Seré curioso

Seré Curioso

Jimena Márquez: "No me sorprendieron los audios, sí que la gente se sorprenda"

Profe de literatura, dramaturga, guionista y humorista de Cyranos, dice que prefiere otro primer premio a ganar otro Florencio.

07.03.2019 06:50

Lectura: 22'

2019-03-07T06:50:00-03:00
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Por César Bianchi

@Chechobianchi

Fotos: Juan Manuel López


Tuvo que haber escrito 12 obras de teatro y haberlas dirigido para animarse, a sus 40 años, a decir que ya no será tan dura con el amor en su rol de dramaturga. Ahora que Cupido hizo lo suyo y las cosas del corazón están mejor, siente que ya no ninguneará el amor como sentimiento supremo cuando lleve sus obras a las tablas.

En plena Liguilla de carnaval aspira a obtener el tetracampeonato consecutivo con humoristas Cyranos, un conjunto paritario -con siete mujeres- que hace reír tanto como pensar en aquello de señalarle a la gente sus manías, modas, obsesiones y tocs. Mientras ella desarrolla su sensibilidad femenina en los textos de Cyranos, espera que todo dé sus frutos en pocos días, cuando en la noche de fallos anuncien el conjunto ganador y pueda celebrar con una emoción "inexplicable" un título que no lo cambiaría ni por dos Florencios por cualquier obra suya.

Jimena pasea la intertextualidad entre la literatura y el teatro, la literatura mechada en el carnaval y el carnaval con el teatro. Quizás porque todo tiene que ver con todo, o quizás porque las manifestaciones culturales no son compartimentos estancos y, a pesar de los dogmas y estereotipos, los que participan, se maquillan o se pintan la cara, son personas. Y de vínculos interpersonales -por obstinación de pura observadora-, ella sí que sabe.

-Profesora de literatura, dramaturga, actriz, comediante... ¿Qué llegó primero?

-Actriz siempre digo que no soy, porque no actúo en teatro, sólo actúo en carnaval. No me formé como actriz, no estudié, entonces no digo que soy actriz, sólo actúo en carnaval. Y comediante también, puede ser... pero lo mío con el humor es más con la escritura, fuera del carnaval, porque tampoco hago otra cosa como comediante que no sea en carnaval. Alguna cosa esporádica en la tele, como en el programa Los Comediantes que hice de Lucía Topolansky y poco más. Lo que llegó primero fue el teatro. Yo me dedicaba a jugar al hándbol. El teatro se dio al mismo tiempo que el profesorado de Literatura, porque a quien me inició en el teatro fue Ramiro Perdomo, que hoy es director y hace puesta en carnaval, lo conocí en primer año del IPA. Él era profe de Literatura, hacía la EMAD (Escuela Municipal de Arte Dramático) y yo jugaba al hándbol desde niña, muchos años me dediqué a eso. Me iba a dedicar a eso, pero un día me rompí las dos rodillas, y desde entonces digo que fue una fuerza superior que me estaba diciendo: "no es por ahí la cosa". Y ahí empecé con Ramiro en un grupo de teatro joven, como empezamos todos acá. Yo escribía poesía desde niña, entonces alguien dijo: "Ta, la que escribe poesía, que escriba teatro", como si fueran lo mismo. Empecé a escribir en ese grupo y esas fueron mis primeras armas en el teatro.

-¿Y qué te apasiona más?

-A mí el carnaval me encanta. No digo que sea lo que me guste más, pero sí es algo que no puedo dejar. Lo llevo adentro desde muy niña. Todos los años en la mitad del carnaval digo: "¡No salgo más!" y no puedo dejarlo. No me imagino que llegue el carnaval y yo no salga, y las pocas veces que he dicho que no voy a salir al año siguiente, termino saliendo igual.

-¿Cuándo te diste cuenta que la apasionada por los libros y la literatura tenía, además, una habilidad para hacer reír?

