Cuando entrevisté a Kevin Rehermann en 2011 para el libro A lo Peñarol. La pasión nunca pierde (Penguin Random House) conocí a un niño que todavía era famoso. Por aquel entonces lo saludaban por la calle y hasta le pedían fotos. Había sido la cara visible de la Teletón en 2009 y a base de carisma y desfachatez se compraba a todos los que se cruzaran con él, fueran del cuadro que fueran.
Por aquel entonces, Kevin, con 10 años, soñaba con ser ingeniero de sistemas o jugador de fútbol (mire si la ciencia le va a impedir a un niño soñar con la utopía). Pero, claro, futbolista no sería nunca, porque caminaba como bamboleándose, se le complicaba dominar un balón y, por aquellos tiempos, necesitaba de ayuda para ponerse una remera o cepillarse los dientes.
En 2026 la realidad de Kevin es otra. Aquel niño inocente y soñador es hoy un joven de 25 años que superó un tumor cerebral, pero que todavía padece amioplasia congénita, un tipo de artrogriposis, un conjunto de trastornos con los que nace un bebé con contracturas en varias articulaciones y tendones más cortos. Intentó cursar en Facultad de Ingeniería, pero el coronavirus, que democratizó las aulas a gurises de todo el país, le entorpeció un contacto más fluido y personal con los docentes.
Hoy, el joven que ayuda a sus padres en la huerta de Costas del Colorado, San Antonio (Canelones) en quehaceres administrativos, procura su primera oportunidad laboral como tester de software, y ya ha advertido vulnerabilidades en páginas webs de entes del Estado. Les ha notificado de esas debilidades a quienes correspondía, pero lejos de ofrecerle trabajo, le prometieron enviarle “un desayuno”… que nunca llegó a la zona rural de su pueblo canario.
Mientras espera que el Estado se desburocratice —como pretende el ministro Gabriel Oddone— o algún privado le dé una oportunidad, Kevin se contenta siguiendo a Peñarol a todos lados. Para eso no hay obstáculo que valga.
¿Quién sos?
Soy Kevin, tengo 25 años. Vivo en Costas del Colorado, San Antonio, Canelones. Me especializo como tester de software, aún no estoy ejerciendo, pero tengo varios estudios en el área. Soy un gran fanático de Peñarol. Voy cada vez que puedo a los entrenamientos o al estadio.
Tenés artrogriposis. Es decir que tus articulaciones nacieron con los tendones cortos. Contame más sobre tu discapacidad física…
Mi discapacidad es artrogriposis múltiple, también mencionada como amioplasia congénita, que consiste en el subdesarrollo de los músculos y tendones. Hay casos donde el músculo directamente no está bien…
Cuando eras niño no te permitía caminar con normalidad y debías ser aupado para subir escaleras, ¿no es así?
Caminaba con normalidad sí, quizás en esta calle donde estamos ahora, probablemente me cayera, porque con cualquier desnivel me tropezaba. Hoy eso lo he mejorado bastante. Nunca tuve necesidad de usar muletas. Por una lesión en la rodilla, estuve casi un año en silla de ruedas, pero después de eso no, nunca usé muletas ni nada.
“Estábamos caminando por una vereda con mi abuela, pasamos por un local y había un bolsón con pelotas de distintos colores. Le dije a mi abuela que quería la amarilla y negra, y me dijo: '¿En serio querés esa?'. Ella quería que eligiera una roja, azul y blanca, pero yo me enamoré de una amarilla y negra”
¿Y para qué cosas necesitás ayuda? ¿Para subir escalones, para subir al ómnibus?
Para subir al ómnibus, principalmente, si no es uno accesible. Y necesito ayuda con todo lo que tiene que ver con el tren superior, para eso necesito ayuda.
Te conocí y entrevisté por primera vez cuando tenías 10 años. Ahí me contaste que apenas con 3 años sabías que eras hincha de Peñarol, aunque tu abuelo y tu tío eran bolsos y a tu madre no le gustaba el fútbol. ¿Recordás cómo te diste cuenta que eras manya?
