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Seré curioso

La vida de Héctor: predice emociones, ve colores o texturas en la voz y previene lesiones

El argentino Héctor Maduri tiene una ley en Buenos Aires que reconoce su condición neurológica. Nos explica qué es la sinestesia.

30.08.2026 08:00

Lectura: 31'

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Por César Bianchi

Desde niño, Héctor se sentía distinto, pero hasta bien entrada la adultez no tuvo claro qué lo hacía tan singular de la mayoría de sus pares. Él creía que era normal saludar a alguien con la mano y percibir colores en la otra persona, o sentir sabores en una voz o hasta percibir emociones en quienes interactuaban directamente con él. Una especie de sexto sentido le alertaba que un perfecto desconocido tenía buena vibra con él, o, por el contrario, era mejor rechazarlo, porque esa persona no era de fiar.

En el año 2000, y tras muchas horas acumuladas de terapia con psicólogos y psiquiatras, por fin fue diagnosticado: lo que él tenía se llamaba (se llama) sinestesia. Es una condición neurológica infrecuente —de 2 a 4% de la población mundial lo tiene— en la que los sentidos no actúan de forma aislada, sino que se mezclan, “se acoplan” dice él. Por eso, Héctor y los sinestésicos como él, perciben “un mundo distinto”.

Y él asegura que su condición —no es una enfermedad rara ni una patología— puede (debería) ser utilizada por la sociedad en su provecho. Héctor Maduri, hoy jubilado como químico, de 60 años, explica desde La Plata que la Justicia, el sistema político, los médicos o hasta los entrenadores deportivos podrían sacar réditos de las virtudes de la sinestesia. Él, afirma, puede ayudar a fiscales y jueces a resolver casos, advertir inflamaciones o hígados en mal estado (los “ve” de determinado color) o hasta prevenir lesiones de futbolistas o tenistas.

Por eso, y porque una ley porteña decretó el 2 de julio como Día para la Concientización de la Sinestesia, quiere hacer conocer su historia en el Río de la Plata y la región. “Para ayudar a más personas, para construir un mundo mejor, más empático”, dice.

Foto: Gentileza Stefanía Salvarezza.

Foto: Gentileza Stefanía Salvarezza.

¿Quién sos?

A veces me siento una persona normal, a veces dudo, pero nunca pude saber quién realmente soy, desde lo espiritual hasta lo físico. Soy un ser totalmente biológico, una persona que reflexiona mucho, una persona que duda mucho desde la soledad.

¿Qué es la sinestesia? Y en tu caso, ¿qué es la sinestesia proyectiva?

La sinestesia, por definición, es un rasgo más de la percepción humana. Quiere decir que todas las personas, gracias a nuestro cerebro —nuestra batería natural— perciben mediante los sentidos, que no son cinco, sino que son más: percibimos cosas que son infinitamente parecidas, pero en el fondo distintas.

¿Qué hace nuestro cerebro cuando crecemos? Apuntala cada sentido, un sentido del gusto, del tacto, de la vista, del olfato, por separado. A medida que vamos creciendo, nuestro cerebro le da órdenes para que cada sentido funcione en forma paralela sin tocarse. Ponele que vos y yo, estaríamos yendo en una autopista. Estamos separados, vos sos el gusto y yo soy el tacto. Si vos me agarrás de la mano y yo te agarro de la mano, o nos tocamos, aparece la interconexión. Y ahí aparece la famosa palabra “sinestesia”, que es la mezcla de los sentidos.

Literalmente, todos los sentidos se nos mezclan. Eso se llama “sinestesia asociativa”. ¿Hay algún tipo de problema? No. ¿Somos personas normales? Sí, dentro de nuestra percepción. Ahora, ¿por qué “proyectiva”? Porque, más allá de la sinestesia asociativa, literalmente nosotros terminamos proyectando lo que vemos. ¿Cómo vemos esa proyección? Bueno, yo lo tengo del lado derecho. Quiere decir que, del lado derecho, veo como si tuviera un monitor color de todo lo que veo: una persona, un objeto, un movimiento que vayas a hacer vos. Voy a ver un color, voy a tener un sabor si te tengo cerca, una textura geométrica y eso lo voy a plasmar en cada movimiento de mano.