-Tanto lo de leer como lo de hacer reír, desde niña. Fue como mi rol en la familia, en mi grupo de amigos, siempre tuve ese rol de contar chistes, de hacer reír, en un fogón con amigos te contaba chistes sin parar. Y la lectura también. Aprendí a leer desde muy chica y leía libros y libros grandes desde niña. Cuando empecé a interiorizarme más con la literatura me daba cuenta que tenía como mucha atracción por autores como Leo Maslíah, de repente, o por autores como de otra entidad más seria como Ítalo Calvino, Umberto Eco o (Julio) Cortázar que son hiper serios, pero que manejan una cuota de humor muy grande. Yo celebraba esos hallazgos en la literatura, y eran como dos cosas que iban de la mano. Leer, escribir y hacer reír siempre fueron el mismo camino en mí.

-Le dijiste a semanario Voces que lo que más te interesaba, como dramaturga, eran "los distintos vectores vinculantes de los seres humanos". Explicámelo.

-Eso lo dijo Leonardo Flamia en Voces. Yo dije una cosa más simple y él la transformó que parecía que había dicho una cosa súper interesante. Porque me acuerdo de haber leído la nota y decir: "guau, pero yo no lo dije así". Él analizó que la dramaturgia que yo desarrollo tiene mucho que ver con las pulsiones más vinculares de los seres humanos. Como que siempre mis obras se orientan a mostrar qué pasa con los seres humanos cuando se vinculan en distintos núcleos, a veces en grupos de amigos, a veces en las relaciones de pareja, en los núcleos familiares. Casi siempre lo que hago es poner un grupo humano frente a una situación extrema o de urgencia que hace como que las pulsaciones más honestas de cada uno afloren, o las que cada uno trata de camuflar en su vida cotidiana, ahí no se puedan camuflar. A eso se refería ese periodista, a lo vinculante.

-Da la impresión que te interesa siempre tener un lenguaje metateatral, donde los actores construyan un personaje, pero también actúen hacia afuera, rompiendo la cuarta pared, como dicen en teatro. ¿Hay algo de eso?

-Totalmente. En casi todas mis obras pasa eso, que es como una apelación a la "participación del público" de alguna manera, porque no es que tenga una participación real. Se lo convoca para que te escuche desde el directo y no para que sea un mero espectador pasivo de una representación que está sucediendo en otro plano. Eso me gustó desde chica, no es nada nuevo en la dramaturgia, eso lo mamé de un autor catalán que me encanta que se llama Sanchís Sinisterra, que usa mucho esas rupturas. También es un elemento que contribuye mucho al tono humorístico de las piezas: quebrar la cuarta pared y que el personaje se relacione con el espectador, como liberándole lo que no a los otros personajes. Genera como una intimidad con la gente que siempre me resultó interesante. Es, por un lado, la interacción con la gente, y el tema de los límites de la representación también. En mis obras soy de mostrar mucho a los actores en escena y afuera de escena también están en escena, esperando para entrar, los ves salir del personaje y volver a entrar ahí mismo, que son las cosas que en el teatro clásico siempre escondió tras bambalinas.

"Fue mi rol en la familia, siempre tuve ese rol de contar chistes, de hacer reír, en un fogón con amigos te contaba chistes sin parar. Y la lectura también. Aprendí a leer desde muy chica y leía libros y libros grandes desde niña"

-¿Se te cuela la profesora de literatura en tus obras de teatro o ahora en carnaval, en Cyranos?

-Sí, se me cuela en todos lados. Hubo un tiempo que, por críticas recibidas de parte de gente que yo respeto, tuve que poner empeño en mermar eso, porque era muy de traer intertextualidades. Hablo de poner en boca de personajes cosas que yo había leído en otros. Y en un momento, actores muy querido de la Comedia Nacional, cuando hacíamos La duda en gira -una obra que dirigí en la Comedia Nacional-, que era una compañía ambulante que iba llevando por el mundo su versión de Hamlet, entonces se subía una mujer al escenario y empezaba a cuestionar el Hamlet que estaban haciendo. Los autores empezaron a explicar a Hamlet y ahí se dieron cuenta que no lo entendían. Entonces, claro, en voces de ellos yo ponía voces de un montón de estudiosos de Hamlet, entonces ellos cuestionaron eso: hasta dónde era la voz del personaje que yo construía, y hasta dónde era yo que quería poner el conocimiento teórico que yo traía. Y esa fue una crítica que me sirvió mucho para el desarrollo de mi dramaturgia de ahí en más. Y en Cyranos también, aunque sea humoristas y carnaval, trabajamos con textos preexistentes. Este año utilizamos un capítulo del libro Filosofía en 11 fases del argentino Darío Sztajnszrajber. Tiene un capítulo sobre (Michel) Foucault y el poder, y nosotros trabajamos a partir de ahí el texto de Cyranos, humorísticamente, sobre cómo funcionan las estructuras de poder camufladas sobre los seres humanos.

