La chica del fusil: 90 años de una foto icónica cuya protagonista ignoró casi hasta el fin
Tomada en Barcelona en los albores de la Guerra Civil Española, la imagen se hizo famosa sin que su modelo lo supiera.
21.07.2026 15:28
La imagen de una joven sonriente con un fusil al hombro, convertida en uno de los símbolos más reconocidos de la Guerra Civil Española, esconde una historia muy distinta a la que muchos imaginan. Su protagonista, Marina Ginestà, nunca llegó a combatir en el frente y, años después, confesó que el arma que aparece en la fotografía ni siquiera le pertenecía.
Marina Ginestà nació en Toulouse el 29 de enero de 1919, hija de padres españoles. Cuando tenía nueve años, la familia se instaló en Barcelona, donde creció en un entorno profundamente comprometido con las ideas de izquierda. Su abuela, Micaela Chalmeta, fue una de las pioneras del movimiento feminista catalán a comienzos del siglo XX.
La célebre fotografía fue tomada el 21 de julio de 1936, apenas tres días después del levantamiento militar que desencadenó la Guerra Civil. El escenario fue la azotea del Hotel Colón de Barcelona, edificio que, tras la derrota de los militares sublevados en la ciudad, pasó a convertirse en la sede del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), organización en la que militaba la joven.
El autor del retrato fue el fotógrafo alemán Hans Gutmann, conocido posteriormente como Juan Guzmán. Había llegado a Barcelona para cubrir la Olimpiada Popular, un evento concebido como respuesta a los Juegos Olímpicos organizados por la Alemania nazi. Sin embargo, el estallido de la guerra cambió por completo sus planes y decidió permanecer en España para documentar el conflicto.
Aunque la imagen la inmortalizó como una combatiente, Ginestà explicó años después que nunca participó en acciones militares.
"A los diecisiete años no estaba en condiciones para hacer la guerra", afirmó en una entrevista. También reveló que el fusil que llevaba al hombro había sido prestado únicamente para la sesión fotográfica.
Durante la contienda desempeñó tareas como periodista para medios republicanos y traductora de un corresponsal del diario soviético Pravda, aprovechando su dominio del francés.
Una fotografía que alcanzó la fama décadas después
Paradójicamente, la fotografía no adquirió notoriedad durante la guerra. El archivo de Hans Gutmann fue adquirido por la Agencia EFE en 1987, pero recién en 2008 el archivista Xulio García Bilbao logró identificar a la joven retratada, impulsando la difusión mundial de la imagen.
Lo más llamativo es que la propia Marina desconocía la repercusión del retrato hasta 2006, cuando tenía 87 años. Para entonces, la fotografía ya había ilustrado libros y exposiciones internacionales.
Al recordar aquella jornada, la catalana consideraba que la imagen representaba fielmente el espíritu de una generación.
"Una buena foto que refleja el sentimiento que teníamos en aquel momento (...). Dicen que aparezco con una mirada arrebatadora, es posible porque convivíamos con la mística de la revolución del proletariado y a la vez éramos cautivados por las imágenes de Hollywood", expresó.
Incluso reconoció que actores como Gary Cooper y Greta Garbo habían influido en aquella actitud segura que transmitía frente a la cámara.
De hecho, la foto no fue la única que Gutmann le tomó a Marina ese día, pero sin dudas fue la más famosa.
El exilio tras la derrota republicana
Después de la victoria franquista, Ginestà fue detenida durante varias semanas en Alicante. Finalmente recuperó la libertad, aunque muchas de las mujeres que compartieron su cautiverio fueron ejecutadas.
En 1939 cruzó clandestinamente los Pirineos rumbo a Francia. Durante esa difícil travesía sufrió la fractura de una muñeca y perdió a su novio, Josep Almadí, quien habría fallecido por hipotermia.
Más tarde, con la ocupación nazi de Francia, la familia volvió a exiliarse, esta vez en México. Con el paso de los años residió en distintos países hasta establecerse definitivamente en París, donde falleció en enero de 2014, pocos días antes de cumplir 95 años.
Aunque nunca empuñó un arma en combate, la fotografía tomada en la azotea del Hotel Colón terminó convirtiéndola en uno de los rostros más emblemáticos de la Guerra Civil Española y en un símbolo de toda una época.
Su hija, Isabelle Werck-Ginestà, publicó el año pasado el libro La chica del fusil, en el que cuenta la historia de su madre y también parte de la suya.
En la obra, Isabelle recuerda el exilio que le haría conocer varios países: Santo Domingo, Ecuador, Bélgica, Reino Unido y Estados Unidos, y también su breve regreso a su querida Barcelona en los años setenta, donde residió unos años ostentando el cargo de cónsul junto a su marido el diplomático Carl Werck. Después de una estancia en la Bruselas natal de Carl, vivió sus años más felices en París.
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