“Lo que me pasa a mí es que cuando vos me saludás, aparece un color que según el énfasis que le ponés, las ganas, la empatía, me voy a acercar, te voy a dar un abrazo, va a aparecer un color azul que es del abrazo, y voy a tener tendencia a acercarme a vos”

Después aparece la sinestesia espejo-sensorial que te lo explicaré adelante. Es un poco más compleja. Significa que lo que vos percibís, lo percibo automáticamente yo. Eso nos pasa a todos los seres humanos. Todos, si hay algo patológico, visualizamos, percibimos. Si vos me decís, Héctor: “¿Me contás una historia?”, yo la voy a visualizar y la vamos a percibir como vos quieras, con un color, un sabor.

Lo que me pasa a mí es que lo proyecto. Los sinestésicos, no solamente lo proyectamos con color. Lo que me pasa a mí es brutal, porque no solamente al darte la mano veo el color, sino que vas a tener un sabor, una textura y ahí, ¿qué me va a pasar? Me va a dar una información tuya, que tiene que ver con cómo estás vos, cómo me das la mano, cómo me mirás.

Lo que me pasa a mí es que cuando vos abrís la boca o me saludás y me hablás, aparece un color que según el énfasis que le ponés, las ganas, la empatía, la entrega hacia mí, me voy a acercar, te voy a dar un abrazo, va a aparecer un color azul que es del abrazo, entonces voy a tener tendencia a acercarme a vos.

Ahora, si eso aparece distorsionado, aparece fuera de lugar el color, me hablás como si estuviera lento, te escucho lento, te escucho como si estuviera un segundo más atrasado, voy a empezar a desconfiar y se me activan otros dos colores que es el gris y el celeste. Y digo: “Bueno, esta persona no es de confiar”, y ahí me alejo, se me activa lo que se llama una fobia y, literalmente, me escapo.

La sinestesia proyectiva es eso: en cada movimiento, cada proceso que vos hagas, natural y biológico, lo percibo.

Estudiaste química y trabajaste como químico en el tratamiento del agua potable. En tu trabajo, ¿cómo afectó o impactó la sinestesia? 

Al ser sinestésico proyectivo, me da una habilidad que es la rapidez en la resolución de las cosas. Primero, la memoria, la tenemos muy activa. Después, el juego dinámico de las manos. Resolvemos en forma dinámica. ¿Por qué? Porque tenemos la posibilidad de tener una respuesta más allá de todo, más allá de lo que uno hace desde el punto de vista laboral, la respuesta es inmediata en todo. Entonces hacemos resoluciones rápidas. Eso me lo da más que naturalmente, ya lo hacemos así.

La química, obvio que me trajo cosas que fueron contradictorias. Si tengo que ver una bacteria, o un virus, o un ácaro, lo tengo que ver por el microscopio, y si lo utilizo un indicador, medios selectivos, indicadores o colorimetría, y digo, bueno, tengo el mismo resultado, sin ver la bacteria en el microscopio, pero la veo usando indicadores. Eso te da la habilidad para hacer análisis comparativos muy rápidos, y eso me favoreció a nivel laboral.

Esta condición neurológica te acompaña desde la infancia. Contame tus primeras percepciones de que eras distinto al resto...

Viste que cuando nosotros somos muy chiquitos, no sabés si lo que estás viendo es un amigo imaginario, o algo que uno supone, porque se te mezcla todo, hasta que aparece la poda cerebral y acomoda los sentidos.

Pero desde cuando estaba en el jardín de infantes, el color, cuando la maestra pintaba con una tiza blanca, estaba pintando en un pizarrón, pero en el costado de la tiza —yo 10 u 11 años— era como si tuviera una tiza doble, de un color tiza, de un color blanco o grisáceo, y al lado un color que dependía de cómo ella presionaba la tiza. Hasta que fui comprendiendo que, si alguien tenía un guardapolvo (túnica) celeste, yo lo veía celeste o rojo, y no era así, veía el color del guardapolvo, pero algo más. Pensaba que eso era normal. Pensaba que cuando los chicos corrían y me aparecía una estela de correr de un lado para el otro, y veía los colores que se me iban y se me aparecían, eso era algo normal.

Hasta que en un momento empecé a sentir esa no empatía. Entonces a alguien que me gustaba, de chiquito, a alguien que quería jugar, veía que la respuesta que yo quería no era la que percibía. Entonces entraba en contradicciones constantemente. Cuando actuaba me ponían una ropa con la que yo no me sentía cómodo. Sentía que había algo más, que los colores no eran como a mí se me aparecían.

“La sinestesia es una percepción distinta, donde se entremezclan los sentidos”, me dijo tu pareja, Stefanía Salvarezza, quien me agregó que todos tus sentidos están más agudizados. Ella me dijo que vos sos como “un escáner, que, si yo te me acerco a vos, automáticamente me sacás el ADN”. ¿Me podés ampliar eso?

