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Seré curioso

Juan Esmoris: “Cuando soy periodista, sigo siendo de Nacional, pero soy más hincha mío”

Es hijo del reconocido humorista Jorge Esmoris, pero Juan ya tiene voz propia. Relata deportes, pero sueña con hacer entretenimiento.

10.10.2026 08:00

Lectura: 28'

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Por César Bianchi

Decir que tiene “voz propia” es de Perogrullo, pero tiene sentido. Considerando la extensa trayectoria de su padre como actor —Jorge Esmoris fue el líder carismático de la BCG, pero también fue José Artigas y cada lustro es “presidenciable” —, Juan ha buscado su camino en la comunicación deportiva. De niño veía automovilismo, boxeo, fútbol o básquetbol junto a su padre —¡hasta relató golf!— y a los 12 años, en un taller vocacional en la escuela, se dibujó a sí mismo con un micrófono y tras la escenografía del programa deportivo Sportscenter. La semillita había germinado.

Fue de grande que tuvo el berretín de arrimarse a una murga, pero de momento, puso esa intención a dormir. Quiere priorizar al periodista deportivo. Como tal, integra el elenco de Tuya y mía en El Espectador Deportes, relata partidos de fútbol de segundo orden en esa emisora y en básket es la voz oficial del Antel Arena cuando juega la celeste. Y algún día, vaya uno a saber cuándo, le gustaría tener una oportunidad haciendo un programa de entretenimientos o humor.

Por ahora, su sueldo le da para vivir, pero porque aún vive con su padre. Sabe que si quisiera emigrar del nido paterno, la cosa sería peliaguda. Como a todos, le tocó pagar su derecho de piso al comenzar esta carrera. “Cuando vos tenés 17 o 18 años, ¿qué tenés que hacer? ¿Tenés que salir a golpear puertas por la calle Galicia, a todos los lugares de repuestos, con cara de púber, a ver quién quiere poner en tu transmisión?  Es muy bravo, y eso desmotiva”, dice. Y no le falta razón.

Hastiado porque la audiencia lo estaba atomizando acusándolo de “manya”, un día cualquiera, apurado por un compañero, Juan Esmoris (30) confesó al aire que era hincha de Nacional, y se sacó un peso de encima. Dice que las nuevas generaciones no tienen aquellos pruritos de los veteranos periodistas deportivos que juraban ser de cuadros chicos, pero que, antes que nada, es hincha de él y su trabajo. Eso sí, cuando a Peñarol le hacen un gol, todavía hace “puñito”.

Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.

Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.

¿Quién sos?

Primero que nada, Juan Esmoris. Esa es la manera más indicada, porque si no, no me va a conocer nadie. Juan Esmoris es un tipo que hace lo que le gusta y de eso se agarra para pensar en que todo vale la pena. Y que trata de ser feliz con lo que se le cruza en la vida, sea bueno o malo. Avistarlo y tratar de encararlo por ese lado, y que usa el humor como bandera para pelear contra todo.

¿Cómo fue tu infancia en La Blanqueada? Imagino mucho arte en ese hogar…

Mucho arte y mucho deporte. Mucho arte porque nací prácticamente arriba de una bañadera. Llevaba unos meses y ya estaba dando vueltas con la (Antimurga) BCG por los tablados. Mucho juego en la vereda... Tenía mi grupito de amigos, éramos dos o tres. Muchas veces hacíamos partiditos en la vereda y muchas veces mi viejo salía con la pelota y nos levantaba centros. Había dos árboles enormes que los usábamos de arco y nos pasábamos varias horas del día jugando, mi viejo jugaba entre nosotros, que decíamos que éramos Robinho, Ronaldinho y Ronaldo (mis amigos y yo).

Ronaldo Nazário, el 9, con aquel corte tan particular del Mundial 2002…

Yo me llegué a cortar el pelo como él, me dejé el cerquillito de Ronaldo porque me encantaba parecerme a él. Había mucho deporte en mi niñez, porque después empecé a jugar al básquetbol, además. Y mucho arte también, por la BCG y por mi vieja, que también es actriz y se dedica al diseño de ropa.