¡Sí! Estábamos caminando por una vereda con mi abuela, pasamos por un local y había un bolsón con pelotas de distintos colores. Dimos una vuelta y después volvimos a pasar por ahí. Le dije a mi abuela que quería la amarilla y negra, y me dijo: “¿En serio querés esa?”. Ella quería que eligiera una roja, azul y blanca, y yo le dije: “No, esa no me gusta”. Yo me enamoré de una amarilla y negra. Hasta ahí ni sabía lo que era el fútbol. Y ahí empezó todo.
A los 2 años sufriste un tumor cerebral, y tu mamá, Lourdes, me contó que fuiste operado y quedaste “con una valvulita por hidrocefalia”. ¿Seguís teniendo esa pequeña válvula de la que me habló tu mamá?
Sí, la válvula sigue estando, pero ya como que su función la cumplió. O sea, está ahí por estar, no sé cómo decirlo...
En tus primeros 10 años de vida habías tenido ocho operaciones. ¿Hoy cuántas contás?
El doble tal vez, unas 16 operaciones. Me tendría que poner a contar, pero 16 mínimo, sí…
¿Y te terminás acostumbrando?
Sí, ya el quirófano es entrar, salir… pasó a ser como mi segunda casa.
En diciembre de 2009 fuiste elegido Niño Teletón, la cara visible de la edición de ese año para la maratón televisiva que busca recaudar fondos para niños con discapacidades graves. ¿Cómo recordás aquella experiencia cuando eras un niño? ¡Estabas en todos los afiches de ese año!
Ese año y años posteriores también, porque después seguí participando de distintas campañas, siempre vinculado a Teletón. Creo que en 2016 fue la última. Y bueno, era la mente de un niño, lleno de gente que te saluda, te pide una foto, no sé… Pero tengo pila de lindos recuerdos.
Con 8 años decías que tenías el sueño de ser Niño Teletón, y lo lograste. ¿Algo mutó en vos? ¿Te cambió de algún modo?
Siento que aprendí como de cada experiencia de vida. Hoy por hoy preferiría ser más perfil bajo y no tener tantas cámaras encima como las tuve, pero siento que aprendí un montón y de un montón de sectores.
Fuiste a la escuela rural 25 de Costas del Colorado, en la localidad canaria de San Antonio. ¿Sufriste bullying en la escuela, o por el contrario, te sentiste querido y apoyado por tus compañeros?
No, nunca sufrí bullying, siempre fui incluido en los juegos, en la clase, en todo. Incluso tengo un recuerdo de la escuela: estaba un inspector y hablaba del liceo, puso una ecuación en el pizarrón —yo no me acuerdo que edad tenía ahí, pero capaz que 9 o 10 años— y puso una cifra a la X, y preguntó cuál era el resultado. Y, por razonamiento lógico, yo sabía que 9 a la 1 tenía una cifra, 9 a la 2, dos cifras, entonces, medio por azar y por intuición, le dije 9 a la tanto es 28. ¡Y era eso! Ese recuerdo me quedó, el inspector me quedó mirando… Era un niño y ya tenía esa habilidad.
“Siento que aprendí de ser Niño Teletón como de cada experiencia de vida. Hoy por hoy preferiría ser más perfil bajo y no tener tantas cámaras encima como las tuve, pero siento que aprendí un montón”
¿Tenías el don para las matemáticas, decís?
Creo que más razonamiento lógico sería. En las matemáticas siempre me fue bien.
En la charla de 2011 me dijiste que antes de entrar a Teletón no podías comer solo, ni bañarte, vestirte o desvestirte, o lavarte los dientes solo. ¿Cuáles son los avances que has experimentado desde que apelaste a un tratamiento ortopédico en el centro Teletón? ¿Cuánto has ganado en independencia y autonomía?
