Por The New York Times | Ken Belson and Jenny Vrentas

El principio del fin de la carrera de Zeke Motta como jugador de fútbol americano ocurrió en el Lambeau Field de Green Bay, Wisconsin, en diciembre de 2013, cuando corrió para cubrir una patada de despeje de los Halcones de Atlanta. Dos bloqueadores de los Empacadores lo azotaron contra el suelo y perdió el conocimiento durante un momento.

Sufrió una fractura de la vértebra C1, la cual se encuentra en la base del cráneo y mantiene la cabeza erguida. Tras dos operaciones, los médicos le dijeron a Motta, quien en ese entonces tenía 24 años, que era demasiado riesgoso que siguiera jugando.

En ese momento su problema físico se convirtió también en un problema financiero, una historia común para cientos de exjugadores de la NFL que se han lesionado en el campo, en especial al principio de sus carreras. Como Motta era un novato cuando se lesionó, no cumplía los requisitos para una pensión ni asistencia sanitaria posterior a su carrera. Y le han rechazado en repetidas ocasiones sus solicitudes para recibir prestaciones por discapacidad, las cuales administran en conjunto la liga y el sindicato.

Ahora, con 32 años, Motta dice: “Todavía intento encontrar mi camino”. Ahorró suficiente dinero de su breve carrera profesional para comprarse una casa, pero los efectos físicos persistentes de su lesión han limitado los tipos de trabajo que puede desempeñar.

“Me pasé toda la vida jugando fútbol americano y trabajando para alcanzar un sueño”, comentó Motta. “Para luego descubrir que es solo un negocio”.

Este mes, Damar Hamlin, un profundo de 24 años de los Buffalo Bills, sufrió un paro cardiaco y fue reanimado en el campo durante un partido de la NFL en horario estelar. Su colapso conmocionó a la audiencia televisiva a nivel nacional y puso en evidencia la posibilidad de correr un peligro de gravedad al jugar fútbol americano.

En solo su segundo año, Hamlin no había alcanzado el umbral de tres años para percibir una pensión y otras prestaciones fundamentales. La atención que ha generado su caso casi garantiza que la NFL y los Bills se ocuparán de él si no vuelve a jugar. Sin embargo, Motta y cientos de otros jugadores cuyas jóvenes carreras se descarrilaron a causa de las lesiones suelen ser menos afortunados. Abandonan el juego con el cuerpo dañado y perspectivas de trabajo inconcretas y algunos luchan por conseguir la ayuda que necesitan.

“El corazón colectivo del mundo se vuelca con Hamlin, pero la cuestión principal es que hay muchos jugadores veteranos que abandonan la liga con graves problemas”, afirmó Michael LeRoy, profesor de Derecho Laboral Deportivo en la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign. “La gente da por hecho que los jugadores reciben atención. Pero la NFL te quiere hasta que te lesionas y entonces eres otra persona”.

Belinda Lerner, directora de Beneficios para Jugadores y Programas para Jugadores Retirados de la NFL, mencionó que la liga ha ampliado los beneficios y ha otorgado pensiones de modo retroactivo a exjugadores que antes no cumplían los requisitos.

‘El dolor simplemente se ha convertido en parte de mi vida’

La NFL y el sindicato de jugadores acuerdan las prestaciones a las que tienen derecho los jugadores que se lesionan y abandonan el deporte. El ingreso anual de la liga es de unos 18.000 millones de dólares y los salarios y prestaciones de los jugadores se financian con la parte que les corresponde de esa recaudación, que el sindicato y la liga deciden cómo dividir. Si Hamlin intenta o no volver al fútbol, su contrato enfatiza lo poco que ganan los jugadores jóvenes en comparación con las estrellas de la liga, aunque estén a una lesión de perder su trabajo.

Hamlin, seleccionado en la sexta ronda de 2021, firmó un contrato de novato de cuatro años por 3,6 millones de dólares que le pagaba 660.000 dólares el primer año y 825.000 dólares el segundo, los salarios mínimos establecidos en el contrato colectivo. El salario promedio de la NFL supera los 2 millones de dólares y las estrellas de la liga ganan bastante más de ocho cifras por temporada.

El contrato de Hamlin incluía una cláusula estándar que reducía su salario a la mitad si pasaba a la reserva de lesionados, pero el sindicato y la liga llegaron a un acuerdo para que se le pagara la cantidad completa. Si Hamlin no vuelve al terreno de juego la próxima temporada, todavía puede recuperar la totalidad de su salario de 940.000 dólares como parte de un beneficio de protección contra lesiones que se amplió en el último acuerdo laboral.

Hay varios recursos diseñados para ayudar a los jugadores que no están completamente protegidos, como el fondo para dificultades graves del sindicato y una red de hospitales en las ciudades donde hay equipos de la NFL y los jugadores pueden someterse a revisiones médicas anuales y otros cuidados sin costo. No obstante, en un deporte en el que las carreras pueden acabar en una sola jugada y dejar a los jugadores con secuelas duraderas, a menudo no son suficientes.