Mirá, yo aplico la sinestesia en el tenis. Vamos a suponer que vos estás jugando conmigo. Te saturo el hombro. Yo te lo saturo sacando 5.000 veces en un día. ¿Qué va a pasar en vos, naturalmente? Me vas a decir: “Héctor, me molesta el hombro, me duele”. Ok, ¿por qué? Porque estamos saturando el músculo. Pero no estamos saturando el hombro, sino que saturás el codo, saturás la muñeca y saturás los dedos. Ahora, esa percepción tuya, yo la voy a visualizar con un color, que va a ser un color verde, que es el que tiene que ver con la potencia, con el amarillo, y con el rojo que es la saturación. Ahora, ¿qué va a pasar dentro de un poco de tiempo en ese brazo? Se va a romper.

Entonces, cuando alguien se me acerca, sin que diga nada, voy a tener una lectura de cómo te parás, de cómo me ves y cómo yo te veo, porque van a ser colores. Si aparece en vos un color que es el gris —para mí, el gris es subjetivo, es la lectura, la conciencia, la reflexión— y se me aparecen dos colores más, como el celeste y el azul, esa persona va a ser dudosa para mí, como te conté.

Y en el tenis, en boxeo o en el fútbol, va a ser lo mismo. Si nosotros saturamos una articulación, un tobillo ponele, en los jugadores de fútbol, ¿qué me vas a decir vos? “Héctor, se va a romper tal músculo”. Bueno, nosotros lo vemos. Vemos que ese músculo se está por romper, que se está por saturar. Cuando nuestro cerebro, tu cerebro, te dice: “No puedo más”. ¿Qué hace nuestro cerebro? Protege el organismo y no te movés más, y te cubre de posibles lesiones. Entonces, cuando alguien se me acerca, si yo veo algún proceso inflamatorio, te voy a decir: “César, andá al médico, hacete un estudio”. Yo vengo de la ciencia, entonces me apoyo en la ciencia.

Tu sentido nervioso, ¿es sano? ¿Está en perfecto estado? 

Yo no tengo ningún estado alterado. Para producir una sinestesia transitoria necesitás tener un problema o un estímulo externo.  Si yo tengo un tumor cerebral, es probable que en algún momento se produzca una sinestesia transitoria. Ahora, si vos me ponés un factor ajeno a mi sentido, me doy contra la pared. Necesito no estar estimulado.

A las personas que quieren entrar en el mundo de la droga, les digo: si ustedes estuvieran sometidos 30 segundos en mi cabeza, les puedo asegurar que no tocan ninguna droga, porque es una sobreestimulación tan grande… Lo aconsejable sería que no vivan como nosotros vivimos. Porque los sinestésicos nos cubríamos en la poesía, en el arte, en la música, en la pintura: Lady Gaga, Miguel Bosé, Stevie Wonder, Tesla, Newton, Einstein, ni sabían que eran sinestésicos. Acá nunca tuvimos marketing.

¿Es una enfermedad rara? ¿Es un síndrome, un trastorno o una condición? ¿O un don?

Muchos me dicen que un don no es, porque lo separaría y tendría la posibilidad de utilizarlo. Yo no lo puedo separar de mi vida natural. Entonces, yo diría que es una diversidad de lo que es el conocimiento del cerebro. Nuestro cerebro crea nuestra realidad. A veces me preguntan: “¿De qué color me ves?” No lo puedo decir mirando una pantalla, o en este caso por zoom. Soy un ser biológico, los colores técnicamente no existen; un color es un haz de luz que rebota, absorbe el objeto y mi cerebro, que está en una caja encerrada, los utiliza y los interpreta. Pienso que es una extensión de la capacidad que tiene nuestro cerebro.

“Muchos me dicen que un don no es, porque lo separaría y tendría la posibilidad de utilizarlo. Yo no lo puedo separar de mi vida natural. Entonces, yo diría que es una diversidad de lo que es el conocimiento del cerebro. Nuestro cerebro crea nuestra realidad”

Por definición es una condición neurológica.

Puede ser una condición, sí. Obvio que un neurólogo, un médico, lo va a poder explicar un poco mejor que yo.

¿Cuándo fuiste científicamente diagnosticado con esta condición?

Las primeras crisis que tuve fueron más de grandecito. Estoy bajo tratamiento psiquiátrico hace tiempo, hago terapia, después empecé los estudios de sueño, porque quieren saber cómo funciona el cerebro. Ahí aparece un desequilibrio en los mismos corticales, pensaron que era autista, pensaron que era epiléptico, hasta que me pusieron en un resonador magnético funcional: me pusieron unos anteojitos, me cerraron los ojos y se dieron cuenta donde se activa cada parte del cerebro, en la proyección. Eso se hace con un neurólogo, se hace también con terapia, porque la sinestesia no se determina en una o dos sesiones, sino que se ve en el tiempo.

