Entrevistas

Resistir desde el sur

La lucha clandestina de un joven venezolano en Uruguay

Vivió un infierno en su país. Desde el exilio en Montevideo, lucha por la vida de sus compatriotas.

07.08.2019 12:35

Lectura: 7'

2019-08-07T12:35:00
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Por Valeria Vitalle

"Pienso que es el totalitarismo del siglo XXI. No tenemos cámaras de gas como las tuvo Hitler pero Venezuela completa, de frontera a frontera, es una cámara de gas. Nos matan de hambre", así describe Alex su país; el lugar en el que le robaron la infancia y la adolescencia a este joven activista venezolano de 19 años que sueña con llegar a ser periodista gráfico.

Según Alex, el desastre de Venezuela comenzó en la madrugada del 4 de febrero de 1992. Esa noche tuvo lugar el intento de golpe de estado de un grupo de militares contra el entonces presidente constitucional Carlos Andrés Pérez. Un desastre que desencadenó y sigue generando consecuencias hoy en la vida de los venezolanos.


Este líder estudiantil se vio obligado a abandonar su país en 2017, un lugar que no quería dejar y que tuvo que hacerlo sintiendo que abandonaba su gente, sus amigos y familia. "Para mí Venezuela no es ese pedazo de tierra -confiesa Alex-, para mí representa una mujer, su nombre lo dice: Venezuela. Es como sentir que la estás abandonando".

Terminar bachillerato con 16 años e irse a vivir a la zona andina del país mientras estudiaba ingeniería y telecomunicaciones en la Universidad de los Andes (ULA) era el proyecto de vida de este joven que a los ocho años ya era consciente de lo que ocurría. "A corta edad ya tenía claro lo que iba a pasar, era consciente y entendía de política. Esa formación te obligan a tenerla, te obligan a madurar; nos robaron la infancia y la adolescencia. Nos obligaron a dejar un bolígrafo y un cuaderno para tomar piedras, molotov y todo lo que pudiéramos usar en contra de la opresión", admite Alex.

El entorno político agitado en el que creció le hizo dejar atrás su proyecto de vida y, con 16 años, acudió por primera vez a una manifestación. Esa vez se movilizó por su colegio, por los estudiantes de su liceo; recuerda que iban al instituto y les faltaba comida, tampoco tenían agua ni luz. Su personalidad le hizo convertirse en líder estudiantil a muy temprana edad, esto le supuso ser la cara y voz de sus compañeros. Tomaron el liceo durante cinco días y lo que era algo pacífico terminó con amenazas, además de compañeros retenidos y golpeados por la guardia nacional dentro de los calabozos.

"En Venezuela no nos escuchaban, no nos escuchan, las manifestaciones terminan siendo violentas por la misma represión. A la guardia nacional la forman solo para reprimir a su misma gente y por eso a la hora de enfrentarse a estudiantes están preparados para reprimir sin escuchar". Por eso, desde que vive en Uruguay le encanta poder salir a la calle sin miedo, tener la posibilidad de que le escuchen, de que le difundan medios y de hacer que el estado y la gente tome conciencia, así son para él las manifestaciones en Uruguay: "Me gusta que aquí el que tiene una causa justa sale a la calle, se le escucha y se le da una respuesta".

Desde 2012 su familia comenzó a estudiar Uruguay, el país y su cultura para, finalmente, venirse en 2017. Sus padres querían salir de allá para darles un futuro a él y a sus hermanos. "Si logras estudiar en la universidad y te gradúas no hay trabajo. La única manera en la que consigues trabajo es siendo simpatizante del partido socialista dentro de Venezuela o que te vistas de color rojo y salgas a la calle", admite. Sin embargo, aún sabiendo que se marchaba para Uruguay, siguió perteneciendo al grupo de la resistencia, siendo activista estudiantil, buscando el cambio y un futuro para su país y su gente: "Fui perseguido, nos manifestábamos y seguíamos lo que dicta la constitución. Pedíamos el cambio, el cese de la usurpación, de la violación de los derechos humanos. Nuestra lucha es que nuestra gente sea libre y que las generaciones que vienen tengan un futuro".