-¿Qué recetas aplicás para escribir para niños, un público tan distinto al adulto, con sus códigos propios?

-Escribir para niños es todo un tema... En las temporadas de julio viene como una obsesión zafral de trabajo y a veces se sacan cosas como subestimando al público infantil, que es un público cruel pero súper honesto que si no le gusta, te lo grita en el momento, se suben al escenario y te arruinan la obra. Yo trato de meterme en la niña que tengo adentro y me preocupo de reírme mucho yo, me resulta importante que las obras infantiles también tengan risa, y encontrar los mecanismos para saber qué los hace reír -que no es nada fácil conseguirlo-, con un fondo conceptual también.

-¿Has sentido en el teatro la mirada prejuiciosa por ser, también, mujer del carnaval?

-Sí, de hecho Cyranos hizo un espectáculo el año pasado que se llamaba Actores, que hablaba justamente de eso, pero al revés. Era un grupo de actores que por h o por b quedaban involucrados en el concurso de carnaval y no lo entendían. Yo viví mucho más el prejuicio dentro del teatro por venir del carnaval que al revés. Pero pasa en los dos lados, al revés también existe: "¡Esto se está llenando de teatreros!", "¡esto ya no es murga, es teatro!". Eso pasa. Leandro Núñez fue de los primeros, cuando empezó en Zíngaros hace años, fue de los primeros, y se lo miraba de costado... Yo me hice más conocida primero en el ámbito del carnaval, si bien empecé antes en el teatro. Pero mi nombre cobró resonancia en el carnaval, entonces cuando fui al teatro era "Jimena, la del carnaval" y me costó pila ese camino de que se me considerara una más en la dramaturgia y en el ámbito del teatro. Incluso me costaba mucho que el público específicamente teatrero fuera a ver las obras, porque ya estaba el preconcepto de que era algo carnavalero. Que no tiene nada de peyorativo, pero lo usan peyorativamente. Me costó bastante ese camino. Ahora creo que la gente ya entendió que uno, como en cualquier ámbito de la vida, puede correr por dos vertientes diferentes...

"Cuando yo escribía para La Gran Muñeca tenía un coro todo de hombres, escribía yo sola y me decían: 'Se nota que escribe una mujer', pero cuando les preguntaba por qué (porque yo no me daba cuenta), nadie sabía decírmelo"

-...y no está escrito que si hacés carnaval no puedas hacer teatro, o que si dirigís obras de teatro no pueda subirte a un tablado.

-Claro. En ningún lado está escrito, y de hecho creo que son dos actividades que pueden retroalimentarse. El resto es prejuicio.

-En Cyranos casi todos vienen del teatro, son una isla en eso...

-En este momento, que el grupo viene manteniéndose junto hace ya casi cuatro años, sí; te diría que el 90% de los compañeros vienen del teatro, muchos vienen del carnaval de las promesas, muchos hicieron carnaval de las promesas y teatro toda su vida y al mismo tiempo (Antonella Púa, Javier Martínez, Jimena Vázquez, Pablo Bonilla), hay egresados de la EMAD, compañeros de la IAM (Instituto de Actuación de Montevideo), hay varios compañeros del stand up y de la improvisación (Florencia Infante y Piero Dátole), creo que sí, es uno de los equipos más teatreros que anda en la vuelta.

-Raúl Castro se ufanó en este espacio de ser una murga totalmente paritaria, algo raro en el carnaval. Ustedes en Cyranos también son un conjunto paritario, con gran presencia femenina.

