia 97 que celebramos como si lo hubiéramos ganado, y se ganó un lugar en la selección mayor. Luego vino el pase a Nacional, un equipo que le simpatizaba por herencia familiar y del cual se enamoró. En los tricolores fue un capitán habituado a levantar copas uruguayas y aprendió de todo un símbolo: Hugo De León. Ganó tres Campeonatos Uruguayos al hilo y luego emigró. Jugó cinco años en el Betis español, en el Aris Salónica de Grecia y en Belgrano de Córdoba, Argentina.

En la selección, Lembo alternó buenas y malas. Fue vicecampeón de la Copa América que se jugó en 1999 en Paraguay, y años después jugó el Mundial de Corea y Japón de 2002. Ya retirado no tuvo tiempo de descansar. En cuanto colgó los botines, se puso el traje de gerente deportivo de Nacional. Y en esos seis años el estrés jugó un papel preponderante en el mieloma múltiple que le detectaron en 2024.

Se aisló de todos y se “encerró” en el Hospital Británico para dedicarse enteramente a atender su salud. Quedó internado y cuando salió supo que la noticia de su enfermedad se había divulgado en redes sociales y algún medio. Lo agarró fuerte, tanto física como mentalmente. La única preocupación de Alejandro Lembo eran sus tres hijos.

Ya recuperado y con este tipo de cáncer a raya, Lembo (48) comenzó una nueva vida que incluye asesoría deportiva y análisis del fútbol uruguayo en streaming y TV, pero nada de grandes preocupaciones y ajetreo mental. “Bajé dos cambios”, confiesa. Ya no se hace mala sangre por sandeces. Y, en cambio, ahora disfruta de una ducha caliente —el ejemplo lo puso él— cuando antes apenas pasaba por el agua para seguir preocupado por el negocio de la pelota.

Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.

Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.

¿Quién sos?

Alejandro.

Sos uno de los afortunados de haber podido vivir del fútbol, como futbolista profesional. ¿Desde chico soñabas con eso? ¿O tenías el sueño de dedicarte a otra cosa y el fútbol te llevó por ahí?

Desde chico soñé con ser futbolista. Tengo una familia futbolera. Mi abuelo fue entrenador de la selección juvenil, de la selección mayor y de algunos equipos de acá. Entonces viví el fútbol desde mi nacimiento. De hecho, mis primeros pasos fueron en el Estadio Centenario.

¿Cómo es eso?

A mis 11 meses de vida, jugaba la selección juvenil de Uruguay, la que ganó el campeonato sudamericano juvenil del 79, y salí de mascota con Ruben Paz en el Centenario. Yo tenía 11 meses, ya me paraba, pero todavía no caminaba. Y parece que salí a correr una pelota que pasó por delante de mí. Pasó una pelota y salí caminando. Quedó como una anécdota: empecé a caminar en el Estadio.

¿Siempre fuiste defensa central, o en el baby-fútbol jugabas en otro puesto?

Yo era 5, volante central.  La mayoría juegan en el medio y después se van, o para adelante o para atrás. Los del medio, cuando somos chicos, por lo general son los que corren más, los que le pegan mejor, los de defensa son un poquito más gorditos. Después todos nos vamos desarrollando y cambiamos. Los rápidos se van para arriba, los más lentos vienen para abajo.

¿Y quién te puso en la zaga? ¿Quién te vio pasta para zaguero central?

Gerardo Rodríguez, un exjugador de fútbol de Danubio, que fue mi técnico en la octava división de Danubio. Yo hice todo el baby-fútbol en Danubio, hasta sexta división inclusive. Yo era capitán, jugaba con la 5, sacaba los tiros libres, Hacía todo, era Gardel. Pero cuando me junto con la adaptación de todo el país, en Danubio, el 5 era Christian Callejas, con quien después nos encontramos en Malasia.

Empecé a jugar poco, entraba a veces y a veces no. Me empecé a desmotivar. Era muy chiquito físicamente, me desarrollé recién a los 16 años. Entonces, a los 14, en séptima, era el primero o el segundo de la fila en el colegio, y me sacó una ventaja tremenda. Y para zaguero también era chico. Igual jugaba de 5 todavía.