Un ejemplo: para mí los números no tienen color, son todos iguales, transparentes. Pero los sinestésicos comunes los ven, yo veo todo exactamente igual, porque sé desmenuzar, para mí, los números. Los sinestésicos siempre te contestamos igual: no es una percepción, si vos querés darle un color a un objeto, se lo das. Ahora, lo que determina fehacientemente la proyección es cuando estás dentro de un aparato.

Eso fue en el 2000, cuando tuve una crisis muy parecida a un brote, porque tuve un momento que es tan abrumador que no sabés qué estás viendo, si es real o no, entonces ahí es donde siguen los estudios… Nuevamente me hicieron una equilibrometría, donde me sentaron en un banco, me conectaron y empezaron a darme vueltas a ver cómo funcionan los oídos. Ahí aparece un desequilibrio en los oídos (tengo tinnitus, acúfenos), toda una serie de acontecimientos…

Así que en el 2000 fue donde más o menos pude identificar lo que tenía. Y hace poquito, ya de grande, me quise hacer una resonancia por un problema que tengo en la vesícula y no me la pude hacer, porque se me activan los sensores nuevamente, se me activa nuevamente el sonido, la vista… Es todo un trastorno muy complejo de poder llevarlo a cabo. Ese año empecé a entender qué era la sinestesia —tuve que buscar qué significaba la palabra— tras un encuentro con mi psiquiatra. Me dijo: “No te asustes, esto es normal”. Yo dije: “¿Qué hago con esto?” Digo, con esto de tratar de ordenar que lo que ves es así, no es una alucinación.

Estamos hablando de hace 26 años, entonces, tuve que aprender a encontrarle la vuelta cuando había una reunión, o cuando iba a un lugar, o subía a un ascensor. Cuando me subía a un ascensor —creémelo César— y sabía que se iba a parar, se paraba, entonces yo no me subía. Por eso no me subo más a los ascensores, sí a los aviones.

Ahí terminaste de entender mucha cosa que te había pasado antes, me imagino… 

¿Sabés qué me pasó ahí? Yo le había pedido respuestas a Dios. Muchos me señalaban que como yo no me acercaba a Dios, él en algún punto quería que yo me acercara. Entonces, fui a la iglesia, a ver la Virgen de Lourdes, y me dijeron que tomara la comunión, entonces a los 33 años tomé la comunión.

¿Pero vos creías en Dios? ¿Eras creyente?

Yo estuve muy enojado, al vivir como vivo yo, te enojás… Es como tener un karma constantemente. Después pensé: “Me entrego a Dios, y Dios, o la fe, que es lo único que no discuto”. Te entregás: “bueno, ya está”. ¿Y por qué no veo el Más Allá? Porque alguien me dijo: “Mirá Héctor, somos seres con calor, lo que vos ves es calor. ¿Vos ves los rayos gamma? No, ¿ves los rayos X? No. Pero somos calor, y vos lo que ves es calor. Ahora, ¿qué pasa cuando nos morimos? Acá aparece el conflicto: ¿veo algo “más allá”? No. Cuando alguien fallece, se me pone todo un color oscuro, el calor se disipa por el universo, ¿y qué me pasa? Desaparece todo biológicamente.

¿Fuiste incomprendido o sufriste bullying por causa de la sinestesia?

Claro, en el secundario yo era “el loco”… A nivel pareja, a nivel amigos. Te pongo un ejemplo: iba con mi amigo Pablo en el auto, y él iba haciendo un movimiento con el volante, y él estaba nervioso, él estaba mal. Y le digo: “Pablo, ¡no vayas tan rápido, nos vamos a matar! ¡Pará el auto! Estás haciendo un movimiento raro con el volante”. Porque, más allá de lo que veo, percibo un acto de violencia en cámara lenta. Y él me decía: “No me pasa nada, estoy manejando normal, como siempre”. Y ahí empezaba una discusión. Así fue con mi pareja, con mi familia, con chicas que me gustaban. Todo el tiempo ejemplos así. 

Esto siempre fue un bullying para mí. ¿Cómo le decís a la gente que tenés a tu lado que lo ves de una forma determinada, con un color, o porque hoy estás desagradable, estás amargo o cuando me hablás sale de la voz un tono distorsionado?

