Montevideo Portal | Pablo Méndez
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La Cumbre de Las Américas fue una iniciativa del presidente estadounidense Bill Clinton -con la organización de la OEA- para organizar el Área de Libre Comercio de las Américas, una zona sin barreras arancelarias ni trabas a las inversiones que implicara a todos los países del continente, con la excepción de Cuba.
En la Primera Cumbre de las Américas que se realizó en Miami en diciembre de 1994 se dispuso que el ALCA quedaría implementada a más tardar en 2005. Sin embargo, ese fue el año de su fallecimiento. Con el propósito de avanzar en la liberación económica del continente a través de la inversión del sector privado y los organismos internacionales en telecomunicaciones, infraestructura, energía y transporte, los gobiernos llegaron a la Segunda Cumbre, celebrada en la ciudad de Santiago de Chile, el 18 y 19 de abril de 1998. Allí, el ALCA pasó a ser un capítulo más en una agenda larga, centrada en la educación, el fortalecimiento de la democracia a través de la participación y el desarrollo de los diferentes poderes del Estado, además de la defensa y promoción de los derechos humanos. La cumbre de Santiago también fue el punto de inicio de la Cumbre de los Pueblos, el correlato popular que seguiría cada reunión de la Cumbre de las Américas. En aquella oportunidad se sentaron las bases de lo que sería su plataforma: contra el ALCA, contra el neoliberalismo, contra la militarización, contra el pago de la deuda y en defensa del medio ambiente.
La Tercera Cumbre de las Américas fue en la ciudad canadiense de Quebec, en abril de 2001. Su mayor logro fue la Carta Democrática Interamericana, que se firmaría en Lima en setiembre de 2001, en la Asamblea General de la OEA. El documento plantea la incompatibilidad entre una situación de ruptura democrática y la participación en el organismo internacional. Si bien en Quebec se reconocieron avances en los puntos planteados en Miami y Santiago, ya se percibía cierta desconexión entre la Cumbre y la vida de los americanos: “Estamos conscientes de que aún queda mucho por lograr para que el proceso de Cumbres de las Américas sea relevante en la vida cotidiana de nuestros pueblos y contribuya a su bienestar”. Una de las expresiones más cercanas de esa desconexión eran las decenas de miles de personas que se manifestaban contra la globalización apenas terminaba el vallado dispuesto por la seguridad del evento. El enfrentamiento entre los manifestantes y la policía -que usó gases lacrimógenos, chorros de agua y balas de caucho- dejó más de un centenar de heridos, entre ellos 40 policías.
En dos días fueron arrestadas 430 personas. En otras áreas de la ciudad se organizaron marchas pacíficas que convocaron decenas de miles de personas que se oponían a la creación del ALCA, que había retomado cierto impulso al menos en las declaraciones de los gobernantes: “No nos oponemos en sí a la globalización, sino a sus efectos, que sumen aún más en la pobreza a los pueblos”, dijo en aquel momento Michael Foy, un trabajador metalúrgico canadiense en declaraciones realizadas a la agencia AFP.
Lo que pasó en Canadá fue el preludio de lo que pasaría cuatro años después en Argentina. La ciudad de Mar del Plata estaba convulsionada por la participación de George W. Bush en la IV Cumbre de las Américas. El rechazo a George W. Bush y las políticas que él representaba llegó incluso al alcalde del Mar del Plata, Daniel Kartz, que lo calificó como “el hombre más desagradable del mundo”.
Las centrales sindicales llamaron a la huelga con movilización para el 4 de noviembre y entre el 1 y el 5 se celebró la III Cumbre de los Pueblos con la participación del presidente venezolano Hugo Chávez, Diego Armando Maradona y Evo Morales. En aquella oportunidad, el venezolano comenzó su discurso: “Vamos a decirlo, Alca, al carajo”, y comenzó a saltar en modo argentino mientras los manifestantes celebraban: “Un minuto de silencio para Alca que está muerta”.
En el primer día de la Cumbre se registraron varios enfrentamientos entre la policía y los manifestantes con un saldo de más de 50 detenidos. Otra vez, hubo cierto distanciamiento entre quienes planteaban realizar una manifestación pacífica y quienes fueron directamente contra decenas de edificios de bancos y locales comerciales de multinacionales.