¿Tu viejo es futbolero? ¿Quién te hizo amante de los deportes?

Muy futbolero. Yo creo que él, inconscientemente, me hizo amante de los deportes. Porque es muy fanático del fútbol y muy fanático del básquetbol. A veces lo mira y a veces no, y parece que le da igual, pero cuando está al pedo en casa está todo el día mirando fútbol y todo el día mirando básquetbol. Así fue que me empezó a agarrar el gustito por el fútbol, por Nacional y después por el básquetbol, por la NBA.

Me enamoré de Kobe Bryant y Kobe me hizo enamorarme del básquetbol. Empecé a jugar en Tabaré y ahí me empecé a enganchar. Y aquel, aquel (NdeR: se refiere a su padre, Jorge Esmoris) es clave. Aquel es clave porque le gusta mucho ver partidos. Le apasiona y se calienta también. Es bolso también, y se calienta. Pero tiene una relación amor-odio con el fútbol uruguayo, que está preciosa. Lo odia, pero lo mira todo el tiempo.

“Salí un año con la murga Sorda de un Oído en Murga Joven, y ahí me di cuenta de que está divino. Todo el ambiente, lo artístico del carnaval y todo eso, está divino, me gusta. Pero ya es tarde, me parece. Prefiero estar así, tranquilo”

Con dos padres actores era dable pensar que tu destino profesional estaba cantado, pero no... ¿Nunca te atrajo la actuación?

Sí, sí me atrajo. Me atrajo, pero muy de grande. Muy de ahora, de hace unos años. Pero ta, yo, más o menos, ya tengo todo armado por este otro lado (el periodismo deportivo). No soy como la nueva generación de los “nepo-babies”, que generalmente van al mismo palo del padre. A mí me pasó que a los 12, 13 años, yo ya sabía que quería dedicarme a la comunicación deportiva, porque ya sabía que no me iba a dar para jugar. Y que me encantaba el periodismo deportivo.

Nosotros mirábamos con mi viejo a veces partidos ¡de golf! Yo de niño trataba de relatar golf. Cuando jugaba al básquetbol mi viejo me decía “¿por qué no te ponés a mirar al entrenador cómo trabaja?”, porque veía que no me iba a dar para jugar.

Y recién se me despertó esto de la actuación más tarde, cuando empecé a tener un grupo de amigos que se dedicó a la murga. Hay una murga que se llama Sorda de un Oído, empezó hace dos años, y son amigos. Ahora está en ese proceso de dar la prueba de admisión y ver si pasa. Ellos son muy amigos míos, todos. Y ahí empecé a darme cuenta de que me estaba gustando mucho la vueltita de carnaval. Salí un año con ellos en Murga Joven, y ahí me di cuenta de que está divino. Todo el ambiente, lo artístico del carnaval y todo eso, está divino, me gusta.  Pero ya es tarde, me parece. Prefiero estar así, tranquilo.

Pero actuación “en serio”, ¿no? ¿Un Shakespeare, un Tennessee Williams, un Solís, un Sodre? Porque tu viejo sí es actor, de cine y teatro.

No, a mí no me atrae. Mi viejo es actor. Mi viejo es un actor que hizo carnaval. No es un carnavalero que hizo teatro. Yo siento que podría llegar a hacerlo, podría intentarlo, pero no me atrapa. A mí me gusta mucho más todo el lado del entretenimiento y desde el humor. Desde el show, un poquito más así. No me vería tanto haciendo eso y ni qué hablar, que me falta todo tipo de estudio.

Es que en Uruguay es muy difícil vivir solo de la actuación. Son muy pocos los actores destacados que lo logran, y hasta a César Troncoso le costó dejar su trabajo en un estudio contable... hasta por la idiosincrasia del uruguayo, que no se anima a arriesgar y dejar el laburo seguro.