¿Por qué creés que ha pasado tanto tiempo y aquel plantel vicecampeón del mundo Sub-20 de Malasia 97 todavía se recuerda y quedó grabado en el imaginario colectivo? Porque en 2023 fuimos campeones del mundo de esa categoría, en Argentina, y sin embargo, estoy seguro que los que estamos cerca de 50 recordamos más aquel equipo con Munúa, contigo en la zaga, Pablo García volanteando, con Nico Olivera y Zalayeta haciendo jugar y convirtiendo goles…

Yo creo que pegó en la gente porque era un momento muy particular en el fútbol uruguayo. No habíamos clasificado al Mundial de Estados Unidos 94, y ahí estábamos peleando para ir al de Francia 98, y tampoco fuimos, con la selección mayor. Y Malasia fue justo ahí. Llenó ese hueco. Estábamos jugando del otro lado del mundo, a una hora impropia, y la gente sabía que fuimos sin premios, sin nada. Me acuerdo que íbamos con zapatos de fútbol que eran número 43, cuando calzábamos 38 ponele. Esa época de selecciones en la que, realmente, había muy poca infraestructura, muy poco marketing, comunicación, nada.

“Era terrible equipo el de la selección de Malasia 97. Creo que merecimos haber salido campeones del mundo, porque a Argentina le ganamos todos los partidos previos. Ellos tenían un cuadrazo también: estaba Riquelme, Cambiasso, Scaloni, Romeo…”

Y jugábamos bien. Era terrible equipo. De hecho, yo creo que merecimos haber salido campeones del mundo. Porque a Argentina le ganamos todos los partidos previos. Nosotros tuvimos tres años de preparación. Esos tres años nos enfrentamos cinco veces a Argentina. Le ganamos todos. En el Sudamericano empatamos uno y ganamos uno. Ellos tenían un cuadrazo también: estaba Riquelme, Cambiasso, Scaloni, Romeo…

Debutaste en Bella Vista, donde jugaste desde el 96 a 1999. Era aquel cuadrazo que tenía el papal dirigido por Julio Ribas. ¿Qué tuvo de especial ese Bella Vista?

Subimos a la A, porque estábamos en la B en el 97, competimos, clasificamos a la Liguilla, jugamos la final con Peñarol y ganamos la Liguilla. Nos empatan en la hora en la final, volvemos a jugar otra final y la ganamos con aquel golazo de (Lionel) Pilipauskas. Y con eso, jugamos la siguiente Copa Libertadores.

Entonces pasamos de estar en la B el año anterior, a la Copa Libertadores. Y después, el próximo año, salimos sextos en la Libertadores. Eso marcó un poco ese plantel. Y había seis jugadores en la selección, que no era poca cosa para un cuadro chico. Dirigía Daniel Passarella y estábamos (el arquero Adrián) Berbia, (los defensas) Pilipauskas y yo, (Guillermo) Giacomazzi, (Diego) Alonso y después alternó convocatorias de (Fabián) Pumar y (Jorge) Casanova.

Se rumoreó que ibas a Peñarol, pero terminaste firmando por Nacional, donde te consolidaste como capitán y como ganador entre 2001 y 2003. ¿Eras hincha del bolso?

Mirá, era hincha de Danubio. Mi familia es toda de Nacional, pero mi abuelo me hizo hincha de Danubio y cuando nací me hizo socio. Además, era el cuadro del barrio. Yo vivía a la vuelta de lo de Zalayeta. De los grandes me gustaba más Nacional, por mi familia. Después que jugué en Nacional, me hice fanático.

¿Cómo evaluás, a la distancia, aquel equipo tricolor de principios de siglo?

Fue de las mejores épocas de mi vida en lo profesional. Estaba en un gran momento. Gané mi primer campeonato uruguayo, que era un sueño. Primero fue jugar en un equipo grande, lo logré. Veníamos de una época muy complicada: los 90. Yo llegué en el 2000, cuando llegar a Nacional quemaba. Habían cortado en el 98, pero en el 99 había vuelto a perder (contra Peñarol). Ganamos el 2000, ganamos el 2001. Y ya nos sentíamos con confianza... Aparte, había habido aquel clásico que terminó a las piñas (NdeR: 26 de noviembre de 2000), que fue un antes y un después. Ahí ya nos sentíamos fuertes de verdad. Ganamos el 2000, 2001y 2002, y si no nos hubiésemos desarmado, iba a ser complicado sacarnos el 2003. Como para Nacional fueron los complicados los 90, para ellos fueron complicados los primeros años del 2000.

