Por María Noel Domínguez
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En diálogo con Montevideo Portal, el politólogo uruguayo-chileno Juan Pablo Luna advierte que el mundo atraviesa un proceso de transformación acelerada que obliga a repensar no solo la política o la economía, sino también la forma en que los Estados funcionan y en que las sociedades proyectan su futuro.
Su participación en el Ágora estratégico “Economía, instituciones y riesgos emergentes” dejó planteado un diagnóstico claro: países como Uruguay enfrentan tensiones crecientes en un escenario global marcado por la competencia entre potencias, la irrupción de la inteligencia artificial y la pérdida de capacidad de los Estados para ordenar la vida social.
En ese contexto, la educación aparece como uno de los puntos más críticos. Pero no solo por problemas estructurales, sino por un cambio más profundo: la pérdida de valor de las trayectorias tradicionales frente a nuevas formas de ingreso, socialización y construcción de identidad.
A eso se suma un fenómeno que Luna observa con preocupación: el impacto de las tecnologías sobre las capacidades cognitivas, la atención y la forma en que las nuevas generaciones procesan la información.
Muchas gracias por este contacto. Nos quedamos pensando en tu charla, cuando viniste a un evento con Ágora, en la cual hiciste un diagnóstico de en qué estamos, en qué podríamos estar y cómo deberíamos pararnos como país.
Sí. Yo no he hecho mucho más trabajo de campo en estos meses porque estoy en Montreal, recién regreso a mediados de abril y ahí vuelvo a hacer más terreno. Pero no sé qué tanto habrá cambiado respecto a lo de la charla. Lo que sí cambió es el mundo.
Estoy escribiendo una nota ahora, sobre el verano, para un medio chileno; en ella hablo de dos cosas: por un lado, sobre el contexto geopolítico y, por otro, acerca de lo que está pasando con la inteligencia artificial y cómo está cambiando fundamentalmente a los Estados. Eso implica la necesidad de pensar estratégicamente qué política de inteligencia artificial (IA) va a adoptar cada país.
¿Qué es lo que hay que hacer con la IA? ¿Hay que regular? ¿Se puede regular algo que cambia tan rápido?
Yo creo que ya no tenés tiempo de regular. Esto está cambiando día a día o semana a semana. Hoy hay discusiones en Estados Unidos sobre si tienen que nacionalizar o no los grandes laboratorios de IA por temas de defensa.
Y ahí el problema que tenés con países como Uruguay es que estás atrapado en una carrera entre China y Estados Unidos.
Eso obliga a tomar posición. Cada vez es más difícil mantenerse neutral.
Exacto. Estamos en un contexto en el cual a la región, como hacía tiempo no le pasaba, le cuesta más mantener la neutralidad. Eso genera costos diplomáticos todo el tiempo.
Por ejemplo, en Chile había un convenio para un cable submarino China-Chile y Estados Unidos terminó retirando visas a los ministros que habían firmado ese acuerdo.
También mencionabas el impacto de la tecnología en la guerra y en los Estados.
Sí. La defensa es un sector clave, pero esto va más allá. Cuando vos incorporás inteligencia artificial al procesamiento de información en el Estado, los beneficios son enormes.
Podés analizar datos que antes estaban dispersos, ver problemas que no veías y generar mejores políticas públicas. Pero, al mismo tiempo, eso genera una dependencia creciente del acceso a tokens de IA.
¿Y eso es un problema?
Sí, porque esos tokens los proveen cuatro o cinco empresas en el mundo. Hoy están subsidiados y son baratos, pero no está garantizado que eso siga así. Y de eso depende, cada vez más, la soberanía del Estado.
La política se volvió un show porque perdió capacidad de resolver.
¿Cómo impacta todo esto en la política?
Hace tiempo que estamos viviendo un proceso fuerte de personalización de la política. Y también de performativización.
La política se ha quedado sin muchas herramientas para mejorarle la vida a la gente o para estructurar un futuro. Eso tiene que ver con la debilidad del Estado.
Entonces, pierde legitimidad, y en ese contexto aparece una política más personalista, más estridente.
Muy de redes.
Claro. Más de comunicación por aire que por tierra. Ya no vas a los barrios; tuiteás.
Y lo que aparece es una política de gritoneo y chicana. Pero eso es reflejo de su incapacidad. En ese contexto, quienes hacen mejor show terminan teniendo ventajas electorales.
Tenemos una crisis educativa que hace 40 años no queremos admitir.
Ahí lo conecto con Uruguay, con el avance del narcotráfico y de nuevas formas de violencia.
Yo creo que hay que hablar menos exclusivamente de narcotráfico. Lo que tenemos es una expansión de mercados informales e ilegales que no solo generan ingresos, sino también identidad y pertenencia. Y eso es clave para los jóvenes.
En Uruguay esto está directamente vinculado con una crisis educativa que hace 40 años no queremos admitir.
¿Qué está pasando con los jóvenes?
Hay un segmento importante que no ve valor en la educación que le estamos ofreciendo.
El modelo tradicional era estudiar durante 15 o 20 años para lograr movilidad social. Hoy ese cálculo cambió: aparecen apuestas, criptomonedas, venta de contenido, economías digitales. Promesas de ingreso rápido; y eso compite con la educación.
Hay dos problemas grandes ahí: la crisis educativa y el impacto de la inteligencia artificial en cómo aprenden los jóvenes.
Sí. Yo soluciones no tengo, pero sí tengo mucha incertidumbre respecto al deterioro cognitivo que esto puede generar.
Por un lado, la IA permite hacer cosas muy potentes. Pero al mismo tiempo veo la pérdida de capacidades. Lo ves en las universidades. Hay más superficialidad.
Leer todos los días es una forma de evitar el deterioro cognitivo.
Y también en profesiones. En el periodismo pasa lo mismo: se saltean etapas de aprendizaje.
Claro. Y, entonces, no sabés cómo se construyen las cosas. Cuando salteás etapas, después es muy difícil desarrollar habilidades complejas.
Bueno, si nos queda la lectura, aboguemos por leer.
Sí. Yo estoy haciendo eso. Con parte del tiempo que liberé, me propongo leer todos los días, dedicarle un tiempo determinado.
Como una rutina.
Sí, como una forma de evitar el deterioro cognitivo. También estoy aprendiendo francés, tratando de desarrollar otras habilidades, porque a veces uno siente que se está “idiotizando” en lo cotidiano.
Es como ir al gimnasio, pero mental.
Exacto. Leer, escribir a mano, sostener la concentración. Creo que por ahí pasa parte de la clave para tratar de salvar a las nuevas generaciones.
Pero es difícil.
Sí, porque estás peleando contra muchas cosas. Hay quienes dicen que el bien más importante hoy es la atención.
La atención como recurso.
Exacto. Y muchas empresas tecnológicas viven de capturar tu atención permanentemente.
Y también de robarte tiempo.
Tiempo y hasta sueño. Funcionan en base a eso. Y esa es, creo, una de las grandes peleas que estamos dando hoy.
Por María Noel Domínguez
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