Pasa mucho en el periodismo deportivo también. Hay mucha gente que no puede dejar su trabajo de oficina. Te pongo un caso un ejemplo de hoy: Daniel Richard. Hoy por hoy vos lo ves en Punto Penal y en radio Carve Deportiva, La Hora de los Deportes, Locos por el fútbol, en su momento. Lo ves en todos sus kioscos, pero él sigue con su laburo y te dice: “Esto se puede terminar en cualquier momento, la fija no la puedo dejar”. Y yo estoy seguro que a Daniel, por más de que le guste mucho su trabajo de toda la vida, lo que es la vocación y lo que le apasiona, es sin duda, el periodismo. Y no puede dejar su trabajo fijo.

Tampoco es que el periodismo —deportivo o general— te permita tener un sueldo con un solo empleo…

No. Es muy raro. No sé la televisión… (Me mira, sonrío, le digo que no con la cabeza).

Bueno, por eso. Yo, hoy por hoy, tengo un trabajo en El Espectador Deportes y tengo mis “changuitas” de la locución. Yo trabajo en Biguá toda la liga. Hago el Antel Arena para Uruguay, los partidos, etcétera. Y con eso tengo un sueldo que me permite poder vivir bien, pero porque vivo con mi padre. Si yo tuviera que alquilar, hablando mal y pronto, estaría con los huevos en la garganta todos los meses.

Tenés 30 años. ¿Incursionaste en otra cosa antes de probar con el periodismo deportivo?

No, de una fui al periodismo deportivo. Empecé con 17 años. Desde los 12 yo tenía una materia que se llamaba Apoyo Catequístico, una cosa así, en el Santa María Maristas. Y nos hicieron dibujarnos de grandes. Con 12 años, por ahí… Ya no existía más aquello de querer ser astronauta, ya éramos bastante grandes como para poner “astronauta” o “bombero”, sino que ya eran cosas más reales. Y yo me dibujé con un micrófono detrás de las mesas de SportsCenter.

“Empecé a darme cuenta que en una transmisión el que habla mucho más es el relator, el que maneja la batuta es el relator. Creo que para ser relator te tiene que gustar el protagonismo. Y ahí dije: 'Yo prefiero esto, me sale bien además'. Lo fui moldeando y cada vez me fue gustando más”

Y el bicho de relatar fútbol y básquetbol, ¿cuándo se te despertó?

En el curso que hice de Periodismo Deportivo en el IPEP (Instituto Profesional de Enseñanza Periodística). Cuando entré yo pensaba que lo mío iba a ser más de comentarista. Y en un momento empezamos con las pruebas de radio y nos pusieron un partido. Y ahí me di cuenta de que, en comparación a mis compañeros, tenía mucha más cadencia, tenía más ritmo y que la voz me ayudaba. Entonces, en un momento, empecé a darme cuenta que en una transmisión el que habla mucho más es el relator, el que maneja la batuta es el relator, el que va teniendo gran protagonismo es el relator. Y yo creo que para ser relator y para ser esto te tiene que gustar el protagonismo. Y ahí dije: “Che, yo prefiero esto, me sale bien además”. Lo fui moldeando y cada vez me fue gustando más.

Empezaste haciendo vestuarios. Es una buena escuela para hacer los primeros pinos, ¿no te parece? Te da roce permanente con los principales protagonistas...

Sí, arranqué más abajo, en realidad. Yo arranco haciendo notas a gurises de formativos de básquetbol. Yo arranco en Básquet Total en radio Fénix, con 18 años, con Favio Ottonello. Y lo primero que me dice Favio es: “Yo necesito que vos me cubras en mi programa de Básquet Total”, que es un programa semanal que hace un repaso de todo lo que tiene que ver con el básquetbol uruguayo (formativas, femenino, 3x3, maxi básquetbol) y faltaba cumplir la parte de formativas. Entonces yo me iba todos los fines de semana, sábados y domingos, a ver —ponele— Larrañaga U15 contra Marne, y le hacía una nota a un gurí de Larrañaga y a un gurí de Marne, y eso se subía a Básquet Total. Yo arranqué haciendo formativas de básquetbol. Me pasaba muchas veces de coincidir que tenía que hacer un vestuario de Danubio-Nacional y después tenía que ir a hacer Larrañaga U14.