“Un crack De León. Es mi padre futbolístico, o uno de mis padres futbolísticos. La verdad es que Hugo fue el que me enseñó todo en Nacional. Él me enseñó más lo que era importante dentro del club, no solo en la cancha”

¿Crees en los ciclos positivos y negativos de los equipos?

Totalmente. El fútbol es un estado de ánimo. Y lo puedo pensar en mi situación. Al largo de mis 20 años de carrera tuve mejores y peores momentos futbolísticos, pero coinciden también con los mejores y peores momentos de la vida, ¿no? Cuando a uno le va yendo bien, agarrás confianza, como todo en la vida, estás bien, y las cosas te suceden. Te la creés, confiás, vas, no tenés duda. Sabés que estás fuerte, que estás bien, y cuando no, también. Y querés, pero no te da. No te da… y ya te entran las dudas. Yo creo que eso es lo que le está pasando en Nacional.

¿Cómo era Hugo De León como entrenador, una gloria del club?

Un crack. Es mi padre futbolístico, o uno de mis padres futbolísticos. La verdad es que  Hugo fue el que me enseñó todo en Nacional. Yo jugaba en su puesto, pero más allá de eso, él me enseñó más lo que era importante dentro del club, no solo en la cancha.

¿Y qué es lo importante en Nacional?

Un montón de cosas. Me enseñó con todas las cosas que hay que lidiar en el club, porque no es solo futbol. La política, lo importante que es en el club, todos los sectores del club que llevan determinada importancia, cómo se juegan determinados partidos en el club.

¿Es cierto eso de que en Peñarol importa más ganar como sea y en Nacional ganar no alcanza, porque hay que jugar bien?

Hay algo de eso, sí. Creo que es el paladar del hincha de Nacional. Pero… al hincha de fútbol en Uruguay, por lo general, le gusta ganar. Y más, jugando bien. Pero si no podés, al hincha de Peñarol le da igual, y al hincha de Nacional también. A veces, cuando solo ganás y nada más, eso ya no te alcanza y querés jugar bien, pero primero querés ganar.

Te tocó emigrar para jugar en España, en Grecia y en Argentina. ¿Qué experiencia disfrutaste más?

La del Betis, en España, porque fueron cinco años, con muchas cosas importantes. Jugaba en el fútbol español que era la liga top del momento. Por otro lado, Sevilla era una ciudad espectacular, donde viví mucha cosa, disfruté mucho, tuve mis dos primeros hijos. Mis dos primeros hijos son sevillanos.

Igual disfruté las tres experiencias. La de Grecia fue algo muy diferente, un país muy diferente. Otra cultura, otro idioma, pero un país hermoso. Y Argentina, lo mismo. Jugué en Belgrano y Córdoba es una ciudad hermosa, que no conocía. Pegué una onda bárbara con el club y con la gente, hicimos un gran año también. Fue el año que subió Belgrano a la A después de ganarle la final (de la B) a River. Era un año muy especial. Hicimos un gran año en Primera. Ahí nació mi tercer hijo, que es cordobés.

Con la selección uruguaya fuiste finalista de la Copa América de 1999 y jugaste el Mundial de Corea y Japón de 2002. ¿Cómo evaluás tus cinco años (98-2003) en la selección? Por lo general, se pierde más de lo que se gana, pero, ¿el saldo es positivo?

Sí, sí, porque logré llegar a la final de la Copa América. Más allá de que no la ganamos, fue un logro porque fuimos con jugadores del medio local, y jugamos la final contra el Brasil de los monstruos con un Ronaldo Nazario en su apogeo. Ya llegar a la final era algo que no estaba en los planes. Nosotros fuimos por una selección del medio local que dirigía Víctor Púa. Me acuerdo que había dos selecciones: esa que fue a jugar la Copa América a Paraguay y dirigía Púa, y empezaba un grupo a entrenar con Passarella para la Eliminatoria del Mundial de 2002. Ahí algunos nos integramos después a esa selección. Y logramos llegar al Mundial. Más allá de que después no se hizo un gran Mundial. Era un sueño jugar un Mundial. Y fue lo más grande que me pasó a nivel profesional.

El año pasado supimos que habías padecido “una dura enfermedad”, como dijeron algunos portales de noticias. ¿Por qué cuesta tanto llamarlo por su nombre al cáncer?

