Los taxistas recurrieron esta semana a dos estrategias para detener a un conductor de Uber y a la vez para difundir el evento. Por un lado, lograron que una pasajera tomara un coche de Uber y avisara a la patronal (el conductor dijo que le tendieron una trampa) y por el otro enviaron un mail a la prensa bajo nombre de un particular (Carlos López). Allí anunciaban que una pasajera había sido agredida frente a la DGI tras haber pedido una factura del viaje (en el caso de Uber no se entrega factura debido al sistema que usa la aplicación) y agregaban: "Esperamos a la prensa".
Frente a la DGI, decenas de taxistas cortaron el tránsito tras interceptar al chofer de Uber, hasta que llegaron los inspectores y retiraron la chapa al vehículo. La agresión a la pasajera no fue constatada, por lo que el asunto del mail pareció más bien un "gancho" para atraer la prensa al lugar y dio la impresión de que la pasajera estaba coordinada con los taxistas.
Al ser interrogada por Telenoche sobre el incidente, la pasajera dijo que el conductor de Uber "se violentó" cuando le pidieron un comprobante del viaje (algo que Uber no incluye). "Un taxi te da boleta. Yo quería probar el sistema, me habían comentado que era mejor y más efectivo", contó.
"Surgieron taxis en la vuelta, llamaron a la IM y se hizo la denuncia. Me parece que los taxis iban para otro sitio, estaban convocados por lo que escuché, estaban pasando y vieron; no sé si los taxistas se dan cuenta u olfatean cuando hay un Uber", dijo la mujer.
Cuando se le preguntó si ella estaba en coordinación con los taxistas lo negó. "Fue una situación puntual que se dio. Yo no llamé, fue del grupo de taxistas que se movilizaban".
Sin embargo, Telenoche logró confirmar que la mujer es en realidad propietaria de un taxi y que participó voluntariamente de la "emboscada". En declaraciones posteriores a Telenoche, la mujer admitió que se trató de una "acción pensada entre taxistas" para "desenmascarar" a Uber.
El caso de esta mujer, que declaró algo que resultó no ser cierto, se suma al caso similar del taxista Marcelo Saporiti, que realizó una arenga encendida ante las cámaras de los informativos, y que terminó generando una reacción adversa del público, lo contrario a lo que los taxistas querían lograr y que contamina la justicia de sus reclamos.
"No podemos nosotros de casualidad defender a una pasajera que el chofer no le quiere dar como corresponde la boleta del viaje y nosotros tener que venir a marcar presión para que vengan los entes del Estado. Se terminó. Somos trabajadores. Vamos a pelear un poquito, que les duela como nos duele a nosotros. No tenemos plata pa comer, estamos muertos de hambre (...) Anoche trabajé en el móvil 971 de Patronal por 418 pesos. Mi casa no come. Y estos señores que son gringos, se llevan el laburo y no dejan un peso en el país", dijo.
Ese mismo día, el sindicato del taxi denunció que Saporiti es en realidad administrador de taxímetros y tiene más de 100 unidades a su cargo. El propio taxista reconoció anoche a Subrayado que es un empresario del sector y que su familia tiene doce taxis. Pidió perdón por sus declaraciones y ofreció trabajo al conductor de Uber interceptado.
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