Arranqué así, después empecé con el básquetbol, y cuando se da lo del fútbol, por suerte arranqué con vestuarios, pero bastante arriba, porque ya arranqué cubriendo el vestuario de Nacional, que ya te codea directamente con los protagonistas y te codea también con otros periodistas que el día de mañana van a estar más arriba o más abajo, pero con los que vas compartiendo este espacio y te vas haciendo con ellos.

Pero aquello de ser “hijo de” no influyó mucho en tu caso, ¿no? Digo, que se te abrieran puertas gracias a tu viejo, como lo piensa el imaginario colectivo...

Y bueno, para la opinión en general, no lo sé, diría que algunos pensarán que sí. En su momento me encargaba mucho de desmentirlo, le ponía mucho empeño a eso, me preocupaba que pensaran que mi viejo hubiera influido. Como que le ponía mucho énfasis a tratar de marcar que no. En realidad, no es así, pero en un momento fue tipo: “Pensá lo que quieras” porque, como decís vos, él no se dedica a lo mismo, no se dedica a nada parecido. Es más, muchas veces ha sido reacio a tratar de golpear una puerta. Yo sé que podría haber tocado alguna puerta, pero él siempre prefirió no hacerlo, y lo entiendo y lo valoro y lo respeto. Él me ayuda desde otro lado. No me tiene por qué ayudar en eso. Bastante me ayuda por otro lado. Esto lo hago yo.

Has dicho que disfrutás más relatar básket que fútbol. ¿Por qué?

Porque es mucho más dinámico. ¿Cuál es la alegría del fútbol? El gol. Bueno, hay muchos en el básquet; hay partidos acá que terminan 0 a 0, son grandes 0 a 0 y creo que también desde el fútbol de acá —que lo amo, pero que conozco sus limitaciones— se creó también esta especie del personaje mío en el que me voy, muchas veces, del relato y empiezo a hablar de otras cosas… Porque muchas veces el fútbol no te permite, como relator, mostrar tus dotes (de relator), sino que muestra mucho tus dotes para llenar aire. Cuando sacan siete laterales seguidos es muy difícil empezar a decir: “Che, qué buen relator que es este”. No voy a mencionar a ningún equipo, pero con todo respeto, cualquiera de estos clubes que no patean el arco… Son 200 laterales y no hay ni un córner.

El básquet me gusta más por eso, porque yo te comparo un Boston River contra Potencia, 0 a 0, y no patean el arco. Te lo comparo con un Defensor de Maroñas contra Marne que termina 60 a 68, un desastre, y no embocaban un tiro, pero fue parejo y por lo menos tuviste un par de puntos… y es más fácil que pegue un grito.  El contexto del básquet, para mí, es más divertido que el fútbol.

“Yo te comparo un Boston River contra Potencia, 0 a 0, y no patean el arco. Te lo comparo con un Defensor de Maroñas contra Marne que termina 60 a 68, un desastre, y no embocaban un tiro, pero fue parejo y por lo menos tuviste un par de puntos… El contexto del básquet es más divertido que el fútbol”

Y sos la voz oficial del Antel Arena. ¿Eso qué implica?

Relato todos los de Uruguay y por suerte FIBA (Federación Internacional de Basquetbol) me tiene como como locutor para los equipos uruguayos. Ahora va a jugar Biguá en la Champions League, me voy a Paysandú con Biguá, espero que me llame Peñarol, que me ha llamado para otras competencias internacionales. Generalmente, si hay una competencia internacional me llaman. Eso me encanta, es un reconocimiento.