No lo sé. En mi caso, no tengo problema. Lo viví muy internamente, más allá de que después se hizo público porque se filtró. No supe nunca cómo se filtró. Ni me enteré en el momento, me enteré después, cuando salí de la internación. Yo estuve un tiempo encerrado.

Pero hay un estigma con esa palabra, es como si le tuviéramos miedo…

Y bueno, creo que a todas las enfermedades le tenemos miedo… Pero del cáncer nadie está libre y es la enfermedad del siglo, cada vez hay más gente que conocés que tiene. Yo no tenía a nadie alrededor que tuviera, gracias a Dios… pero bueno, me tocó a mí.

¿Cómo te enteraste del diagnóstico en julio de 2024? ¿Tuviste síntomas de dolor que te llevaron a consultar?

Tuve un dolor de espalda, que se repitió. Yo me retiré del fútbol por una hernia de disco. Jugando al tenis me quedó doliendo la espalda, como mil veces me había pasado.  Siempre tenía un tratamiento que era darme una OxaB12. Me daba dos o tres días y se me iba. Me las dí unas semanas de día, y no se me fue. Consulté, me hicieron una resonancia, y cuando fui a buscar el resultado de la resonancia, me quedé adentro. Eso fue en julio de 2024.

¿Y el proceso termina en marzo de 2025?

En realidad, no termina. Pero en marzo de 2025 me hicieron un tratamiento, fue el trasplante de médula. Después de eso quedó dormida la cosa.

¿Sentiste miedo? ¿O qué emoción prevaleció?

No, no sentí miedo por mí. Me daba mucha, ¿cómo te puedo decir? Me daba mucha incertidumbre por mis hijos, por el futuro de mis hijos. Yo estaba seguro de que no era mi momento. Estaba seguro, me tenía fe. Esto es como en el fútbol, me sentía fuerte. Me sentía fuertísimo, me agarró fuertísimo, mental y física también. La verdad que, así como estoy ahora, desde que dejé de jugar, siempre fui muy de estar activo… Yo no paro en todo el día, nunca engordé…

¿No llegaste a perder el pelo, por ejemplo?

Después que pasó sí, claro. Tuve todos los síntomas. Pero cuando me dicen lo que tengo, estaba fuerte.

“No sentí miedo por mí. Me daba mucha incertidumbre por mis hijos, por el futuro de mis hijos. Yo estaba seguro de que no era mi momento. Estaba seguro, me tenía fe. Esto es como en el fútbol, me sentía fuerte. Me agarró fuertísimo, mental y físicamente también”

Tuviste un mieloma múltiple, un tipo de cáncer de sangre. Porque, tengo entendido, no es leucemia. ¿Llegó a hacer metástasis en los huesos o no?

Lo que pasa que es en la médula, la médula es la sangre y la sangre sale por los huesos. Entonces, en los huesos tenía, en toda la columna, en todas las costillas, en todos los huesos chicos tenía, no sé si se llama metástasis, son pedacitos que van saliendo porque por ahí sale… Cuando se hizo el trasplante, al no tirar las proteínas malas, eso empieza a bajar. Todo eso me lo explicaron, y yo me informé.

Y después del trasplante, ¿cómo siguió el tratamiento?

Bueno, es un medicamento diario de por vida y exámenes mensuales.

¿Sabés qué te provocó el cáncer? ¿El estrés?

El estrés es algo que juega, es importantísimo.  Yo era un tipo muy estresado. Muy estresado. Yo dejé de jugar y me quedé de gerente deportivo de Nacional. Esos seis años de gerente deportivo fueron… todo el palo que no recibí de jugador, lo recibí en ese cargo (es el que hoy ostenta Sebastián Eguren). Creo que es de las posiciones más estresantes que hay en el fútbol… Un tipo estresado, al que le gusta estar encima de todo…

Laburaba 36 horas al día, nunca estaba conforme, y nunca estaban conformes con lo que hacía uno. Me lo tomé con mucha responsabilidad, pero a la vez me gustaba. A mí me gusta ser un tipo ejecutivo.

Han pasado dos años desde el trasplante y el comienzo del tratamiento. ¿En qué has cambiado tu forma de vida?

