El penalista Ignacio Durán es una de las caras visibles de la causa de Conexión Ganadera, dado que representa a más de 400 damnificados. Pero la exposición, según el archivo, es algo a lo que el abogado suele estar acostumbrado. 

En causas como Operación Océano o la defensa de Raúl Sendic, Durán fue de los operadores legales que solía hablar con los medios para brindar explicaciones sobre las investigaciones. 

Con respecto al vicepresidente, en una entrevista con el programa de streaming Al weso, Durán contó que vivió elHouse of Cards de la política uruguaya”. Esto le valió que su colega Gumer Pérez —con quien por ese entonces compartía el patrocinio del político— saliera al cruce para decirle que nunca fue el abogado titular de la causa, sino que el rol de Durán era de ayudarlo. 

En entrevista con Montevideo Portal, el penalista respondió los dichos de Pérez y reveló una charla posterior a la polémica con Sendic. También se refirió a su rol como abogado, los avances en Conexión Ganadera y la actualidad de Rampla Juniors. 

¿Cómo ve el avance del caso de Conexión Ganadera?

Te diría que en los últimos meses me empezó a ganar un poco la ansiedad. De hecho, se lo manifesté a Enrique Rodríguez. Creo que ya es hora y que tiene los elementos necesarios para pedir imputaciones de muchas más personas. Creo que es momento de poner un poco más el pie en el acelerador y que las casi 4.000 víctimas puedan ver el proceso con más optimismo.

¿Ve cierta ansiedad en los damnificados de Conexión Ganadera? Muchas veces parece que quieren ver sangre a través de imputaciones.

Sí, es muy complicado. Nosotros ahora cerramos los comentarios del grupo de WhatsApp y salís de la audiencia y se hace muy crítico. Tenés al que sabe esperar y a los otros que, con esta expresión, te dicen “vamos a romper todo”. Hay un montón de cosas y también es difícil explicarle a la gente los plazos judiciales, porque no son los que quiere la gente. Yo le puedo explicar a un cliente de 25 años, pero también tengo gente de 80 que no puede esperar. Y te lo dicen a calzón quitado: “No quiero la plata: que vayan en cana”.

Después, hay cosas que no me parecen, como meterse con Jorge Barrera, como pasó en alguna audiencia. Es más, si eso hubiera pasado con un cliente mío, no hubiera seguido el patrocinio porque no es por ahí. Muchas veces la gente personaliza la causa con el abogado y son cosas completamente distintas.

¿En la previa te pasó de tener la posibilidad de defender a algunas de las familias acusadas?

No, pero podría haber pasado. Hasta hace muy poco tiempo yo estaba asociado al estudio Donnángelo-Sasson y podría haber pasado. Hoy estoy de este lado, pero hay mucha moralina en las redes y yo también soy cuidadoso del derecho de defensa que tienen las personas.

Muchas veces pasa que, cuando a uno le toca, se ve cuán útil puede ser un abogado. Hace poco, un periodista, por un cliente que tuve en Operación Océano, constantemente me pegaba y hace no mucho me llamó para que defendiera a un conocido que había tenido un accidente de tránsito. Entonces hay que ver de qué lado del mostrador te ponés. Pero, con el diario del lunes, creo que hay responsabilidad penal muy clara de Cabral, las hijas y, ni que hablar, de Carrasco y su esposa.

¿Le ha pasado de rechazar casos por el qué dirán?

Yo siempre lo digo: en su momento, el tema Sendic me catapultó en el buen sentido para tener muchos clientes, ser muy consultado en el tema de delitos de la administración. Mucha gente te hablaba del short y del colchón, y te decía que un vicepresidente iba a ir preso. No pasó ni por asomo. Pero sí me expuse mucho y familiarmente me expuse mucho, y conocí a un tipo excepcional como es Raúl; pero sí, me expuse mucho.

Después están los delitos sexuales…

Sí, sobre todo cuando tenés hijos adolescentes. Yo tengo una de 16 y otro de 19 años, y en el caso de Operación Océano fue la primera vez que los tuve que sentar a explicarles y darles mi versión de los hechos. Fernando Burlando decía, en los inicios de la profesión: “Durante muchos años fui un mercenario”. Y yo también, pero hoy siento que puedo elegir, cosa que otros colegas tal vez no pueden.