Eso lo vi de chico en la NBA. A mí me encantaba mirar y escuchar de fondo que decía el locutor del arena: “¡Koooobe Bryaaaaant!” y toda la gente gritaba y aplaudía eufórica. Ahí me gustó y dije: “Acá en Uruguay no se hace eso”, y un día terminé haciéndolo yo y fue de casualidad cuando vino no sé qué de la G-League International Challengue, cuando se inauguró el Antel Arena, le gustó a la gente y se quedó. Vino el Bayern Münich, un equipo de la G-League (que es como la segunda categoría de la NBA), San Lorenzo de Argentina, Flamengo de Brasil, y había un equipo de Uruguay. Yo me postulé para ser animador de una cancha de afuera, nada que ver. Era una empresa brasileña y yo me fui a tomar un café para ser animador, animar una cancha, traer unas pelotas y cuando me están escuchando me dicen: “¿Y de locutor no te animás?”, y yo: “Sí, claro”. “Pero tiene que ser todo en dos idiomas, en español y en inglés”, me dicen. Y yo lo pensé un instante y dije: “Sí, dale, vamos”. Y ahí empecé a hacer todo: cada punto, gritar el gol, mencionar cada falta, cada cambio, y todo en dos idiomas. A la gente le gustó, desde la Federación lo vieron y dijeron: “Che, lo queremos hacer para los partidos de Uruguay” y quedó.

¿Quiénes son o han sido tus grandes referentes en el relato deportivo?

(Alberto) Kesman y (Alberto) Sonsol.

“La gente me habla y se queda con el “¿qué pasóóó?”, me dicen ese latiguillo mío, que es una boludez… pero la digo con una tonalidad que pegó. Eso es el show. Eso me lo enseñó Alberto Sonsol, y me lo tatué en el pecho”

Le dijiste a El País que el relator debe ser un showman. ¿Por qué?

Porque lo principal, hoy por hoy, teniendo, además, tanta herramienta como para que vos puedas ver el partido, es entretener a la gente, que la gente se quede más que por el partido de fútbol, que se quede ahí porque le gusta escucharte a vos. Por lo menos, los partidos que a mí me toca —yo hoy por hoy no soy el relator principal de la radio, yo no hago Nacional o Peñarol, me toca Juventud de Las Piedras-Cerro—, entonces, yo tengo que tratar de que la gente se quede por el relato mío, más que por el partido en sí. Porque capaz que no es tan atractivo un Juventud-Cerro, y no lo escucha, pero ta si yo le puedo dar el partido, y a su vez le puedo dar un poquito más de show, de espectáculo, que es o un chiste o tratar de jugar con las voces o hacer alguna cosita… Para mí eso es lo que mantiene a la otra gente ahí y es, por lo menos, lo que me ha pasado.

La gente me habla y se queda con el “¿qué pasóóó?”, me dicen todo el tiempo, por ese latiguillo mío, que es una boludez… pero la digo con una tonalidad que no sé, pegó. Para mí, eso es el show. Eso me lo enseñó Alberto Sonsol, y yo de ahí me lo quedé y me lo tatué en el pecho. Alberto era un gran showman, sino el mejor.

Sos de los pocos periodistas deportivos jóvenes, con la excepción de algún veterano como Sergio Gorzy o el propio Sonsol que han revelado de qué cuadro son hinchas. Ellos se confesaron de Peñarol, y vos te reconociste hincha de Nacional. ¿Por qué lo hiciste?

Mirá, yo estoy haciendo Racing contra Universitario de Salto por Copa AUF Uruguay. Me manda El Espectador a cubrir el partido con una cancha y están Los Mismos Locos al aire, y Adrián Mozzone, de la nada, me dice: “Y vos, hermano, ¿de qué cuadro sos?” Así nomás. Y yo venía de hacía tiempo con ganas de decirlo, porque me venían pasando, los últimos programas de Tuya y mía que mirando el chat de YouTube me estaban puteando por manya: “Manya de mierda”, no sé cuánto, “no puede ser más de Peñarol este loco”. Y ahí se me cruzaron los cables, y dije: “Si me están puteando todos por ser hincha de Peñarol, ¿no es el mejor momento para decir que soy de Nacional, me libero de eso y me quedo tranquilo?”. Y le dije: “Mirá, yo soy de Nacional en fútbol y de Tabaré en básquetbol”. Y al toque, por suerte, las repercusiones fueron: “Vamo’ arriba, te banco”, hinchas de Peñarol, eh… “por lo menos decís de qué cuadro sos”. Bueno, ahora me pasó que en el clásico me putearon todos los hinchas de Nacional. Porque tuve una opinión muy extremista de decir que Nacional era el peor Nacional de la historia y que Peñarol iba a dejar pasar una chance muy grande de ganarle. Cuando ganó Nacional después, imaginate la catarata de puteadas… Pero estoy tranquilo con la decisión, el saldo fue positivo.

