Cuando tenía alrededor de 20 años, Patricia Zipitría viajó a Estados Unidos junto a su esposo con el objetivo de ahorrar y regresar a Uruguay para comprarse una casa. Planearon vivir allí dos años, pero el tiempo pasó y terminaron viviendo diez, durante los cuales incluso tuvieron una hija que nació en el país norteamericano.

En su momento pudieron ahorrar algo así como US$ 20.000, con lo que comenzaron a buscar una casa, tarea en la que también participaron otros familiares. Luego de algunos meses, lograron dar con una vivienda en la zona de El Pinar (Canelones) que costaba unos US$ 25.000. 

“Mi cuñada me prestó US$ 5.000 para la compra y como yo estaba en el exterior no se podía poner a mi nombre”, contó Zipitría a Montevideo Portal y comentó que la vivienda fue puesta a nombre de la cuñada de su esposo. 

La mujer accedió porque entendía que había confianza y quedaron en que cuando la familia regresara a Uruguay, su cuñada les devolvería la propiedad y harían el cambio de nombre. 

En 2010 Zipitría junto a su esposo e hijos volvieron. Por aquel entonces, su cuñada tenía una panadería y les ofreció, como forma de tener un trabajo, hacer el reparto de dicho negocio. 

La familia había logrado ahorrar como para comprar dos vehículos para el reparto, además de que pidieron un préstamo para concretar dicha compra. Esto hizo que Zipitría debiera retrasar el cambio de nombre de la casa porque en ese momento, por el 2010, no contaba con el dinero suficiente.

Pasados algunos años, logró reunir el dinero pero se enteró de que su cuñada había hipotecado la casa al recurrir a un prestamista. La mujer, según Zipitría, pidió US$ 25.000 y los estaba pagando en cuotas de US$ 1.000. 

Si bien la cuñada le dijo a Zipitría que estaba cumpliendo con los pagos y que se quedara tranquila, al tiempo el prestamista reclamó la casa porque el pago de las cuotas cesó. Es decir, la Justicia ordenó el remate de la casa en caso de que no se abone el dinero que se pretende, que ronda en unos US$ 30.000. 

“Lo que la casa debe es el total de ese monto y si yo pago eso el acreedor no remata la casa. Es donde yo vivo, mía y de mis hijos, y me quedaría en la calle”. contó Zipitría. La mujer comentó, además, que es enfermera y vive al día por lo que está haciendo todo lo que puede para poder tener dinero como para pagar al prestamista.

Sobre su cuñada, Zipitría aseguró que en las últimas horas se comunicó para decir que lamentaba la situación, pero la denunciante entiende que esto de nada sirve porque “en su momento, cuando no pudo pagar, nunca nos dijo”.   

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