Juan Carlos Mendoza llegó a Uruguay hace seis años. A los pocos días de arribar a Montevideo —como tantos venezolanos, fue uno más de los que llegó a través de una ruta ilegal— decidió emplearse como delivery.
Solía repetir que “nadie sueña con ser repartidor”, pero defendía el oficio bajo el argumento de que era lo que le había dado las primeras herramientas para instalarse en el país junto a su familia.
Esposo y padre de dos hijos, Juan Carlos logró prosperar en tierras orientales junto a su familia. Sus jornadas eran maratónicas y superaban ampliamente las ocho horas, sobre todo los fines de semana.
Martín, cajero de una sucursal de la pizzería Costa Azul en Pocitos, recuerda a Juan Carlos como un “tipo feliz” que siempre estaba “dispuesto a darte una mano”.
“A veces, cuando nos atrasábamos con los pedidos, él iba y venía para darnos tiempo. Nunca te miraba de mala cara cuando las cosas demoraban más de lo que prevé la aplicación”, añadió en diálogo con Montevideo Portal.
Juan Carlos junto a su familia. Foto: cedida a Montevideo Portal
Juan Carlos hizo dos cosas antes de morir: le avisó lo que sucedía a su esposa y contó, brevemente, cómo se dieron los hechos que derivaron en una puñalada mortal en el abdomen.
A la esposa del repartidor, quien prefiere no identificarse porque no le gusta “esto de la exposición”, le quedaron grabadas las palabras de su marido: “Hola, mami. Estoy yendo al hospital, me acaban de acuchillar. Me llevan en un patrullero al Maciel”.
Los efectivos policiales que asistieron a la escena notaron que el delivery estaba visiblemente herido, pero no presentaba síntomas aparentes de gravedad extrema. De hecho, para evitar que la situación se agravara, decidieron trasladarlo en un móvil al centro asistencial y no esperar a la emergencia médica.
En ese trayecto, Mendoza narró brevemente cómo recordaba los hechos. Unas cuadras antes de llegar al cruce entre Cuareim y Colonia, un joven en un Renault Logan le tocó bocina porque intentó esquivar a otro auto que tenía delante.
A partir de allí, ambos comenzaron a intercambiar insultos. Cuando el auto llegó a la esquina, con el semáforo en rojo, se detuvo. El conductor, de 30 años, se bajó y se acercó a Juan Carlos. Lo siguió insultando por unos segundos, volvió al vehículo y sacó lo que los investigadores creen que era una navaja.
Los médicos determinaron que el delivery sufrió una sola puñalada, que le afectó principalmente el hígado y le causó un sangrado abundante. Esto, sumado a la pérdida de sangre, provocó que el cuadro se agravara rápidamente hasta su muerte.
La imputación y el susto
La Justicia imputó, el pasado miércoles, al hombre de 30 años. Se le adjudicó un delito de homicidio a título de dolo eventual y fue enviado a prisión preventiva por 100 días.
Junto a él viajaba una mujer, quien intentó frenar la situación al grito de: “¡No, no lo hagas!”.
Cuando Juan Carlos pedía auxilio a los vecinos, el joven se subió a su auto y se fugó. La Policía, en un rápido accionar para trasladar a la víctima y ordenar las primeras actuaciones, obtuvo el número de matrícula y detuvo al conductor a dos cuadras.
Cuando los funcionarios, en un móvil y una camioneta del Ministerio del Interior, interceptaron al homicida, el atacante no opuso resistencia ante la captura.
“¿Qué pasó?”, le preguntó uno de los policías.
“Nada, veníamos discutiendo y lo lastimé. Me fui porque me asusté, solo atiné a irme”, contestó el chofer.