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4-3-3 ofensivo

La “línea de tres” narco: el triángulo que operó, con Marset a la cabeza, por años

La caída del delincuente uruguayo es la última de tres importantes detenciones a otros malhechores en Uruguay.

13.03.2026 12:24

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2026-03-13T12:24:00-03:00
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Montevideo Portal

La detención del uruguayo Sebastián Marset en Santa Cruz de la Sierra fue la última de las capturas de grandes narcos vinculados a Uruguay que lograron prosperar durante años en el mundo del delito.

Su conexión con Uruguay era un secreto a voces, pese a que Marset siempre lo negó. El narco logró tejer vínculos firmes en el país y contar con otros delincuentes, de menor peso, que ejecutaban sus acciones.

Aunque Marset tuvo etapas de mayor violencia, llevadas adelante por su banda, la realidad es que el principal “trabajo” del uruguayo fue la comercialización de cocaína en grandes cantidades.

Dentro de ese mapa, Uruguay aparecía como un territorio clave para sacar droga en muchas ocasiones. Por eso tuvo un socio clave durante varios años: Luis Fernando Fernández Albín.

“El Flaco”, como lo llaman sus cercanos, nació en Argentina, pero emigró a Uruguay siendo muy joven. Antes de los 18 años, su prontuario delictivo estaba vinculado a hurtos y, más adelante, comenzó a ser acusado de comercializar droga.

El clan de los Albín, según lo describen algunos investigadores policiales, siempre sobrevoló y tuvo incidencia en el mundo de la comercialización de droga en Uruguay. El conflicto entre bandas locales de Montevideo le servía a la organización para seguir adelante con sus tareas, dado que el foco parecía estar puesto en otro lado.

El Flaco Albín, según investigaciones que llevó adelante el Ministerio del Interior en la gestión pasada, era un “brazo ejecutor” de la organización de Marset en Uruguay.

Tal es así que los indicios son firmes y llevan a pensar que, en el atentado contra la fiscal de Corte, Mónica Ferrero, parte de los integrantes de la banda fueron los encargados de ingresar a la vivienda, disparar y colocar una granada en el patio.

Semanas después, se supo que Marset fue quien ordenó atentar contra Ferrero, funcionaria del Ministerio Público que, en su rol como fiscal de drogas, siempre tuvo al narco entre la espada y la pared.

Durante esos días, las autoridades bolivianas confirmaron que Marset había pasado a una “fase violenta”, que luego se acrecentó cuando apareció en un video en el que se lo veía armado y rodeado de integrantes de su clan, en un tono claramente amenazante.

Sin embargo, ese episodio fue el puntapié para que las autoridades de Paraguay —donde Marset está siendo investigado— comenzaran a sospechar sobre su paradero.

Como se dijo antes, el conflicto entre bandas locales favorecía la operativa de Marset y Albín. En ese marco, quien aparecía como cabecilla era Luis Alberto Suárez, conocido como “el Betito”.

Suárez cayó en noviembre del año pasado, en el marco de 17 allanamientos, y fue encontrado en una especie de búnker —con siete puertas para ingresar— en Cerro Norte, barrio montevideano donde su clan opera.

El Betito decía haber cambiado de vida, luego de estar preso varios años. Se mostraba en redes sociales enfocado en un nuevo emprendimiento para representar futbolistas, además de vivir en un apartamento de miles de dólares en la zona de la Aguada y moverse en autos de alta gama.

Esto último fue, justamente, lo que terminó siendo utilizado por las autoridades para detenerlo, dado que está siendo investigado por lavado de activos.

Lo mismo ocurrió con Albín, quien fue capturado en Argentina e imputado en Uruguay por delitos vinculados al tráfico de drogas, luego de ser extraditado.

La línea de tres entre Marset, Albín y Suárez quedó derrotada este viernes, tras años de investigaciones.

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