Si vos me llevás a una reunión y yo me siento incómodo y se me activa algo y te digo: “Vámonos”. ¿Cómo se lo digo sin que me vean raro?

“En el secundario yo era 'el loco'… A nivel pareja, a nivel amigos. Te pongo un ejemplo: iba con mi amigo Pablo en el auto, y le digo: '¡No vayas tan rápido, nos vamos a matar! ¡Pará el auto!'. Percibí un acto de violencia en cámara lenta. Y él me decía: 'No me pasa nada, estoy manejando normal'. Siempre así”

Stefanía, tu pareja y, además, productora de TV, me dijo que tu condición tiene múltiples beneficios: desde la salud, prevenir procesos inflamatorios, porque vos podés percibir que una persona que se te acerca tiene el hígado de un color inusual y podés llegar a recomendarle que consulte a un doctor. ¿Cómo es esto?

Mirá, el tenista (serbio Novak) Djokovic es uno de los más grandes del tenis. Cuando yo empecé a explicar acá qué era esto de la sinestesia, él paralelamente salta diciendo que hay que cambiar las reglas del tenis. ¿Por qué? Porque vos no podés poner a un tenista a jugar un gran slam un partido ¡durante seis horas! Cuando ves jugadores de fútbol, y otro como entrenador los sobreestimula, ¿qué voy a ver yo? Robots. Robots con colores desiguales, con articulaciones inflamadas, con los tobillos totalmente colorados, con colores morados, con el color gris oscuro. Y ese jugador no da más.

Yo dije hace dos meses: “La selección (de Argentina de fútbol) va a llegar arruinada al final”. Si no me querés contratar, no me contrates, pero estudiá la sinestesia. Y si vos querés ser un jugador de fútbol, de tenis o boxeo, sacale el provecho, así te van a poder decir: “Mirá, vas a ganar mil millones de dólares, pero decile que a los 40 años no va a caminar más”. No podés tener generaciones de jugadores de tipos que no van a poder caminar más, con problemas de cadera, de todo tipo. Y la ventaja que vos tenés es que podés llegar a decirle: “Pará un poco; cambien el entrenamiento”.

César, quiero que conmigo veas cómo la gente camina y te vas a dar cuenta, en una lectura normal, que la gente tiene problemas de cadera, otro camina mal, las rodillas se tocan, y no van al médico. Entonces, si hay una línea médica, ¿por qué no se puede prevenir? Nosotros, al ver los colores, más allá de lo visual de la situación, podemos ver los colores distorsionados y podemos decirle a la gente que vaya a los médicos o al psicólogo.

Si a mí me ponés a ayudar en un club de fútbol, mínimo te lo dejo segundo. Me das dos o tres pautas, y te digo cómo sacar el máximo provecho a los jugadores, y hacerlos rendir con el mínimo esfuerzo posible. Te ubico la mayor capacidad de un jugador en su mejor lugar. Y después la parte física.

Lo de visualizar los colores de lesiones inminentes, por inflamaciones, ¿lo has podido aplicar en algún equipo de fútbol?

No, pero lo aplico en las clases de tenis. Lo importante en el tenis es que la pelota no vuelva. Vos tenés que tratar de crear un espacio donde el jugador rival no tenga posibilidades de devolver la pelota. Me han consultado hasta políticos, en plena campaña. Porque si yo veo un color que no es complementario o que no se adose al color político, para mí, va a ser una frustración. Yo te voy a decir lo que significa ese color. 

Suponete que nos vestimos los dos con colores claros. Yo me puse una remera cremita y vos una remera suavemente amarilla. Y aparece un tipo vestido de violeta y otro de rojo. Eso nos va a resultar violento… Va a ser fuerte. El color rojo no es amor, como algunos piensan. ¿Y la luz qué colores serían? Un color amarillo, dorado, transparente y cristalino como el agua. Esos son colores agradables para mí. El rojo es un color violento. Un color que, si vos lo utilizás para política, es muy probable que se asocie a la sangre, el esfuerzo, y una lucha que a veces no tiene sentido, como el color violeta. Son colores violentos para nosotros, los sinestésicos. 

Hay gente que dice que “el violeta es transmutación”. ¿Sabés lo que significa para nosotros, los sinestésicos, y para los que mezclan la sinestesia con la fe? Es muerte y resurrección, introspección, reflexión, lucha interna y obedecimiento. ¿Vos usarías algo violeta?

¿Podés escuchar la voz de una persona y atribuirle una textura o temperatura?