¿Es cierto eso de que cuando empezás a laburar el fanatismo se pierde, o es un mito y seguís queriendo que tu cuadro gane y el rival de todas las horas pierda?

La gente nunca se conforma. Si decís es porque decís, y si no decís es porque no decís. Pero la mayoría de la gente lo está pidiendo y la tendencia de la comunicación, por lo menos en otros lados, está yendo por ahí. Ahora los streamers de fútbol, los que se consumen acá, que son los de Argentina, fijate: Davo Xeneize, La Cobra también es de Boca, Benito es de River, Teo es de Estudiantes. Todos dicen de qué cuadro son, y ya está quedando en un segundo plano el tema de esconderlo. Y aparte, justo en este país querer engañar a todo el mundo con que somos todos hinchas de El Tanque Sisley o somos todos hinchas de Progreso… ¡Somos hinchas de Nacional y Peñarol! El tema es que la gente tiene que entenderlo y aceptar que uno puede ser hincha de un equipo, pero que es más hincha de uno mismo.

Yo no voy a mentir. Yo no dejé de ser hincha de Nacional. Cuando soy periodista, yo sigo siendo hincha de Nacional, pero soy más hincha mío. ¿Si el fanatismo se pierde? Y…  depende el grado de fanatismo que tenías antes. Yo era muy fanático. Yo iba todos los partidos al Parque (Gran Parque Central), yo iba siempre a la (tribuna) Abdón Porte, yo pagaba la cuota de socio. Ese fanatismo se perdió. Yo ya no soy un enfermo hincha de Nacional, pero sigo queriendo que Nacional gane siempre y no me cambia tanto cuando Peñarol pierde, pero se me escapa un puñito apretado. Hay un gol del contrario y se me escapa el puñito apretado.

Y ojo, si Peñarol está jugando a nivel internacional, a mí me sirve que Peñarol siga, que avance, porque son más partidos. El día de mañana me puede llegar a tocar a mí, no sé… Entonces ahí es cuando pasás a ser más hincha tuyo. Hace dos años, hasta la semifinal estaba tranquilo, pero si hubiesen pasado a Botafogo, yo me iba a empezar a poner nervioso. No tengo dudas que me iba a poner nervioso y cuando llegara la final iba a querer que pierda. Es una cuestión lógica.

“Yo no voy a mentir. Yo no dejé de ser hincha de Nacional. Cuando soy periodista, yo sigo siendo hincha de Nacional, pero soy más hincha mío. ¿Si el fanatismo se pierde? Yo ya no soy un enfermo hincha de Nacional, pero sigo queriendo que Nacional gane siempre”

¿Cómo ves el fútbol uruguayo hoy? Los grandes juegan poco y nada, pero siguen en la pelea, Torque y el Deportivo Maldonado sorprenden con su fútbol vistoso, Racing ya está en la semifinal por haber ganado el Apertura. Pero, ¿ves un buen fútbol en nuestra liga?

