Su versión

La verdad de Sara Martínez y los abusos de su padre hasta que Moisés puso fin al calvario

La hermana del joven, quien asesinó al hombre, habla de cómo encara junto a su familia el proceso y desliza críticas a la fiscal.

26.04.2026 08:00

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Por Joaquín Symonds

La cara de Sara Martínez ha estado en todos los medios de comunicación y redes sociales, con comentarios e información relacionados con su hermano, Moisés. El joven asesinó a su padre en mayo de 2025, y ahora busca un perdón judicial. 

Luego de años de abusos sexuales contra sus dos hermanas, golpizas brutales a su madre y un sistema de violencia permanente, Martínez fue hasta la casa de su progenitor. Allí le dio varios disparos y se quedó en el lugar hasta que llegó la Policía y lo detuvo. 

El asesinato lo cometió estando fuera de sí, dirían después los médicos que hicieron informes en el marco del proceso judicial. Según dijo, había tenido una especie de revelación luego de una extensa charla con su madre en la que le preguntó por su infancia. 

El primer abogado de la familia, Marcos Prieto, intentó obtener el perdón judicial a través del artículo 36. Sin embargo, la Justicia entendió que no estaban dadas las condiciones para aplicar la legislación y condenó a 12 años de cárcel a Martínez. 

Al tomar el caso, Rodrigo Rey y su equipo lograron que, mientras el Tribunal de Apelaciones decide si revoca la sentencia de primera instancia, Martínez pasara la medida cautelar en arresto domiciliario. 

En entrevista con Montevideo Portal, Sara Martínez responde a los dichos que contradicen la versión de la familia y recuerda el esquema de violencia familiar que generó su padre.

Admite que se decepcionó de la fiscal del caso luego de que decidieran ir a juicio y asegura que la expareja de su padre, quien acusó a su familia de mentir, salió públicamente con un nombre falso. “Me da pena porque quiero creer que ella también cayó en esta red de manipulación de parte de mi padre”, añadió. 

¿Cómo tomaron el cambio de cautelar a arresto domiciliario?

De manera muy positiva, la verdad. Si bien estamos en proceso de apelación —o sea que todavía no sabemos—, esperamos que el tribunal falle a nuestro favor. Pero sí, fue algo impensado. Pasamos como un subibaja de emociones.

En las últimas semanas empezaron a sonar algunas voces disonantes con la versión de la familia. ¿Cómo lo toman?

De manera inesperada, la verdad. Primero porque tuvimos que enterrar el cuerpo de nuestro padre nosotras. Esto es un hecho público desde el año pasado, si bien ahora empezó a tomar mucho más auge, porque estábamos en período del juicio en sí. En realidad, ya era público que mi hermano le había dado muerte a nuestro padre.

De hecho, yo me contacté con una de sus hermanas, a la que no conozco. Eso también es importante mencionarlo. Yo, de parte de padre, conocí solamente a tres hermanos de 11 que son. Uno de ellos falleció hace un montón. Yo siempre digo que lo único bueno que me dejó mi padre fue ese tío, que murió hace mucho, antes de que yo denunciara a mi padre. Y ahora apareció una expareja que en realidad no se llama Elena.

Ella hablaba de que tu hermana dejaba a sus hijos con tu padre. ¿Es así?

La revinculación con mi hermana la llevamos a la Justicia, que es el espacio donde hay que tratarlo, y que forma parte del trauma complejo. Yo vuelvo a lo mismo: yo me animo a denunciar a mi padre porque vi cómo abusaba de mi hermana. Entonces, a nosotros nadie nos va a decir algo que no pasó, porque eso es así.

De hecho, él estuvo preso por abuso sexual. Sí me molesta, me molesta un montón, te soy sincera. Yo no soy partidaria de las redes.

Mi hermana vivía con mi padre hasta los 17 años. Entonces, imaginate lo que fue eso desde chiquita. Ella se terminó… Yo le traigo eso y ahora está con una culpa tremenda por no haberse animado a denunciar, pero te terminás acostumbrando a esa situación.

¿Pudiste hablar con la expareja de tu padre?

No tengo ni el contacto de ella. Me da pena, la verdad. Por un lado, porque quiero creer que ella también cayó en esta red de manipulación de parte de mi padre. Y también, con todo el respeto del mundo, por el lado del que viene, no me sorprende. Sí me entristece que se use un tema tan delicado; quiero decirle a la gente que solo nosotros seis sabemos el infierno que vivimos con ese tipo, que fue procesado por abuso sexual. Eso nadie lo puede negar.

¿Has podido abstraerte de la situación y, quizá, entender que la sentencia puede resultar justa pero la falla es del sistema?

A mí me pasa que hay algo que acá es muy claro y, en realidad, no sé si es tanto el fallo de la jueza, sino la falla del sistema y las pocas herramientas que tienen al momento de tomar decisiones.

Acá estamos hablando de una condena de 12 años sin posibilidad de reducción de pena. O sea, tendría que cumplir los 12 años de punta a punta. Y ese es nuestro dolor.

