El investigador uruguayo Héctor Amuedo lleva dos décadas tras las huellas de la presencia de fugitivos del régimen nazi en la región del Río de la Plata. Su labor contribuyó a hallar documentos que arrojaron luz sobre el funcionamiento de la denominada “ruta de las ratas”, la cual permitió que no pocos jerarcas y altos oficiales nazis llegaran desde Europa a Sudamérica en los primeros años de la posguerra.

Una de las principales puertas de salida de los nazis era Italia, donde algunos de sus antiguos aliados —e incluso influyentes personalidades del Vaticano— les proporcionaban documentación falsa y otras facilidades para cruzar el Atlántico.

En 2008, Amuedo localizó y compartió con Montevideo Portal documentos que demostraban el paso de Josef Mengele por nuestro país, asunto que en 1985 había sido analizado por el periodista Bernardo Gitman. A la luz del material remitido por Amuedo, se estableció que el “Ángel de la muerte” llegó a Buenos Aires en 1949 bajo el nombre falso de Helmut Gregor. También se comprobó que en julio de 1958 pasó una semana en Nueva Helvecia, Uruguay, donde contrajo matrimonio con su cuñada, viuda de su hermano Thadeus.

Desde 2008 en adelante, Amuedo ha participado en programas documentales de History Channel y National Geographic, y también en programas de TV en Uruguay, y sus artículos han sido publicados en la prensa local e internacional.

Ahora, Amuedo compartió con Montevideo Portal un dato llamativo y amargamente irónico surgido de su trabajo con documentación de la inmediata posguerra.

“Terminada la Segunda Guerra Mundial, miles de oficiales y suboficiales alemanes (algunos de ellos responsables de crímenes de guerra) emprendieron su fuga de Europa, particularmente hacia Sudamérica, y muy particularmente hacia la Argentina. Pero no fue una fuga desordenada: su mecanismo, hábilmente diseñado, había sido planificado cuidadosamente con antelación”, cuenta el investigador.

“El gobierno argentino de entonces, presidido por el general Juan Domingo Perón, dispuso una operación que aparentaba ser solamente una inmigración de obreros europeos, fundamentalmente italianos para dotar a la industria argentina de abundante mano de obra cualificada. Pero entre esos obreros también venían excombatientes alemanes y miembros de la jerarquía nazi munidos de pasaportes falsos que ocultaban sus verdaderas identidades, nacionalidades y profesiones”, detalla Amuedo, quien señala que uno de los casos más notorios es del ya mencionado Josef Mengele.

En 2016, y gracias al contacto con un ciudadano argentino que era nieto de un antiguo exoficial del ejército nazi, Amuedo tuvo acceso a numerosos documentos que, analizados en conjunto, “daban clara cuenta de la estructura y logística de esa operación de escape” que permitió que miles de oficiales nazis salieran de Europa.

Entre dichos documentos estaba nada menos que el libro de contabilidad de toda la operación, donde se registraba todo el dinero que se enviaba desde Buenos Aires y que llegaba a la Subcomisión Naval Argentina en Italia, con sede en Génova, a efectos de financiar la contratación de los buques de compañías italianas que llevarían a los migrantes desde el puerto de dicha ciudad hasta Buenos Aires.

“Yo, personalmente, fotografié y escaneé el Libro de Contabilidad y buena parte de los documentos migratorios”, señaló Amuedo a Montevideo Portal.

En los últimos días, y mientras analizaba la documentación, Amuedo reparó en un dato llamativo: en la primera página del libro contable se menciona al capitán de fragata e ingeniero naval Isaac Wohlberg, “marino de la Armada Argentina y de origen judío”.

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Para Amuedo, ese pormenor contribuye a descartar la hipótesis de complicidad de los funcionarios migratorios argentinos en el plan de fuga de los nazis.

“Ese dato me ha llevado a la conclusión —bastante esperable— de que casi ninguno de los integrantes del personal directamente involucrado en llevar adelante el operativo migratorio tenía conocimiento de que entre los auténticos obreros venían fugitivos nazis”, expresa Amuedo, quien entiende que, al menos en el caso de Wohlberg, esto resulta de absoluta obviedad: si a fines de los años 40 un funcionario migratorio de un país sudamericano descubriera el movimiento oculto de los nazis, seguramente obraría de inmediato para impedirlo y capturar a los criminales.

Posteriormente, el investigador localizó una comunicación enviada por el entonces jefe de la Subcomisión Naval Argentina en Génova, capitán de corbeta Aurelio López de Bertodano, dirigida a sus superiores en el país vecino. En esa misiva, el marino “expresaba sus sospechas y temores de que entre los obreros migrantes se escondieran elementos indeseables (el término concreto que utiliza es el ‘disolventes’) y que, según mi percepción personal, utiliza para referirse a posibles criminales de guerra”, observó Amuedo.

Para el investigador, los datos contenidos en los documentos antes mencionados —y en otros que divulgará en la medida en que avancen sus pesquisas— sugieren que “muy pocos oficiales y jerarcas manejaban la información acerca de la verdadera naturaleza y finalidad de la operación migratoria. Seguramente tan solo en las más altas esferas del gobierno argentino de entonces se conocía la verdad”.

En cuanto al caso concreto de Wohlberg, Amuedo enfatiza que “era uno de los responsables de admitir o rechazar a los postulantes europeos a emigrar a la Argentina, como obreros de diversos oficios”, y por lo tanto “resulta obvio que no podría estar al tanto de que a bordo de esos buques venían nazis”.

Militar atípico en algunos sentidos, Isaac Wohlberg fue también “un hombre cultísimo”, según lo recuerda el Centro Naval de Argentina. En los años 50 y 60 fue director de Radio Nacional y allí realizó entrevistas a los más importantes escritores de la época, entre ellos Jorge Luis Borges, con quien siempre conversaba sobre los simbolistas franceses y los prerrafaelistas ingleses, y sobre quien escribió en 1961 una biografía.

Hombre de talento y dotado de gran capacidad de trabajo, Wohlberg falleció en 1987, quizá sin llegar a  saber que debajo de su mirada se escabulleron miles de nazis —cerca de 10.000, según Amuedo— a cuya captura podría haber contribuido.