Y bueno, tuve que bajar un cambio fuerte, uno o dos cambios. Hoy me lo tomo totalmente diferente. Trato de estresarme lo menos posible, de no amargarme y complicarme lo menos posible. Me di cuenta que no soy el centro de nada. Antes pensaba que todo giraba alrededor mío en el sentido de que tenía que estar arriba de todo para que las cosas funcionaran. Y desaparecí casi un año y todo siguió siendo igual. Mis hijos siguen creciendo divinamente igual. Y la vida sigue totalmente igual.

Hay algunos lugares comunes —pero seguramente reales— que uno dice después de una situación límite como la que te tocó vivir: “Ahora no me amargo por pequeñeces, no me hago mala sangre por boludeces”. ¿Te pasa algo de eso?

Sos más consciente de todo. Disfrutás de cosas que antes dabas por sentado. Te pongo un ejemplo: la ducha, a mí me encanta el agua caliente. Bueno, el agua, en general. Pero antes me daba una ducha y la ducha era pasar por el agua rápido para lavarme nomás. Hoy la disfruto. Eso como un ejemplo de las cosas simples de la vida que yo no le daba importancia, y ahora sí. Antes solo pasaban por mi vida.

“Tuve que bajar un cambio fuerte, uno o dos cambios. Trato de estresarme lo menos posible, de no amargarme y complicarme lo menos posible. Me di cuenta que no soy el centro de nada. Desaparecí casi un año y todo siguió siendo igual”

¿Volvemos a hablar de fútbol? Fuiste defensa de la selección uruguaya durante cinco años. ¿Cómo viste el proceso de Bielsa y el rendimiento de Uruguay en el Mundial 2026?

Primero, me pareció que era una buena opción cuando llegó, como para buscar algo diferente, un revulsivo en nuestra selección que siempre fue un fútbol aguerrido y de respuesta, por idiosincrasia. Me gustaba la idea de Bielsa. Creía que era un tipo que se iba a adaptar más, que podía tener más cintura. Y en realidad, el proceso empieza bien. Empieza con aquellos partidos que le ganamos a Argentina en La Bombonera y a Brasil en el Centenario. Entonces creímos que podíamos ser un equipo que compitiera distinto. Que fuera más de propuesta, de ir al frente, de ser mejores en la tenencia.

Y bueno, después nos dimos cuenta que no. Que lo nuestro es así. Nosotros nos gusta ir, juntarnos, somos buenos marcando. Somos buenos saliendo con garra, saliendo con velocidad. Fue lo que nos dio resultados a nivel de selección y a nivel de clubes siempre. Nunca fuimos mejores que los brasileños técnicamente, ni que los argentinos técnicamente.

Y Uruguay en el Mundial, ¿te decepcionó? ¿O era más o menos lo que esperabas?

Yo esperaba que pudiera hacer un mejor Mundial, principalmente porque la serie era bastante accesible, excepto España. Y después me tenía fe para cruzarnos con Argentina. Hubiera sido otra cosa. Para Argentina hubiera sido otra cosa tener a Uruguay de rival que a Cabo Verde.

Y ahora, ¿le tenés fe a Diego Forlán? ¿Era el nombre que precisaba la selección?

En ese puesto, tiene poco tiempo para trabajar. Entonces, es más seleccionador que entrenador.  Es más seleccionador, armar el grupo, armar una idea de juego, un modelo de juego. Y después planificar y jugar. Creo que Diego le puede dar identidad a la selección. Diego fue siempre un tipo que estaba arriba de la media, que nos dejó muy bien parados a nivel futbolístico, y no futbolístico también, como embajador uruguayo. Vivió el fútbol con una profesionalidad que para aquella época no era común (hoy ya es más normal). Hoy el que no es profesional, así como él era, no juega. En aquella época no.

Él, en Uruguay, fue de los pioneros. Me acuerdo que en el 2010 se sacaba la remera, y todo el mundo tenía que ver “los abdominales de Forlán”. Y ahora el que no se levanta y no esté todo cuadrado, no juega. Entonces fue ejemplo desde todos lados para los jugadores. Creo que tiene el respeto de todos. Es un tipo que, si se le pone a hablarle a cualquier jugador de la selección, es importante y lo van a escuchar con atención. Está bueno que el entrenador sea realmente valorado por lo que fue y por lo que es. Después, como director técnico no podemos hablar mucho, porque en Peñarol no le fue muy bien. Pero también vemos a Scaloni al lado que armó un buen grupo, seleccionó bien, y con toda esa mística que tienen, de a poquito fueron ganando y salieron campeones del mundo primero y vicecampeones del mundo después. Yo creo que se lo busca por eso.