“Es previsible, y justificamos, que militantes antimperialistas la emprendan contra locales emblemáticos del imperialismo yanqui y del saqueo nacional, ante la provocación que significa la presencia de Bush en Argentina. Lamentamos y deploramos los daños que sufrieran pequeños comerciantes y nos solidarizamos con ellos, pero entendemos que es responsabilidad del Gobierno, no por no militarizar aún más las calles sino por dar la bienvenida a los verdaderos terroristas, que son los que conducen los Estados Unidos", afirmaba un comunicado de la agrupación Quebracho.
La situación del ALCA quedaría plasmada en el documento central de la IV Cumbre en el que se evidenció la falta de acuerdo entre los gobiernos del continente: “Algunos miembros sostienen que tengamos en cuenta las dificultades que ha tenido el proceso de negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y reconozcamos la contribución significativa que los procesos de integración económica y la liberalización del comercio en las Américas pueden y deben aportar al logro de los objetivos de la Cumbre de crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática (…) Otros miembros sostienen que todavía no están dadas las condiciones necesarias para lograr un acuerdo de libre comercio equilibrado y equitativo, con acceso efectivo de los mercados, libre de subsidios y prácticas de comercio distorsivas y que tome en cuenta las necesidades y sensibilidades de todos los socios, así como las diferencias en los niveles de desarrollo y tamaño de las economías”.
Para la Cumbre de Trinidad y Tobago, en abril de 2009, la gran expectativa estaba puesta en la presencia del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que había asumido su cargo apenas 4 meses antes. Obama llegó a lo que sería su primera Cumbre con promesas de un trato igualitario con el resto de los países del continente.
Allí, el presidente estadounidense llamó a un nuevo relacionamiento con Cuba y recibió por parte de varios países latinoamericanos un llamado a levantar el bloqueo que se mantiene sobre la isla. "Estados Unidos quiere un nuevo comienzo con Cuba, sé que es un viaje largo para recorrer, para superar décadas de desconfianza pero hay pasos cruciales que podemos dar hacia un nuevo día".
Además de la promesa de una relación entre iguales, la V Cumbre marcó el inicio de la búsqueda común de algunos aspectos que se están tratando ahora y que son cruciales en los planes de la OEA para el período 2015-2020: Una reforma migratoria que afecte a todo el continente, y un abordaje continental y a su vez multidimensional de la lucha contra el narcotráfico. En la declaración de la V Cumbre de las Américas no hay ninguna referencia al ALCA.
Los compromisos asumidos por la Cumbre de las Américas fueron puestos a prueba dos meses más tarde, con el golpe de Estado contra el presidente hondureño Manuel Zelaya, en junio de 2009. El organismo internacional aplicó la carta democrática y suspendió al país centroamericano.
Para la VI Cumbre, celebrada en Colombia en abril de 2012, se había instalado el regreso de Cuba a las Cumbres, principalmente por parte de los presidentes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA) quienes pusieron a consideración su presencia en la Cumbre de Panamá, si Cuba se mantenía excluía.
El presidente colombiano Juan Manuel Santos también se expresó en este sentido: "Otro ejemplo de las consecuencias de no superar los paradigmas del pasado —de la ausencia de puentes y de creatividad— es el caso de Cuba. El aislamiento, el embargo, la indiferencia, el mirar para otro lado, han demostrado ya su ineficacia. En el mundo de hoy no se justifica ese camino. Es un anacronismo que nos mantiene anclados a una era de Guerra Fría superada hace ya varias décadas. Así como sería inaceptable otra cita hemisférica con un Haití postrado, también lo sería sin una Cuba presente. No podemos ser indiferentes a un proceso de cambio al interior de Cuba que es reconocido cada vez más ampliamente y que además ese cambio debe continuar. Es hora de superar la parálisis a la que lleva la terquedad ideológica y buscar consensos mínimos para que ese proceso de cambio llegue a buen puerto. ¿Para el bien de quién? Pues del pueblo cubano. Y para eso tenemos que tender puentes".
El otro aspecto significativo de este encuentro fue el acuerdo alcanzado entre los países para revisar la política de drogas en todo el continente, en busca de superar una etapa represiva y de estigmatización del consumidor que había demostrado su ineficacia durante todo el siglo XX. A raíz de ese acuerdo, se planteó la realización de dos documentos; uno en el que se analizaba lo ocurrido en la región en los últimos años y otro en el que se planteaban cuatro escenarios posibles para encarar el tema. Por primera vez en el ámbito del organismo, la despenalización fue reconocida como una de las posibilidades.
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