-Eso se fue dando. Cuando yo vine a Cyranos hace cuatro años ya había cuatro mujeres, ahora somos siete mujeres. No fue buscado, se fue dando, y justamente el hecho de que muchos de los integrantes salieran del carnaval de las promesas, es mayor el número de mujeres que de varones en la mayoría de los conjuntos. Con Jimena Vázquez escribíamos y dirigíamos humoristas Tribubbies y nos costaba mucho conseguir varones. Y muchos de esos cumplen 18 años y se quedan en su casa. Y como la mayoría del os Cyranos, en este nuevo recambio, viene de ahí, fue como natural que la mujer tuviera este lugar. No sólo nos sentimos un conjunto paritario en cuanto a lo que ponemos arriba del escenario, sino que también en los rubros técnicos, porque este es un conjunto escrito y dirigido por dos mujeres (Jimena Vázquez y yo), justo en La Falta también escribe una mujer (Soledad Castro). El otro día hablaban del número de mujeres murguistas, que creo que son 13, y después yo me di cuenta que escribiendo en murga este año estoy solo yo (escribo este año en Queso Magro, junto a cuatro varones). Pero me llamó la atención que en cuanto a la generación de contenidos de espectáculos ahí sí que es mínimo el número de mujeres, sobre todo en murgas.

-¿Hay un diferencial en la mirada femenina, en la sensibilidad femenina a la hora de actuar, componer o decir?

-Somos diferentes por naturaleza, creo que la sensibilidad femenina es diferente a la masculina, como son diferentes todas las sensibilidades de cada integrante. Yo escribo con Jimena Vázquez, pero a veces chocamos porque yo llevo algo que a ella no le gusta y al revés, y se da la discusión. Antes, cuando yo escribía para La Gran Muñeca tenía un coro todo de hombres, escribía yo sola y me decían: "Se nota que escribe una mujer", pero cuando les preguntaba por qué (porque yo no me daba cuenta), nadie sabía decírmelo... Nadie me lo explicó. Pero se comentaba eso, se notaba una sensibilidad femenina. Los periodistas también lo decían.

-Mañana viernes 8 es el Día Internacional de la Mujer. ¿Cómo ves el movimiento feminista en Uruguay?

-Bien, está en una etapa de revolución notoriamente. A veces veo algunas radicalizaciones extremas que me cuesta asimilar, pero entiendo que estamos en una etapa donde esas radicalidades son necesarias para abrir algunas puertas. Estamos en un momento muy álgido de ese movimiento, está muy bien acompañarlo como mujer, y llegará un momento del debate donde esos discursos puedan afinarse y dar más en la tecla. No quiere decir que no estén dando en la tecla, pero para mi gusto personal por momentos se pierde un poco el eje, pero es necesario para el momento en que está esa revolución.

"No me sorprendieron lo que dicen los audios, me sorprendió que la gente se sorprenda. Todos sabemos que funciona así... Que hay gente que habla con los jurados, que hay gente que se mueve de esa manera, que Daecpu saca partido económico de esas cosas"

-Tenés 12 obras escritas. La refinada estética de los hijos de puta, ¿es tu obra máxima?¿Es la que te ha dado más satisfacciones?

-La refinada estética de los hijos de puta me encanta, estoy muy conforme con esa obra, que hicimos el año pasado, pero suele pasar con la última obra que uno hace. Y yo siempre digo que voy barriendo errores de las anteriores. Algún día publicaré un libro contando cómo fui viendo cada obra y por qué cambié y mejoré en la siguiente. Pero creo que la obra que más satisfacciones me ha dado es Litost, la frustración (2015), que es una obra con un bailarín y dos actrices (Santiago Duarte, Gabriela Iribarren y Jimena Vázquez), que estrenamos hace cuatro años en la sala Zavala Muniz del Solís, y con la que hemos viajado sin parar. De hecho, ahora en marzo nos vamos a Perú con esa obra. Hemos participado en muchos festivales internacionales con esa obra y hemos vivido grandes experiencias.

-¿Tuviste algún tipo de dilema con La refinada... al titular con un título largo y decir "hijos de puta" en el título? Porque gran parte del público teatral es gente adulta, grande, y quizás le pueda hacer ruido...

-Un amigo dijo algo parecido en Florianópolis, y yo dije: "Esa frase me encanta para titular una obra". Aparte, forma parte de una trilogía que tiene ese formato de títulos largos. Son: La sospechosa puntualidad de la casualidad, que se estrenó en la Comedia Nacional y ya se hizo en la Zavala Muniz hace dos años, y otra que se está escribiendo que es La dulce nostalgia de los fenómenos olvidados. Junto con La refinada estética de los hijos de puta conforman llama Trilogía de los amores imperfectos.