¿Y Nacional? Está atravesando un momento muy complicado, de malos resultados deportivos, sin competencia internacional y lejos de Peñarol en la tabla anual. ¿A qué obedece este mal momento deportivo?

Yo creo que es multifactorial. Lo que se me viene rápido a la mente es la desconfianza que genera los malos resultados a nivel individual, y a nivel colectivo después. Yo creo que el equipo está con una autoestima muy baja, con falta de confianza. Y lo que hablábamos antes: el fútbol es un estado de ánimo. Y el estado de ánimo de los jugadores de Nacional no es bueno. Y es complicado salir de ahí, desde ese lado. Teniendo esa presión, no es fácil, porque todo ese público, esa gente divina que hincha por vos y está contigo en las buenas y te hace cada vez más grande, cuando las cosas van mal, se te ponen en contra. No debe estar fácil jugar hoy en día en el Parque Central y saber que al primer error la gente está rabiosa. Y con razón.

¿Tenés el curso de entrenador hecho?

Sí, lo hice hace muchos años en Argentina. Tengo el título, pero no lo retiré, porque pasa que el gerente deportivo generalmente, cuando hay un traspié con un entrenador, termina asumiendo el gerente deportivo. Le pasó a Gustavo Matosas recientemente en Danubio. Y era algo que a mí me parecía que no era ético. Se enojó Audef (Asociación Uruguaya de Entrenadores de Fútbol). Yo entiendo lo de Audef, también entiendo lo de Gustavo. En mi caso, traté de hacerlo de esa manera para no tener problemas de ningún tipo. Si querían que Alejandro Lembo dirigiera, no podía dirigir.

Pero ahora ya no sos gerente deportivo…

Sí, pero nunca me gustó dirigir. Yo lo hice por mi capacitación, no porque quisiera ser DT algún día. Nunca me atrajo. De hecho, yo fui ayudante del Ruso (Ricardo) Zielinski en Nacional. Eso sí me gustó, porque no tenés ninguna responsabilidad. Estás con lo lindo de ser entrenador: estar en la cancha, parar los jugadores, planificar, estrategia, pero no estás expuesto, para eso está el DT.

Todo el estrés que dejaste atrás, vuelve con fuerza dirigiendo a un grande…

¡Peor! Porque es semana a semana, sumale la prensa…

Ahora sos comentarista deportivo en Disney+ y en el streaming de Fix. ¿Te gusta ese rol? ¿Te sentís cómodo analizando y comentando el fútbol uruguayo?

Sí, cada vez me gusta más. Me costó, me costó mucho al principio.  No el análisis, porque prácticamente el análisis como gerente deportivo y mismo como jugador ya uno tiene un análisis. Era parte de lo mío. Lo que me ha costado es comunicarlo.  Ahora ya me siento un poco más suelto… Pero ta, las cámaras complican.  Y, además, trabajo para Team Sport Media como consultor y asesor deportivo.

Respecto a la enfermedad, ¿tenés el alta? ¿Estás curado?

No, no tiene cura. Está dormido.

¿Y cómo te llevás con eso? ¿Vas a terapia?

No, no me come la cabeza para nada. Vivo el día a día, disfruto.

Pero lo tenés a raya, y habiéndote atendido en el país, lo cual habla muy bien de nuestros médicos en esa especialidad.

Totalmente. Estamos a la vanguardia en esto mío. A mí atendió Pablo Muxí, que es hematólogo, uno de los mejores hematólogos del país. Y la verdad es que él, todo su grupo y toda la infraestructura que está montada para estos casos es muy buena. Son dos o tres lugares en el país. Yo me atendí en el Hospital Británico, con un gran equipo.

Tenés tres hijos. Esto que tuviste que atravesar, ¿cambió en algo tu vínculo con ellos?

No, siempre tuve un vínculo increíble con mis hijos. Viven la mitad de la semana conmigo, hace 10 años que estoy separado y siempre tuve un vínculo increíble con ellos. Respecto a mi vinculo con ellos no es ni más ni menos. Capaz que a mí me cambió en el sentido de disfrutarlos más, dedicarles más tiempo, cuando antes le dedicaba más tiempo a mi profesión o a otras cosas.

¿Sos feliz?

Sí, total.

Por César Bianchi