Salado

La salinera de La Coronilla: a 80 años de una ingenuidad comercial o negocio inmobiliario

Todavía está visible la construcción de La Toma, un canal de hormigón que inicia mar adentro y desde donde se succionaba agua salada.

05.05.2026 10:55

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Por Gustavo Descalzi
gustavodescalziok

El fin de semana largo fue muy productivo para el departamento de Rocha debido a la buena concurrencia de propietarios y turistas, quienes aprovecharon los tres días de buen clima para disfrutar de la costa atlántica.

El Chuy se vio desbordado por la cantidad de personas que concurrieron para realizar las tradicionales compras de frontera, entre supermercados, combustible y algún gustito de los free shops, los cuales siempre reciben a los visitantes extranjeros con buenas ofertas y promociones.

De recorrida por la costa rochense, Montevideo Portal estuvo en La Coronilla, donde muchos visitantes se sacaban fotos frente a una estructura abandonada que les llamó la atención.

Ante las preguntas de un grupo de turistas argentinos, un pescador que vive en la zona se acercó y les dijo: “Esta es La Toma, desde acá se chupaba agua salada del océano y se llevaba hacia los campos que están del otro lado de la ruta, para hacer el secado y obtener sal. Yo de niño la vi funcionar, porque mi padre trabajó en esta planta y después se mandaron a mudar”.

La síntesis realizada por el lugareño a los turistas parecería tener relación con lo realmente ocurrido en esa aventura comercial, producida hace exactamente 80 años, cuando se formó la sociedad Anónima Salinas Marítimas S.A. con aportes de empresarios de la zona y algunos de Montevideo, en el año 1946.

Unos 70 obreros comenzaron con la construcción de La Toma, un canal de hormigón que inicia 100 metros mar adentro, para succionar agua salada del océano Atlántico y, mediante bombeo mecánico, llevarla a las piletas de decantación y secado lejos de la costa. A través de canales a cielo abierto, trasladaban el agua a unos nueve kilómetros de La Toma, hacia los campos de secado, con tuberías que pasaban por debajo de la ruta 9. El proyecto tuvo su presentación oficial en el año 1949 y finalizó en 1950.

Según algunos registros de la época, la planta comenzó su etapa industrial entre fines de 1951 y comienzo de 1952, aprovechando el buen clima para acelerar el proceso de obtención de sal marina. La baja calidad de lo producido y el fuerte rechazo por el color gris de la sal de La Coronilla tuvieron un impacto negativo en las finanzas de los entusiastas empresarios, que habían obtenido un precio beneficioso en la compra de las tierras fiscales, cerca de 6.350 hectáreas, para la realización del nuevo emprendimiento.

Cuentan los lugareños que, tras el fracaso de las primeras zafras, contactaron a varios ingenieros y expertos provenientes de Brasil, Argentina y Francia, quienes coincidieron en los errores de cálculo para hacer viable una planta demasiado extensa, en un territorio sumamente húmedo, con lagunas y humedales cercanos, con demasiados días de lluvia al año, filtraciones de agua y con un costo operativo que duplicaba el valor de lo producido.

La planta tuvo su primer inconveniente financiero en 1957 y declaró su clausura en 1959. Cuando cerró, se produjeron los primeros incidentes entre los fundadores y los socios nuevos, que fueron ingresando tras algunas acciones llamativas, que, a los ojos de hoy, podrían representar un claro fraude. Quienes manejaban la planta pusieron en marcha un sospechoso plan con el objetivo de obtener nuevo capital, para el que no dudaron en realizar un montaje comercial, adquiriendo camiones de sal en otras plantas y esparciéndola en el camino. Los nuevos accionistas quedaban sorprendidos por la cantidad de sal cristalina que había tirada a los costados del camino y en las piletas de secado y cristalización.

Pero luego de analizar la operación comercial, los técnicos encontraron claras fallas de planificación, errores en el estudio de la zona, que no era la apropiada para este tipo de emprendimiento, una obra que insumió más dinero de lo proyectado y un clima que no era lo suficientemente seco para los procesos de decantación a cielo abierto. Aunque también hubo decisiones que provocaron un impacto negativo en la tierra, ya que se modificaron los cursos naturales de agua, con diques y canales que aumentaron los niveles de los bañados en la zona. Un verdadero desastre en el medio ambiente.

Algunos productores vieron como muy sospechoso que, a causa de esa manipulación territorial, se beneficiara a los campos que había adquirido la sociedad comercial en el inicio de la operación a un precio muy bajo y que rápidamente fueron convertidos en campos ganaderos.

Sobre la década del 70, nuevas obras se realizaron en la zona para incrementar el caudal del canal Andreoni, que permitía evacuar grandes cantidades de agua dulce desde los bañados hacia la playa de La Coronilla. Esto trajo el aumento del área destinada a la producción ganadera y principalmente arrocera, y cuando se vacían las aguas residuales terminan en las costas de La Coronilla, degradando y afectando negativamente la calidad de las playas. Es este un problema que continúa hasta el día de hoy y que provocó la pérdida de su posición como principal destino de la costa rochense, consideración que había obtenido en las décadas anteriores.

Por Gustavo Descalzi
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