Así es. Vamos a suponer que mañana yo me encuentro contigo. Te voy a dar la mano para saludarte. Tu mano va a ser suave como vos me la vayas a apretar, pero también tu voz lo será o no. Si tu voz es de alegría por verme, va a salir un color que será entre el amarillo y el verde. Es la famosa empatía. Y yo me voy a entregar también. Va a haber una temperatura. En algunos países, muy pero muy fríos, hay ciertos pájaros a los que se les ve hasta la respiración. Y no son sinestésicos, son pájaros que están relacionados con el frío. La temperatura tiene que ver con el calor que vos vas emanando.

Por eso cuando a vos te pasa algo, se me activa lo que se llama espejo sensorial, pero la temperatura la vas a ver vos, literalmente, porque te das cuenta que cada color para mí significa una acción sobreestimulada, y eso me va a dar una temperatura mayor o menor.

La serie El Mentalista está basada en una persona con sinestesia, según vos. Y en el caso del protagonista, ayuda a la Justicia a resolver casos. Pero he leído sobre la serie —la he visto, además— y en ningún momento se habla de sinestesia. Se referencia su habilidad como psíquico o mentalista, la hipnosis y la prestidigitación, pero no la sinestesia. 

Porque no lo saben. Para el caso de un psíquico, un ilusionista y un mago es lo mismo. Es algo que vos aprendés, la magia la aprendés, un psíquico lo aprende, un mentalista lo aprende… Un sinestésico no. Lo que hace Patrick (el personaje) es la sinestesia, es una lectura corporal, fijate que prácticamente no habla. Acá no nos utilizan, pero en Estados Unidos el FBI aprovecha lo que hacemos.

El personaje de El Mentalista es un sinestésico, pero él niega ser psíquico, él mismo dice que no cree en eso. A ser mentalista aprendés, a ser ilusionista también, la prestidigitación se aprende. A ser sinestésico no. Si yo mañana voy a un espectáculo de ilusionismo, estoy pagando por algo que sé que no es verdad, es una ilusión. Un ilusionista puede competir en GOT Talent, porque es un espectáculo. Los sinestésicos no podríamos ser un espectáculo.

“Si alguien miente, yo lo veo y me doy cuenta, y digo: 'Este está mintiendo, chau'. Ahora, después la Justicia tiene que comprobar lo que digo. Pero si alguien está mintiendo, me doy cuenta con solo verlo”

¿De qué forma podría ser útil tu don como auxiliar del Poder Judicial? Imaginemos que te pudieran contratar para resolver casos. ¿Creés que podrías ser de utilidad?

¡Totalmente! Si alguien miente, yo lo veo y me doy cuenta, y digo: “Este está mintiendo, chau”. Ahora, después la Justicia tiene que comprobar lo que digo, ojo. Pero si alguien está mintiendo, para mí es básico: me doy cuenta con solo verlo.

¿Cómo nace el programa Seis macarons y un café? ¿Y por qué eligieron ese título?

Yo me jubilé en el 2018, entonces con mi psiquiatra dijimos: “Tiene que haber un método químico, físico, lo que sea, para ayudar a la gente”. Es tan frustrante que lo que vos percibís el otro no lo pueda ver, porque los otros lo pueden utilizar para ellos. Si vos tenés un color que a vos te sea útil (con todo lo que vos quieras elegir), aplícalo. Si te sentís mal andá al médico o al psicólogo, naturalmente. Aplicalo. Si tenés un potencial, aplícalo.

Mi psiquiatra me dio un ejemplo. Nosotros fuimos a Francia con mi esposa, me dice, y en un café de París me dijo que había un hombre que pedía dos macarons (macarrones). Tomaron un café, comieron esos dos macarons que eligieron al azar, uno era rosado, el otro verde. Y el hombre se acercó y le dio una relación entre los colores que iban tomando con el café. Mi psiquiatra me proponía llevar a la práctica, a lo empírico, mi conocimiento sobre el tema. Entonces pensamos: ¿Por qué no utilizamos los cinco sentidos, que es lo que la gente percibe, y el sexto es la sinestesia? Entonces, ¿cómo se va a llamar el programa? “Seis macarons y un café”, porque el macaron tiene textura, sabor, aroma. Lo podés comer, lo podés saborear. Y digo: “¿Cómo aplico eso?” Y me dice: “Dale un valor al color y si vos se lo percibís visualmente en el invitado, lo acoplás”.