Lo veo mal, mal, mal… Los veo mal a los grandes, lo veo mal desde lo internacional, en general. Lo veo bien en el sentido de que se está emparejando la competencia. Yo no sé si la respuesta fuera la SAD (sociedades anónimas deportivas). Creo que sí, para la tranquilidad del jugador de fútbol, acá por lo menos, cuando tiene una SAD donde, es más o menos, decente…

Ojo: Racing y Deportivo Maldonado son una SAD, pero Rampla también…

Claro, hay SADs y SADs. Creo que, por suerte, hoy la mayoría tratan de hacer bien las cosas. Deportivo Maldonado es una SAD que se sostiene hace muchos años, ni hablar de Torque que ya es otra cosa, porque ya es el Grupo City, pero Deportivo Maldonado es una SAD donde no hay gente muy famosa atrás, están laburando con lo justo y necesario, pero es una tranquilidad para el jugador porque cobran al día, porque tienen otras prestaciones. Se está emparejando a nivel de competitividad, pero están dejando en evidencia a los cuadros de toda la vida, a los cuadros de barrio, a los cuadros que no han hecho esa transición a hacer SAD, porque las SAD hoy por hoy son mucho más fuertes en la captación del jugador de fútbol. Hoy Danubio no puede tener ser aquella escuelita que tenía de formativas, porque hoy viene un chico y se va a Boston River, porque tiene muchas más comodidades, porque tiene un representante que le consigue tal cosa, porque en general labura más cómodo.

¿Y a Diego Forlán le tenés fe para que agarre oficialmente la selección mayor, tras el interinato?

Sí, no era mi técnico, pero sí. Además, tengo a (Lionel) Scaloni y a (Luis) De la Fuente, como ejemplo de tipos que no tenían experiencia en clubes ni pergaminos previos y son los últimos campeones del mundo. Este es un plantel de jugadores muy mimoso, y capaz que le viene bien tener a un exjugador al frente, con lo que ha significado Forlán, como para tratar de acercar un poquito más a un grupo que, claramente, con otro tipo de entrenador se llevó muy mal. Con un tipo más lejano, con un tipo más frío, con un tipo más disciplinado, riguroso, se llevó muy mal y se rompió todo el grupo. Espero que con un tipo que capaz que sea más laxo en algunas cosas, el grupo lo encare mejor y se lleven todos mejor y pueda mostrar algo mejor que lo que mostró Uruguay en el último Mundial (que yo todavía lo tengo en la retina del ojo y no se me va… Fue muy feo lo que hicieron, muy feo).

Hablando de un momento feo… Hace cuatro años te tocó vivir algo insólito: que te robaran el celular mientras relatabas un partido, o sea, mientras estabas trabajando.

Fue un Peñarol contra no sé quién en básquetbol y ganó Peñarol. Estábamos en la cancha de Larre Borges y mandaban a la prensa a la tribuna de visitante, donde estaba Peñarol. Y bueno, yo en el relato dejo el celular apoyado acá contra la grada (NdeR: muestra que lo deja a su costado), estoy relatando, y cuando voy a agarrarlo, no estaba. Me calenté mucho. Pasaron unos días, fui a pedir las cámaras. Fui a hacer la denuncia y no me dieron bola. Fui a pedir las cámaras de Larre Borges, conseguí las imágenes, se veía perfecto al tipo robándome el celular y saliendo. Fui con el pendrive a la comisaría, el policía pone el pendrive y me dice: “No me lo lee”. Y terminó la historia. Fin.

Más Uruguay, imposible.

“No me lo lee”, me dice. Hice un descargo en Twitter (X) y me putearon diciéndome que yo era un pelotudo, que me había regalado.

Una de las tantas veces que entrevisté a tu viejo le pregunté por sus hijos, me habló de vos y me dijo que estabas empezando en el periodismo deportivo (hace unos años), y se le escapó un suspiro como “qué se le va a hacer”. ¿No te tenía fe, o le cuesta aceptar algunas cosas del rubro?