De hecho, mi hermano en un momento me dijo: “Yo sé que lo que hice está mal, pero si vos me decís que me condenan a seis u ocho años y puedo reducir pena, yo acepto”. Pero ahora estamos hablando de 12 años sin reducción y porque era nuestro padre.

¿Cómo era la relación con tu padre?

Mi padre nos pegaba todos los días. Y los abusos, desde que yo estaba en tercero de escuela hasta sexto, no te digo que fueran todos los días, pero día por medio sí.

Fue un cansancio. Yo ya no podía ni dormir en paz porque sabía que mi madre se iba a ir a trabajar y mi padre me iba a venir a buscar. Entonces, nada, eso. No es que una semana estaba bien y otra no: fue sistemático. Los golpes eran todos los días, por cualquier cosa.

¿Pudiste volver a hablar con él después de que pasó todo?

Después de que salió de la cárcel, sí. Me iba a buscar al liceo varias veces y una vez accedí a ir. No me fue a buscar él directamente: me mandaron a decir que había tenido un accidente por mi culpa y que se estaba por morir. Yo me sentía re culpable. Tendría 13 o 14 años; era muy chica.

En el medio estaba permeada por la religión, que es algo que siempre traigo, pero es muy importante porque en la iglesia nos decían todo el tiempo que teníamos que perdonar para poder sanar. Ese era el discurso que me quedó hasta hace unos años.

Ahí voy a ver a mi padre, me pide perdón llorando y nuevamente intenta abusar de mí. Ahí corto el vínculo para siempre.

Hasta que, en 2021 más o menos, me tuve que certificar porque se apareció a la salida de mi trabajo como dos veces.

El otro día en un video de TikTok alguien prejuzgaba a tu hermano por su aspecto. ¿Les ha pasado esto o alguien se los ha comentado?

Nosotros, de este lado —perdón la expresión— no somos ningunas boludas. Que pare un poco la mano, porque, si no, a nivel legal, alguna medida vamos a tomar.

Como sociedad, y con la falta de herramientas de información, tendemos a prejuzgar todo el tiempo. De hecho, yo le decía a Moi —y me permito decirlo porque ya lo hablé con él—: “Vos cuadrás con el perfil carcelario, te veo así, todo turro, tatuado y no sé qué. Yo me cruzo para el otro lado”, desde el prejuicio.

Obviamente yo conozco a mi hermano y sé que es un amor y no va a pasar nada. Estamos hablando de una persona sin antecedentes. De hecho, ese fue uno de los elementos que usó la jueza para bajar de 18 a 12 años, porque era primario.

Volviendo al consumo, mi hermano sí tuvo consumo. Nosotros lo declaramos desde el inicio, el día que pasó todo. Él también lo reconoció, nunca lo negó. Pero fue un período relativamente corto.

También dijeron que le robó cosas a mi padre.

Eso lo dijo la expareja de tu papá.

Sí. Bueno… cuando era chica… mi padre podría haber denunciado, ¿no? Porque estamos en la misma. Quedan en palabras.

Si el móvil hubiera sido el consumo, a mi padre le habría faltado todo. Y mi hermano no le tocó ni un alfiler. Había plata en el piso, 200 o 300 pesos. Para una persona que consume, eso es la gloria.

¿Creen que lograrán la aplicación del artículo 36?

Si no aplicamos el artículo 36 en un caso tan específico como este, donde además la jueza hace énfasis en que los abusos y las torturas están comprobados… nuestros relatos fueron muy contundentes. No es una mentira, es una realidad.

De hecho, cuando tuvimos la reunión con el presidente, se lo agradecí. Entiendo que fue empático con la situación, pero respetando también los límites.

Nosotros venimos con esta lucha desde hace mucho. Y uno dice “presidente” porque es como el manotazo ahogado. Sentís que es el techo. Después entendés que, capaz, si llegara un indulto, ahí sí podría intervenir, pero antes no.

Y en esto del artículo 36, yo siento que este es un caso muy especial. De hecho, conmovió a muchas personas.

¿El ida y vuelta con la fiscal Sabrina Flores cómo fue?

Antes de decidir ir a juicio, estábamos en un abreviado. En ese momento, Sabrina planteó 13 años y ocho meses, después bajó a 12.

En una reunión con ella fue muy empática. Yo lloraba desconsoladamente porque no podía creer que la Justicia fuera tan injusta. Y con esto no hablo de justicia por mano propia, ni mucho menos, porque esto fue algo muy distinto. No entendía cómo no podía haber una alternativa: que fuera preso, sí, pero cinco años, no 12.

Ella fue muy humana, lo digo sinceramente. Pero después nos dolió mucho porque, cuando decidimos como familia ir a juicio, dejó de saludarnos. Pasó a ser bastante hostil. Nosotras pasamos de ser cuatro o seis personas colgando carteles frente al juzgado en cada audiencia a una movilización masiva. Y ella, cuando salía, tenía una actitud sumamente hostil: veía los carteles y se reía.

La pasamos mal con esa señora.

Por Joaquín Symonds