Todos los jugadores lesionados pueden solicitar una prestación del Cumplimiento del Deber, una categoría de incapacidad. Los jugadores que obtienen la aprobación reciben al menos 4500 dólares al mes o 54000 dólares al año durante 7 años y medio.

“En esencia es una indemnización por lesión”, explicó Paul Scott, quien trabajó en el Plan de Beneficios por Discapacidad para Jugadores de la NFL antes de iniciar Benefits Huddle, una organización que ayuda a los jugadores a presentar reclamaciones.

Como administrador del plan hasta 2016, Scott respondió llamadas de jugadores que solicitaban prestaciones, así que conocía de primera mano lo difícil que era que se las aprobaran. Scott comentó que en aquel entonces solo se aprobaba la mitad de las solicitudes para la prestación por cumplimiento del deber. El sindicato se negó a revelar cuál es la tasa de aprobación actual.

Este año, se pagarán unos 320 millones de dólares a los casi 3200 exjugadores que reciben algún tipo de prestación por discapacidad, según el sindicato. “Abogamos por un proceso justo que garantice que todos los jugadores reciban el mismo trato cuando lo soliciten”, afirmó el sindicato en un comunicado.

Hasta ahora, Motta es uno de los solicitantes a los que la junta de incapacidades ha rechazado. Motta dijo que han rechazado su solicitud de prestación por cumplimiento del deber con base en el sistema de puntos del plan de incapacidades.

“Como no hay muchos jugadores que lleguen con una vértebra C1 fracturada, no saben muy bien cómo evaluar los síntomas”, comentó. “Tengo neuropatía, hormigueo, rigidez, dolores de cabeza. El dolor simplemente se ha convertido en parte de mi vida”.

Motta recibió una indemnización por accidente laboral y demandó a miembros del personal médico de los Halcones por su manejo de la lesión (la demanda se resolvió extrajudicialmente). Su dolor empeoró por estar sentado en un escritorio en un trabajo de atención al cliente, por eso ahora enseña chi kung, una práctica china de cuerpo y mente y trabaja como instructor de buceo libre. El mes que viene se reunirá con un médico para presentar un último recurso ante la junta de incapacidades.

Incluso para los lesionados, las prestaciones pueden ser inalcanzables En 1981, Kenny Blair, quien llegó a las Águilas de Filadelfia como novato no reclutado, se lesionó en el campamento de entrenamiento. Cuando saltó para atrapar un pase, un defensa lo golpeó en el pecho con el casco, le rompió el esternón y le provocó un paro cardiaco. Blair pasó semanas en el hospital y le colocaron una placa de metal en el pecho.

Blair comentó que, para cobrar su último cheque, tuvo que firmar una carta que resultó ser su salida. Nunca jugó un partido en la liga.

Blair no recuerda que nadie le haya explicado cómo solicitar las prestaciones y no calificaba para tener una pensión ni otros beneficios para jugadores retirados. Se convirtió en entrenador de fútbol americano de bachillerato y sigue padeciendo vértigo, neuropatías y problemas visuales.

“Fue una jugada sucia que me expulsaran con una lesión así”, opinó. “Lo único que quería era jugar fútbol americano”.

Cameron Clark, un liniero ofensivo que reclutaron los Jets de Nueva York en la cuarta ronda de 2020, chocó con un compañero mientras entrenaba en su segundo campamento y se desplomó. Perdió la sensibilidad en todo el cuerpo, excepto en el brazo derecho, durante más de una hora. Un especialista le diagnosticó una lesión en la médula espinal y le dijo que, si seguía jugando fútbol americano corría el riesgo de quedar paralizado para siempre.

Clark, quien se vio obligado a retirarse a los 24 años, solicitó prestaciones por discapacidad, pero asegura que se las han rechazado.

“Mi carrera terminó debido a una lesión que ocurrió en una instalación de la NFL”, dijo Clark. “No estoy buscando limosnas, pero es un beneficio que me gané por ser empleado de la NFL al que siento que tengo derecho y que me fue negado”.

Se aprueben o no los recursos de estos jugadores, es poco probable que cambie la dura realidad evidenciada por la lesión de Hamlin.

“Nadie quiere que esto vuelva a ocurrir, tanto por razones humanitarias como comerciales”, opinó Nellie Drew, profesora de Derecho Deportivo de la Universidad de Búfalo. “Es el símbolo de lo que la NFL no quiere que pensemos, es decir, que el juego es muy, pero muy peligroso”. Zeke Motta, de los Halcones de Atlanta, quien estaba en su temporada de novato cuando sufrió una lesión que le puso fin a su carrera, entrena a Richard Critchfield en técnicas de respiración y chi kung en Vero Beach, Florida, el 24 de enero de 2023. (James Jackman/The New York Times). Zeke Motta, de los Halcones de Atlanta, quien estaba en su temporada de novato cuando sufrió una lesión que le puso fin a su carrera, en Vero Beach, Florida, el 24 de enero de 2023. (James Jackman/The New York Times).