Dije: “Bueno, me voy a embarcar en este programa”. Cuando empecé a tener invitados famosos en la Argentina, se sentaban delante mío y yo les decía: “¿Qué sentido querés utilizar?” Ponele: “Quiero utilizar el sentido de la vista”. Listo, “elegí el macaron que vos quieras”. Entonces cuando ellos iban a hacer así (apenas mueve la mano), yo ya sabía qué color de macaron iban a elegir. Ahora, esa persona no sabe por qué eligió ese color, y qué significa para él. Cuando yo me pongo enfrente y está el color verde —que yo visualizo antes—, le digo: “Bueno, decime qué color es el verde para vos”. Ellos me dan una definición. Yo, como sinestésico, le doy también una definición y entramos en una lucha. Y ahí conocemos empíricamente, usando simplemente macarons con colores se traduce empíricamente lo que uno va visualizando.

En los seis macarons vas a darte cuenta que los colores están en tu interior, más allá que no existan, pero tienen que tener un tiempo, tienen que tener un significado. Y así fue que, cuando terminaba el programa, me decía la gente: “¿Sabés que a mí me pasa lo mismo que a vos? Yo percibo esas cosas”. ¿Y por qué no lo decís?, les preguntaba yo. “Porque yo soy actor” o “porque soy cantante y me van a tildar de loco”. Y así fueron 130 programas, todos colgados en Youtube.

Sos el primer sinestésico reconocido por ley en Argentina y, precisamente, la ciudad de Buenos Aires aprobó con la ley 6.742 el 2 de julio como Día de la Sinestesia, con el motivo de concientizar y visibilizar la condición. ¿Para qué sirve la ley?

La ley se hace para asociar y adosar a un diagnóstico. Si una persona es autista, se puede diagnosticar que es autista, si alguien tiene una enfermedad neuronal, también. Sumen a la sinestesia, decía yo. Sumen a los chicos que son sinestésicos, evalúen, que los psicólogos profundicen, que los médicos lo sumen, porque no es una condición rara, no es que somos enfermos o es una patología. Es algo totalmente biológico, pero sí tenemos ventajas. Definámoslo, para que los chicos no se sientan discriminados, no se sienta solos.

Se estima que entre un 2 y un 4% de la población tiene esta condición. Pero, ¿puede pasar que mucha gente sea sinestésica y no lo sepa?

Totalmente, por eso la importancia de divulgar y visibilizar. Hay mucha gente que no habla, porque son actores. Muchos actores famosos acá en Argentina me han dicho: “Por favor, no lo digamos”. Y hubo algunos programas que grabé que tuve que no subirlo a Youtube porque ellos actuaban como yo, porque coincidíamos en el color (un color verde, un color azul, que es el color del abrazo)… Y yo les decía: “¿Por qué no lo hablás y decís que sos sinestésico?” “Porque me quedo sin laburo”. Y después me iba caminando, veía un partido de tenis, y me decía: “¿Vos estás viendo lo mismo que yo?” Hay un color que sale de tu raqueta y para mí es el sol”. “No, no es el sol, es que tal vez seas sinestésico. Necesitás ir al médico, al psicólogo, para que te ayuden a abrirte y hablar”.

El fondo de la ley es divulgar lo nuestro. Hay mucha gente que no tiene más que decirlo y que si tienen algo para decir, lo hablen, lo apliquen al arte.

Tras conocerse públicamente tu caso, ¿te escribieron personas diciéndote que a ellos les pasaba lo mismo que a vos? 

Uf, muchísima gente. Hasta anoche mismo, en una radio que se llama Urbana Play, ellos mismos se sentían sinestésicos y está bárbaro que lo puedan divulgar. Para mí los lunes son de un color transparente y blanco, porque tiene que ver con el inicio de la semana. El domingo es más un día donde los colores se me juntan. El martes tiene un color celeste, el miércoles un color azul, el jueves un color rojo, el viernes un color un dinámico como el amarillo. Y ellos, los conductores del programa de radio, lo hablaron de forma natural. No tengan miedo de hablarlo, de suponer y de percibir. De ahí a que ellos sean sinestésicos proyectivos hay una distancia.

“El fondo de la ley de Buenos Aires es divulgar lo nuestro. Hay mucha gente que no tiene más que decirlo y que si tienen algo para decir, lo hablen, lo apliquen al arte”

¿Algún otro pariente en tu familia tiene esta condición?      

Hay una predisposición genética, sí. Esta carga la tiene mi mamá, que como tiene 88 años y ella siempre se vistió de colores, ya hay una carga genética, hay una predisposición. Pero, ¿cómo le traducís qué es la sinestesia a mamá, con casi 90 años? No se puede. Es probable, muy probable, que lo tenga mi hija Fiorella, que tiene 20 años y vive en el sur. Y ella todavía ni sepa qué es la sinestesia. Por eso aparece el programa (Seis macarons y un café) para que ella pueda quedarse tranquila.