-Vuelvo por un instante a este carnaval. ¿Seguís las vicisitudes del concurso en otras categorías? Los audios que terminaron con el "Gato" Morgade fuera de Daecpu, la no clasificación de Zíngaros o Doña Bastarda a la Liguilla... ¿O preferís estar por fuera de todo eso y concentrarte en ustedes?

-¡Soy re chusma! Sé todo, escucho todo, me intereso por todo. Me cuesta decirte que estoy solo para mi conjunto porque chusmeo todo y escucho todo. Cuando me regalaron mi primera radio con pasacassette a los 10 años para lo que más la usaba era para escuchar el concurso en el Teatro de Verano y quedarme a esperar la noche de fallos, siendo niña en mi cuarto. Seguía a los Bubbies, a los Momosapiens, lloraba cuando ganaban. La tuve siempre esa curiosidad, esa intriga. Los audios salieron y los quería escuchar, quería saber qué dijeron todos, discuto si Doña Bastarda estuvo bien o estuvo mal, miro Facebook y me tengo que atar las manos para no comentar nada, puteo. Eso sí, no quita que no esté concentrada en mi conjunto y mi concurso en Humoristas. Pero no me contamina. Lo tomo como parte del pintoresquismo carnavalero. No me sorprendieron para nada lo que dicen los audios, me sorprendió que la gente se sorprenda. Lo que dice en los audios todos sabemos que funciona así...

-¿Qué cosa? ¿A qué te referís?

-Que hay gente que habla con los jurados... que hay gente que se mueve de esa manera, que Daecpu saca partido económico de esas cosas. Ya lo sabemos, ellos también lo saben. No puedo creer que se sorprendan. Lo nuevo es que te graben sin que lo sepas y lo difundan por redes sociales. Antes de Whatsapp era otra cosa. Ahora hay que dividir el calendario entre AW y DW, Antes de Whatsapp y Después de Whatsapp.

-Como guionista, ¿qué mirás en la sociedad? ¿Mirás los noticieros? ¿A qué estás atenta durante todo el año para libretar en humor?

-Igual que en la dramaturgia, lo que más observo es a los seres humanos: cómo conviven en sociedad, qué cosas se van instalando. Miro el noticiero, si bien humoristas no es la categoría que pase más revista a las cosas de actualidad política, eso es más murguero, igual estoy al tanto. Cyranos tampoco es muy de pasar revista a la actualidad, somos como un contenido más macro socialmente. Pero observo comunes denominadores en la conducta de la gente, o en modas o cosas que se instalan, o mecanismos detrás de las cosas que ves y te llaman la atención. De forma tal que digamos algo y la gente se codee y diga: "Tal cual, es así". Eso es lo que se busca.

-¿Sos de las que cree que el humor no tiene límites? ¿O sí los hay?

-Si me lo hubieran preguntado hace unos años yo hubiera contestado que el humor no tiene límites, que se podía hacer chistes de lo que quisiera, y de hecho los hacía. Y justo en el correr de esta revolución que estamos viviendo hoy, no sólo con la cuestión de género sino también con todas las minorías que están luchando por la apertura del mundo -que creo que de a poco se está consiguiendo-, creo que parte de la revolución es no permitirse determinados humores. Sobre todo los que le pegan a una minoría o la exponen o se burlan de sus estereotipos. En Cyranos uno de los momentos del espectáculo es un monólogo que hago yo y es sobre los cuerpos disidentes, con el hecho de ser gorda. Es gracioso, pero detrás de la gracia tiene una moraleja. En realidad se ríen mucho más los gordos, que bajo y se acercan a contarme experiencias. Vos te cayás y sufrís solo, u optás por reírte. La visibilidad de esas cosas contribuye, pero hay que ver de dónde. Desde la burla y los estereotipos me parece que no.

-¿Qué representa para vos actuar? Dirigís las obras que vos misma escribís. Me decía Coco Rivero que escribís y pensás la escena. ¿Hay algo de tu personalidad en esto? Digo, en que la escena salga tal cual vos la escribiste y la pensaste. ¿Crees que a otros les va a costar más entenderte y llevar lo que pensaste a la perfección?