Hoy en día soy prácticamente independiente. Puedo venir acá a Montevideo, quedarme en un hotel, en cualquier lugar. He venido a varios eventos tecnológicos y todo. Para vestirme capaz que necesito ayuda para el tren superior, o sea, remeras, buzos, pero no mucho más. Si viniera de un día para el otro a Montevideo, me manejo lo más bien, en la comida, en todo.
Para lavarte los dientes necesitabas un adminículo especial para sostener el cepillo…
Eso fue cambiando con los años. Hoy uso un mango más largo, pero nada más.
Cuando te entrevisté hace 15 años me dijiste que cuando fueras grande querías ser ingeniero en sistemas. Incluso, Peñarol te había regalado una laptop, para que empezaras a practicar. ¿Pudiste dedicarte a lo que soñabas de niño?
Bueno, hice el intento de entrar en la facultad. El tema fue que tuve la gran barrera del Covid, la pandemia, y todas las clases en ese momento eran virtuales. En la facultad me prestaron una computadora con un buen disco duro y estuve 48 horas descargando todas las clases, pero igual… Yo sentí como que no me terminé de adaptar a lo virtual. Entrar en una carrera y ya de primera no tener al profesor para preguntarle algo, o para contarle que para el parcial precisaba una adaptación. Tuve pila de barreras. Y encima me cambiaban el profe cada seis meses y era volver a empezar.
Y después que pasó la pandemia, ¿pudiste retomar?
Estuve un año y medio cursando en la facultad, en la carrera de Ingeniería en Computación, y a mitad de año vi la oportunidad de un curso del centro de ensayo de software. Vi que era más o menos algo que me interesaba. Ya años antes había estado en eventos de la temática, y me anoté. Empecé a cursar, tuve notas altas en todo, me empezó a gustar cada vez más y bueno, en eso estoy.
Hoy en día no he podido lograr la primera experiencia laboral en lo mío, porque vivo en el interior y viajar a Montevideo sería costoso si tuviera que hacerlo todos los días. No sería redituable. Ya hora estoy definido como tester de software.
“Estuve un año y medio cursando en la facultad, Ingeniería en Computación, y a mitad de año vi la oportunidad de un curso del centro de ensayo de software. Vi que era más o menos algo que me interesaba. Me empezó a gustar cada vez más y en eso estoy”
¿Qué hace un tester de software?
Yo soy QA Tester, me formé en el Centro de Ensayos de Software y en Citrino. Un QA se encarga de asegurar la calidad de un producto tecnológico antes de que llegue al mercado o en mejoras posteriores. Mi rol trasciende la simple detección de errores en un software o producto físico; implica diseñar y ejecutar un plan de pruebas para apuntar a un producto final intuitivo, estable, y que cumpla con las expectativas del negocio, por lo que idealmente, estamos inmersos en el proyecto desde el minuto cero. De esta forma se influye en decisiones de arquitectura y diseño y se lidera la documentación técnica que garantiza la trazabilidad de los avances y las mejoras de un producto
El tester solo prueba, pero yo estoy un escalón por encima. Yo estoy en todos los ámbitos del negocio tecnológico, y propongo mejoras en temas de seguridad, estoy atento a todo, pero sobre todo en la seguridad de un sitio web, por ejemplo.
Vos no podés ir a la tribuna popular porque es demasiado bulliciosa y no te hace bien. Cuando vas a la cancha, ¿a qué tribuna vas?
Todavía el club me regala las entradas, y voy a la tribuna Henderson, por lo general. Algunas veces he ido a la Güelfi también, pero ahí tengo que subir escalones, entonces es más difícil. Sigo eligiendo la Henderson. Para ir a otra tribuna tendría que requerir de ayuda para subir y bajar escaleras. Cuando fui a la Güelfi (popular, detrás de un arco) estaba bien acompañado y me ayudaron. Tengo contacto con gente de las peñas también.