Mi nena pasó de estar muy bien, de tocar la guitarra conmigo, de cantar, expresarse, a estar anulada, a estar prácticamente anulada, ¿viste cuando te chocás contra una pared? Ella vive en Patagones, a 1.000 kilómetros de casa, y me cuesta mucho ir hasta allá, pero a los dos nos pasa lo mismo. Cuando yo tengo que viajar en micro o en avión se me activa la agorafobia, percibo la ansiedad, se me activan todos los procesos, y a ella le pasa lo mismo. No podemos tomar micro, no nos podemos encontrar porque los dos nos unimos en los que nos pasa. Ella tiene que ir a un médico, a un psicólogo, pero tratar de explicarle eso a una chica de 19 años, o antes con 14 o 15, es complejo. Ella está como anulada…

¿Como que no quiere asumirlo?

Es que es complicado verla y decirle: “Che, ¿por qué estás en un tono distinto?” o “estás tocando mal” o “estás cantando mal”. Te quedás solo, yo me he sentido solo… Gracias a la ley, gracias a que me escucharon, hoy puedo relajarme y decir: “Bueno, no estoy tan solo”. No me pasa solo a mí.

¿Cómo estás de salud?

De este lado (el derecho de su rostro), me cuesta mucho, porque tengo la sinestesia activada, por eso sufro de este ojo. A mí se me activa lo que se llama interocepción (NdeR: el proceso por el cual el cerebro percibe, procesa e interpreta las señales que provienen del interior del cuerpo). La interocepción significa que nuestro cerebro, por el lado de afuera, sabe dónde están nuestros movimientos y nuestras manos. Interocepción significa que nuestro cerebro controla los latidos de nuestro corazón, la respiración, la baja o subida de la presión y el ritmo cardíaco. Tengo arritmia cardíaca y tengo problemas para respirar.

Entonces tengo algún problema orgánico. ¿Cómo lo sufro? Bueno, lo sufro con colores. Dejo una luz prendida a la noche para poder enfocar. ¿Viste alguna vez la película Depredador? Él apunta, tiene como una cámara en un costado y arriba del hombro, bueno eso me pasa a mí constantemente. Yo, donde apunto, triangulo y eso va a ser un color, un factor y una distorsión, entonces sufro mucho de problemas orgánicos del lado derecho. Sufre el ojo, sufro de tinnitus y acúfenos (NdeR: zumbidos o ruidos que suenan en los oídos de una persona sin que exista una fuente de sonido externa).

¿Cuál es el cometido de buscar que en el Río de la Plata se conozca tu historia de vida? ¿Cuál es la finalidad?

Mi finalidad es dejar un legado y divulgar lo nuestro. Es la impotencia, César querido. Somos incomprendidos. Si yo tengo una herramienta hermosa para poder aplicarla al que tengo enfrente mío. Me morfé todo esto durante 60 años, luchando, entonces, ¿ahora me quedo de brazos cruzados? No, ¡lo divulgo para ayudar a otros!

Todo ser humano, todo ser biológico, tiene tendencia a demostrar y a moverse. Si somos seres humanos no es porque tenemos espíritu y alma. Somos seres humanos porque socializamos, porque tenemos la posibilidad de memorizar, de razonar y de frenar nuestros instintos. Entonces cuando vos tenés esa posibilidad de tener la ley, ¿qué haces? Lo divulgás, y el que quiera creer que crea, pero ya tenés un aval. ¿Cómo no lo voy a mostrar?

¿Sos feliz?

Del lado derecho sí, porque canto y toco como quiero y me expreso como quiero, sin condiciones. Y si toco mal, toco mal para mí. Del lado izquierdo no.

Pero qué curioso: del lado derecho es donde tenés esos dolores y esas quejas… Y me decís que de ese lado sos feliz.

Pero ahí es donde percibo. ¿Cómo lo separo? Yo hace un año canté con Raúl Lavié, ahí soy feliz, cuando percibo todo y me alejo de lo que me hace mal. No lo puedo separar (un costado de la cara del otro), no tengo un switch. Pero tampoco puedo ver el mundo totalmente maravilloso, porque no lo es, entonces estoy siempre en el medio.

La felicidad es un instante donde puedo respirar, donde puedo ver un video con música que me relaje, de un lugar con un río transparente, de un lugar con montañas, cristalino, pero del otro lado veo la realidad: un mundo desigual.

Por César Bianchi