El miedo de pensar lo que le podía ocurrir al manifestarse no lo frenó. Tampoco lo hizo lo que veía en las protestas: uniformados que no eran de su país, efectivos cubanos que daban órdenes de disparar contra sus compañeros. Saber que, además de que matan a su gente, su propio país permite que vengan otros a matarlos. Recuerda que su madre lo apoyaba, aunque con temor: "Ella sabía que en cualquier momento que me iba de casa podía no regresar, pero también sabía que si me quitaban la vida no iba a ser algo para mí sino para mis hermanos", confiesa Alex.

Y así fue como dejó Venezuela, luchando. Durante la última manifestación en la que participó lo alcanzaron los perdigones que lanzó la guardia nacional y le hicieron un tajo; debía de huir de ahí. Este altercado hizo que tuvieran que mudarse a otra ciudad venezolana en la que su madre tenía familia un mes antes de viajar a nuestro país; se había enfrentado a la policía y le buscaban. El recuerdo que tiene de esa concentración es la imagen de sus compañeros heridos, la tristeza de ver que los que deberían de protegerlos siguen reprimiéndolos; otra manifestación pacífica en la que acabó reinando la violencia. Con ese recuerdo y con el símil de Venezuela como campo de concentración del que todos los venezolanos intentan escapar a diario, dejó el país para comenzar una nueva vida.


Ahora su lucha se basa en mostrar la realidad que viven en Venezuela y lo hace a través de las redes sociales. Su función es a distancia, a través del anonimato, con otro nombre, otra cara, otro correo y VPN de otros países. Funciona como repetidor, es decir, de conexión; como almacenamiento de información y emisión a su destino final. "Recibo información y la transmito a personas que la van a hacer llegar a medios de comunicación para dar más voz", explica Alex.

Lo primero que hace cuando recibe una información valiosa es enviársela a personas certificadas por la causa dentro del movimiento de la resistencia. Esa información circula entre gente que está en la lucha hasta que llega a un medio de comunicación con prestigio. La información se envía sobre todo a través de enlaces de Facebook, aunque a veces se hace uso de Instagram. "Busco la manera de que la información ni siquiera la haya dado yo,-afirma Alex-, la envío de grupo en grupo hasta que me la mando a mi perfil falso y ese perfil falso es el que envió ese mensaje o ese enlace, todo está calculado. Lo suelo hacer en la madrugada porque la gente duerme, entre que lo comparto de grupo en grupo son las tres de la mañana y a las siete ya lo están retransmitiendo en un medio de comunicación prestigioso". Las cuentas que difunden actualmente la información de la resistencia son cuatro: Anonymous, Resistencia Venezuela, Pimentel Venezuela y Soldados de franela.


Para este activista estudiantil Venezuela está en el punto de no retorno: "O somos libres o morimos en el intento, Venezuela o vuelve a ser de los venezolanos o no va a ser de nadie". Estas han sido las consecuencias del desastre del 4 de febrero de 1992 en la vida de Alex, aunque la resistencia está compuesta por millones de "Alex" que han tenido que salir de su país por la situación venezolana. Personas que siguen luchando a distancia y dentro del territorio contra el régimen venezolano, la élite estudiantil que mantiene la esperanza de ver a Venezuela recuperada de la enfermedad que le ha invadido.

Como dice Ernesto escobar, escritor venezolano, en un poema que dedica a Venezuela:
Fuerza,
cuánto la necesitamos,
fe,
una bandera de lucha,
una patria robada
que aún late en el corazón,
a pesar de las balas,
de los gases que asfixian
y de las viles torturas.

Fuerza y fe es lo que necesita Venezuela. Un país que todavía está vivo, pero del que los venezolanos huyen a un ritmo de 5.000 personas al día; según muestra el informe de tendencias globales de 2018 realizado por Acnur.