Cuando fuiste Niño Teletón, Peñarol te hizo socio vitalicio del club. Pero los dirigentes, aquellos que te regalaron una laptop, te daban entradas y te llevaron a Los Aromos, ¿te siguieron dando bolilla, con el paso de los años?
En 2011 fue complicado porque lo gestionaban mis padres con una llamada a un dirigente. Llegué a ir hasta cuartos de final, para semifinal se me complicó conseguir entrada y para la final acá tampoco pude ir. Pero las puertas de Peñarol estuvieron abiertas. Tiempo después pasé a comunicarme yo directamente por mail con gente del área de marketing, y ahí ya fue más fluido.
Vos eras alérgico a la leche de vaca y lácteos en general. ¿En tu casa siguen teniendo cabras para ordeñar?
No, no… Esa alergia como que se me fue. Hoy en día puedo comer derivados lácteos sin problema. El organismo maduró y hoy puedo tomar y comer cosas con derivados lácteos sin problema.
¿A qué te dedicás hoy? ¿Estudiás o trabajás?
Desde setiembre de 2025 estoy trabajando para una empresa que se dedica a la venta e instalación de piscinas de fibra de vidrio y sus accesorios. Mi trabajo consiste en asesorar a potenciales clientes que llegan mediante publicidad al número de la empresa que gestiono, genero registros en un CRM, calculo presupuestos y envío la cotización con todo lo incluido al detalle. También realizo el seguimiento, por si quedaron dudas, y en el caso de avanzar, coordino una visita técnica con Gabriel, que es el dueño de la empresa, para ultimar detalles y cerrar la venta. Eventualmente también lo acompaño a distintas obras. En mi caso es el trabajo ideal, en este momento, porque me brinda flexibilidad para trabajar desde donde sea, y también con flexibilidad de días u horarios. De todas formas, siempre sigo buscando la oportunidad que me permita trabajar como QA tester (o tester de software) que es en lo que me formé profesionalmente.
Este año no estoy estudiando. Estoy buscando oportunidades como tester de software en Montevideo. Voy agarrando confianza y voy a ver si puedo alquilar acá en la capital para lograr esa primera experiencia laboral en lo mío.
“Cuando empecé la facultad tenía la posibilidad de venirme al hogar estudiantil. Iniciamos un trámite para tener asistente personal. Ese trámite lo iniciamos seis meses antes de marzo, cuando tenía que arrancar las clases, y recién años después me llamaron para ver si me lo otorgaban”
¿Seguís ayudando a tus viejos con las frutillas y los tomates cherries en la huerta de San Antonio?
Jaja, sí, sí. En mi casa siempre ayudo con todo el tema administrativo, mando mails y esas cosas. Ellos son agricultores, somos proveedores de Tienda Inglesa. Ha estado complicado estos últimos años con la sequía, que nos ha castigado bastante, pero sí, siempre ayudo.
¿Sentís que el Estado está en falta con las personas con discapacidad?
Y sí, demasiada burocracia para algunas cosas. Mirá, cuando yo empecé la facultad tenía la posibilidad de venirme al hogar estudiantil. Iniciamos un trámite para tener asistente personal, para tener a alguien de cuidados, para así poder estar en la residencia. Pero ese trámite lo iniciamos seis meses antes de marzo, cuando tenía que arrancar las clases, y recién años después me llamaron para ver si me lo otorgaban. Hay un desfasaje enorme. Me llamaron mucho después para la evaluación de si correspondía o no, y yo ya había dejado la facultad por los inconvenientes que te comenté.
Para valerte vos mismo, para ganar autonomía, ¿cómo te ayudó la terapia ocupacional?
Un montón. Más temprano me comentabas que en la última entrevista que tuvimos hace varios años y yo no podía comer solo, no podía lavarme los dientes, y hoy en día todo lo de la vida diaria puedo hacerlo sin ayuda.
¿Sos feliz?
Sí.