-Yo escribo y dirijo, pero no actué nunca en una obra tuya. Yo digo que en mí la dirección es como una terminación de la escritura. Como que termino de escribirla cuando la dirijo. No es que sea un dogmatismo de decir: "Yo las escribo, yo las dirijo, y no escucho nada de lo que me digan". Obviamente escucho lo que me proponen los actores y me dejo retroalimentar. Casi siempre las obras terminan no siendo lo que yo había escrito originalmente, pero ese proceso de adaptación a sus propuestas es lo que termina de concebir la obra. Tengo alguna experiencia que otros directores hayan dirigido obras mías en el exterior, y no puedo andar viajando. Lo que me gusta es la construcción de la obra, poniendo en escena la obra, que empiezo escribiéndola, pero termino dirigiéndola.

"Uno de los momentos del espectáculo es un monólogo que hago yo y es sobre los cuerpos disidentes, con el hecho de ser gorda. Es gracioso, pero detrás de la gracia tiene una moraleja. Se ríen mucho más los gordos, bajo y se acercan a contarme experiencias"

-Si te dan a elegir entre un Florencio por una obra escrita por vos o el primer premio en Humoristas, ¿con qué te quedás?

-¡El primer premio con Cyranos toda la vida! Porque aparte, mucho respeto a los Florencios no les tengo. Tengo Florencios en mi biblioteca, pero mucho no me quitan el sueño. Lo que sucede cuando ganás un primer premio en carnaval emocionalmente es muy fuerte. Y no tiene mucho que ver con ganar, sino que es una carga emocional inexplicable. Es una de las euforias más grandes que vivís, es una enorme celebración... Porque carnaval es un desgaste impresionante, das mucho, entonces cuando recibís algo a cambio, es muy fuerte. Nada que ver a ganar un Florencio. Nada que ver.

-¿Cómo les viene yendo a las lechuzas que mantienen el discurso hegemónico y las minorías las cuestionan?

-Divino, laburamos muy bien en un año en que se laburó poco en general. Hay más conjuntos menos tablados, ahora los tablados municipales ya cerraron. Trabajamos muy bien, nos fue muy bien en todos lados. También nos ocupamos de eso cuando queremos llevar un discurso intentamos no cerrarnos en un hermetismo que sólo puedan manejar algunos. Está bueno también que siga siendo popular, que tenga capas que se puedan absorber desde todos los planos. Por eso creo que nos va bien. El humor funciona mucho, nos va muy bien y llega lo que queremos transportar de las lechuzas.

-Vienen de ganar el primer premio en Humoristas el año pasado, y van por el tetra, el cuarto año consecutivo como los mejores en la categoría. ¿Cuánto te importa (volver a) ganar?

-Importa estar a la altura de lo que hicimos. Humoristas es una categoría muy chica, entonces si uno viene de ganar, claro que queremos volver a ganar, pero lo que más nos mueve en el proceso creativo es no defraudar en cuanto a lo que la gente ya vio de Cyranos. Venimos ganando hace tres años. No queremos que digan: "Cyranos es más de lo mismo" o "estaba mucho mejor el año pasado". No queremos que piensen que agarramos una formulita y la repetimos todos los años. Como la escena de mujeres, por ejemplo, que todo el mundo la espera porque siempre la hicimos y este año no, no hay una escena de mujeres. También hacemos un cuplé, algo que no corresponde a la categoría. Tratamos de sorprender.

"No queremos que digan: 'Cyranos es más de lo mismo' o 'estaba mucho mejor el año pasado'. No queremos que piensen que agarramos una formulita y la repetimos todos los años. Como la escena de mujeres; la esperan siempre y este año no la hacemos"

-¿Cuesta mucho hacer reír?

-Si bien es muy natural en mí, en la vida diaria, cuando estoy en el escritorio buscando una respuesta de la gente, es difícil. Y en el concurso de carnaval en particular se termina volviendo una presión enorme, en la categoría murgas ni te cuento. Si salís de ver un conjunto de carnaval, de humoristas, y no te mataste de risa, salís decepcionado. Es una carga enorme. Y te obliga ir a los tablados y estar con las antenas paradas escuchando en qué momento se rieron y en qué momento nadie se rió.

-¿Ya no sos tan crítica y ácida con el amor al escribir?

-Lo que pasa es que esa visión tan crítica, casi como que el amor no existe, era la que venía llevando en la trilogía de obras que te hablé. Pero bueno, ahora ya no pienso tanto eso... ja ja.

-¿Sos feliz?

-Sí.