Yo creo que fe me tuvo, lo que pasa es que él es negativo, es pesimista. Es un tipo pesimista, en general. Y capaz que por algún lado vio esto que te conté más temprano, que el tema plata es bravo. La gente piensa que nosotros somos millonarios. Hay periodistas que ganan muy bien y que viven muy bien. Pero el 80% de los periodistas deportivos de este país, y me imagino que en general, se cobra muy poco. Es más, el periodista deportivo arranca pagando para trabajar. Básicamente gastando tu tiempo gratis, vos trabajas gratis: “No hay nada. Vendete tu sueldo”. Es la famosa frase: “vendete un aviso”. Y está instaurado de que vos entrás al periodismo deportivo y que la plata te la tenés que generar vos, yendo a golpear acá en Del Sur bakery (la cafetería donde estamos, frente al estadio Centenario), y decir: “Che, ¿quieren tantas salidas por transmisión?”, y rezar que Del Sur bakery te pague a vos el sueldo. Y de a poquito vas entrando y la gente te va a soltar un manguito, pero todo es tan progresivo y arranca de cero que capaz que, para generar un buen sueldo de verdad, de un trabajo de periodismo, necesitás 30 o 40 años.

Entonces, capaz que por eso el Flaco lo hacía, por el hecho de decir: “Que se dé la cabeza contra de la pared” como diciendo: “Se va a dar cuenta, tarde o temprano, que no le va a dar para nada”. Y ahí vamos. Cuando vos tenés 17 o 18 años, ¿qué tenés que hacer? ¿Tenés que salir a golpear puertas por la calle Galicia, a todos los lugares de repuestos, con cara de púber, a ver quién quiere poner en tu transmisión?  Es muy bravo, y eso desmotiva.

Hablando de Jorge Esmoris, fue el histórico líder de la Antimurga BCG, fue José Artigas, “candidato a presidente” y es un capocómico muy reconocido en el país. Para vos, ¿quién es?

Todo eso y mi padre. Mi viejo es un tipo que aporta desde donde él puede aportar. Él tiene una mirada muy crítica, es muy empático en muchas cosas, aunque no lo demuestre tal vez. Y tiene una manera muy arropadora de dar cariño. O sea, el cariño de él se nota por el hecho de la contención, desde el lugar en el que él te transmite una paz, en tu entorno, en el que vos estás tranquilo y seguro, y te da ciertas garantías. No le pidas que en el momento más complicado te apapache con un abrazo. No lo siente. Entonces él ha representado mucho, y yo entiendo de que mi viejo es un monstruo en lo que hace y yo todavía lo miro y digo: “Qué monstruo que sos”. Como viejo, él es un tipo que desde un lugar te da mucho y desde otro lugar te da lo que puede.

¿Y tu vieja?

Mi vieja es todo lo contrario a mi viejo. Más demostrativa, mucho más pendiente, pendiente hasta donde yo la dejo, porque ella vive en Piriápolis, entonces no tenemos mucho vínculo presencial, y yo soy un desastre para las comunicaciones por teléfono, soy un desastre. Pero claro, ella es todo lo contrario, ella es amor, contención, pero desde otro lugar capaz que no tiene esa contención que me da mi viejo del otro lado.

Con mi viejo, lo que pasa, es que ya somos casi amigos.  Estamos hace muchos años viviendo juntos, ya somos grandes los dos, por suerte vivimos en una casa donde podemos estar separados y son ambientes muy distintos.

Soñar es gratis. ¿Qué sueños profesionales te gustaría cumplir?

Hacer algo de entretenimiento. Fuera de lo deportivo. Me gustaría tener algo de entretenimiento en tele, streaming, donde sea. Me gusta mucho el humor. Es más, yo creo que sería mejor haciendo eso que haciendo lo que hago...

¿Te gustaría explorar 100% el humor dejando el periodismo deportivo?

No digo dejando el periodismo deportivo, pero incursionado en eso. Siento que sería mejor incluso. Siento que sería mucho mejor que haciendo periodismo deportivo. Pero es que yo no me considero ni periodista. Yo creo que la vocación del periodista, principalmente, es su vocación por la investigación. Para mí, periodista es el tipo que investiga, que expone, que denuncia. Yo no soy así. Nunca he tirado por ese lado. Yo soy como anti-primicia, no me interesa estar mandando un mensaje a la gente para buscar una noticia, que la persona me dé la primicia a mí. Me embola incluso. Yo soy más un comunicador.

¿Sos feliz?

Sí. La mayor parte del tiempo sí, si eso es la felicidad...

Por César Bianchi