¿En materia de delitos sexuales ve una cierta desprotección?

Sí, es muy desigual la batalla. Desde la ley 19.580, la famosa ley de género, y las presunciones que la LUC metió, la Fiscalía tiene la obligación de pedir la prisión preventiva en una etapa donde el código dice que el imputado debe esperar el proceso en libertad. Se volvió a maquillar lo que era la esencia de ese código. A nivel de delitos sexuales es donde uno más desprotegido se siente. Me ha pasado de decirle a un cliente: “Aceptá este acuerdo porque el juicio lo vamos a perder”, y no lo vamos a perder porque entiendas que el tipo es culpable, sino porque no están dadas las garantías.

Ahí hay algo gravísimo porque va a prisión prácticamente forzado.

Es tal cual. Yo estoy vinculado a varios procesos de delitos sexuales y es muy difícil realmente, porque vas a la audiencia preparado y terminás de alegar conforme, pero sabés que el resultado siempre va a ser el mismo. Se hace muy desventajoso litigar. Me ha pasado de decirle a personas: “Mirá, prefiero no defenderte porque creo que conozco cómo va a terminar el tema”. También me ha pasado de clientes que aceptaron acuerdos estando en prisión preventiva y yo les decía: “Loco, no firmes ese acuerdo”, pero ellos te responden: “Nacho, el que está preso soy yo, no sos vos”.

Yo siempre lo digo: el día de mañana puede ser mi hijo, podés ser vos. Y si hay, de un lado, una persona malintencionada, que generalmente son las mujeres, tiene todos los elementos legales para hacerlo. En dos minutos te puedo asegurar que te cambia la vida.

Sobre la actualidad de Rampla…

¿Qué es Rampla? [Se ríe.]

¿Tiene alguna explicación de qué pasó con la SAD, la falta de dinero y todo lo que vino después?

Creo que era la única solución posible. Pero se confió en gente, se engañó a la asamblea —que es el soberano de todos los clubes—, se optó por creer en una sociedad anónima, con inversores argentinos y con la figura de este señor Foster Gillett, que nunca dio la cara, y con Gastón Tealdi, que era un poco la cara visible. Acá se le mintió a la gente, fue todo una gran mentira, no se cumplió el contrato y, en el medio, habrá que ver si tiene connotaciones penales, que puede ser que las tenga.

¿Qué rol jugó la AUF e Ignacio Alonso?

Determinante. Fue el presidente de la AUF, que está en la asamblea, y arrimó a la sociedad deportiva. No estoy diciendo que haya dado la idea: él estuvo en la asamblea, fue a dar la cara y dijo que era la mejor opción. Se le tienen que pedir respuestas y es el que tiene que dar la cara.

¿Decidió alejarse?

Sí, porque lo prometí familiarmente y porque se iba a mezclar mucho la pasión con la razón. Pero sí creo que alguien se tiene que hacer cargo. Yo, cuando fui presidente, no me jacto de la gestión que tuve porque las cosas que me salieron mal fueron mayores, pero sí creo que me hice cargo. Cuando uno le dice al socio que le ponga su firma, uno se tiene que hacer cargo.

¿De qué se arrepiente?

De no haber terminado el mandato. Me faltaban pocos meses para terminar; de haber sabido que se venía la pandemia, me habría quedado. Es lo que más me reprocho: no haberle podido cumplir al socio.

¿Le costó dinero a nivel personal?

Muchísimo. No importa el monto. De hecho, la gente que vino ahora prometió saldar las deudas. Dos veces fui a la AUF y me di la cabeza contra la ventana. Y te lo digo porque me lo preguntaste: parte de estas promesas era saldar el pasivo de Rampla, cosa que yo nunca exigí. Pero te dicen que esta gente asume el pasivo y no se ha cumplido.

¿Lo llamó a Alonso?

Lo intenté durante mucho tiempo, hasta que me di cuenta de que no tenía ninguna intención. Me mintió durante mucho tiempo: es de las personas que más me decepcionó.