La historia de José Breijo: uruguayo preso en Venezuela por una foto, que murió en soledad
Llegó a Caracas en 1979, echó raíces y falleció a los 71 años bajo arresto domiciliario, con la salud destruida por la cárcel.
Montevideo Portal
José Breijo llegó a Venezuela en 1979 con una valija y un oficio. Era cocinero, oriundo del Cerro, Montevideo, y encontró trabajo en un lujoso hotel de Caracas. Se casó con una venezolana, se quedó a vivir en el país y durante décadas llevó adelante una vida tranquila como administrador hotelero.
Cuatro décadas y media después, murió a los 71 años bajo arresto domiciliario, sin haber recuperado plenamente su libertad, con las piernas ulceradas y un edema pulmonar que contrajo en prisión.
La noticia de su muerte fue confirmada por el periodista venezolano Carlos Rojas, amigo cercano de Breijo, quien lo despidió en redes sociales como “hermano de vida” y “mártir”.
Su historia comenzó a torcerse a fines de 2023. Breijo necesitaba US$ 1.500 para costear un cateterismo cardíaco y pensó que podía conseguirlos vendiendo una fotografía que había tomado de las oficinas de un supuesto grupo islamista en Caracas, en el contexto del estallido de la guerra entre Israel y Hamás. La persona que supuestamente iba a comprársela lo citó en una panadería.
“Pedimos un café y la persona que vino me preguntó qué era lo que tenía. Le dije que tenía una foto, se la mostré y luego me puso las esposas. Ahí empezó mi karma, en los peores calabozos, donde reina la droga”, relató Breijo meses después.
Quedó imputado por terrorismo, delito que ha sido usado sistemáticamente contra venezolanos y extranjeros para encarcelarlos.
Estuvo detenido en varias cárceles, la última de ellas Tocuyito, en el estado de Carabobo, a 176 kilómetros de Caracas.
En prisión le diagnosticaron un edema doble pulmonar, una condición crítica por exceso de líquido en los pulmones. Salió con las piernas ulceradas y una vecina debía ayudarlo a limpiar las vendas. Otra vecina del edificio, Eulise Villarroel, denunció su situación ante la Fiscalía —que no respondió— y ante la Defensoría del Pueblo.
En mayo de 2026, fue excarcelado en el marco de la amnistía impulsada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Pero lo que encontró al volver a su apartamento fue al policía que lo había arrestado viviendo allí, con todo su mobiliario adentro.
Breijo tuvo que dormir en el pasillo del edificio, sobre un colchón donado por los vecinos, con recipientes para arrojar sus desperdicios, mientras las fuerzas de seguridad intentaban desalojarlo incluso de ese espacio. “Si me voy, me meten preso”, les respondió.
La situación se resolvió recién en la madrugada del pasado 28 de mayo, cuando un hombre llegó al edificio y le entregó las llaves. “Me apartó lo que estaba acá y me dijo: ‘Mira, compañero, las soluciones para estas cuestiones son radicales, tome la llave, este es su apartamento’”, contó Breijo. Pero el apartamento que recuperó estaba vaciado por completo: sin ropa, sin cocina, sin muebles propios, sin libros, sin un tanque de agua que había sido donado por un comercio de la zona. “Aquí no hay nada mío”, dijo sentado sobre un viejo sillón que había dejado el policía.
Carlos Julio Rojas, coordinador de la ONG Frente de Defensa Norte de Caracas, comentó que el caso de Breijo forma parte de una política de Estado. Precisó que el 60% de las víctimas de invasiones en el municipio Libertador de Caracas son personas de la tercera edad, y que entre el 25 y el 30% son ciudadanos extranjeros: españoles, portugueses, italianos y uruguayos.
Rojas exigió al fiscal general Larry Devoe y a la defensora del pueblo Eglée González Lobato que investigaran el caso.
En Venezuela, Breijo no tenía familia. Su hijo vive en Buenos Aires y, cuando supo del arresto de su padre, quiso viajar a Caracas, pero Breijo le pidió que no lo hiciera por temor a que también lo detuvieran. Se mantuvo gracias a la ayuda de sus vecinos y de la presión mediática. “A mí me salvan ustedes, los medios, que son los que me hacen visible”, dijo a EFE.
También recibió la visita de funcionarios del Consulado de Uruguay, que según Breijo le informaron haber recibido a “un montón de gente” que quería ayudarlo. La Embajada de Uruguay ayudó a gestionar la recuperación de su vivienda.
Días después de recuperar el apartamento, Breijo fue hospitalizado de urgencia por su deteriorado estado de salud. Nunca le concedieron la libertad plena: murió bajo arresto domiciliario, la única concesión que el régimen le había otorgado tras más de dos años detenido en condiciones que sus allegados describieron como inhumanas.
Con información de AFP y EFE.
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